lunes, 29 de abril de 2019

Uso de Eben-ezer y Amén


1 SAMUEL 7: 12
Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová”.

“Eben-ezer”.  Esta palabra suele decirse al final de un recorrido espiritual, cuando algo se termina. Pero así no fue usada la primera vez. Samuel la utilizó empezando su ministerio, al comienzo de su carrera, cuando obtuvo su primer triunfo y el pueblo que añoraba a Dios saboreó después de muchos años, el triunfo. Quiso decir, “hemos empezado con la ayuda de Dios y debemos seguir con ella, cualquiera otra cosa puede prescindir menos eso; hagamos las cosas y que ella esté garantizada”. No es más bien una palabra para sellar un servicio sino cuando se está abriendo; eben-ezer cuando se escribe la letra alfa, y votar para que llegue hasta la omega; que los comienzos sean los del Espíritu Santo (Ga. 3: 3). Lo mismo ha sucedido con la utilización de la palabra amén, que por costumbre casi únicamente se coloca en la cola de algo, en su colofón, es como una tapa, una voz final, “así sea”, el cual es su último significado porque antes quiere decir “cierto” “verdad” (Deu. 27:24, 25; Neh. 8: 6; Sal. 106: 48), por eso Jesús dijo “de “amén”, de “amén” os digo”, y eso hay que decirlo no sólo al concluir un sermón sino también durante su desarrollo, no sólo al final de un culto sino en todo su desarrollo, sin que moleste al de al lado, no sólo al final de una oración sino en todo lo que se dice, que todo sea cierto y verdadero. Cuando casi mentalmente, silenciosamente como oraba Ana, que se muevan un poquito los labios para no perder el hilo de ella, y así se adora a Dios.

Volviendo al primer eben-ezer, si Samuel la usó cuando estaba viejo hubiera podido decir, “he servido al pueblo como he podido y como ellos me lo han permitido; han vivido políticamente fuera de la teocracia, pero yo he tratado que la teología llene la política, y las cosas aunque a Dios no le han gustado completamente ni a mí tampoco, y como estoy llegando al final de mis días puedo decir eben-ezer, hasta aquí nos ha ayudado Dios, a pesar de todo; no hubiera podido pedir más misericordias ni tener más oraciones respondidas que las que he tenido”. Y nosotros podemos decir lo mismo, hemos sido ayudados.
Entonces, siempre cabe un “hasta aquí me ayudó Dios” y la duda de que en el presente y en el futuro no venga con la fe esa ayuda, es ridícula y ofensiva. Una cosa que se empiece con Dios y se quiera continuar con su ayuda, ha de continuar, aunque se detenga y a veces retroceda, sean pocos, y la tarea sea más grande que nuestras vidas. Lo que no podemos hacer es excluir a Dios, criticarlo, enviar por él solo cuando lo necesitemos. Pocas cosas se lamentan con los años si todas las empezamos con Eben-ezer y con un amén a su voluntad.

Estamos dentro de un proyecto de Dios


I SAMUEL 3: 19
Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras”. “No dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras”.

Palabra por palabra, letra por letra, absoluta veracidad en todo lo que le prometió, no sólo en lo que le dijo, sino que cumplió totalmente su proyecto en la vida de Samuel, en su niñez, juventud, adultez y ancianidad; no vivió sólo sino acompañado por el propósito de Dios. Oh hermano, que nos entreguemos en sus manos. Estas cosas están escritas para que nuestra fe, en nuestro caso, obre. Quiere decir que no dejaba caer ninguna palabra en tierra, no estaba dejando caer ninguna palabra en tierra, aunque a veces Samuel no entendiera lo que le pasaba. Nuestra vida la forja Dios. A veces queremos saber todo lo que Dios ha planeado o está planeando con nosotros; y Dios no tiene que darnos un informe total de su proyecto, nuestra es la disposición de pedir sabiduría para poder entenderlo todo de cabo a fin y vivir tranquilos y conformes con la certeza que estamos dentro de un proyecto magnífico cualesquiera que sean las venturas y desventuras, los vientos que soplen en un sentido o el otro; las misericordias de Dios son continuas y el plan se desarrolla. Sepamos o no sepamos su plan, hay uno. Y no venga nadie a decirnos cual es.

Los niños, los malos ejemplos, y la palabra de Dios


1 SAMUEL 3: 2-14
Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver, Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada. Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí. Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó. Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas”. 

ESTO ES PARA REFLEXIONAR CON CUIDADO Y CON AMOR. Nota que Dios llama a un niño como a un adulto y no de otra manera. No usa otra voz que no sea la que utiliza cuando le habla a un adulto. Como cuando Dios habla a un niño con un sermón o una clase para adultos. ¿Quién dice que los niños no pueden entender un sermón, sino todo o algo? ¿Y en las clases bíblicas? Aunque no entiendan mucho sí la impresión del sermón. Los niños, aunque reciban su clase bíblica graduada de acuerdo a la edad, con los recursos didácticos propios, deben con frecuencia oír el mismo mensaje que oyen los adultos, sea en el culto o de parte del maestro. Dios puede llamar a un niño al ministerio sin embargo no debe oficiar hasta que sea adulto porque tiene mucho que aprender y madurar. Cuando un niño da señales de estar oyendo la voz de Dios, el adulto debe enseñarle cómo responder a Dios y cuidarlo como un niño especial y para el propósito que Dios lo llama de modo que “crezca en gracia y conocimientos”. Y además los niños deben leer, estudiar y aprender en la Palabra de Dios lo que les pasa a los ministros que no son fieles para que desde temprano se dispongan a no seguir el error de ese camino. Si conocen al ministro desleal y preguntan por él, con un poco que sepan es suficiente. El efecto negativo de la historia se anula cuando el tutor con compasión y dolor la analiza según la palabra de Dios. ¿Es eso un mensaje para un niño, saber el mal futuro de su maestro y padre? Su primera lección fue enterarse de lo que le pasa a los que son infieles, porque Dios quiso que mirara lejos y temiera. Siempre Samuel miró lejos, honró su ministerio y temió.