sábado, 31 de agosto de 2013

Compartiendo nuestra suerte

Hechos 27:1-26  
“Cuando se decidió que deberíamos embarcarnos para Italia, fueron entregados Pablo y algunos otros presos a un centurión de la compañía Augusta, llamado Julio. [2] Y embarcándonos en una nave adramitena que estaba para zarpar hacia las regiones de la costa de Asia, nos hicimos a la mar acompañados por Aristarco, un macedonio de Tesalónica. [3] Al día siguiente llegamos a Sidón. Julio trató a Pablo con benevolencia, permitiéndole ir a sus amigos y ser atendido por ellos. [4] De allí partimos y navegamos al abrigo de la isla de Chipre, porque los vientos eran contrarios. [5] Y después de navegar atravesando el mar frente a las costas de Cilicia y de Panfilia, llegamos a Mira de Licia. [6] Allí el centurión halló una nave alejandrina que iba para Italia, y nos embarcó en ella. [7] Y después de navegar lentamente por muchos días, y de llegar con dificultad frente a Gnido, pues el viento no nos permitió avanzar más, navegamos al abrigo de Creta, frente a Salmón; [8] y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea. [9] Cuando ya había pasado mucho tiempo y la navegación se había vuelto peligrosa, pues hasta el Ayuno había pasado ya, Pablo los amonestaba, [10] diciéndoles: Amigos, veo que de seguro este viaje va a ser con perjuicio y graves pérdidas, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras vidas. [11] Pero el centurión se persuadió más por lo dicho por el piloto y el capitán del barco, que por lo que Pablo decía. [12] Y como el puerto no era adecuado para invernar, la mayoría tomó la decisión de hacerse a la mar desde allí, por si les era posible arribar a Fenice, un puerto de Creta que mira hacia el nordeste y el sudeste, y pasar el invierno allí. [13] Cuando comenzó a soplar un moderado viento del sur, creyendo que habían logrado su propósito, levaron anclas y navegaban costeando a Creta. [14] Pero no mucho después, desde tierra comenzó a soplar un viento huracanado que se llama Euroclidón, [15] y siendo azotada la nave, y no pudiendo hacer frente al viento nos abandonamos a él y nos dejamos llevar a la deriva. [16] Navegando al abrigo de una pequeña isla llamada Clauda, con mucha dificultad pudimos sujetar el esquife. [17] Después que lo alzaron, usaron amarras para ceñir la nave; y temiendo encallar en los bancos de Sirte, echaron el ancla flotante y se abandonaron a la deriva. [18] Al día siguiente, mientras éramos sacudidos furiosamente por la tormenta, comenzaron a arrojar la carga; [19] y al tercer día, con sus propias manos arrojaron al mar los aparejos de la nave. [20] Como ni el sol ni las estrellas aparecieron por muchos días, y una tempestad no pequeña se abatía sobre nosotros, desde entonces fuimos abandonando toda esperanza de salvarnos. [21] Cuando habían pasado muchos días sin comer, Pablo se puso en pie en medio de ellos y dijo: Amigos, debierais haberme hecho caso y no haber zarpado de Creta, evitando así este perjuicio y pérdida. [22] Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, porque no habrá pérdida de vida entre vosotros, sino sólo del barco. [23] Porque esta noche estuvo en mi presencia un ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, [24] diciendo: "No temas, Pablo; has de comparecer ante el César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo." [25] Por tanto, tened buen ánimo amigos, porque yo confío en Dios, que acontecerá exactamente como se me dijo. [26] Pero tenemos que encallar en cierta isla”.


El héroe de este relato es Pablo no porque fuera un lobo de mar sino un hombre de Dios y un varón de oración. De todo este drama en el mar y los sitios donde se desarrolla, lo más importante no son las ciudades que menciona sino cómo una gran tragedia, el hundimiento de un barco repleto de presos habría ocurrido si no es por las oraciones de un siervo de Dios. Esa es la enseñanza principal y aprender a compartir nuestra buena providencia con los demás.
Así comienza la travesía en una nave procedente de una antigua ciudad de Misia en la provincia romana de Asia llamada Adramitio (v.2), y después subieron a otro barco en Mira una ciudad de Licia, una nave alejandrina que iba para Italia cuyo dueño, quizás como capitán viajaba en ella y que por no hacerle caso a los prudentes consejos de Pablo terminó destrozada y perdió su propiedad (v.11).

Al principio vemos al apóstol compartiendo la misma suerte que los demás porque en contra de su voluntad aquella nave había izado velas. Por experiencia y por el Espíritu de Dios les estaba aconsejando que no levaran anclas, “pero el centurión se persuadió más por lo dicho por el piloto y el capitán del barco, que por lo que Pablo decía”; y no le quedó otro remedio que compartir la tragedia de los otros, porque no era un hombre libre. Sin embargo, hasta el final protestó contra el error de las decisiones de ellos y les dijo que no le quedaba otro remedio que enfrentar las situaciones y ponerse en las manos de Dios. Cuando comenzaron a echarlo todo por la borda, literalmente, él les reprochó no haberlo oído, “amigos, debierais haberme hecho caso y no haber zarpado de Creta, evitando así este perjuicio y pérdida” (v.21).

Pero Pablo no es un hombre que se limita echar en cara las cosas y lamentarse sino que esta vez, confirmado, les da un mensaje del Señor, y les comunica, entre líneas, que si él no hubiera sido uno de los pasajeros del barco, todos se hubieran ahogado por cuanto un ángel enviado por Dios le dijo, “Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (v.24), y eso fue confirmado un poco antes del naufragio cuando los soldados querían matar a los presos, “pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, impidió su propósito” (v.43), y estoy seguro que eso no sólo porque era uno de los pasajeros y Dios no lo quería muerto ya o porque tenía planes con él vivo, “has de comparecer ante el César” (v.24) sino porque Pablo oró por ellos y le pidió que la nave no se hundiera con todos dentro y él se salvara, porque el ángel le dijo “os ha concedido” lo cual quiere decir que el apóstol le había pedido la vida de todos, incluyendo al patrón, el piloto, Julio el centurión y los demás. Dios pudo haber hecho que flotando en una tabla, abrazado a un tonel o nadando, llegara hasta alguna roca y la orilla o el mismo ángel llevarlo en brazos hasta tierra. El apóstol no quiso eso. Y los demás ¿qué? Allí se encontraba “Aristarco de Tesalónica” (v.2), prisionero también (19:29; Flm.1:24; Col.4:10), y Lucas que es quién vívidamente escribe esta historia. Ellos también no se ahogaron porque acompañaban a Pablo. Tiene mucho valor la presencia de un creyente fiel y mucho más sus intercesiones. Si Sodoma no hubiera sido por las lágrimas de Lot hubiera perecido antes.

Debiéramos confiar más en nuestras intercesiones y ampliarlas, darle mayor radio e incluir dentro de su alcance las vidas y los intereses de otros, y lo que pedimos para nosotros, bendiciones de arriba y de abajo, pedirlas para otros que no saben pedir y no se las merecen. No obstante las propiedades de nadie se salvaron. Y se lo merecían por cuanto aquel consejo náutico que Pablo les dio venía de Dios. Dios les había dicho que no zarparan, no les dijo que se encontrarían con un “Euroclidón” (v.14), un terrible viento que los griegos llamaban Tifón y los alejandrinos Eurociclón, ni que encallarían en “bancos de Sirte” (v.17) que son arenas movedizas, sino que estaban metiéndose en mucho peligro. La providencia sabe lo que se tiene entre manos y si da avisos hay que hacerle caso. Estaban avisados y los pronósticos de Dios nunca son equivocados. Todos pasaron un susto enorme y el día del “ayuno” que coincidía con el del sacrificio judío, lo alargaron porque nadie tenía ganas de comer y estaban espantados, y aunque rogaban para no morir, no murieron por eso sino porque Pablo también oró. Les debían sus vidas a sus intercesiones; porque fueron incluidos en una gracia ajena.

viernes, 30 de agosto de 2013

Ponte allí


2 Samuel 18: 19-30
"Y el atalaya volvió a decir: Me parece el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buenas nuevas ". "Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien? Y Ahimaas respondió: Vi yo un gran alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué era. Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y se quedó de pie". 

“Pasa y ponte allí”; y se quedó de pie sin ningún recado porque nada tenía que decir. Si no tienes nada que decir de tu salvación, de Cristo, del amor divino, entonces “ponte allí”; pero si traes tu mensaje, si conoces la gracia, la misericordia y el amor de Dios, habla y no calles. Si no tienes un mensaje importante ¿para qué correrás? No entretengas, predica cosas importantes y “las mejores pertenecen a la salvación” (He. 6:9). ¿No es eso agotamiento por gusto, gastar fuerzas en vano, disipar energía sin provecho, como “golpear el aire”? (1 Co. 9:26). No sudes en vano. Espera que te den el mensaje y te autoricen a correr, no corras sin autorización, obedece al mandato de Dios.

Si quieres correr porque siempre has corrido, corre, pero no tendrás nada que decir aunque lo sepas, si tú no eres el designado para llevar el mensaje estás obligado a quedarte callado. Eres mensajero de buenas nuevas, hijo de Sadoc el sacerdote, y hay noticias malas que las deja Dios para otros como este etíope. Tú tienes una comisión especial. No es hablar por hablar sino lo especial que quiere Dios que digas. No es predicar sino tener un mensaje de Dios. Tu reputación como mensajero reposa en la clase de mensaje que llevas y la gente desde que ve que eres tú, el que viene sabe de antemano que sus oídos escucharán buenas noticias.

Sueño, un don divino


Salmo 127:2
“A sus amados dará Jehová el sueño”.

Le vendrá el sueño a los ojos si tiene fe, si no, la preocupación mantendrá despierto al amado de Dios, en su cama, y no lo dejará dormir. Mil pensamientos lo asaltarán repetidamente, dando vueltas en torno al mismo asunto sin ir a ninguna parte sin poder quedarse dormido, hasta que la fe saca una promesa de la palabra de Dios y trae la calma.

Este sueño es distinto al del salmo anterior. El sueño es uno de los dones más preciosos que Dios ha concedido a todas sus criaturas; hasta donde sé todas ellas duermen. En el mar los peces duermen, las aves duermen, los animales, los seres humanos y hay plantas que suelen dormirse también, o al menos invierten su proceso diurno, que ya es un descanso en sí mismo. Hay sueños placenteros como el sueño del trabajador, sea que coma mucho o poco (Ecl. 5:12), Dios hace que repose y tenga fuerzas para el otro día volver hacer sus labores. Es un precioso disfrute del hombre trabajador que cansado se va a la cama para volver a la faena del nuevo día y traer el pan familiar. Proverbios también habla del sueño como un apreciado don de Dios que usa indebidamente la gente ociosa (Prov. 6:4, 9-11).

Es decir, que unos lo usan para reponer sus fuerzas y poder trabajar y otros en sustitución del mismo trabajo. Pero en el Nuevo Testamento hay más acerca del sueño. Nuestro amado Señor cansado se echó a dormir sobre un cabezal sin temer a nada (Mr. 4:38), cuyo sueño tan placentero es un producto de su confianza en la providencia como lo dice el mismo David: “En paz me acostaré y asimismo dormiré porque sólo tú, oh Jehová, me haces vivir confiado” (Sal. 4:8). Es el sueño que tuvo Pedro en la cárcel sin temer que al otro día lo fueran a ejecutar (Hch. 12:6, 7). Sin embargo el sueño lo envía Dios por medio del ángel de la fe en sus promesas. Si crees puedes dormir. Si no tienes fe te pasarás la noche en vela aunque Dios te ame porque por causa de tu incredulidad no podrá obrar ese maravilloso milagro en ti (Mt. 13: 58).

¿Puedes dormir así, sin temer que nada malo te ha de ocurrir? Hay sueños que vienen por la tristeza, como el de los discípulos (Mr. 14:40), Dios lo concede para aliviar la mente y el corazón pues de lo contrario haría casi insoportable el dolor. Y hay sueño que puede ser un peligro. El sueño de uno que conduce un coche o el de Eutico que se quedó dormido en una ventana (Hch. 20:9). ¡Gracias a Dios nuestras iglesias tienen suficientes asientos! Seguro que el pecado no lo saca Dios del corazón del hombre como la costilla a Adán, mientras dormía.  

miércoles, 28 de agosto de 2013

No debes anticiparle una derrota al Espíritu Santo


Eclesiastés 11:4-6
“El que al viento observa no sembrará”.

Es uno de los mejores textos de Salomón. Muy propio para nuestra labor de sembradores de la preciosa semilla. Consejos para sembradores. Si miras las condiciones del alma, sus lamentos y pasiones, y vicios, no sembrarás la simiente preciosa de la palabra de Dios ni cosecharás sus preciosos frutos. No debes anticiparle una derrota al Espíritu Santo porque tú no sabes cómo él trabaja; si miras las circunstancias y observas los tiempos desfavorables y la dureza de los corazones, te desalientas y no crees, y por ende el Señor no puede hacer ningún milagro con tu testimonio; observa no el viento sino a Dios, mira a sus promesas; es del Señor el resultado y no tuyo.

Tú ignoras la obra de Dios; tú no sabes como Dios regenera a un pecador y como “crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta” o mejor dicho, “el viento sopla de donde quiere y oyes su sonido pero no sabes…” muchas cosas de él (Jn. 3:8); sabes que es por la Palabra y por el Espíritu pero el trabajo de ambos es incomprensible. Ora con fe y trabaja con fe, aunque no sepas cómo se hace, el que lo hace sabe cómo hacerlo. El v. 6 quiere decir que exhortes a tiempo y fuera de tiempo cuando hay esperanza y cuando no (2 Ti. 4:2,3).


El propósito de Dios con una vida es un secreto


Eclesiastés 3:11
“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”. 

Lo que escribió el predicador no se sabe seguro si se refiere a la obra de Dios en la creación o la obra de Dios que es hermosa en su providencia. Para no equivocarme y como no lo veo claro tomo los dos sentidos, la obra de Dios que contemplan los hombres es hermosa, sea la creación como las gracias excepcionales que él muestra (2: 24; Job 36: 24), y la obra de Dios en la vida propia y su desarrollo que no se puede mirar hasta el fin mientras éste no llegue (11: 5).

Es un texto extraño, en el hebreo no existe una palabra para “mundo” y lo que más se aproxima es “los cielos y la tierra” (International Standar Bible Encyclopedia), y aquí la primera traducción en vez de eternidad que es de las posibles últimas, debiera ser “edad” “mundo” o escondida. Y aun "fuera de sus cabales" (de la mente). Querer traducir “eternidad” para decir que le ha puesto un alma inmortal es llevar el texto a su último significado y el sentido de lo que después sigue aspira a otra cosa.

La versión latina incluye la palabra “mundo” en la traducción, pero su significado correcto es algo oculto, escondido; así pienso que lo que querría decir sería enigma, porque la vida es enigmática, el propósito de Dios con una vida es un secreto que está oculto para el hombre mismo, y éste percibe sólo algo de ello cuando sus días avanzan y se desarrolla. Nadie puede entender su vida completa y su significado total sino hasta que se le acaba (“hasta el fin”); mientras uno vive se pregunta ¿por dónde me lleva Dios? ¿Qué quiere de mí? ¿Qué hago aquí?, porque grandes tramos de ella son incomprensibles. 

Por lo tanto es sabio acomodarla a lo que creemos que es la voluntad de Dios y seguir nuestra vocación con sus divinos impulsos e insinuaciones. Y ¡hay quienes piden a los ingenuos que vivan “una vida con propósito”! como si hallarlo fuera tan fácil como cantar y coser. El propósito que Dios tuvo con nuestra vida lo sabremos cuando estemos en gloria. Lo que sí conocemos es “la vocación con que fuimos llamados” (Efe. 4:1,4).

Y en último lugar, la traducción, demencia, es aceptable porque la comprensión de la vida nos vuelve locos, Dios ha enloquecido la sabiduría de los más sabios en la salvación (1Co.1:20), y no obstante en esa locura incomprensible hay sentido y él sí sabe el propósito. Nos queda el recurso de fe de confiarnos completamente a la providencia de Dios porque por nosotros murió Cristo y somos sus hijos. Las otras traducciones nos harían buscar la esperanza de gloria, la vida que va desvaneciéndose y se precipitará en la eternidad.

martes, 27 de agosto de 2013

Paga los impuestos, mantén la familia y la iglesia


Mateo 15:5
"Cualquiera que diga a su padre o a su madre: 'Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado". 

Guárdate de poner en oposición lo que tiene que ir juntos; el amor al hombre y el amor a Dios; no podrás adorar mejor a Dios siendo menos humano. El dinero de César es de César, quiero decir, los impuestos ciudadanos, sean abusivos o no; lo que es de Dios, es de Dios, sea el antiguo diezmo o la liberalidad cristiana. Si el de César se lo entregas a Dios y no pagas tus impuestos, te metes en problemas, si lo que es de Dios te lo comes o te lo vistes, haces mal y eres in irresponsable; pero lo que es de la familia de ella es y no hay que entregarlo para la obra de Dios, y hacerlo dijo Jesús, es pecado. Más que piedad eso es hipocresía. “Si toda la hipocresía del mundo se dividiera en diez partes, nueve de ella pertenecería a Jerusalén y la otra al resto del mundo” (Un rabino, citado por John Gill).

Toma un ramo de versículos y frótalos


Mateo 14:23
"Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, a orar".  

Lo representa como un creyente normal, un profeta que tiene necesidad espiritual de la comunión con Dios. Jesús pasaba bastante tiempo sólo, reponiéndose del cansancio físico, mental y espiritual de su obra. Sin hacerle preguntas a la divinidad, cerremos los ojos y oremos. Orar es un privilegio que refresca. Se le marchitan a uno las hojas del alma cuando la oración es poca. Tenemos que practicar otra forma de lectura de la Biblia, sin andar sobre ella a pasos agigantados, como el Gigante Siete Leguas, sino más bien recogiendo espigas y frotándolas  con las manos, quiero decir atrapando puñados de versículos y restregándolos  en la reflexión hasta que aparezca nítido el alimento; en el pensamiento y se explaye su espíritu en palabras a Dios.

La semilla siente que su destino es ser árbol

Mateo 13:31-33
“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo, y que de todas las semillas es la más pequeña; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de modo que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas. Les dijo otra parábola: El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado”.

"A la verdad es la más pequeña de las hortalizas; pero cuando ha crecido es la mayor". Lo mismo pasa con el futuro del cristianismo o al desarrollo del evangelio en el alma, que empieza con poco y aumenta. No crece en un dos por tres. Es lento como la levadura (v.33). Desde un ignorado muchacho pastor de ovejas hasta el dulce cantor de Israel; de pecador a apóstol. Lee esto con el v.23. Hablando y hablando del evangelio; orando y sirviendo, y sirviendo a una pequeña obra de Dios que se vuelve un árbol grande. La semilla piensa en el día que será un árbol, siente que su destino es ser árbol y que las aves que se la pudieron haber comido, algún día harán nidos en sus ramas. No se la comieron.

Pero “cuando ha crecido”; en esas palabras está el milagro y el triunfo de la bella esperanza, amiga íntima de la fe, con oración, paciencia, cuidado y cultivo. Paciencia cristiano que ya crecerás, paciencia pequeña iglesia que ya crecerás; ten confianza pequeño Pablo, en la semilla de la palabra de Dios y en el auxilio del Espíritu Santo, y la lluvia vendrá del cielo; póstrate por ella y espera. El evangelio sabe que su destino es salvar a los pecadores.

lunes, 26 de agosto de 2013

Pidiendo a Dios un gran favor



Mateo 7:11
“Si sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos…”.

Una reflexión con mucho sentido común. Dios no es peor que nuestros progenitores. Él siempre nos da cosas buenas. Y nosotros siendo malos, sintiendo envidia, celos, y cosas semejantes, podemos decir y hacer cosas buenas, sobreponiéndonos por la gracia del Señor, a obrar con amor como él lo desea. Tal vez así nuestras buenas palabras y obras no estén totalmente limpias pero Dios entiende que son un resultado de la conciencia cristiana y de habernos esforzado en la gracia siendo obedientes. Es una gran manera de matar con acciones buenas la subyugada raíz del mal. Y la moraleja o aplicación de todo esto es que Dios es más bondadoso que nosotros y aunque no merezcamos que nos preste ni un minuto de atención, es todo oídos cuando postrados en oración le estamos pidiendo algún gran favor, que hay que con paciencia esperarlo, porque Dios no sale corriendo a complacernos cuando decimos amén.

domingo, 25 de agosto de 2013

Si el predicador es un adúltero en secreto


"Afirmar que nuestra actual crisis en la iglesia representa un fallo en su moralidad, con eso no estoy queriendo decir que el poder del evangelio depende para su eficacia de la moral personal del predicador. La palabra es la Palabra; y se muestra poderosa precisamente porque es la Palabra de Dios acompañada por el Espíritu de Dios. Se pudiera tratar de un predicador que es adúltero en secreto, sin embargo esto no evita que haya convertidos a Cristo en su ministerio. Verdaderamente, una las cosas más asombrosas que se puede leer en la historia de la iglesia es el hecho que el reino de Dios progresa a menudo en medio de la inmoralidad e infidelidad de sus líderes. Declarar, entonces, que el problema de la iglesia actual es un problema moral, significa que no se está estableciendo una relación irrompible de causa y efecto entre la conducta del predicador y la efectividad del evangelio. ¡Y gracias a Dios que es así! Si tal relación indiscutiblemente hubiera existido, ¿quién de nosotros en la actualidad se hubiera convertido a Cristo? Es solamente a través de la gracia de Dios, la cual hace que el predicador siendo pecador conduzca a hombres y mujeres a Cristo" (Tomado del libro, Reformation, Yesterday, Today, and Tomorrow, Carl R. Trueman, pag. 31).

Se comprende al autor que diga esto, cuando el énfasis de todo el libro es puesto en exaltar la independencia de la Palabra de Dios, de la experiencia humana, incluyendo la moralidad. Aunque no se alarga en la exposición de la soberanía de Dios, esa doctrina permea lo que afirma, que la Palabra de Dios es independiente de todo, y del predicador y su conducta. Engendrar un hijo espiritual esencialmente no corresponde a la voluntad humana, la personalidad del comunicador, sus costumbres, sus gustos, sino al contenido de lo que dice y a la gracia soberana.

Es lamentable cuando casos así de predicadores adúlteros, ladrones, o que sufren alguna adicción, son descubiertos mirando pornografía en la misma computadora (ordenador) donde escribe sus sermones bíblicos. Pero la última palabra en cuanto al progreso del evangelio no la tiene la moralidad ni el diablo sino Dios, y los nuevos convertidos proseguirán salvándose pese a todo, y no bautizándose en el hombre de Pablo, en el nombre de Apolo o en el nombre de Pedro, sino en el nombre de Jesús que está sobre los nombres de ellos. Existen ejemplos de cristianos que han adquirido su fe mediante la predicación de hombres que luego se constituyeron en herejes y apóstatas, incluso que negaron la fe. Seguimos siendo pecadores y al mismo tiempo salvando pecadores.

miércoles, 21 de agosto de 2013

No importa que no seas un Apolo o un Adonis


"La debilidad fue el sello distintivo del ministerio de Pablo. Mira lo que dice en sus cartas a los corintios: no fue una persona que físicamente impresionara; no fue hasta ellos como un reconocido orador público; llegó en debilidad y no en fortaleza. No fue exactamente un modelo contemporáneo, un reconocido doctor, o uno de relaciones públicas. En cuanto a su figura tampoco la tuvo atractiva. No fue esa clase de persona cuyo rostro sonriente podría ponerse en la portada de alguna revista evangelística. Pero, ahí mismo radicaba el poder de su ministerio, ya que su debilidad en ese aspecto atrajo más gloria a Dios, y llevó más fruto, que si hubiera sido de otra manera... de veras que es preocupante cuando el éxito evangélico se mide por las categorías que el mundo tiene para medir el éxito, y preocupa por esta razón: somos llamados por Dios no para medir nuestro éxito por los parámetros del mundo, sino por los de Dios que consiste ser fieles según el estándar bíblico; y como el ejemplo de Cristo lo indica, esas dos cosas son a fin de cuentas, implacablemente opuesta la una a la otra" (Reformation: Ayer, Hoy y Mañana; pags.66,67; Carl R. Trueman).

Hay escritos antiguos, no sé si inventados, exageraciones, que describen al apóstol Pablo como un judío de corta estatura, con su nariz aguileña, el mentón pronunciado, la mirada penetrante y calvo. Un retrato que posiblemente no tenga mucho de real. Quizás sacan eso de un testimonio que da el apóstol en 2 Co.10:10, “porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable”.

Que la presencia corporal fuera débil, da a entender que no era un atleta ni un Hércules, o sea que no impresionaba, no era, digamos, atractivo o alguna belleza masculina. Hasta ahí uno puede llegar, que una pintura de su rostro estaba descartada para usarse como publicidad evangelística en Corinto, entre los Gálatas o los filipenses, quiero decir que tampoco en Atenas o en Roma. En ninguna parte. El poder de Dios sobre él no reposaba en su elegancia, en su sonrisa ni en su humor, porque chistes no escribió ninguno, aunque alguna ironía sí. Los pensamientos de otros los llevaba cautivos con el poder de Dios, sin fascinar a nadie con su aspecto.

Martín Lutero y Juan Calvino, por las pinturas que de ellos nos han llegado, estuvieron muy lejos de ser personalidades atractivas según los estándares del mundo. En fin, no es preocupante ser bizco como Jorge Whitefield para ser un evangelista tan bendecido, ni flaco ni bien parecido para escribir la Institución de la Religión Cristiana, y desde Ginebra reformar espiritual y socialmente medio mundo, como fue Juan Calvino. Carlos Spurgeon tampoco que digamos, cuando un oso o en su madurez, fue una belleza masculina. Lo contrario. Lo hermoso estaba en lo que decía y cómo lo decía, y en lo que era por dentro.

Las cualidades del cuerpo se van perdiendo con los años, el rostro se pliega, las manos tiemblan y hay que usar anteojos o un bastón. Mucho cabello o poco cabello, seis pies de altura, ojos azules y dientes perfectos, no son imprescindibles para predicar sermones con el poder de Dios, y hacer una obra que sea una bendición por muchos años. Así que, si el Creador nos envió al mundo con defectos que no quisiéramos, o que el tiempo nos robe, para vivir de forma importante y de bendición de Dios, y para su gloria, aunque no se pase la aprobación según los estándares culturales, ni se sea un Adonis o un Apolo, ¿qué importa? (2Re.2:23). Y como dijo el autor de este libro que mencioné, “de veras que es preocupante cuando el éxito evangélico se mide por las categorías que el mundo tiene para medir el éxito, y preocupa por esta razón: somos llamados por Dios no para medir nuestro éxito por los parámetros del mundo, sino por los de Dios que consiste en ser fieles según el estándar bíblico; y como el ejemplo de Cristo lo indica, esas dos cosas son a fin de cuentas, implacablemente opuestas la una a la otra”.


Tenemos un cuerpo animal, convertido en templo


Judas 1:10
Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales”.

No es la idea de Judas afirmar que los animales como los hombres sufren de corrupción moral y espiritual; no tienen ética pues no conocen el bien y el mal. Lo que quiere decir es que el hombre se corrompe como un ser irracional; o mejor, obra irracionalmente cuando se corrompe espiritualmente. Sólo la naturaleza humana puede corromperse moralmente. Aunque nosotros exaltamos la fe con la razón para conocer la verdad de Dios, pues es por revelación, ella no hace al hombre un ser irracional, al contrario lo convierte en un ser más sabio y sobrio en el uso de los recursos que dentro de sí y afuera tiene a su disposición.

¿Con qué fin Dios creó al hombre, para que fuera su propio fin? ¿Lo creó para que se disfrutara a sí mismo? ¿Para que haga de sí mismo la fuente y disfrute de sus propios placeres? No, no somos hechos para devorarnos a nosotros mismos, para consumirnos en nuestras pasiones, para cocernos en nuestras mismas inclinaciones. Los instintos no son el fin para el cual el hombre fue creado. ¿Comer es el motivo de la existencia, el fin? ¿Viva la gula, entonces? ¿Son los placeres el fin de la existencia humana como enseñaban los antiguos epicúreos? No, el hombre tiene una misión en este mundo mayor que sus placeres orgánicos. Vivir sólo para complacer y agasajar la carne es darle a la existencia el mismo destino de los animales; y ni aun ellos. Lo único que tenemos en común con los seres inferiores es nuestro cuerpo (cuerpo animal, 1 Co 15), pero para templo del Espíritu Santo, y  llevamos dentro una razón en la cual descansa el sello privilegiado de nuestra existencia, la distinción que nos hizo la Deidad.

El trabajo, el estudio, el amor al prójimo, a Dios, son metas mucho mayores que el simple uso del cuerpo para complacer a los instintos; es pensar y estar seguros de tener un destino mayor. ¿No es el cuerpo para el Señor y el Señor para el cuerpo? (1 Co. 6: 13). Ese es su fin último y el más bello uso, tener a Jesucristo dentro del cuerpo. No domine la gula ni eros, ni el diablo en nuestro cuerpo.

domingo, 18 de agosto de 2013

No he sido tomado preso por mitos sino por historias muy ciertas


2 Pedro 1: 16-21
"Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad". 

Yo sé, Señor, que no estoy siguiendo fábulas artificiosas, hábilmente tejidas por impostores, por hombres engañadores enviados por el diablo para torcer la verdad revelada; aquellos hombres que tú usaste eran estimados por la iglesia como sus columnas, santos y fieles en Cristo Jesús, sus vidas y escritos circulaban entre los hermanos como la mismísima palabra divina. Satanás no ha tenido que ver en lo que hoy conocemos como la Biblia, en su confección. Su trabajo se halla afuera de ella, en las herejías que intentan desacreditarla, en malos y hombres ignorantes que la toman ligeramente. La obra del diablo se halla en la escritura de otros libros tenidos como divinamente hechos, como dados por Dios para sustituir en el corazón de los fieles a la Escritura, en ese sentido es un engañador y un “suplantador”. Yo no he sido tomado preso por mitos sino por historias muy ciertas, que me han hecho un hombre libre por el poder del Espíritu Santo que la acompaña. Si la Biblia fuera un compendio de mentiras, yo lo sabría.

La inspiración de la Biblia está relacionada al contenido de su mensaje, como opuesta a los mitos humanos (v. 21), no primeramente al espíritu y poder que transmita (lo cual es una virtud del Espíritu Santo y no de la letra), sino a la fiabilidad de las historias que cuenta, es la garantía de la verdad, la que coloca un asiento seguro para la fe de modo que no se hunda con el paso del tiempo, con los vientos de falsas doctrinas, con la anegación de mentiras que den con ímpetu contra ella. Es la esencia de nuestra determinación de lo que es bien o mal, que en mucho es lo natural, lo que se conforma literariamente con la confección misma del universo, porque ambas, la Biblia y el mundo, fueron hechos por la misma palabra divina. La verdad inspirada es la garantía para la verdadera adoración porque sólo inspira genuinamente la verdad eterna y edifica el alma para la salvación; en espíritu y en verdad. La inspiración divina nos da las armas para defender los pensamientos, los sentimientos y la devoción personal en la salvación.

No hay cosa más triste que dedicar la vida entera, sacrificarla, como dice Pablo, negar por su causa las cosas más valiosas, padre, madre, hijos, y que todo sea una hábilmente tejida mentira. Eso ocurre cuando se creen los mitos, las leyendas, las tradiciones humanas, no lo que han enseñado los santos hombres de Dios. Ella nos provee el material eficaz para, como una espada del Espíritu, defendernos contra los ataques cuerpo a cuerpo del demonio y sus ejércitos de hombres escépticos y para vencerlos, y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Oh Dios, que cuando dude vaya a tu Libro, lo estudie y por él me asegure de nuevo de aquellas cosas que razonablemente les di un día asentimiento; sea ella la cura de mi enfermedad, que lo entienda todo, como el salmista, cuando acuda a ti, su autor, y me enseñes de nuevo, porque tú eres mi Rabí, mi Maestro, y lo que he aprendido no lo he aprendido de hombres. Sáname siempre mi Señor, cada página de tu Libro sea como una hoja del Árbol de la Vida, que son para sanidad de las naciones, y mía. Amén.

viernes, 16 de agosto de 2013

Los que andan deambulando fuera de las reuniones


Hebreos 10: 19-25
"...no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca".

Las palabras del vv. 19-24 son tensas o más bien intensas como si el autor se pusiera de rodillas y les implorara que la conciencia de culpa no los separara de la reunión de la iglesia, que tuvieran confianza, y se les pide de corazón, para que no den un paso atrás y pierdan aquellas cosas, aquel tesoro de salvación que ha costado tanto. El autor tiene ahora en su mente a los que ya sufren desgano y decaimiento, que han sido debilitados, y exhorta a los otros a que no pierdan la esperanza. Si tienes en cuenta que Hebreos trata de rescatar a los hermanos apóstatas, o en vías de serlo, el ausentismo a las reuniones era una señal de eso. La bandera de la profesión de la esperanza (cristianismo) estaba siendo arriada, porque el culto público a Dios por medio de Cristo es una forma de esa profesión. Pide a los que son fieles, a los que mantienen sin fluctuar el testimonio, que estimulen a los otros para que no dejen de reunirse ni de participar en las obras de amor de la iglesia. Les exhorta para que hagan uso del sacerdocio que han recibido por medio de Cristo, a no cursar otro camino, hacerlo sin mala conciencia, con fe. Alma, tú eres tu propio sacerdote por medio de Cristo, no te hacen falta las ayudas de un viejo orden si tienes a Cristo, todo está preparado para que lo hagas. Acerquémonos al cielo mismo (4: 16).

Qué feliz, pero qué temor siento que pueda llegar tan lejos y tan alto sin auxiliadores. Hasta Cristo algunos me pueden llevar pero yo tengo que tomar ese camino, llevando en mis manos la fe en su sangre, y dentro del pecho una conciencia sin pecado, porque teniendo en la vía los méritos de sus favores, ya tengo las puertas abiertas y muchas promesas de buena acogida y alegre recepción. No daré ningún paso atrás ni tomaré otro camino preparado por el hombre, porque el Espíritu me dice que tengo libertad de acceso a Dios a través de la carne de Jesús. Esta palabra es una aplicación oportuna para determinados casos, los que andan deambulando y con frío fuera de las reuniones candentes de la iglesia nueva, o que van y vienen como el cuervo del arca de Noé, hasta que no regresan más.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Jesús nunca nos pierde de vista


Hebreos 6:18-20
"...donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, sumo sacerdote para siempre". 

 Pablo diría que Cristo es "nuestra esperanza de gloria" (Col.1:27) pero el autor de Hebreos dice que él se dirige adonde se halla nuestra esperanza. Es el "precursor", porque para este hermano Cristo es un sacerdote celestial y oficia en el cielo por nosotros (8:1,2). Fue delante, allá vamos nosotros hacia detrás del velo, a la diestra "de la Majestad en las alturas". Señor Jesús yo quiero que tú seas mi único sacerdote para siempre porque te ofreciste por mí. Padre, confío en tu palabra, sé que no mientes, es imposible que lo hagas por tu propia naturaleza santa, porque has dado tu palabra que se corresponde con tu carácter santo y porque has dado señales indubitables de querer salvarnos, principalmente entregando por nuestros pecados a tu Hijo amado. Muchos deseos tiene el autor para que sus hermanos sigan a Jesús hasta allí y que tengan paciencia en las tribulaciones. Esa expresión "por nosotros", indica que la razón por la cual entró a ese lugar, al cielo, éramos nosotros. Jesús nunca perdió de vista que estaba salvándonos. Y no lo hará jamás.

lunes, 12 de agosto de 2013

Su vejez y mala salud no es algo que le machaca su ánimo


2 Timoteo 
4: 6
“Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado”. 

Le dice: "Tú eres mi relevo teológico, me voy y el evangelio queda en tus manos, cuídalo, sostén bien la antorcha de la verdad". Nuestra preocupación no ha de ser sólo que la iglesia sea numerosa sino que tenga doctrina sana y sólida (vv.7, 8). Pablo está pensando no sólo en el fin de su vida cristiana sino de su ministerio y qué ocurrirá con Timoteo después de su partida (Hch. 20: 27-32). No se ven trazas de que se sienta sin futuro aunque “el tiempo” de su partida, su muerte, la tiene cerca. Y así era. 

Estaba viejo, quizás más de 60 años pero no menciona eso. Ni la vejez ni la proximidad de su muerte que es real y no imaginaria le hacen sentirse como un hombre vivo pero acabado. Un poco después pide a Timoteo que le traiga los libros, el capote y los pergaminos (v.13). Eso quiere decir que tiene planes y los adapta a sus circunstancias. Si hubiera sentido que no tenía futuro su vida, habría hablado con desesperanza y sin proyecto alguno. Pero los tiene. ¿Cuántos años le quedarían? ¿Años? No, ni siquiera meses, tal vez semanas o un puñado de días. Permanece vivo y con una esperanza y alegría de vivir y ser de Cristo como si su partida distara mucho tiempo. Si se hubiera sentido sin futuro, en ese mismo momento, hubiera acabado su carrera, pero él no detiene con pesimismo sus pies. No hay desaliento ni frustración. 

Como se siente joven por dentro, no le ha envejecido sino el exterior, por fuera, ni lo pretende (2Co. 4:16), su vejez y mala salud no es algo que le machaca su ánimo. ¡Qué va! Se siente cada día más joven, más fuerte con un imparable rejuvenecimiento a la imagen de Cristo. Y es por dentro  cuando los hombres verdaderamente se ponen viejos, cuando no tienen esperanza y notan que la carne se les desgasta y se comparan con cuán jóvenes  un día fueron. Cuando te sientas sin futuro renueva tus esperanzas, renuévate por dentro en comunión y gloria divina y aunque como Pablo tengas la vista fija en tu muerte no pienses en ella como algo cerrado sino como una “partida” cuando tu alma es desatada (así dice en gr.) y va a estar con el Señor “lo cual es muchísimo mejor”. Lo que hace que te sientas sin futuro es tu óptica mortal, cámbiala por una perspectiva abierta y mírala como un encuentro con tu Salvador y un paso más hacia tu resurrección. 

Alégrate de ser “desvestido” y cambiar de cuerpo, éste de muerte por otro mucho mejor, lleno de vida y gloria, adaptado a tu alma redimida y a tus deseos cristianos. Mientras te quede alguna cosilla por hacer por el Señor, ésa es tu futuro y puedes hacer los planes y proyectos que sean necesarios para consumarla. Mira tus 60 años como quien ha pasado un largo curso escolar y aprendido muchas cosas, y en vez de mirar a los jóvenes con envidia y añorar tu juventud, compadécelos porque les falta lo que tú ya tienes, experiencia y fe madura, muchas guerras y victorias ganadas. Llegar a tu “consumado es” no es una desgracia como el mundo lo mira sino una victoria completa.

Ser piadoso tiene su costo


2 Timoteo 3:12
“Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos…”. 

Padecen persecución no sólo los que quieren que los escogidos alcancen la salvación (2:10), sino los que por su libre voluntad escogen vivir piadosamente en Cristo Jesús, que con todo corazón luchan para no mancharse con el mundo (Sgo. 1:27), que no desean vivir como los gentiles que no conocen a Dios, en pasión de concupiscencia, ni buscar las cosas que ellos buscan; esos padecerán persecución (1 Pe. 4:14,15). Ser piadoso tiene su costo, a veces Dios demanda un alto precio, como la pérdida del afecto fraternal, un empleo, la aceptación de un grupo, etc. Es un odio diabólico hacia la piedad no exactamente hacia la persona en sí, porque ella, la piedad, cuando se vive sirve como una protesta, una condenación, y una vida santa es altamente molesta para los impíos. Vivir piadosamente cuesta caro.

Vive piadosamente sin pedir permiso, como un reto, pero asegúrate que si padeces sea como cristiano (1Pe.4:16), no por entremeterte en otras cosas; que si se molestan con tu vida sea como si se disgustaran con buenos sermones, una manera de vivir que apele a la conciencia del mundo, que se las toque, que los haga reflexionar en lo eterno, en el amor y en el juicio de Dios. Vive tú, como se dijo de aquellos hombres y mujeres de fe, de los cuales el mundo no era digno (He. 11).

sábado, 10 de agosto de 2013

¿Qué será de nuestra obra cuando hayan pasado los años, cincuenta, cien, doscientos?


Colosenses 4:10, 11
“…estos son los únicos colaboradores conmigo en el reino de Dios que son de la circuncisión, y ellos han resultado ser un estímulo para mí”.

¿Qué será de nuestra obra cuando hayan pasado los años, cincuenta, cien, doscientos? ¿Quedará algo de ella? Tenemos que pensar que sí; si hacemos las cosas bien, si sembramos la palabra de Dios, si el fundamento de lo que edificamos es Cristo, si sobreedificamos con el mejor material, oro, plata, piedras preciosas. Algunas veces pensamos que para que una obra sobreviva al paso del tiempo tiene que recibir un amplio apoyo humano. No, no siempre eso hace falta, puede andar solitaria y en la oscuridad, anónima y débil, enferma y desgarrada y sin embargo perdurar porque recibe el apoyo y la bendición divina. ¿Tiene algún significado trascendente lo que hacemos?

Mira que prácticamente dejaron al apóstol y a un puñado de hermanos la evangelización del mundo; el resto o la mayoría se dedicó a predicar a los judíos y a vivir como judíos, si por ellos hubiera sido, habrían continuado predicando sólo dentro de Israel y a lo sumo a los judíos en el mundo. Es cierto que el Señor en un principio les dijo que se ocupasen de los israelitas como él mismo lo hizo (Mt. 10:5,6; Mt. 15:.24), pero ya ese era un tiempo pasado, el plan divino de alcanzar a todas las naciones había sido dado, no sólo a judíos sino también a los paganos. Jesús al ascender al cielo se los indicó bien: “Id y haced discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:19, 20); y hay otra cita donde bien les dijo que irían “hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). Pero aquí usted puede ver como el apóstol confiesa que sólo un puñado de hermanos se dedica con él a la evangelización mundial. Mira este texto (Hch. 8:1).

En otro tiempo de su ministerio quizás contó con mucho más colaboradores, cuando estaba libre, pero ahora no. Se pueden contar con los dedos de las manos los colaboradores judíos que tuvo; a veces se quedaba solo, sumamente solo, con Cristo nada más porque sus pocos ayudantes eran enviados por él mismo a cumplir misiones en sitios lejanos (2 Ti. 4:9-11). Es en esta situación especial de prisionero que se siente solo evangelizando el mundo. Si muchas manos lo hubieran ayudado, muchísimo mejor, pero careció de la cooperación que quería, de modo que conocemos a casi todos sus colaboradores. El propósito de Dios, en el espacio de siglos, se cumplió, aunque inicialmente la evangelización del mundo tuvo poco apoyo porque lo que hizo y escribió a inspirado a millones en el mundo entero. Pablo nunca pudo imaginar que lo que su grupito comenzó, que sus escritos, jamás editados por ninguna editorial, veinte siglos después se publicarían por colosales editoriales en el globo entero.

No te desanimes si ves que muchas manos pudiendo ayudar se retraen, si teniendo los medios para apoyar la obra se los reservan para sí mismos y para sus necesidades y vanidades, mientras el bendito evangelio no puede ser ampliamente distribuido por falta de recursos y las almas inmortales mueren ignorantes sin el conocimiento de Cristo. Dios, a pesar de la falta de apoyo de los que pudieran hacerlo, continuará su obra sin las manos de ellos, sin los recursos de ellos, sin los talentos de ellos, sin la presencia de ellos, porque más importante que ellos es el Espíritu Santo.

Otros no dan apoyo a la obra a menos que se beneficien y por eso se aíslan y se colocan como espectadores; si no reciben alguna remuneración, dinero, reconocimiento, popularidad, no cooperan y dejan que los pecadores no se salven. De estos Pablo tuvo muchos y los menciona en Flp. 2:20, 21. Y hay quienes no apoyan la obra de Dios porque no comparten la visión apostólica de aquellos que han entendido mejor el plan de salvación de Cristo, que no es para un grupo solamente sino para muchos, que hay otras ovejas que hay que traer para que haya un solo rebaño y un solo pastor.

Y ¿cómo se sentiría el apóstol con toda esa falta de apoyo para la evangelización del mundo? Indudablemente que triste porque dice que los pocos que le ayudan son su único consuelo. ¿Impotente? ¿Frustrado, melancólico? No, no creo que tanto. Un magnífico proyecto inspirado en las palabras de Jesús, en el cumplimiento de sus deseos, aunque no tenga mucho apoyo humano, nunca muere. Aliéntese tu corazón para que no te detengas en tu comisión ni faltes a tu vocación porque tus ideas no sean populares ni se les ofrezca apoyo.

Anda en el Espíritu y razona en el Espíritu


Gálatas 5:16, 17
“Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne”.

Esta traducción está mejor que la LBLA o RV, que traducen en presente y no en subjuntivo. No es un mandato, “no satisfagáis” sino un feliz triunfo, una sólida promesa, “no satisfaréis” los deseos de la carne. Y Pablo es doblemente enfático, ¡no, no!, satisfaréis las obras de la carne, ¡no adulteraréis! ¡No envidiaréis! ¡No os morderéis los unos a los otros! Es una gran promesa. ¿Dónde se hallaba el secreto de la fuerza de Sansón? ¿En su cabellera? Eso es lo que muchos creen, pero estaba en el Espíritu de Dios. Siempre que contó con su presencia en algún conflicto resultó invicto; si el Espíritu no se hubiera alejado de él, nadie lo habría derrotado, nunca hubiera perdido sus ojos. Cuando el pelo le fue cortado lo que se le quitó fue la señal del pacto, perdió su nazareato, su consagración. No todos los nazareos tuvieron su fuerza porque no sobre ellos descendió el Espíritu.


Sansón representa una lección para el creyente cuando quiere combatir al mundo, la carne, al diablo; tiene que hacerlo espiritualmente, aferrarse a los medios espirituales que Dios ha puesto a su alcance, y que tiene en sí mismo. Esos medios se hallan en Efe.6:10-18. Si se usan otros medios no dan resultado. Un creyente que quiera triunfar sobre una tentación, sobre alguna emboscada del diablo, sobre una mala inclinación, sobre un vicio o adicción como hoy se le llama, no debe usar medios carnales (o psicológicos) porque no logra lo que quiere. Si confía en métodos, procedimientos, consejos, remedios, armas carnales, no gana lo que se propone. Si usa un medio espiritual inmediatamente triunfa y alcanza lo que se propone. Podemos estar años luchando contra el error, la falta de santidad, la mediocridad, sin vencer y en un minuto con una verdad o un grupo de ellas libertarnos por completo. Si los deseos de la carne se oponen al Espíritu, es sólo el Espíritu quien puede oponérsele. La verdad es un arma espiritual, el razonamiento espiritual, los logros espirituales como argumentos, la gloria del Señor, las bendiciones recibidas, el testimonio alcanzado, el derrotero espiritual que siguen con las consecuencias del mal, etc. Anda en el Espíritu y razona en el Espíritu.


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