martes, 22 de enero de 2013

Si sabes cuál es la voluntad de Dios, no le pidas a nadie su opinión

Génesis 22:1-8
Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos”.


Sabía que lo que Dios le pedía nadie se lo aprobaría, nadie lo entendería, ni Sara ni sus criados, y mucho menos Isaac. Sobrarían las opiniones. El pedido de Dios levantaría oposición y se necesitaba mucho entendimiento espiritual para aceptar la demanda; por eso Abraham no se lo dice a nadie, o le dice solamente la mitad de lo que Dios quería de él, pero la parte más importante del plan de Dios para su vida se la calla. De haber dicho algo todos pondrían el grito en el cielo y hubieran gritado al unísono un estruendoso ¡No!".

Pocas veces debemos preguntarle a la gente cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida. Uno no debe someter a juicio de ajenos lo que sabe que es la voluntad de Dios, no se debe recoger la opinión de ellos, y en ocasiones ni informarles, para que nadie nos impida cumplirla. ¿Debes consultar con otros si amarás a Dios con todas sus fuerzas? ¿O a tu prójimo como a ti mismo? No. ¿Si dejarás el pecado? No. ¿Si recibirás el Espíritu Santo? ¿Si dejas el mundo y las cosas que están en el mundo? ¿Si te bautizas en Cristo? No. ¿Le vas a preguntar al mundo si lo crucificas? ¿Si crucificas el pecado, si lo mortificas?  ¿Al diablo si ya no le servirás más? ¿Permiso a la sociedad para creer en Cristo? No te hace falta la aprobación de todos para obedecer la voluntad de Dios que es siempre lo mejor para tu vida.