sábado, 31 de enero de 2009

Prefiero estar Equivocado con Jesús


Si Jehová hiciere ventanas en el cielo, ¿sería esto así? (2Reyes.7:2).

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Estas son las palabras de un príncipe incrédulo para quien las palabras de Eliseo eran imposibles: “Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria”. No podía creer que el sitio de Samaria acabase en unas pocas horas de ese modo. Las profecías bíblicas es un punto donde todos los incrédulos encuentran tropiezo y la piedra de toque para la fe de los cristianos inseguros. La incredulidad del hombre abarca tanto las profecías cumplidas como las que son futuras.

La dificultad en creer las históricas suele colocarse en su lenguaje pasado en que fueron dichas, porque para el profeta era tan seguro su cumplimiento que ya era una cosa hecha. La exactitud de las profecías disturba al incrédulo. ¿Cómo era posible para Eliseo predecir no solo el acontecimiento, sino el día y hasta el precio que se le pondría a aquellos dos productos, la harina y la cebada? Cuando un corazón perplejo lee hoy una profecía, por ejemplo las setenta semanas de Daniel, o cualquiera de las otras que aparecen en el onceno capítulo de ese extraordinario libro profético, se pasma al comprobar por la historia su exactitud. Los datos que la sabiduría divina da para que crean en su palabra se convierte, por la dureza del corazón humano, en uno de los obstáculos principales para tener fe en ella. ¿Qué dice el ateo? ¡Esas son mentiras, se le ha adjudicado a la profecía lo que es historia!

Si Dios no se gana su confianza con sus profecías, ¿cómo podrá tener fe y ser salvo? “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isa.8:20).

Jesús tomó estos libros en sus manos y “comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc.24:27). No arrancó ni una sola hoja del libro santo, no omitió ningún capítulo, asentó todo el peso de su testimonio en las tildes, jotas y comas de aquellos libros. También dijo a los incrédulos: “A Moisés y a los profetas tienen, óiganlos” (Luc.16:29). Jesús no desconfió de ninguna profecía. ¿Cree que Jesús también fue engañado? ¿El, que es la verdad? Umm…me parece que es mejor estar equivocado con Jesús, que resucitó de entre los muertos, que tener razón con usted, incrédulo, que cree que sabe más que él.

viernes, 30 de enero de 2009

El Oleaje del Mar de Vidrio


Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos (Mt.17:9)

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Las experiencias que los hermanos tienen con el Señor son válidas, pero vamos a ver, no constituyen la historia de la revelación ni son suplementos necesarios al Nuevo Testamento que ya está completito. Jesús cuenta con muchísimos inocentes hermanos a quienes les han enfermado el gusto relatores de experiencias ultra sensoriales y contadores de cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido a corazón de hombres, de forma tal que dentro de sus comunidades casi se ha perdido el hábito de leer toda la Biblia porque ha sido sustituida por libros del más allá. Son santos que se han vuelto tan entusiastas que salen para la reunión pensando, hoy “¿quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos)”; y no se preocupan de la palabra de fe que predicamos porque no les gustan muchos los sermones sin ese sube y baja por la escalera de Jacob (Ro.10:7-8). Y, sin tener en poco lo que alguno sienta por Cristo, no pocas veces edifican a sus hermanos supersticiosamente o con inconscientes mentiras.

Jesús pidió a sus tres discípulos que por algún tiempo al menos resistieran las ganas de decir lo que habían visto en la transfiguración. Pedro, Jacobo ni Juan podían hacer uso de aquella visión en sus sermones. No fue su propósito comunicarles aquello para darles un buen tema de predicación. No estemos a la caza de experiencias extraordinarias para beneficio de la iglesia, es mejor que por un tiempo no compartamos con nadie lo que hemos oído y hagamos como la madre del Señor que “guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”. Ya no se está escribiendo el Nuevo Testamento ni éste necesita de nuestras débiles experiencias, tardías y secundarias.

Otro bienaventurado fue el apóstol Pablo que fue al tercer cielo, oyó palabras que se les prohibió repetirlas, y durante 14 años no mencionó ni una sílaba de aquello (2Co.12:1-5). Si hubiera sido como otros, al bajar de allá arriba, enseguida hubiera alquilado un estadio y llenado de gente, vendiendo su libro en la puerta donde cuenta su travesía por el paraíso, cómo anduvo por las calles y callejuelas de oro sin que lo asaltaran porque no hay ladrones que minan y hurtan, los nombres de ellas, el oleaje del mar de vidrio y el poder curativo de las hojas medicinales del árbol de la vida. Y todo eso por el nada menos que módico precio de quinientos denarios y doscientos cuadrantes, cobrando en efectivo, con cheques de banco y ¡vaya por qué no!, con tarjetas de crédito.

martes, 27 de enero de 2009

No Sustituyas Inteligentemente al Espíritu Santo


Este cuando llegó y vio la gracia de Dios se regocijó y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor (Hechos 11:23).

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Este Bernabé es un gran ministro. Al llegar a Antioquía no dice que escribiese un libro con los aspectos sobresalientes que hubieran determinado el crecimiento de la iglesia, y pudieran ser puestos en práctica en otros sitios para lograr los mismos resultados. Para él era la gracia, y ya. Nada conocía del pragmatismo moderno, porque eso es Made in USA. El mejor método era la vida de los creyentes que siempre es el más difícil de usar, y por eso tiene muchos inventos y sustitutos.

El Agente de aquel crecimiento era el Espíritu Santo a través de la vida espiritual de la iglesia. Esté seguro que no fue de casa en casa preguntándoles a los hermanos: ¿Cómo fue que ustedes crecieron tanto? ¿Qué hicieron para lograrlo? ¿Han escrito algún manual? ¿Quieren dar un curso en Jerusalén? No, porque las bendiciones de Dios no se pueden duplicar, provienen de la gracia del Señor, y cuando se dice "gracia" que fue lo que vio Bernabé, eso excluye sustitutivos inventos y planecillos inteligentes.

Si se fuera a tener una réplica de los sucesos en Antioquía lo que habría que duplicar sería la vida espiritual de aquellos hombres que le hablaron el evangelio a los griegos, el fervor de ellos, la fe, el espíritu de oración y la compasión para que otros también fueran salvos. Lo que debe pasar de una congregación a otra no son los modelos prácticos para obtener los resultados que otra iglesia obtuvo sino el espíritu cristiano de los modelos. No soñemos con manejar la providencia de Dios y sustituir inteligentemente lo que corresponde a la gracia; lo que aquellas personas hablaron logró buenos resultados porque la mano el Señor estaba sobre ellos. Bernabé, no hay duda, aceptaría con recelos los bien intencionados métodos y entrenamientos, a veces muy costosos, que ilusionan con sacar del estancamiento a iglesias infecundas, que sin darse cuenta le dan de lado a lo más difícil en un evangelismo explosivo, la vida espiritual profunda de los creyentes en el Señor, y terminan graduando algunos líderes espiritualmente pobres.

domingo, 25 de enero de 2009

Júntese Al Esqueleto de Eliseo


Así que la fe es por el oír y el oír por la palabra de Dios (Ro.10:17).

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Si analizas el contexto de estas palabras verás que Pablo está hablando de los predicadores. Dice que la fe de los incrédulos nace cuando “la palabra de Dios” es predicada. El verdadero sermón es la exposición y aplicación de la palabra de Dios. El que no lee ni oye buenos sermones y se alimenta con cenizas (Isa.44:20) se morirá más pronto que si le hubieran servido cada domingo langosta y miel silvestre. No dejemos de leer la Biblia, es la base misma de la edificación, pero si no asistimos a oír sermones nuestra edificación será más lenta y cansona que la de aquellos que tienen el privilegio y el buen gusto por la palabra oída.

Si el púlpito de nuestra iglesia se halla ocupado por el joven Adonis que se predica a sí mismo y sus experiencias, dejémosle solo “clamando en el desierto”. Y si tenemos la buena suerte que nos cayó como predicador un bufón ungido que desternilla de risa a la iglesia cada domingo y no abre la Biblia ni predica la palabra de Dios, digámosle good bye.

Después de la predicación desde el púlpito, la mejor forma de edificación es la lectura de sermones. Aquellos de nosotros que apenas escuchamos alguno de cuando en cuando, debiéramos adquirir el necesario hábito de leer los grandes sermones de príncipes ungidos. A los maestros bien les haría leer esas “substanciosas” prédicas que son como el pan de Aser. Vayamos a la librería mejor surtida con estos materiales, no digo las que engordan sus bolsillos vendiendo libruchos sensacionalistas y página religiosa amarilla. Un buen libro podría leerlo en la Internet pero es mejor comprarlo. Pero sé, y no me lo discuta nadie, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que encontrar un buen autor entre tantos modernos mercaderes emergentes, con vidas con propósitos y manías sicológicas, entonces júntese a los huesos de Eliseo, de Spurgeon, M’Cheyne o Richard Baxter (2Re.13:21) pues hay más vida en los esqueletos de esos viejos sermones que en los que “tienen nombre de que viven y están muertos”.

sábado, 24 de enero de 2009

Están Tocando a la Puerta

He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta entraré a él, y cenaré con él y él conmigo (Apc.3:20).

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Si Jesús se halla tan dispuesto a tener comunión conmigo, ¿por qué no la tendré? ¿Por qué tomaré tanto tiempo en abrirle? ¿Qué negocio podrá proponerme? Quizás venga a venderme sin dinero y sin precio vino y leche, o sea darme de gracia, su oro refinado en fuego, que es mejor que el de Ofir y que el de la tierra de Havila el cual es bueno. O me ha visto ciego y trae colirio para que recupere la visión espiritual que tuve antes de mis desencantos. Se me ocurre que quizás ya haya visitado a otros miembros de mi iglesia porque dice “si alguno”. Si ha estado tocando en otras puertas ahora le toca a la mía, ha llegado por fin donde yo vivo y no ha pasado de largo como los malos pastores de la parábola. ¡Oh, ven Señor Jesús tú traes mi doctrina, tú eres mi doctrina, eres bienvenido y participo y apoyo tus buenas obras!

¿Has ido a las puertas de los ancianos y diáconos? ¿Platicaste con ellos sobre las mesas de las viudas y el grado honroso que adquieren si son fieles? ¿Les dijiste algo sobre los revoltosos de la última reunión? ¿Qué le dijiste a nuestro anciano y pastor sobre sus sermones? ¿Has visto cómo se ha encanecido? ¿Sabes que se siente como una voz que clama en el desierto porque nadie ha creído su anuncio? ¿Has visto como Himeneo y Fileto andan de casa en casa gangrenando a todo el mundo diciendo que no eres Dios sino un dios? Y éstos mismos dicen que 144,000 se irán contigo al cielo y el resto se queda en la tierra, y ya se están repartiendo las propiedades. ¡Habrá usted visto! ¿Qué te parecen los nicolaítas que te predican sin ética cristiana? ¿Qué crees de los que niegan que el 666 sea Nerón o Diocleciano y cuentan las letras del nombre de un príncipe llamado Carlos y dicen que es él? ¿Qué Biblia estarán leyendo esos hermanos, Señor? Quiero oírte sobre el período de mil años simbólicos que muchísimos, más de la cuenta, los tienen por exactamente mil. Estos tiempos son malos y hace falta que nos enseñes a leer mejor las Escrituras, pero anda, puedes entrar, siéntate a mi mesa con tus apóstoles, conversen más de los cuatro evangelios, de las epístolas de Pablo y sólo un poquitín de Apocalipsis, que yo tomaré con los perrillos de lo que caiga al suelo mientras ustedes comen.

viernes, 23 de enero de 2009

¿Sufres Amnesia?


¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? (Numeros.14:3).

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No. No es para ti mejor regresar a tu cautividad. ¿Ya te olvidaste del pan de dolores que allí comías y como mezclabas tus lágrimas con tu sustento? Vano es ahora pensar en Egipto como si hubieras estado viviendo en un paraíso (Num.11:5-6), mejor preferirías comer un bocado seco y en paz, con la libertad que ahora tienes que regresar a la prisión donde te hallabas.


¿Acaso sufres amnesia? ¿No recuerdas los azotes que sobre tus espaldas caían y como estabas sometido a la más espantosa servidumbre? ¿Has olvidado como echaban tus hijos al río Nilo y los veías devorárselos los cocodrilos. ¿Cómo quieres volver a un mundo que venciste por la fe, y a preceptos tales como no manejes, no gustes ni aún toques? ¿Qué tienen los reinos de este mundo que no tenga el Reino de los cielos, el Sinaí que no halles en el Gólgota, Belial que no tenga Jesús?

Recuerda tu esclavitud mental, no podías ni de día ni de noche librarte de aquellos malos pensamientos, casi no podías orar ni pensar en otra cosa que no fuera en el árbol prohibido, y ¿ahora quieres de nuevo tomar de sus frutos y no poder vivir sin su sombra? ¿De nuevo quieres vivir aquellos tiempos de agonía cuando lamentabas que el pecado se te introdujera en los sacrificios más santos y no podíais evitar perder tu comunión con Dios? ¿Cómo puedes volver a lo que te avergonzó tanto? ¿Habrás perdido tu memoria?

Ahora que amas a Dios con toda tu fuerza y toda tu mente ¿echas de menos aquella servidumbre? ¿No sabes que libertarse del poder de una tentación no es cometer el pecado sino alejarse día por día de ella? Después de haber sido lavado en la sangre de Cristo y por el Espíritu Santo ¿volverías a revolcarte en el cieno como una puerca lavada? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu vas acabar por la carne? Como el perro vuelve a su vómito ¿volverás tú a aquellos pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos? (Números 11:5). Condimentar la vida y sazonarla con la sal de la gracia de Dios la hace más sabrosa que con las cebollas y los ajos del mundo, comer "pan de ángeles" y maná del cielo es mejor que los pepinos y puerros egipcios, beber del Jordán es mejor que del Nilo, no tiene cocodrilos que se coman a nuestros hijos (Colosenses 4:6). ¿Acaso perdiste la memoria?

jueves, 22 de enero de 2009

Pasa por mi Trono de Gracia Mañana


Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hch.9:6).

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Saulo se incorpora y le dice a Jesús “estoy a tu disposición”. El Señor le dice “sufrirás mucho” y él le responde “no me importa, por ti lo haré”. Y Jesús le dice, “vete a Damasco y hablaremos después”. Y desde entonces siempre le preguntó a Jesús ¿qué tengo yo que hacer ahí? Y Jesús le respondía lo mismo “no temas, habla y no calles”. Esa era su vocación, la voluntad de Dios, esos eran sus planes, los de Jesús, ese era su propósito, el del Señor y esa era su visión porque miraba por los ojos de Jesús. Y Saulo insistió, “y ¿qué hago con mi tiempo?”. Y su Señor le dijo, “déjamelo a mí para que no hagas sólo lo que te gusta sino lo que yo quiero”.

Y Pablo agachó su cabeza y se dejó conducir por el Espíritu. Cuando hizo un plan de viaje equivocado a Asia Jesús le orientó “para allá no, ve a Europa”. Y lo recibieron con una paliza y lo ataron con cadenas. Pero allí había un hombre con su familia que le preguntarían cómo ser salvos, y un montón de presos que no habían oído una oración cristiana y ni un solo himno en todas sus vidas.

¿Qué quieres que yo haga aquí? Y Jesús le dijo, “no te quejes, haz un dúo con Silas y canten”. “¿Sin ensayar?”, y Jesús le dijo: “Canta algunos de los que me has cantado a mí”. “Pero son las doce de la noche y a esta gente no le gusta la música religiosa”. Y Jesús le respondió: “No cambies la música, no seas postmodernista, lo que yo quiero que oigan es la letra de esos himnos que sirven para salvación, déjate de preparar un show como pretexto que me estás alabando”. Y tuvieron el primer culto cristiano con himnos tradicionales judíos en una cárcel de Filipos.

Y en Roma le dijo, “¿qué hago en esta casa alquilada?”. Y Jesús le dijo: “Predícale a Onésimo, ayuda a Epafrodito, escribe a los colosenses, a Filemón, otra epístola a Timoteo, una a los filipenses, y pasa mañana por mi Trono de Gracia para que recojas una nueva encomienda”. Haz lo que Jesús quiera.

martes, 20 de enero de 2009

El dios de los Engañabobos


Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito (Job 1:21).

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¿Podrías decir con fe, Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito? Hay veces que nos hacemos ilusiones que pasan, y nos parece un hecho que tal cosa es para nosotros y de súbito ¡up!, la providencia da un giro y la cosa toma otro rumbo, adiós lo que esperábamos, ¡y a refunfuñar se ha dicho!

Las bendiciones del Señor son prestadas para usarlas y todas son retornables. ¿No dice Job que Jehová quitó? Todo lo que aquél santo varón tuvo se lo había dado su Señor y luego se lo quitó. ¿Protestó? No acusó a Dios de despropósito alguno. ¿Se volvió contra Dios o pensó que lo que había tenido por un tiempo se lo había dado el diablo y ahora lo perdía? No. El sabía que todo se lo dio Dios, por el tiempo que quiso, pero que era suyo y podía quitarlo por alguna sabia y desconocida razón.

La historia de este hombre tuvo un fin feliz (Sgo.5:11) para que sepamos que las bendiciones van y vienen, son migratorias, todo lo que poseemos, incluyéndonos a nosotros, salud, juventud, riquezas, amigos, es por un tiempo, los días vendrán en que poco a poco por ley divina Jehová irá quitándonos, súbita o lentamente lo que estábamos acostumbrados tener. Dios conserva el título de propiedad de nuestras pertenencias.

¿Seríamos capaces de sólo aceptar conformes la pérdida de un empleo, de una casa y decir “sea el nombre de Jehová bendito”? ¿Dar gracias en todo después de un accidente junto a un cadáver querido, un órgano extirpado, un hijo abortado o una amistad perdida? Un Dios que siempre da y nunca quita no se llama Jehová, no es el Padre del Señor Jesucristo y no lo predicaron los apóstoles; a ese otro lo he visto forrado en billetes en los sermones de engañabobos que a cierto público les gusta oír, y le pagan un platal al predicador que mientras los esquilma les va contando el cuento del rey Midas que todo lo que en adelante toquen se volverá oro.

domingo, 18 de enero de 2009

Si no Sabe Chino ni Alemán no diga Amén

“Si yo oro en lengua desconocida mi espíritu ora pero mi entendimiento queda sin fruto” (1Cor.14:14).

Hay que orar con los labios y con el cerebro. Si el entendimiento no se ejercita la edificación es nula. Póngalo a prueba con las oraciones silentes. Ore mentalmente sin mover los labios y a los pocos minutos ya sus pensamientos andan por lugares secos. Se puede orar hasta en voz queda pero ligeramente perceptible, que uno se pueda oír un poco como oraba Ana (1Sa.1:12-14). Esta mujer no hubiera podido orar largamente si no abre un poco la boca; y aún de rodillas hubiera estado pensando en otras cosas. Dependemos del idioma para darle fruto al entendimiento. Las oraciones silentes están condenadas a la brevedad y muchas de ellas no llegan al amén. Una oración audible vale para edificación más que mil oraciones mudas.

Cuando el Señor enseñó a sus discípulos la práctica de la oración no fue la oración mental sino la audible, que ellos mismos pronunciaran sus palabras, que se oyesen a sí mismos al orar. Si lo que digo no es completamente cierto ¿por qué nos envió a los aposentos y que cerráramos la puerta? No sólo para que no nos vieran postrados y pensaran que queríamos ser vistos sino para que no nos oyeran hablar con Dios. Y ¿por qué Jesús se distanció como un tiro de piedra de sus discípulos más íntimos para suplicar en el huerto? Claro está, para que no le oyeran gemir con temor reverente ni le vieran llorar.

Sin despreciar la oración silente como algo inservible debemos preferir aquella en que podemos ser oídos nosotros mismos. Todo este argumento a favor de usar el propio idioma es para afirmar que si oye orar alguno en una lengua extraña, en idioma desconocido, en cuanto a bendición, se queda con menos provecho que si orara sin abrir su boca.

Si usted no entiende chino no ore en chino ni diga amén a quien ora en chino, y si no hay ningún chino en la iglesia no permita que oren en chino; si no sabe alemán y no conoce en la iglesia a nadie que lo sepa, no deje que oren en alemán; y si alguien dice que habla algún idioma angélico y no vinieron al culto Miguel ni Gabriel que son los únicos nombres de ángeles que conozco, pídale al susodicho que sabe el idioma de ellos, si es que tienen otro que no sea español, que por favor no se luzca delante de los otros pobres terrícolas que no lo entienden porque si el entendimiento no es edificado, olvídelo, el espíritu tampoco.


sábado, 17 de enero de 2009

Remolones

Todo lo que te viniere a la mano para hacer hazlo según tus fuerzas (Ecl.9:10).

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Nuestra vida es breve y podemos hallarnos predestinados a pasar solamente un corto tiempo en este mundo. Ese día mortal llegará y ya no se oirá más nuestra palabra amable, ni el discurso santo, ni la exhortación fraternal. Los hermosos pies de los que anuncian las buenas nuevas de salvación estarán fríos, rígidos. Se secó la hierba, se marchitó la flor, se deshojaron los pétalos. Estamos inertes.


No podremos alargar ni un solo día al de nuestra muerte, aquel día que él ha fijado en su voluntad no podrá ser dilatado, entonces hay que moverse rápido antes que lleguemos y lo que podamos ahora hacer por el Señor hacerlo con fuerza, del mejor modo, con todo vigor, empleando la máxima energía.

Si nuestro trabajo consiste en planear y organizar, planear y organizar con fuerza, si es pensar, pensar alto, si es sentir, sentir hondo, si exhortar, con muchas exhortaciones, si es dar un discurso, alargarlo como Pablo hasta el amanecer, si es alzar los brazos en santa intercesión mientras otros pelean contra Amalec, con todas las fuerrzas, hasta que se nos caigan.

Si cantamos salmos, por favor sin discursos introductorios, y estemos bien afinados y con buen tono porque sonidos disparejos no gustan a Dios ni a los hombres, si tañemos el arpa o la guitarra, ampliemos el repertorio porque David y Jedutún quieren para Jehová cántico nuevo, o no lo meten en sus colecciones, si somos porteros como Mardoqueo tengamos los oídos abiertos, porque un par de sediciosos pueden estar conspirando para apuñalar por la espalda al pastor Asuero, si segamos en la vid de Booz, fijémonos como lo hace Rut la moabita que no se toma ningún refrigerio, si Jesús nos ha hecho pescadores de hombres, boguemos mar adentro de la barriada y echemos una y otra vez las redes en las profundidades de los barrios bajos, si nos pidieron que encendiéramos las lámparas del santuario lleguemos a tiempo antes que los primeros adoradores, que se pueden molestar y protestar con razón si la puerta del tabernáculo está cerrada y el santuario oscuro, coloquemos los panes de la proposición en perfecto orden, cada cosa en su lugar. El Señor no mira complacido un trabajador remolón ni un instrumento oxidado por el desuso.

viernes, 16 de enero de 2009

El Exito de un Joven

¿Cómo pues haría yo este grande mal y pecaría contra Dios? (Gen.39:9).

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La mujer de Potifar no contestó esa pregunta. Por su insistencia cada día sobre el joven José, aquella razón no la convenció. No le importaba que hicieran mal y que fuese “grande”. Le importaba poco traicionar a su marido, romper su voto de fidelidad, cubrir de vergüenza el nombre de sus hijos y desacreditarse ella misma delante de las sirvientas y empleados de la casa. Y aún menos de peso era que José hablara de que “pecaría contra Dios”. Para ella pecar no tenía importancia con tal de satisfacer su codicia, esa razón espiritual para ella no tenía ningún valor, no conocía lo que era pecado, no tendría ningún cargo de conciencia al respecto y viviría feliz después de haber consumado el hecho.

Pero para el joven hebreo era distinto. Si uno lee lo que hay escrito delante de esta pregunta verá que la confianza que Potifar había depositado en él, pesaba mucho. El no podía traicionar aquella confianza, tenía que ser leal a su jefe y quizás ya amigo. No, no podía aceptar dormir al lado de aquella dama que lo provocaba, ni siquiera una noche, ni un solo minuto, ni aunque ella se le ofreciera, ni regalada. ¿Cómo respondería luego a su conciencia habiendo engañado a un amigo? ¿Cómo le miraría más tarde el rostro sin avergonzarse y despreciarse a sí mismo?

Y por encima de todo eso, ¿cómo pecar contra el Dios de sus sueños, contra aquel Dios que lo había acompañado en sus momentos de tristeza, traición y abandono? ¿Qué pasaría desde ese momento en adelante con el propósito que sabía que el Señor tenía para él? ¿Se inclinarían los manojos delante de él? (Gen.37:7). ¿Se inclinarían el sol, la luna y las once estrellas en su presencia saludándolo y reverenciándolo? (37:9). No, él sabía que no. No podía cambiar su futuro brillante ya profetizado por una noche carnal. Tiene que ser fiel, dejar que el Señor continúe con el gran plan de su vida. En no pecar y ser leal estaba su éxito.

jueves, 15 de enero de 2009

Una Nueva Patria

“Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria” (Heb.11:14).

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Hoy escuchaba a un doctor hablar de cierto cáncer muy propicio a aparecer en los hombres sobre los 50 años y pensé, ¡quién sabe lo que me pudiera acontecer, lo que la providencia me tuviera reservado para sacarme de este tabernáculo! Pensé entonces en aquellas personas a las cuales se les ha notificado que tienen un mal incurable y cuyos días están médicamente contados. ¿Cómo habrán tomado la noticia? ¿Les temblarán las carnes, el insomnio los arrollará, el terror oscurecerá sus mentes? Entonces me acordé de Moisés, siervo de Jehová, de quien la muerte se dice que fue un beso de Dios y pensé que una enfermedad mortal es como la visa de un pasaporte para el cielo. ¿No nos alegramos mucho cuando vamos a viajar a un país lejano y la embajada nos visa el pasaporte para permitirnos la entrada legal?

Pues si aquí donde vivimos no es nuestra patria fija, sino que vamos a otra, ¿qué es una noticia de enfermedad incurable sino la visa de que se nos ha permitido ya la entrada al Soberano de los reyes de la tierra, a Jesús el Príncipe de paz? Somos cristianos, hemos sido peregrinos por años, hemos estado buscando esa patria a la cual se nos avisa que se nos ha dado pronta entrada, ¿por qué lamentarlo? ¿No sería mejor dar gracias porque pronto veremos cara a cara el rostro de nuestra Esperanza? ¿No anhelábamos una patria mejor? (11:16); pues si ya nos llega que iremos no para visitarla sino para radicarnos eternamente dentro de sus muros, ¿qué miedos son esos? ¿O es que estamos pensando demasiado en esta? (11:15). ¿Tendremos tan poca fe como para que si se nos da la oportunidad de volver lo haríamos? Si hoy se nos permitiera como a Ezequías vivir por muchos años más, ¿escogeríamos no ir junto al Señor? Venga entonces la muerte no como una enemiga sino como una mensajera suya que bondadosamente libertará nuestra alma de su cárcel para que viaje a la patria definitiva.

miércoles, 14 de enero de 2009

El Temor de Dios


“Y pondré mi temor en el corazón de ellos para que no se aparten de mi.” (Jer.32:40)

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Si el Señor no pusiera su temor en nuestros corazones nos acercaríamos al pecado y lo tomaríamos. Hay cosas que un santo teme más que a la muerte, la pérdida de su comunión con Dios, el ser desechado por él, el tener que mirar su faz sin estar listo para ello, amancillarse en la carne, deshonrar su precioso Nombre, sucumbir a alguna tentación y acabar su carrera con lágrimas y suspiros en vez de con gozo.

Cuando un santo ve acercarse el peligro a esas cosas instintivamente huye, pero suele acontecer que una vez que la posibilidad de la humillación, el desamparo y la vergüenza pasen, su espanto también disminuya y con ello la prudencia de preservarse totalmente puro.

Necesitamos que el Señor ponga siempre su temor en nosotros, para que sea que el peligro espiritual se nos acerque o se halle distante siempre optemos por alejarnos de él y mantenernos a una prudente distancia que haga difícil que nos alcance. El jugueteo de algunos cristianos con el mal no es otra cosa que una alucinación satánica que puede tener para él consecuencias graves. El temor del Señor es necesario para no apartarnos de él y para mantener intactos nuestros vestidos blancos por lo cual dice: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2Cor.7:1). Hoy debemos rogar al Señor por eso y que nos ponga su temor en nosotros para huir del pecado apresuradamente. Si conociéramos más el temor del Señor persuadiríamos mejor a los hombres (2Cor.5:11).

Cuidemos nuestra salvación con temor y temblor. Leamos con frecuencia aquellas sentencias donde él manifiestamente nos enseña lo horrible que es el castigo suyo y meditemos en algunos santos que han perdido el temor hacia El por algún tiempo y han pecado sufriendo consecuencias muy lamentables. La expulsión de Adán del paraíso es un ejemplo vivo, los dolores del parto en nuestra madre Eva otro, el desechamiento de Saúl, las lágrimas de David en su redoma, los alaridos de Esaú pidiendo bendición y el sollozar del apóstol Pedro.

martes, 13 de enero de 2009

Dios es incambiable...yo no...


“Grande es tu fidelidad” (Lam. 3:23).

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Hoy he estado meditando en la fidelidad de mi Dios. Para mi alma eso tiene un gran valor, conocer que él no cambia, no se muda, ni tiene “sombra de variación”. Mi mente y corazón cambian mucho, ninguno de mis días son iguales, una mañana amanezco con mi ánimo alto, otra estoy desconsolado, una tarde me hallo ufano y robusto, otra la tengo cansado agobiado, unas veces tengo fe, otras vacilo, se lo que es estar caliente y frío, celoso e indiferente, sensible y endurecido. He sido fiel por algún tiempo y desleal por otro, amoroso a veces e indiferente otras. He sentido la gloria de Dios en mi alma y también su ausencia y mi confusión. Conozco lo que es apetecer de Dios y estar muerto para lo espiritual, ansioso por su comunión y vivir en letargo, he estado arriba y abajo, he subido y he bajado, en el cielo y en el infierno, en la carne y en el Espíritu, en el valle y en la montaña, en la piedra segura y en la arena movediza.


Pero en todo tiempo Dios no ha cambiado, siempre ha sido el mismo. Cuando yo no he sido fiel hacia él, él ha sido fiel conmigo, por eso comprendo lo que quiso decir el apóstol con estas palabras: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel, El no puede negarse a sí mismo” (2Tim. 2:13). Dios no es fiel por mi fidelidad sino porque quiere hallarse de acuerdo consigo mismo, por su propio carácter, porque es consecuente con su propio ser. Si ha prometido oír mi oración, lo hace, si ha dicho que me socorrerá en mi tentación, lo hará, si ha declarado que si confío en él me libertará y me llevará a puerto seguro, comprometida su palabra, ninguna faltará.

Su fidelidad, visto en contexto de la escritura profética, yace reposando no sobre la lealtad mía sino sobre su misericordia, y gracias a ella no he sido consumido con todo lo que él me ha dado. “Nunca decayeron sus misericordias, nuevas son cada mañana, grande es su fidelidad”. Una y otra vez podré ir a él porque siempre será mi amante y fiel Señor.

lunes, 12 de enero de 2009

La Voz de la Conciencia


12 ENERO

“Tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas” (Isa.40:3)


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Todos los días no son iguales, ayer pudiste hallarte lleno de gracia y de verdad, con tu copa rebosando hasta el borde, sintiendo la comunión divina sobre tu alma y gozándote enormemente en sus atributos; pero hoy puedes sentirte apesadumbrado, cansado, sin fuerzas ni alas para remontarte en éxtasis de inspiración.

Si ese ha sido tu caso lee de nuevo las palabras de promesa de estos versículos y busca aquella que dice “los que esperan en Jehová”. La espera es la fe puesta en acción pero en combinación con la gracia de la paciencia. El Señor es el que dispone tus días y si hoy te sientes abatido y casi arrastrándote, quizás mañana él te permita experimentar un cambio favorable por su gracia y de nuevo halles las alas que se te han perdido. Con alas o sin ellas tú eres de Dios, fuerte o débil le perteneces.


Si hoy no tienes alas es porque él no quiere que vueles, si estás fatigado lo que desea no es que corras sino que reposes en él, no es que te muevas, no es que pelees sino que confíes. El gusano que vive en su cueva dentro de la tierra es Suyo tanto como el halcón y el águila que se remontan hasta el cielo. Cierra ahora tus ojos y encomiéndate al Señor, reposa tu sien cansada en su brazo; no quieras repetir emociones que sentiste, crearte la felicidad que ayer te dio, ni aún te afanes por la comunión que aparentemente has perdido, lo importantes es que esperes en Dios, ora, pero sin agitación, alábale pero sin desesperación.


Ese acto de aceptación en fe de tu condición te estimulará y puede que quizás antes de concluir el día El te permita volver a entrar en su lugar secreto y cuando anochezca encuentres las plumas que se te habían caído y el corazón de nuevo despida al sol desde su misma altura. Mañana será otro día, pero éste, estés como estés también es suyo y vívelo regocijándote en esa promesa en que ahora fijas tus ojos.

domingo, 11 de enero de 2009

Viejas Divagaciones



"El diablo tiraba por un extremo de mi paz y yo por el otro, él se llevó un pedazo y yo me quedé con el resto".


"Dios y yo desde que nos conocimos nos amamos, él me amó primero y yo después".


"El Señor me salva de muchas preocupaciones y dolores de cabeza. Me dijo: yo sé cómo dirigirte".


"Voy caminando derecho para participar de la naturaleza divina. Si el Señor me dijera "hoy estarás conmigo en el paraíso", apuraría los últimos tragos de mi muerte".


"Viví ese acontecimiento mil veces antes que ocurriera; y repetidamente me desgastaba".


"No es aconsejar, amigo, es oír y comprender. Lo único que das gratis son consejos que me aburren y no necesito. Si no supiera para donde escoger no te lo diría a ti, oraría al Señor porque tú no puedes entender mis pensamientos".


"Ganaste Dios, ya puedes quitarte los guantes. Demoré en reconocer tu victoria el tiempo que tardé en entenderla. Me sentía que yo había perdido, pero me alegré cuando me di cuenta que tú eras el ganador y que ganaba yo más cuando ganabas tú que cuando ganaba yo. Al verme cambiado entonces te fuiste riendo. Hoy estoy realmente alegre porque Dios peleó por mí, conmigo, y ganó".


"Se creen que cantando, aplaudiendo y sonriendo van a transformar el mundo; lo hacen para hacer prosélitos con la vida alegre y una sonrisa ancha, de los que ellos llaman "vida de victoria". El predicador se esfuerza en llenar las necesidades de los oyentes y que encuentren significado en sus vidas. La sustancia de lo que dice no es más que una filosofía religiosa proselitista, pragmática y seca, sin futuro ni trascendencia. No es con sonrisas tontas y aplausos bobos, damas y caballeros, no es con azúcar sino con sal, hay que mojar la esponja en vinagre y no en miel, es con espada de dos filos, hasta que brote del lado izquierdo del pecador, agua y sangre. Están locos si creen que pueden transformar a Miami con chistes, música, aplausos y carcajadas".


"Generalmente el pragmatismo se reconoce por el buen ambiente, lo agradable de la estancia y la falta de espiritualidad. El éxtasis nunca llega al tercer cielo, se queda en el primer piso ".


"Si la exégesis es débil las grandes verdades de la Palabra de Dios escasean y el sermón sólo alcanza el borde de sus vestiduras".


"Los vi y eché una lágrima. Uno a uno han ido aceptando por conveniencia hacerse cristiano".


"Mi corazón está cerrado, no entra ni sale nada. Sólo tú puedes entrar, Señor, ábrelo por dentro. Amén".


"Sé que llegó Jesús, no me lo discutan, lo sentí entrar".


"A veces me hablan mis pensamientos más alto que la voz humana; y me hablan otros y no escucho, es que es más importante lo que pienso que lo que oigo".


"Señor, aprópiate de mi miedo. Se lo dejo a los diablos y tiranos".


"No he sufrido más calamidades espirituales porque le he pedido al Señor que las prevenga".


"Pueblo mío, doblad vuestras oraciones a Dios por mí".


"Entró y me ericé. No salió cuando quiso sino cuando empecé a orar. Se asustó cuando vio entrar la gracia de Dios. Salió huyendo como un cobarde pero me dejó exhausto y a la vez contento a de no sentir su satánica opresión. Ni siquiera se volvió para mirarme cuando me escuchó, porque todavía estaba cerca, disparar oraciones festejando su huida; y sentí por dentro que mi alma danzaba y bailaba por su liberación, y me acosté balbuceando gratitud a mi Señor".


"Estoy escondido con Cristo en Dios, todo lo bueno que apetezco, paz, seguridad, protección, está conmigo aquí dentro; a veces siento miedo que el Tentador abra la puerta y me saque, pero mientras yo siga orando ella permanece perfectamente cerrada".


"Parece que Dios le tiró algo de cielo y le pegó porque salió aullando; yo no sentí el golpe pero él me soltó".


"La gracia de Dios es inesperada pero segura".

martes, 6 de enero de 2009

Qué Desalienta a los Pastores


13:16-17(LBLA)

Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios. [17] Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros.

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El tema general tiene que ver con el trabajo pastoral pero veremos un par de cosas antes para introducir el asunto. Cuando los pastores son llevados a iglesias que los hermanos se ayudan los unos a los otros, ellos permanecen allí mucho tiempo y crían sus hijos dentro de tal congregación. Es una hermosura de iglesia la que practica la ayuda mutua (v.16), que ya la expliqué en parte en la exposición anterior cuando se les pide que sean hospitalarios. Aunque esta última expresión añade algo más a lo anterior porque tiene dos significados, que son compañerismo y comunión, o como se ha traducido, ayuda (Ga 6:6); con todo, el significado de ayuda mutua combina bien con hacer el bien y participar del compañerismo cristiano (10:25).

Y para enlazarlo con lo que sigue yo diría que el Señor les pide que se ayuden como familia y que cada uno tome responsabilidad de las cargas de los otros cuando ellos no puedan sobrellevarlas porque eso es lo que se hace en una verdadera familia si los padres los han enseñado a comportarse como hermanos hasta que se mueran, estén cerca o alejados por el destino.

Y para lograr eso es necesario que los pastores desarrollen sentimientos familiares en sus iglesias, cuidándolas ellos como a sus propios hijos, hermanos, padres o madres. Sin mucho trabajo se ve que la intención del autor es que exista y madure la iglesia en torno a los pastores porque la iglesia es una familia, no sólo para recibir beneficios de ella sino para respetar al que la dirige, la representa, y es el cabeza de ella, el padre y pastor.

La función pastoral es una función paternal o maternal, y para ilustrarlo con el ejemplo de aquel buen pastor que fue Moisés cito lo que Jehová le pidió cuando cuidaba a Israel, una iglesia de 3 millones de miembros, tan grande como ningún otro pastor la haya tenido. Su país era su iglesia. El Señor le pidió que con sentimientos maternales cargara a su iglesia sobre su pecho, peso que el buen líder consideró que era demasiado grande para su pequeño corazón, “y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres?” (Num 11:11,12).

Nota que por naturaleza y aun por llamamiento Moisés estaba de acuerdo con Dios en ser líder y guía de su iglesia pero no que la tratara como si todos ellos fueran sus hijos, y pequeños. Le respondió a Dios que no, que él no los había parido ni engendrado, que no sentía por ellos el cariño de un padre o de una madre, que sus afectos estaban un poco más distantes que eso. Pero Dios le dijo que lo sabía pero que no debía ser, que debía cuidarlos con afectos más profundos, que su posición no era la de un cargo secular sino un lugar divino y que necesitaba esos sentimientos divinos para ejercer bien su misión.

Así más o menos quiso decirle a Dios, “me has dicho cuídalos con mucho cariño, no los trates por obligación, son difíciles de amar pero son los que te he dado para que los ames. Sopórtalos, instrúyelos, son mis ovejas Moisés, y así es como quiero que las cuides, con todo el corazón” (Juan 21. 16). Una carga muy pesada para Séfora, Gersón, Merari, pero no para el siervo de Dios. Moisés dijo "yo no soy el padre de ellos, soy su líder, su pastor, pero ellos no son mis hijos". Dios le dijo "trátalos como hijos porque son mis hijos". Los miembros de la iglesia no son gente ajena para sus pastores sino la carne y sangre de ellos.

Por otra parte la amplitud del cuidado pastoral identifica a los pastores genuinos. Esa es la clase amorosa y respetuosa de obediencia que debe tener la iglesia hacia sus pastores, cuando ellos se portan como una madre y velan por sus almas (v.17); lo que quiere decir que están atentos al estado y progreso de sus almas, que en griego la palabra es psuche incluye el significado de alma, psiquis, aliento y vida.

Esa pequeña palabra encierra todo el hemisferio del cuidado pastoral, la vida espiritual por supuesto, y junto a ella la vida síquica o el progreso mental y de conocimientos, y además el aliento de vida de sus hermanos y hermanas que incluye nutrición y curación si la necesitan. Toda la vida de sus hermanos es importante para los pastores y no solamente el espíritu sino su salud mental y física, si come o no, si tiene frío o no, si halla empleo o no, si se casa o se quiere descasar. La vida no es solo la asistencia a la iglesia.

No pastoreamos almas descarnadas porque esas en el cielo están, sino almas aquí sobre la tierra que tienen necesidad del mantenimiento de cada día, almas que tienen estómago, piel y ojos, que sienten hambre y sed, frío, y almas que a veces lloran. Esta es la clase de pastores que da Dios a la iglesia, y sólo a esa clase ella debe estar sujeta no a los que no les importan las ovejas y las trasquilan en beneficio propio, donde ellas viven para él y no él para ellas, ellas los sirven a ellos y ellos las engañan. La iglesia puede saber si sus pastores son realmente escogidos y graduados por Dios no por los diplomas que les hayan certificado los hombres ni por la imposición de otros colaboradores sino por su corazón pastoral y por el énfasis de su escatología pastoral, concretamente el juicio de Dios, porque con temor persuade a los hombres, pero a Dios le es manifiesto lo que son (2Co 5:11), ya que ante él han de dar cuenta (v.17).

Sin embargo no pocas veces se nota desaliento en los pastores, si bien porque la palabra no crece y es glorificada o porque influyen muy poco las enseñanzas que se toman el trabajo de impartir a la iglesia. No todos los hermanos y hermanas son obedientes a los cuidados y consejos de sus pastores que sienten en su corazones el dolor de la indisciplina, falta de respeto y desobediencia de algunos, que echan en saco roto sus sermones y se olvidan de lo que les dicen, haciéndoles sentir que preparan sus estudios y predican sus sermones por gusto porque de todas maneras después de haberles entregado el alma en el púlpito ellos seguirán igual, a veces, habiéndoles estrechado la mano en la puerta y felicitado por sus mensajes.

Y la única forma que tienen esos hermosos siervos de Dios es andar quejándose en sus sermones que se tornan amargos y regañones, cargados más de reproches que de gracia y más de frustración que de gozo cristiano, y eso no es provechoso para la congregación que acude el domingo a oír palabra de Dios y recibe peleas. El ideal de todos los auténticos ministros del evangelio no es tener el templo lleno de feligreses sino la obediencia de ellos al evangelio. Si ellos son felices solamente con verles las caras el domingo, disfrutar sus sonrisas de aprobación y recibir sus dineros, son infieles, porque la meta real de todo sermón es modificar con gracia y Espíritu Santo la conducta de sus queridos oyentes y presentar su amada congregación como una virgen pura a Cristo (2Co 11:2).

Bien claro que el autor lo dijo, obedeced a vuestros pastores que es lo mismo que obedecer el evangelio que predican, queriéndoles decir que cuando se sienten a oírlos háganse el propósito cuando salgan de allí hacerles caso, porque ustedes asisten al culto cada domingo con intención de mejorar un poco. De lo contrario desalientan a los pastores y es mejor que a ambos, a ellos y a vosotros se les note que están recíprocamente contentos.

lunes, 5 de enero de 2009

Viejas Divagaciones


“Mis planes fracasaron pero no el propósito de Dios con mi vida”

“Una cosa es conocer la fe y otra usarla”

“Dicen que hay que estar loco para creer en Jesucristo. Pienso lo contrario. Yo sólo soy incrédulo, rebelde y profano en mis demencias”

“Amo a Dios tanto como mi incredulidad me lo permita”

“El culto a Dios no debe ser jamás entretenido sino interesante y solemne. Si lo que se quiere es el entretenimiento ya no es culto a Dios sino satisfacción propia”

“Ser asaltado por un pecado es lo mismo que por el diablo”

“A veces me he vuelto loco de envidia por la fidelidad de otros a Dios. Se las compraría en un millón si quisieran vendérmela; pero cuando pienso en el perdón de Dios conmigo tengo más motivo para ser envidiado que para envidiar. Prefiero (no sé si de corazón) ser el Hijo Pródigo que su hermano Mayor, el Publicano que oraba en el templo que el fariseo que lo oía, la mujer adúltera que besaba los pies de Jesús que Simón el dueño de la casa, David que Joab. Un hombre puede ser fiel a Dios por serlo a sí mismo, a su religión, a su honor pero sin gracia alguna; pero un pecador no puede orar como aquel publicano ni besar al Señor con los besos de la infiel si no ha recibido la tonelada de misericordias que ellos recibieron. Es mayor la gracia en un pecador restaurado que en uno preservado, en un hombre que en un ángel.

“¿Estamos preparados para lo peor? No se puede adivinar lo peor que nos pasará; y lo peor pudiera ser más “peor” que lo que ya nos pasó. Yo nunca estaré totalmente preparado para lo peor, pero Dios sí siempre está preparado para las peores cosas que me pasen”

“Perdóname Señor porque estoy muerto. No sé cuando me morí. Me siento muerto. No recuerdo lo que me mató. Creo que perdimos el contacto y ese fue mi deceso. Me morí de ti acompañado de mucha gente. Cuando se fueron y cesó el bullicio, el vaivén y la alegría, me di cuenta que me había quedado solo con un muerto, conmigo mismo. Quise gritar y no pude. Te llamé a gritos pero no me oíste porque estaba muerto. ¿O el muerto eras Tú, Inmortal? No, el muerto era yo. Tú me parecías estar sordo como un muerto, mudo como un muerto, inmóvil como un muerto, desinteresado y frío como un muerto. Me di cuenta que lo que veía en ti era mi propia imagen. Yo estaba muerto. Entonces no supe otra cosa que hacer que declararme muerto, y fue todo lo que hice, impotente, después de llorar, decirte que estaba muerto. Y en ese momento sentí que al fin me habías oído, que estabas vivo y mi confesión te despertó hacia mí. Así se inició el proceso de mi regreso a la vida. Estabas allí, sin mal humor, con los ojos clavados en mí, listo para resucitarme. He tenido muchas resurrecciones y en todas experimento gratitud y felicidad”

“Un triste daño que me hace una preocupación es que no puedo disfrutar a Dios”

“Mayor que mis oraciones es el propósito de Dios”

“Dios hará más con un pueblo que sea completamente santo que con los mejores medios que tenga a su alcance. Ninguna cosa bendice tanto Dios como nuestra santidad”

“Estrictamente no es la oración lo que Dios responde sino la vida de donde sale. Para ser verdaderamente escuchados tenemos que ser verdaderamente transformados. Algunos se glorían en las bendiciones de Dios y el único cambio que se nota en ellos es la gratitud”

“Fundamentalmente dejar las cosas en las manos de Dios es dejar de pensar en ellas”

“Algunas veces vivo momentos desagradables que imagino y otras momentos tristes que recuerdo”

“No quieras ir más rápido que la providencia”

“¡Dios mío, los pasos de Dios son tan lentos que hay que esperar por él!”

“No aspiro, Señor, a ser menos limpio que la nieve”

“El diablo venía detrás de mí y corrí”

“Me tomó desprevenido el Tentador y me ensució; y esperó tranquilamente que yo me tratara de limpiar, y mientras lo hacía con mis uñas me desgarraba. Mis dos manos no bastaban para contener la sangre; y en eso llegó Jesús”

“Señor lléname con tanto poder como sea posible contener”

“Hacía oraciones para que llegaran al cielo”

“El Espíritu Santo y yo fuimos por diferentes caminos al templo…y nos encontramos allí”

“Se pasó toda la noche hirviendo su sermón en oración”

“La mejor forma de predicar es dejar que Jesús lo haga en nuestro lugar”

“El resultado de un sermón es un misterio”

“El diablo oía mi predicación con desprecio y lo que más le disgustaba era que yo hubiera untado todas mis palabras con lo divino”

“Satanás conoce que el corazón de Dios late por mí”

“Creo por experiencia en la resurrección de los pecados, y me horrorizo cuando veo frente a mí el fantasma de algunos de los que he matado…y huyo”

“Dios no encuentra forma de alegrarte, ni con bendiciones”

“Estaba tan contento que me desperté con los brazos en alto dándole gracias a Dios”

“Señor, que de la gracia que me has dado no pierda una gota”

“El diablo hace mucho ruido al andar”

“Desde que conocí lo que era estar en el Espíritu supe lo que era hallarme en el cielo”

“Sin la presencia de la Santa Trinidad en el mundo habría tres veces más caos”

“A pesar que Jesús iba a mi lado yo caminaba inquieto”

“Todos los misterios de Dios son secretos de amor”