viernes, 28 de septiembre de 2012

Si yo fuera Dios ¿a qué iglesia iría?


(Tomado de mi diario)
Maryland, 20 octubre 2002.
Hoy asistimos a Burtonsville Baptist Church. La más cerca de nuestra casa. La dejé a un lado porque era pequeña. El pastor tiene 59 años; de todos los que he oído es el que más ha utilizado citas de la Biblia, y las leíamos detrás de él en una pantalla. Él no se volvía. Habló sobre el anuncio de la negación de Pedro. Se alzaba sobre la punta de sus pies, marchaba para atrás del púlpito, vivamente emocionado con las verdades que decía y el deseo de hacer bien a la iglesia. Ofrecía a Dios y a su público, sin miramientos, el resto de la fuerza de sus años. Unas 80 o 100 personas le escuchamos. En ninguna otra congregación de 500,600, 1000, he hallado más palabra de Dios. No parecía buscar el éxito sino ser fiel a la palabra del Señor. Su gente parecía disfrutar su sermón. 

Si yo fuera Dios ¿a qué iglesia iría? Donde pueda escuchar muchas citas de las cosas que he dicho. Nada me gustaría más en un culto que oír decir lo que he dicho y comentarlo. Agarraría mi Biblia y me iría si otras cosas le roban el espacio a mi Palabra.

Si yo fuera Dios tendría que darle una recompensa a ese, más grande que a los ministros de las iglesias enormes; éstos ya tienen la recompensa de sus trabajos, mejor dicho, la remuneración de sus ministerios, porque eso es lo que deseaban y administraron a la gente para lograrlo: el éxito. Si yo fuera Dios a aquel otro alabaría  más porque evidentemente le intereso más que a los otros y me sentaría a escucharlo a él primero; a los demás, los dejaría seguir entreteniéndose en el arte y pretensiones espirituales donde el culto y la adoración es el fin y no yo. 
Pueden haber congregaciones muy conocidas por la sociedad que en el cielo no signifiquen nada y apenas algún ángel o Santo ha oído hablar de ellas.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Consejos para un pastor frustrado


Dales aquello que los haga sentir importantes y superiores y te seguirán dondequiera que vayas, niégaselos y se alejarán de ti; tendrás tantos seguidores como provisión tengas para sus egos; evita las palabras que los humillen y si lo haces garantízales que no es ante ti que lo hacen sino ante Dios y que serán lo que paguen para ser exaltados; provócales una visión de ellos mismos arriba, hazles creer que por el camino que llevan van subiendo. Jamás toques su imagen y autoestima para disminuirlas, nunca te lo perdonarán; refiérete a ellos en términos que les hagan pensar que son más de lo que son; ínflalos, adúlalos, que se crean que son gente especial y serán tus amigos y colaboradores en todo lo que hagas, no tendrás un perro que sea mejor amigo: obra completamente en oposición a la gracia de Dios y tendrás la iglesia llena. 

El arrepentimiento sin esas motivaciones, para ellos no tiene sentido, no lo buscan y lo aborrecen; para ser un hombre público a tu gusto, haz como te digo, pon en sus manos la salvación; que hagan de la Santa Trinidad el medio para alcanzarla; sé pragmático para que triunfes y realices tus sueños y no verás ni uno de ellos en el cielo.
Por supuesto que estos no son consejos de Dios, ni de Jesucristo, ni del Espíritu Santo, sino del diablo. Son consejos del espíritu de esta época  para un pastor frustrado cuando ve que su congregación no crece.

viernes, 21 de septiembre de 2012

La oración, un modo de “lavar dinero”


Mateo 6:11-12 

 "11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.


Jesús enseñó a sus discípulos a orar por los medios para obtener la comida, en el Padre Nuestro, y como dice Calvino eso incluye a todas las necesidades. Y si él dijo específicamente “el pan nuestro” eso tiene que ser orar por los medios para conseguir el dinero para comer, beber y vestir. Se está orando por el trabajo. ¿Sería necesario que el Señor nos enseñara a orar por la comida? (v.11). Desde un principio Jesús trata de hacer celestial nuestra vida recordándonos que nuestro Padre es celestial y que nuestro fin es el cielo y no la tierra. Pero hay cosas como las necesidades básicas de la vida que nos atrapan momentáneamente a esta tierra. Reconociendo que fuimos hechos de tierra y que estamos sujetos a los campos, y que todo el trabajo va para la boca, nos da la norma para que en este orden imprescindible de existencia también reconozcamos nuestra relación con Dios y que en cualquier instancia nuestra dependencia de su mano siempre continúe.

¿Qué de la persona que tiene ya guardado bajo su techo alimentos seguros para una semana o varios meses? ¿Queda excluida su oración que fue dada para los pobres? ¿Sólo deben orar los pobres, por sus bocas? Pues entonces deben orar de agradecimiento porque el principio establecido es éste: de Dios lo recibiste. Pero no es gratitud lo que el Señor quiere enseñar sino dependencia, que la vida del cristiano no esté desvinculada jamás de él.

Por otra parte, ¿sólo tienen que pedir los alimentos y no trabajar por ellos? Jesús dijo que a los que alimentaba sin que trabajaran ni segaran, ni amontonaran en granero, era a las aves del cielo. Los hombres deben trabajar sosegadamente y comer su propio pan (dice Pablo), pero aunque trabajemos y sudemos arduamente para conseguir el pan, por el Señor fue dado. Dice el incrédulo: "Yo lo trabajé, yo me lo gané, a mí no me lo dio Dios". Oh ingrato, y las fuerzas que tuviste ¿quién te las dio? ¿Quién mantuvo fogoso tu cuerpo? ¿Quién puso resuello en tu nariz y sostuvo el compás de tu duro corazón? ¿Quién le dio a tu mano cinco dedos y a tu cabeza pensamientos inteligentes? ¿Quién te ha bendecido en tu trabajo y hace que te paguen por lo que por don de Dios alegre haces? ¿Quién le dio tamaño a la semilla y gusto a las frutas y paladar al hombre que las saborea? ¿Quién hizo todas las carnes blandas y fibrosas que comunican proteínas al hombre? ¿Quién arroja a diario luz y lluvia para que los vegetales elaboren las sustancias inorgánicas? Pues ahí tienes a ese pigmeo vociferando que trabajó y comió y a Dios no debe nada. Ya de estas bestias Pablo habló en Ro 1: 21.

Jesús nos enseñó a inclinar nuestra frente y decir: "Señor, ropa, alimento y labor, y aún todo mi cuerpo recibo de ti, te honro y te imploro tu sostén". Amigo mío ¿cómo puedes arrimar a ti un plato de comida sin pensar con gratitud primero en quién estableció por este medio tu sistema de existencia? ¿No te das cuenta que el vivir está fuera de control de tu voluntad y tus deseos? (Ecl. 8:8).

Jesús les dijo que subieran los ojos al cielo buscando además de comida, perdón. Jesús después regresa de nuevo a lo espiritual, que no olvidemos nunca pedir perdón por nuestros pecados, ni tampoco extenderle el perdón a los que nos lo piden (v. 12). Hay hombres que creen que la vida es sólo materia y que el trabajo y los negocios es lo más importante y que el bien que la religión les pudiera otorgar lo obtienen muy bien con la recreación. Esa sería verdad si el cristianismo hubiera sido presentado por Jesús como algunos hoy lo anuncian, para recibir gozo, paz, felicidad, prosperidad o salud, pero el Señor nos enseñó a orar por el perdón de nuestros pecados y esa es la espina dorsal en las enseñanzas de Jesús.

(1) fíjate dónde está la colocación del perdón de los pecados: inmediatamente después de haberlos autorizado a traficar y negociar por el pan cotidiano; y lo veo como una advertencia a mercaderes y todos los trabajadores que de ningún modo piensen que porque tengan las bocas llenas y el cuerpo abrigado no les hará falta pedir nada más y que no tomen como excusa el trabajo para no ocuparse de sus almas. Hay muchos en este mundo que están agradecidos a Dios por el pan que les provee pero ignoran el v. 12 y nada saben de estar de rodillas implorando el perdón (Apc. 3:17,18).

(2) Creo también que la colocación es acertada porque tratando de conseguir el pan se suele pecar mucho. No todo el dinero que los hombres consiguen honra a Dios ni las fortunas que amasan las han obtenido sin violar los mandamientos del Señor; aún se puede decir que todo lo que tienen es una desgracia fatal para el destino de sus almas. Tengo una débil sospecha que quizás sea esa una razón por la que el Señor llama a los pecados deudas, como si estuviera en su mente las agresiones económicas y financieras de un hombre contra otros. Puede que sea oportuno que pidan a Dios que "lave" ese dinero y santifique esas pertenencias.

(3) También es un recordatorio a los hombres más santos que no olviden, como el pan cotidiano, cada día arrepentirse. ¿Crees que has llegado a un grado de comunión que apenas o nada pecas? ¿Quieres saber por qué no se reciben más bendiciones? ¿Por qué nuestra influencia sobre el mundo no es mayor? ¿Por qué la dureza de nuestros corazones nos incita a la desobediencia? Por nuestra tardanza en arrepentirnos, asumimos que ya hemos llegado al final de la santidad, y por esos pecados viejos Dios está distante.

Y peor aún, por falta de perdón  ha crecido la crueldad y la misantropía. El amor ha huido de nuestros corazones y nos miramos y nos hablamos hostilmente, nuestros tratos parecen desafíos y más que llamarnos a un abrazo empujamos a los demás y cuando nos piden compasión negamos con la cabeza y nos fortalecemos con el rencor.

Dios tiene más que perdonar a los impíos pero a sus hijos mucho, nuestro arrepentimiento es demasiado general. El perdón que Dios nos concede y que damos a nuestros hermanos es la base misma de la perdurabilidad de las relaciones fraternales. Cada día debemos acostarnos con un borrador en la mano para sacudir de nuestras memorias las faltas que otros han cometido.
Es tan básico ser una iglesia de perdonadores que según  6:14,15, se da a entender que sin ello no habría iglesia. Una virtud de mi carácter debe ser perdonar. Doblaré mis rodillas hasta el suelo pidiendo perdón por mis pecados, quizás por cuestiones de trabajo y amor al dinero, y por los pecados que otros han cometido por culpa mía. 



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lunes, 17 de septiembre de 2012

No hables cuando mastiques


Salmo 106:25
“…murmuraron en sus tiendas”.

¿En qué otro lugar se suele murmurar más contra Dios y el prójimo que en la propia casa, sobre todo a la mesa? Israel siempre fue un pueblo de gente murmuradora  y quejosa; por todo protestaba y con nada estaba conforme. Se olvidaba pronto de las bendiciones de Dios y protestaba por la más pequeña dificultad que encontraran. 

Para mal, ese mal hábito de la murmuración ha pasado a la iglesia cristiana, sobre todo a la hora de la cena.  Algunos, en vez de tener una iglesia en su casa como Filemón, Aquila y Priscila, lo que tienen es un Tribunal, donde continuamente se quejan de los otros y hasta de Dios.  Se sientan a la mesa a comer los alimentos y después de bendecirlos en oración protestan de los caminos del Señor y maldicen con sus lenguas a sus hermanos que él creó a su imagen y semejanza. Hablan mal de aquellos con los cuales adoran y de los que los acompañan en la santa cena del Señor.  Cierran la puerta de su aposento para orar al Padre que está en secreto y ve en secreto, y allí mismo murmuran contra aquellos por los cuales debieran interceder y elevar alabanzas por su bendición.

Los ángeles del Señor no hubieran visitado la tienda de Abram y Sarai si los esposos no hubieran tenido la lengua santa en la casa como la tenían delante de la gente; a ellos (y a Lot) posiblemente se refiere el autor de Hebreos cuando dice que algunos sin saberlo hospedaron ángeles (He. 13:1). Pero en una tienda donde la esposa es una incurable murmuradora y contagia al marido (o él a ella), a los hijos, a los yernos, a las nueras, a los nietos, ¿irán ángeles allí para oír las amarguras que conversan? No, los ángeles de Dios visitan las tiendas donde las conversaciones son agradables al Espíritu Santo y a los ajenos, si éstos las oyeran.

En una tienda de murmuradores los ángeles que entran son los caídos, que son a quienes les gusta oír esas pláticas abusadoras que son las mismas que sostienen las almas condenadas en el infierno y con las cuales pasan buen tiempo los demonios charlando. Una tienda de murmuradores es un infierno no un cielo y si ellos se hacen pasar por santos ante los demás, la tienda se halla en la parte más baja del infierno donde residen los hipócritas. Los ángeles de Dios anhelan mirar las cosas del Espíritu (1Pe. 1:12), pero supongo que no oírnos hablar contra algún ausente, y eso hacerlo a la mesa masticando con la boca llena.