viernes, 14 de marzo de 2008

Madurando con teología práctica

Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. [12] Pues aunque ya debierais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. [13] Porque todo el que toma sólo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. [14] Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal. [6:1] Por tanto, dejando las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe hacia Dios, [2] de la enseñanza sobre lavamientos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. [3] Y esto haremos, si Dios lo permite”. (Hebreos 5:11-6:3; LBLA).

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Cuando escribe, en el fondo del pensamiento del autor de Hebreos se encuentra la apostasía hacia las ceremonias de la ley de muchos de sus conciudadanos. La inmadurez doctrinal y teológica es el factor más lamentable que permite la misma, inclusive antes que las presiones sociales de los judaizantes. El tono que el escritor usa, más que como un amargo reproche que revele desencanto de su corazón pastoral, son palabras de condescendencia, diciéndoles que se va a adaptar a las limitaciones de ellos, por cuanto no han aprendido tanto como se esperaba ni de acuerdo al tiempo que pasó, debiendo ser ya maestros...tanto tiempo. Una paráfrasis de su intención sería: “Hay doctrinas profundas que pudiera mencionarles ahora mismo, pero me siento limitado por el pobre aprovechamiento de ustedes, quisiera confirmarles con mejores pensamientos en esta salvación tan grande”.

Observa que el ideal de un maestro es el progreso teológico de la congregación, si es que los hermanos muestran interés y no son lentos en el aprendizaje, como fue este caso que fueron tardos para oír, o lo que es lo mismo que aprender. No por una deficiencia auditiva sino por negligencia en lo que se les enseñaba, porque quizás no tomaban notas escritas o no reflexionaban en lo escuchado, o no escudriñaban la Escritura cada día para ver si estas cosas eran así. Aunque yo quiera defender el tono con que dijo el autor estas palabras siempre sale a la superficie la decepción que como maestro bíblico siente, que está impedido de escudriñar con ellos las cosas más difíciles, aun lo profundo de Dios, porque no aprendieron bien las más fáciles. Y supongo que en algún momento sintió haber corrido en vano parte del tiempo que había empleado en instruirlos.

Además, el ideal de un pastor o de un maestro bíblico es la reproducción, no solamente que su clase aumente en número de alumnos sino que los que enseña queden preparados como maestros, convertirlos en tales, debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, si bien no para que cada uno comience una nueva clase, al menos para que pueda enseñar a otros en las materias que aprende y por ese medio se expanda la iglesia; aunque aquí no se refiere a una clase sino a toda la congregación.

Sin embargo para que un hermano pueda enseñar a otros necesita cumplir con un requisito, alcanzar madurez teológica, que es algo más que emocional o mental, aunque estén incluidas. Y puedes estar seguro que no es tanto un asunto de personalidad sino de carácter, de inteligencia y conocimientos. Esa es la madurez a la que el autor se refiere cuando les dice que ellos no pueden ser maestros porque como los niños sólo pueden beber leche y no alimento sólido, y un maestro tiene que ser capaz de saber y creer las cosas difíciles de explicar como son la Santa Trinidad, la providencia divina, la elección eterna, la condenación de los injustos, etc. Y esas cosas difíciles de entender y de explicar son las que hay que saber bien y explicar bien tanto para no creer herejías destructoras como para evangelizar a un mundo escéptico, postmodernista y racionalista. Como pueden ver, la trascendencia y permanencia de la iglesia tiene que ver mucho con las clases bíblicas, la capacitación de todos sus miembros, y el monto de teología que allí haya. Así que un maestro tiene que ser un varón perfecto que va a la perfección (madurez) y que ha dejado las cosas de niño y no es un niño fluctuante por todo viento de doctrina porque las suyas las conoce bien.

Ahora bien lo que lo convierte en un gran maestro para la iglesia y el mundo es la elaboración teológica que hace con los conocimientos adquiridos, no sólo la adquisición líquida de la doctrina sino la incorporación de ella a su vida de fe y con la cual crece en experiencia cristiana, que es lo que da a entender la palabra “inexperto”, o que “no está acostumbrado a la palabra de justicia”, que es una traducción menos convincente. La aplicación de la teología a su vida lo hace madurar en fe, verificar la utilidad de la palabra de Dios, y le da autoridad, no como los escribas, para aconsejar, exhortar, animar y consolar y lo hace un personaje más beneficioso que cualquier psicólogo experto en consejería personal y familiar.

El maestro debe ser un experto en trinchar la palabra de justicia. Y como bellamente dice el autor, por la práctica de esas doctrinas los alumnos y el propio maestro adquieren la capacidad para establecer una línea divisoria entre el bien y el mal, porque la misma Palabra se lo enseña y hace que instruido por ella apruebe lo mejor. Actualmente en este mundo postmodernista, moralmente relativista, es desesperadamente necesaria la enseñanza doctrinal en la iglesia porque si sucumbe moralmente lo hará definitivamente. No puede perseverar una iglesia moralmente deficiente. El concepto de lo bueno y lo malo no son dejados a la elección personal sino a lo que la Palabra de Dios diga, y eso se sabe cuando la iglesia sobre su contexto histórico hace teología práctica. Es imprescindible la práctica o el uso de “los oráculos de Dios”, la enseñanza de ella de modo práctico y la insistencia del maestro en que sea aplicada a la vida cotidiana para que sus discípulos resplandezcan como luminares dentro de esta generación, como la de otrora, maligna y perversa.

Si lees más abajo, donde se hace un pequeño catálogo de doctrinas básicas para un curso de catecúmenos, te das cuenta que Cristo es el fundamento de esa teología elemental que comienza con la fe y el arrepentimiento y que gracias a él y por sus méritos un pecador puede recibir el bautismo, que si es hebreo sustituye todos los bautismos o abluciones de la ley, y si es gentil es lo mismo, un bautismo para arrepentimiento de obras muertas, bien sean las obras de la ley para la vida eterna o las obras pecaminosas de los gentiles.

Y que gracias a él se puede aspirar a una mejor esperanza (7.19), la resurrección de entre los muertos y pasar sin problema, mediante la justificación por la fe, por el juicio eterno. La única imposición de manos que aún quedaba en pie de todas las que se practicaban dentro del culto levítico, es la de recibir el Espíritu Santo como una aprobación del Nombre de Jesús y que la verdad apostólica viene de los judíos; y posteriormente se utilizó para la consagración a Dios de sus ministros ordenados.

Esas doctrinas son elementos de salvación, con ellas evangelizaba la iglesia al mundo, y lo espantaba como Pablo a Félix (Hch 24.25), y formaba a los nuevos creyentes porque eran parte de los temas con los cuales esa comunidad apostólica procuraba ganar a judíos y gentiles, e iba formando su pequeño manual y catecismo doctrinalmente práctico.

viernes, 7 de marzo de 2008

El pedacito que me queda

El título general: El pedacito que me queda

(Preparado por Humberto Pérez, reunión de hombres y mujeres, 1 Marzo 2008, sábado)

No daré propiamente una o dos conferencias, o uno o dos talleres donde ustedes aprendan cosas prácticas, ni señalarles en que campos pueden servir la iglesia del Señor, ¿no me digan que ustedes no lo saben?, eso ustedes lo conocen y no necesitan que yo se los diga. Al principio el doctor Sosa me dijo que compartiera algo de mi libro sobre los diáconos pero añadió que no todos los asistentes serían diáconos. Lo que diré sirve para uno y otros, para viejos y jóvenes. más bien escogí de la Biblia personajes adultos, y si ellos pudieron hacer eso ¡cuánto más los jóvenes! La iglesia apostólica estaba llena de jóvenes, servían hasta para sepultureros. Estaban en las reuniones de oración y predicación. El cristianismo es atractivo, concretamente la palabra de Dios, el evangelio, especialmente para los jóvenes.

Seré práctico pero ruego a Dios que con unción, así lo quiero. Lo que le falta a esos populares, industriosos entrenamientos, a esa lluvia de talleres, es espíritu y vida, el fuego de la verdad, y lo que les sobra es la creencia que los entrenadores nos quieren hacer pensar que somos los autores de la salvación de los demás, y no Aquel que está sentado en el trono y el Cordero. Mi deseo hoy es que ustedes al conducir a casa no sólo sepan más sino crean más, vayan con un “espíritu superior”. No les pido tanto que usen el papel y el lápiz sino que abran bien sus oídos y que como María pongan todas estas “cosas meditándolas en el corazón”, y lo examinen todo pero, por favor, “retengan lo bueno”.

Josué 14.6-15

Presentaré 3 pequeñas biografías.

Esta es la primera. Usaré los dos Testamentos. El primero es Caleb con otros compañeros en otras épocas. En este tiempo es un ex – espía de la Seguridad de Israel. Ante todo fue un hombre de fe. Fue guerrero después. Sirvió a Dios con fe, con un espíritu superior (igual que Daniel), alentando al pueblo del Señor (Num 14.24). Fíjate que es un gran pecado desalentar la iglesia por lo que uno habla y por los informes que da. Por ser así tuvo una promesa, una recompensa por lo que hizo le llegó 45 años más tarde. ¿Recuerdan a Mardoqueo? (Ester 6.1-3). Pueden pasar meses y años antes que la recompensa llegue.

Vivió todos esos años pensando que aún le quedaba algo por hacer…una promesa incumplida, cierta paga por parte de Dios, un premio, por su familia, por su pueblo y por Dios; no que ya había terminado sino meditando en la promesa de Dios. Desde los 40 años vivió por la fe. La fe de todos no es igual, Jacob al llegar a los 130 dijo que eran “pocos y malos” (Ge 47.9). En cuanto a Caleb había una promesa para él flotando en el aire.

La promesa de Dios tenía un efecto práctico y saludable sobre su mente, porque su deseo de vivir no le permitía llegar a sentirse inservible, aunque tenía 85 años. No se había apoderado de él el sentimiento de vejez que ya no tenía uso, que no le quedaba nada por hacer por Dios, por su nombre. No se dijo “ya acabé”, sino “todavía me falta”; no huía de la muerte sino que se metía dentro de la vida. Se decía a sí mismo “no hay un paso entre mí y la muerte, me quedan muchos”.

Y eso quiere decir que podría haber sido de bendición, inspiración y una saludable compañía a los jóvenes de su pueblo, era todo una historia pero fresca, un libro nuevo, no era una figura anacrónica y pasado de moda porque vivía con futuro; y con su plan para conquistar Horeb les daba dos lecciones.

(1) perseverancia en la fe, como creyó desde los días en que trabajó para su pueblo como uno de los doce espías; y en todo su recorrido tuvo más fe que su líder Moisés; y esa aspiración se la comunicaba a los jóvenes, hacerles sentir que es deber de ellos superar en fe a sus maestros. Muchos jóvenes pierden la fe en el colegio.

(2) Que se ocupen de cosas trascendentes y no de agasajarse el cuerpo. Hebrón había sido el lugar favorito de Abraham, allí se halla la cueva de Macpela, todavía existe y es una de las ciudades más antiguas del mundo, posteriormente el hogar por muchos años del rey David y donde le nacieron muchos hijos, y llegó a ser una de las ciudades de refugio perteneciente a los levitas. Enseñarle a hacer cosas grandes que no sean sus pequeños cuerpos y acariciar con sus manos el sexo opuesto. Todos estos líderes eran en ese sentido verdaderos profetas, en ese sentido él era como le dijo Pablo a Tito, mostrando seriedad, y ponían como servidumbre el cuerpo, lo golpeaban, para alcanzar la talla de un heraldo (1 Co 9.24-27). Cosas trascendentes: fe, santidad física: Caleb podía mostrarles sus viejas manos no manchadas por el pecado, y alzarlas sin vergüenza a Dios. Desarrollo de la inteligencia, eso lo supongo por el hecho de la victoria que planeó. El pedacito que te quede dalo a Dios.

Segunda biografía. Simeón (Lucas 2.25-32). Este hombre se quedó vivo ¿para qué? Testificar 5 minutos de Jesús y cantar una canción. ¿Poca cosa? Nunca es poca cosa cuando se hace por el Señor, incluso las personales si lo tenemos a él en mente, comer y beber (1 Co 10.31), dar un vaso de agua y oro, incienso y mirra que pienso que no era mucho pues deben haberlo gastado en Egipto. Algunos adornos de oro y algún dinero. ¿Y Pablo, no pasó dos años preso en una casa alquilada? (Hch 28.30). Y otro tanto en en Filipos, primera ciudad de Europa, en Cesarea, en Jerusalén y en Roma (Hch 24.27; 25.14). Así nacieron sus cartas llamadas carcelarias. Así escribió Juan Bunyan su Peregrino, y así compuso Spurgeon El Tesoro de David, su comentario sobre los salmos. Y con limitaciones, servía al Señor, fueran cadenas (Hch 26.29) o enfermedades (Ga 4.13) y si es de los ojos compra espejuelos (Ga 6.11).

Pero todas esas eran limitaciones físicas, no espirituales porque él pudo transportarse en cuerpo hasta el paraíso (2 Co 12.2-9) a pesar de sus enfermedades, ser abofeteado por un mensajero de Satanás y con un aguijón en su carne. Son las limitaciones espirituales las que nos estorban de ascender porque aun en el día del Señor no estamos en el Espíritu y no podemos hacer lo que el ángel le decía a Juan sube acá (Apc 4.1). Vuelvo a Simeón, si nos quedara de vida cinco minutos o diez para cantar un himno y bendecir un niño, ¡pero nunca tenemos tiempo para tomar uno en brazos, ni los nietos!, y cantar un himno, hacerlo para el Señor. ¿Saben cómo le pusieron los judíos por título al salmo 90? El canto del cisne. Fue lo último que hizo. Moisés era tartamudo, Aod era zurdo, ¿Sansón, cómo usted lo concibe? Yo, flaco y con el pelo largo. Su fortaleza no estaba en sus bíceps sino en su pelo, en el Espíritu. El Gran Agustín obispo de Hipona dicen que escribía de pie La Ciudad de Dios, sus Confesiones, y sus comentarios porque tenía hemorroide, y el gran Jorge Whitefield era bizco y se reían de él, pero aglomeraba a miles en las Colonias. David Brainer duró tres años como predicador a los indios americanos. Lea su diario y se avivará. Aunque tenga poco tiempo, poco dinero, poca salud, dele el pedacito que le quede a Dios.

Un ejemplo de consagración, los nazareos, consagrados para siempre, hasta la muerte

Números 6.1-21

“Esta es la ley del nazareo cuando se hayan cumplido los días de su nazareato: llevará la ofrenda a la entrada de la tienda de reunión, y presentará su ofrenda delante del Señor…”.

Si quieres ser instruido lee todo el capítulo. Nota que era más fácil entrar al nazareato que salirse de él. Concluir era más complicado ceremonialmente y debía hacerlo santamente, ofreciendo víctimas por “expiación”, holocaustos, etc. ¿Por qué?, tal vez por dos razones:

(1) porque aunque haya estado consagrado a Dios no había ejercido perfectamente su consagración y por esa razón debía poner en orden todo, ofreciendo por sus pecados vocacionales un cordero por expiación (v. 14). Había ido dejando imperceptiblemente pecados en el ejercicio de su función, no vistos por nadie más, cubiertos en su ejecución santa, olvidados aun por él mismo, o desconocidos por él pero que no lo habían invalidado en su función, sin embargo no le habían permitido alcanzar un clímax superior en su vida espiritual, se había quedado corto en las expectativas que Dios había puesto en él. Sólo Dios conocía como había transcurrido su nazareato y ahora le pedía que expiara aquellas culpas que le había soportado sin echarlo de su voto. El nazareo podría decir “he terminado bien”, sí, bien, pero no ejerciste tu función como hubiera sido menester que lo hicieras. No se había santificado en espíritu como tuvo oportunidad. Esto no era para un nazareo en particular sino para todos porque ya el Señor sabía que ninguno dejaría de cometer errores y pecados no mortales para su oficio. Oh Señor, yo al terminar mi ministerio tendré que hacer lo mismo, sé que no me he santificado en espíritu como tú esperabas, me he quedado por debajo de mi llamamiento.

(2) Aunque el nazareo hubiera cumplido su ministerio imperfectamente, con tantas ceremonias se indica que el Señor apetece que se quede y por eso recibe todo su servicio como si fuera perfecto y deja que continúe en su oficio. El Señor hubiera querido que se prolongase su consagración unos años más. No quería dejarlo ir, no deseaba que volviera a la vida normal. ¿No pasa lo mismo con los pastores que por razones económicas llegan a la edad de jubilación y prosiguen en sus púlpitos porque no les alcanzaría para vivir la pensión? Oh Señor, que yo sin necesidad no me jubile de mi nazareato. Amén.

Tercera biografía. Pedro.

2 Pedro 1.13-15

Este es un texto bonito que dice cosas importantes.

(1) Entre ellas que el cuerpo nuestro es un tabernáculo, o una casa o un templo donde habita el alma con Dios, con el diablo o con el pecado.

(2) En segundo lugar un día u otro debemos abandonar el cuerpo y en ese sentido ¿a dónde iremos? El cuerpo será llevado al cementerio, pero el espíritu será recogido por el Señor y llevado a su presencia o enviado a la condenación.

(3) Nota en tercer lugar que el apóstol habla con fe de la inminencia de su muerte, y sin miedo porque piensa que ella es una partida. La palabra original es “éxodo”. ¿No es una tontería no prepararse para ese éxodo eterno? No se puede evitar. Es una sentencia. El camino es Cristo. La verdad es Cristo, la vida es Cristo.

(4) Pero en cuarto lugar aunque tiene la muerte cerca está rindiendo servicio en la iglesia al Señor. No hay que sentarse a esperar que el llamado de Dios llegue, o huir de él con miedo, u ocupado en tareas menores. Son valiosos los hermanos que despiertan a los otros, aunque es mejor traducir "estimularlos con recordatorios"; o despertarlos con recuerdos; un estímulo es mejor que un reproche. No es edificante la llamada “crítica constructiva”; es mejor el estímulo, despertar y resucitar a los muertos en pecados y a los dormidos en la iglesia, es decir, consagrarse a un ministerio de despertamiento.

(5) En quinto lugar nota que es una forma diferente de despertar la iglesia. No con jóvenes sino con las palabras de los ancianos, ni con músicas, con actividades, sino con viejas doctrinas que ellos aprendieron. Un regreso al estudio de la Biblia, que perdurará aun después de nuestra muerte. El tamaño de su futuro es cosa de Dios y no de él, y el pedacito que le queda se lo dedica a Dios. El pedacito de vida que te quede dalo a la iglesia del Señor.