viernes, 29 de julio de 2016

El diablo sale pero quiere volver a entrar

MATEO 12:43-45
“Volveré a mi casa de donde salí”.

Esto es una parábola, o hechos concretos que Jesús sabe. Los demonios no pueden ejecutar sus deseos sin el concurso humano, prefieren el corazón, para vivir a gusto dentro de sensualidad y pecados. Si desprecias los beneficios, logros, de la Palabra en ti, tú salvación será peor. Preserva los privilegios que te han dado. El Señor tomó la apostasía de un hombre para describir la de un pueblo. La conversión de un hombre es una liberación espiritual; no es simplemente un proceso mental inducido por el significado y la emoción de las palabras que escuchó. El origen de la conversión radica en el poder espiritual que acciona sobre el hombre y lo liberta de otro poder en el cual está cautivo (2Ti.2:25, 26). El apego del hombre al mal no es algo simplemente humano, hereditario, adámico, quiero decir natural; el complejo físico y mental está afectado y sujeto a servidumbre, pero la corrupción moral humana, la incredulidad, la persistencia en pecar, la negación de Dios tiene un origen diabólico. El diablo sale pero quiere volver a entrar.

martes, 26 de julio de 2016

A la hora de orar el comportamiento tiene mucho peso

1 JUAN 3:22
“Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”. 

Otra afirmación dogmática es esta, que si guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él, en especial amando a los hermanos y socorriéndolos, porque son cosas agradables delante de él, entonces nuestras oraciones serán escuchadas por el Señor, y contestadas afirmativamente. Otros escritores bíblicos especialmente el apóstol Pablo, diría que es respondida una oración no específicamente por la conducta cristiana sino por la fe que se tiene al elevarla. Es cierto que la manera de vivir tiene que ver con agradar a Dios y cuando uno agrada a Dios también escucha nuestras oraciones. Juan escribe distinto, le llaman por su Apocalipsis, "el teólogo", pero aquí en esta misiva apostólica él no desarrolla su teología sino que más bien procura la armonía eclesiástica, y que la iglesia se convierta en una familia donde sus miembros se preocupan los unos por los otros. Juan, por la insistencia de guardar los mandamientos, y la práctica de ellos, se acerca más a la teología de Santiago que a la de Pablo, porque la de éste la vida en la gracia y la fe sustituyen con abundancia el cumplimiento de la ley. El Señor dijo, lo mismo que Pablo, o mejor dicho Pablo dijo lo mismo que Jesús, que el cumplimiento de la ley es el amor (Ro.13:10;  Mt. 22:39,40). Juan promueve la vida cristiana en relación con la oración. Y en efecto, el comportamiento tiene mucho peso para recibir contestaciones.


miércoles, 20 de julio de 2016

Lo que el apóstol Juan le diría a los jóvenes de este siglo XXI


1 JUAN2:12-17
“Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

Algunos  manuscritos en vez de decir “os escribo” lo tienen en pasado y sería “os escribí”, y si se toma esa traducción por lo menos a mí me facilita un tanto la entrada al contexto y los significados, y me permite suponer, quizás imaginar, la especulación, que pudo haber sido enviada otra correspondencia anterior. Es que a la carta le faltan detalles aplicativos. Tiene algunos pero hace suponer que ella es como un complemento para rellenar, o subrayar alguna información previa provista.
 Los primeros que menciona que ya tienen los pecados perdonados, son los padres, a los cuales les recuerda que no son cristianos de ayer y que están bien informados bíblicamente quién es Cristo, o el Verbo, o la Palabra, como le llama, no tiene origen sino que es “desde el principio”, por medio del cual fueron hechos los cielos y la tierra, un concepto cristológico opuesto a las ideas filosóficas gnósticas en boga. Entonces, los padres son los primeros y más importantes maestros bíblicos de sus hijos. No es la escuela dominical ni los estudios bíblicos en la congregación. El futuro espiritual de los hijos principalmente se forma en la casa donde aprenden Biblia por medio de sus padres. Importante es que los padres sepan lo que les están aprendiendo sus hijos sobre las ideas contrarias al cristianismo en el contexto en que viven, y busquen enseñarles no sólo historias bíblicas sino teología  para que no le tengan miedo a la ciencia agnóstica ni hacerle frente al secularismo con ínfulas de prepotencia.

En la  mente del Espíritu Santo están  los jóvenes, a los cuales parece que algún copista añadió al original que eran fuertes. Específicamente Juan está hablando a jóvenes cristianos buenos, triunfadores, que por medio de la palabra de Dios han vencido al maligno, o sea al diablo, que dicho sea la palabra de Dios es lo único que puede hacer que un joven cristiano triunfe en su ambiente, porque cualquiera otra cosa con la cual se forme su personalidad cristiana sería débil para contrarrestar las enérgicas fuerzas carnales de la sociedad, y más temprano que tarde dejará la iglesia. Juan menciona la palabra “habite”, o permanezca, lo cual  quiere decir mucha palabra de Dios. Eso debieron leerlo con cuidado los pastores que Juan como apóstol tenía en su mente, para que no gastaran el tiempo precioso de la predicación entreteniendo y divirtiendo, queriendo caerles en gracia a los jóvenes para que los admiren por otras muchas cosas y no por el conocimiento bíblico que tienen. 

El apóstol Juan bien plantado en este siglo XXI les diría a los jóvenes cristianos que tengan cuidado con “los deseos de los ojos”, las cosas que miran en la televisión, en el cine, en sus computadoras (ordenadores), y en sus teléfonos móviles ¡que sólo Dios sabe lo que están mirando, leyendo y escribiendo cuando caminan o cuando conducen un auto! En esta versión en español aparece la palabra vanagloria, aunque la que escribió Juan significa orgullo.  Al mencionar el apóstol los deseos de la carne se refiere a los deseos sexuales, y la única observación que le hace a esos jóvenes cuando vayan a usar sus cuerpos, es que los deseos sexuales son transitorios, pasan, primero atracción, fascinación, enamoramiento, pasión, satisfacción, disfrute, después cansancio, después aburrimiento, después separación o divorcio, y entonces ilusionados con otra persona vuelven a repetir toda esa cadena erótica cuyos últimos eslabones siempre son los mismos: cansancio, frustración y desencanto. Los pastores de los cuales Juan es el apóstol deben  enseñarles a los jóvenes que la atracción sexual por la belleza no debe ser lo único tomado en cuenta cuando se comienza una relación, si es que quieren que sea duradera y si tiene un objetivo común para ambos: el triunfo. La unión sexual conforme a la voluntad de Dios, según menciona el apóstol, no se destruye, sino que “permanece para siempre”, no automáticamente sino porque ambos la hacen con la gracia de Dios, funcionar, porque el objetivo común que ambos persiguen es superior a las desavenencias y fricciones del carácter. En resumen para usar las palabras del apóstol Pablo de forma acomodaticia, las demás uniones sexuales que no han tenido en cuenta a Dios serán clasificadas como “cosas que todas se destruyen con el uso” (Col.2:22).

martes, 12 de julio de 2016

Un naufragio y la predestinación

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HECHOS 27:27-44
“27 Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; 28 y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. 29 Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. 30 Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. 31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. 32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse. 33 Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. 34 Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 35 Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. 36 Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. 37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y 38 Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar. 39 Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave. 40 Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar, largando también las amarras del timón; e izada al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa. 41 Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se 42 Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. 43 Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra; 44 y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra”.

Observa un ejemplo en el naufragio de la nave que es un símil a favor de la forma tan simple y apropiada que se lleva a cabo la predestinación por medio de la providencia. Un ángel de Dios le dijo a Pablo que todas aquellas personas que iban en el barco estaban predestinadas a no ahogarse, aunque las cosas se empeoraran y el barco se hundiera. Dios garantizaba que ninguno perecería (v.24). Y se cumplió al pie de la letra.
Pero ¿cómo? De una forma sencilla y rústica donde la actividad humana está incluida. No hubo ningún milagro y cada uno usó su capacidad para salvarse, no hubo intervención sobrenatural que los hiciera flotar maravillosamente como si en vez de hallarse en el Mar Adriático se estuvieran bañando en el Mar Muerto. Los que eran jóvenes y sabían nadar bien fueron los primeros en echarse al agua, los que no sabían, los mayores y débiles se agarraron a las tablas, otros de los toneles y así cada cual se sostuvo de cualquier cosa que flotara, “algunos en tablones, y otros en diferentes objetos” (v.44), y de ese modo tan obvio y natural llegaron a la orilla. Sobre esas maderas y flotadores se hallaban tan seguros como en la palma de la mano de Dios. El destrozo de la nave por las olas les proporcionó providencialmente los medios para que se cumplieran las palabras del Señor. La teología nos enseña que en el Nuevo Nacimiento el pecador está inactivo, muerto, pero cuando es resucitado se esfuerza en la gracia y toma acción en su conversión y arrepentimiento.

El símil sirve para mostrar el lugar que ocupan providencialmente los medios de gracia en la salvación de los pecadores. Los que han de ser salvos lo serán porque aún las tablas y palos serán medios de gracia para que se cumpla tal propósito y ninguno perezca. El que elige provee los medios de la salvación para que conforme a su propósito sus palabras se cumplan. Nosotros sabemos cuáles son los medios de gracia que utiliza la providencia para que aquellos que han de ser salvos son simples: la sencilla Palabra de Dios, la oración, la predicación bíblica, el testimonio personal y la literatura cristiana entre otros. Con la bendición de Dios cualquier objeto puede ser usado por él para salvar a un pecador. Una tabla, un palo, un balde, una goma y un barril. No hace falta que estén elegantemente cortadas, labradas y pintadas. No leo que Noé le haya dado pintura al arca. Ni la cruz tampoco la tenía. Ni el altar de tierra llevaba piedras labradas. La insistencia hoy es enfatizar los medios de gracia y los programas cristianos hasta un punto que parece que sólo con ellos se obra la salvación. La predestinación y la providencia trabajan en coordinación y saben cómo hacer las cosas y siempre las hacen a tiempo, ajustadas a los que salvan, y bien. El evangelismo que hace que los escogidos obtengan la salvación es esforzado y cristocéntrico. La iglesia debe evangelizar y utilizar los medios que la providencia ponga a su alcance para encontrar perdidos. Hay otras cosas bonitas en esta nave que se fue a pique que si las leemos como un símil de la predestinación de los acontecimientos, serán de provecho. Hubo otras cosas que llevaron a los pasajeros al punto de salvación. Uno, es necesario que en tiempo de borrascas los líderes de la iglesia permanezcan en sus puestos. Pablo se dio cuenta que los marineros querían irse ellos y dejar el resto a su suerte y para eso hicieron descender el “esquife” para ocuparlo a escondidas y marcharse (v.30), pero Pablo se dio cuenta y alertó al centurión y a los soldados, “si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros” (v.31). Por un tiempo más debían permanecer en sus cargos, hasta el final. Sin embargo ellos querían ser los primeros en irse. Una iglesia sin líderes naufraga pronto, no pasarán muchos días en que el miedo, el desorden, terminen con ella. Los que más saben, los que tienen en sus manos las vidas y salvación de los demás, tienen que sacrificarse y quedarse para ayudar a los que los necesitan.

Dos, de la predestinación salen palabras de aliento y no de desaliento. Pablo les trajo palabras de compasión y los instó a que comieran porque estando tan débiles físicamente no podrían nadar ni sostenerse sobre el agua, “hace ya catorce días que, velando continuamente, estáis en ayunas, sin tomar ningún alimento” (v.33) y les aconsejó “que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia” (v.34); y después de eso sacó palabras de consuelo de la predestinación, diciendo que “ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá” (v.34). La predestinación en el NT generalmente se menciona en relación con los que se salvan no con los que perecen; no se menciona para quitarles las ganas de comer a nadie sino para que estén de buen ánimo y coman, para que se consuelen, no lamenten su suerte ni tengan miedo. Es una doctrina consoladora que no debe ser de ningún modo abatida por el misterio de la condenación de los no escogidos por cuanto Dios tendrá sus motivos para que se diga en alabanza de su justicia “a lo cual fueron también destinados” (1Pe.2:8), cada uno de ellos como “hijo de perdición” (Jn.17:12).
Tres, una fe total en la providencia de Dios. Después de todo eso tomaron dos decisiones, “cortando las anclas, las dejaron en el mar, aflojando al mismo tiempo las amarras de los timones”, encomendarse completamente a Dios, quedarse a la deriva, al garete, separarse totalmente del mundo y los puntos seguros, quitarse las ataduras y flotar sin ninguna seguridad para que los vientos, el mar y Dios hicieran lo que desearan. Tenemos que confiarnos más al cuidado de Dios y hacer decisiones y “si perezco que perezca”. Somos tan racionales y precavidos que nos parece insensato cualquier paso de fe que contemple dejar lo seguro, aunque sea por tiempo limitado, y arrojarnos a una hipotética ayuda divina. Eso lo hacemos, como éstos, cuando ya no hay más remedio y ese es el único camino a tomar.
Lo otro que hicieron fue que “izando la vela de proa al viento, se dirigieron hacia la playa” (v.40). Nuestro lema siempre ha sido “contra viento y marea”. Y ¿por qué ha de ser siempre así? Contra el diablo, el mundo y la carne, sí, pero hay situaciones en que lo más sensato es dejarse empujar por ellas y lo que parece mejor es aceptar la voluntad de Dios y que no siempre “el viento sopla de donde quiere” sino de donde Dios quiere. Luchar contra la voluntad de Dios no es una sabia decisión y no es fe en la providencia sino obstinación y suicidio.
Cuatro, no nos apresuremos a calificar como error una decisión previamente hecha por los escollos que encontramos. Cortaron las amarras, se dirigieron hacia la playa y “chocando contra un escollo donde se encuentran dos corrientes, encallaron la nave; la proa se clavó y quedó inmóvil, pero la popa se rompía por la fuerza de las olas” (v.41). Y toda esa “mala suerte”, todas esas catástrofes fueron predestinadas por Dios, por cuanto era necesario que la popa se rompiera en pedazos por la fuerza del oleaje y que se zafaran las tablas y tablones y todo objeto saliera al mar para que hubiera entre todos los destrozos “doscientos setenta y seis” flotadores para cada uno de los náufragos concedidos por Dios a Pablo (v.37). En caso que no se compartieran. Los que creemos en la predestinación no lamentemos tanto los supuestos errores que pudimos haber cometido, si los juzgamos así por los resultados inmediatos, que un poco más adelante comprenderemos que esos “escollos” y destrozos eran necesarios para nuestro bien y el de nuestra salvación. Sin todos esos daños, perjuicios y pérdidas no hubiéramos podido ser salvos. Valió la pena, tal vez, habernos ido a pique. ¡Bendita la profundidad de la sabiduría de Dios!

sábado, 2 de julio de 2016

El nombre de alguien dañino pasó por su mente


1CORINTIOS 16:22
"Si alguno no ama al Señor, que sea anatema. ¡Maranata!".   

No es un intento de evangelizar, es una maldición, que caiga sobre quién no ama la iglesia y contribuye a su des-armonía, menosprecia a sus líderes y siembra la discordia entre hermanos. Desde los vv.14-24 de un modo o de otro la palabra clave es amor y eso es lo que explica su abrupta maldición. Hermano, no puedes amar si no eres transformado día por día en relación con los hermanos; el amor fraternal tiene mucho de reflexión, comprensión, es un esfuerzo de la mente, del corazón, del hígado, de los riñones, de la voluntad; es una fuerza que sale de uno y se nutre con la obediencia a la Palabra de Dios. Maldito el que chismea, el que envenena a los demás, el que no quiere saludar a nadie ni que saluden a nadie. El Señor viene, y nos recogerá como iglesia. Apúrense a vivir en amor. ¿Es esa una forma de terminar una epístola? Pues sí, porque de todos modos el que no ama al Señor Jesucristo ni su cuerpo que es la iglesia, será responsable de su maldición si no en este mundo, cuando venga el otro. No hay iglesia, anciano, que nunca  se les olvidan los nombres de algunos tristemente célebres, ya sea que hayan sido bautizados por Apolos, por Cefas o por Pablo; personas útiles y problemáticas, que en el fondo de un corazón sincero no se agradece haberlas conocido. Esta maldición paulina parece extraña al terminar su epístola, como si el pensamiento de alguien dañino hubiera pasado por su mente. Ven Señor Jesús. Si no imitamos esta maldición podemos seguirlo cuando recuerda algunos dañinos, “no les sea tomado en cuenta” (2Ti.4:16; Ro.12:14).

No queremos ser desnudados, el cristianismo no es helenismo


1Corintios 15:32
"Si por motivos humanos luché contra fieras en Éfeso, ¿de qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos". 

¿No crees que el cristianismo de muchos se ha helenizado, pues hablan más del alma que de la resurrección del cuerpo? Pablo mencionaba la salvación del alma pero no escribió sobre ella como sobre la resurrección del cuerpo. Aunque un solo versículo mencione cierta verdad, el alma, es verdad y no error; pero la resurrección es la esperanza cristiana, y ver el alma de un difunto no es lo mismo que verlo resucitado. Es cierto que Pablo dijo que "partir y estar con Cristo es mejor" que estar en el cuerpo, es cierto que también dijo al final de su vida "el tiempo de mi partida está cercano"; pero aquí argumentando no dice que batalló en Éfeso contra fieras (gente perversa que podían matarlo) sin miedo alguno porque sabía que si moría su alma iría para estar con Cristo. La salida del alma del cuerpo y la prolongación de la existencia de ese modo no fue el argumento usado aquí. Eso lo creían los helenos. El cristianismo es más que helenismo. Es la resurrección del cuerpo, que  consideraban una locura los griegos. Además, el asunto que está discutiendo no es la supervivencia del alma sino la posibilidad de la resurrección. El problema de los corintios no era con la inmortalidad del alma sino con la resurrección del cuerpo. La salvación del alma no es suficiente para no comer y beber porque mañana moriremos. Dios no nos dejará indefinidamente desnudos (2Co.5:3). Y no queremos ser desnudados, no queremos existir solamente en alma. Deseamos la transformación cristiana de nuestros cuerpos, a la semejanza del de Jesús. La salvación del alma es la mitad de nuestra esperanza.