jueves, 31 de enero de 2013

El diablo se opone a que se lleven sus muertos


Marcos 10:29-31
“29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros”.

Nota que Cristo y el evangelio son una misma cosa. En aquel tiempo de persecuciones era una montaña de cosas las que tenían que perder. Y “recibir cien veces más”, pero añade “con persecuciones”. Predicar el evangelio en todo lugar es difícil, las bendiciones siempre llegan pero las acompañan la oposición carnal y satánica. Si el mundo te sonríe cuando predicas el evangelio, mírale la cara a Dios que debe estar serio. No podemos ni siquiera hacernos la idea que enseñar el evangelio y obtener frutos es cosa fácil. Se trata de resucitar muertos y el diablo se opone a que se lleven sus muertos.

Nos hace falta que nos llegue un poder extraterrestre, “del siglo venidero” (He.6:5); el evangelio es “poder de Dios para salvación” (Ro.1:16; 1Pe.1:5)  y sin ese poder no hay salvación ni triunfo. No hay arrepentimiento, fe, justificación, redención y glorificación. Los que dan testimonio de Cristo siempre van perdiendo y ganado, teniendo más y teniendo menos, sumando y restando, sembrando y arrancando, sonriendo y llorando, dudando y creyendo, teniendo esperanza y perdiéndola, ilusionados y desilusionados. Y “para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2Co.2:16). En todo eso consiste la vida de un predicador, en todo eso se consume, en quitarle los muertos al diablo, y él no quiere que se los lleven.