domingo, 24 de enero de 2016

Si no te quieres caer agárrate como dice Pablo

1CORINTIOS 10:6-14
“Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.  Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.  Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”.

 Este texto nos enseña cómo utilizar las experiencias de otros a nuestro favor porque el Señor nos permite conocerlas, por la Escritura o por la experiencia para que nos sirvan de ejemplos; especialmente qué consecuencias espirituales les han sobrevenido a los que han caído en alguna tentación. Enseguida el apóstol desgrana una serie de tentaciones en las cuales otros han caído, y termina afirmando que todas ellas hubiera sido posible no haberlas cometido, si en realidad hubieran querido estar firmes (v.12).
 Nota lo mismo a quienes les sirve el v.6, “como ejemplo”. Si hacemos las mismas cosas recibiremos los mismos castigos. Aquí hay una lista de cosas que los antiguos codiciaron y  se corresponde con la realidad de los corintios la cual el apóstol da para los que piensan estar firmes (v.12) y miren bien no sea que caigan en algunos de esos pecados. Es interesante que el verbo que usa el apóstol también significa: el que es de la opinión, el que se cree, el que se supone, el que parece estar firme, mire que no caiga en pecados. El pensamiento no es futuro sino presente, el consejo está dado para el momento, para  ahora no para  luego. Si alguien se supone firme debe tener cuidado no caiga en pecados.
El primer pecado contra el cual todo creyente debe guardarse es  la codicia (v.6), los deseos pecaminosos (Num.11:4) propios de los que no conocen a Dios y que suplantan el maná celestial. Son los que hacen que los hijos de Dios comiencen a añorar los días de la carne y  prefirieran volver a ellos (Num.11:5,6). Son los deseos codiciosos,  comidas, lujos, dinero, los que hacen que se mire hacia el mundo y no a Cristo, que se le vuelva la espalda a lo que es real por lo irreal, a lo eterno por lo que pasa, a la felicidad por la ilusión, a la  libertad por la esclavitud. A esas codicias Pablo les llama “necias y engañosas” (1Ti.6:9).
El otro pecado segundo en la fila es la idolatría (v.7; Ex.32:5,6). En relación con las fiestas de los paganos y sus dioses. Se refiere a la fiesta que hicieron con lo del becerro de oro. Los cristianos no deben participar en esa clase de fiestas en honor a santos y patrones, por muy populares que sean porque es un modo de cooperar con la idolatría y por la carnalidad que priman en esas diversiones. Moisés escribió que el pueblo hizo fiesta, comió y bebió en honor de esos dioses y “se levantó a regocijarse”; Pablo escribió que se levantó a jugar y por el contexto y la misma historia no fueron juegos sanos ni regocijos puros. Era una fiesta cargada de pecados. El que se considere firme no debe aventurarse dentro de ese tipo de regocijos carnales en honor o conmemoración de lo que sea; si lo hace, por firme que sea tenido, su posibilidad de caerse es grande.
El número tres es la fornicación; la que siempre está asociada a las festividades idolátricas o sea la corrupción sexual. Este pecado, hoy tan común y poco condenado, es tan aborrecido por el Señor que en un sólo día murieron veintitrés mil (o veinticuatro mil en números redondos). Como dije, a esas festividades no deben asistir los santos que no quieren llenarse de impurezas y cometer pecados de esta índole. El que es estimado como que está firme, abra los ojos y no se meta en ningún sitio donde puede llegar a la fornicación.
El cuarto es la provocación al Señor en forma de quejas y lamentos. Quejándose de una manera o de otra, por una cosa o por la otra. La historia se halla en Num. 21:4-8. Lo cual es una expresión del desánimo (Num.21:4) y que se suele hacernos hablar como no debiéramos y quejarnos como no es justo que nos quejemos. Junto al desánimo viene la inconformidad con el líder de Dios (Num.16:41-44; 21:5); “estoy fastidiado y aburrido de todo esto, siempre lo mismo, no me gusta esto ni creo que lo merezco y Dios parece complacido en tratarme así, siempre la misma rutina. Pienso que debiera comer, beber y vestir mejor, estoy recibiendo algo de inferior calidad a la que deseo e incluso a la que Dios me prometió. Y así decimos “mi alma tiene fastidio de este pan tan liviano”, llamando pobre, aburrido, de mal gusto a las cosas que Dios nos da, a las circunstancias que vivimos, fallando en valorar lo que tenemos y queriendo cambiarlas por otras que según nuestro parecer, no el de Dios, son mejores. Pobre Moisés, cuánto amaba aquel pueblo y lo poco que lo amaba a él; si el Señor no le hubiera dado su gracia se habría regresado con su suegro a Madián, otra vez rebeliones, murmuraciones y muertes. Ahora lo acusan de homicidios. El pueblo le era una carga muy pesada (11:14). Una de las cosas más tristes que tienen que soportar los siervos de Dios es las murmuraciones de sus mismos hermanos aquellos a quienes aman, sirven y distinguen. Ellos no murmuran de sus hermanos, los aman, los besan, interceden por ellos y en cambio reciben murmuraciones. Esa es una innegable razón para explicar la “mortandad” en una congregación (16:46), apagan el Espíritu Santo que se les comunica con la Palabra y las oraciones y muchos se enfrían, se mueren espiritualmente y apostatan. El que sea tenido como un hermano firme no murmure porque por ese pecado puede ser castigado y sufrir mortandad.
El apóstol concluye  con unas palabras de ánimo (vv.13,14), no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana. Quiere que ellos sepan que el Señor los puede ayudar si lo buscan. Esas cosas que otros hicieron son evitables, ellos pudieron haber obedecido al Señor y no caer en ellas; era grande la tentación pero perfectamente soportable, difícil pero no invencible. Lo dice para que no se rindan. Como bien dice el Dr. John Gill, que hay tentaciones peores como pensamientos blasfemos, dudas, temores, que provienen directamente de Satanás que son más difíciles de resistir, mas a ellos no les estaban ocurriendo las peores sino tentaciones menores,  las había  más malas que otros habían resistido. Sea esta explicación parcial o completa su aplicación es muy útil para no quejarnos del tamaño, la magnitud, la persistencia y ferocidad de nuestras tentaciones porque aunque nos parezcan grandes, otros hermanos han salido victoriosos de mayores. Si ellos triunfaron sobre las suyas, nosotros podemos triunfar sobre las nuestras. El apóstol habla con cierto menosprecio sobre ellas como diciéndoles, “son humanamente capaces de triunfar, no tienen por qué ceder”. Desgraciadamente sólo nos enteramos de los que han sido abatidos por sus tentaciones porque por vergüenza la mayoría no menciona las tentaciones que les han sobrevenido, ni quieren enseñar las gruesas cicatrices que tienen en la memoria y en el carácter, y que con la ayuda divina han vencido.
Si la tentación que nos asecha es humana y aún está afuera del corazón, es válido usar medios humanos para escapar de ella, me refiero a las virtudes humanas, a los principios humanos, los valores humanos, el coraje. En la lucha contra una tentación debemos usar todos los medios de que dispongamos, tanto humanos como divinos. Me parece que las palabras del apóstol tienden a quitarles un poco de la mente el mito de que una tentación es invencible y el afeminamiento que el miedo produce ante una persistente y peligrosa situación; y por eso dice,  “portaos varonilmente y esforzaos” (16:13).
Por otra parte en la tentación no nos hallamos espiritualmente solos porque el Señor se halla a nuestro lado y juntamente con la tentación dará la salida para que podáis resistir, aunque nos de la impresión que nos está dejando combatirla como si estuviéramos solos, dentro de nuestra propia naturaleza humana, sin asistencia. El se encarga de que la tentación sea regulada y no exceda la capacidad que conoce que poseemos. El detendrá siempre la tentación cuando ya parece realmente que ha de vencernos. Toda tentación tiene al menos una salida, una vía de escape que podemos tomar para no caer en pecado; hay que buscarla afanosamente hasta que la hallemos y salir corriendo. Y saliendo glorificar a Dios por la victoria. Si no te quieres caer no juegues con el pecado y agárrate como dice Pablo.



lunes, 18 de enero de 2016

La extraña providencia de Dios

GENESIS  48:8-20

“Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés, cruzando adrede sus manos, aunque Manasés era el primogénito”. 

No podemos gobernar a Dios e imponer nuestros deseos sobre su bendición, su gracia fluye para donde él quiere. José sabía que el primogénito es bendecido primero y mejor; pero Dios puede usar excepciones y la ley no está por encima del Legislador. Debemos preservar siempre en nuestra teología la libertad del Espíritu Santo (1Co.12:11). Y no intentemos comprender completamente los procederes de Dios porque muchas veces están cruzados, son complejos y parecen equivocados, y operan en un sentido que puede causar disgusto a los que esperan una línea recta de un proceder normal sin cambio, como José con disgusto vio lo que su padre hacía y quiso que cambiara sus manos, que obrara en consecuencia con lo establecido, con lo tradicional, como siempre se han hecho las cosas, e Israel se negó y le enseñó que Dios puede hacer excepciones y hacer trazos que parecen equivocados pero son, para él, correctos. Llámale caprichos si quiere, a lo que Dios hace, pero son sus deseos; y “¿quién entendió la mente de Dios?” (Ro.11:34).  La soberanía divina es libre. La gracia de Jesucristo es libre. Si Dios te distingue, confórmate con el puesto y la posición que te dio. No mires para el lado para ver cuánto se le dio al otro ni te compares porque eso no es sabio, ni te disguste cómo Dios hace las cosas ¿no tiene él, derecho sobre lo que es suyo? Si quiere a otro hacerlo superior a ti ¿qué te importa, no eres tú grande? Si Dios hace las cosas cruzadas y alguno se disgusta, que no sea tú con quien ha procedido muchas veces de modo cruzado e inexplicable. No, no ha sido equivocación, no es un error de Dios, ni te imagines eso, ha sido adrede, ha obrado así, extrañamente, de modo sabio, con propósito, e intencionadamente. ¡Oh Dios de mis acertijos y encrucijadas!

Aquí donde estuve preso y a punto de cometer adulterio

GENESIS 48:9
“Y José respondió a su padre: Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí”. 

Son los hijos dados por Dios y tenía razón porque nuestros hijos son un don de Dios; quiso decirle, como padre orgulloso de sus dos hijos “míralos padre mío ¿no son bellos?”, y después le pediría a Efraín y Manasés que le dieran un beso al abuelo. Y el viejo no sacó del bolsillo una moneda para cada uno sino una espléndida bendición.


Note que José le dice a Jacob aquí no porque tuviera otros hijos regados por el mundo sino porque aquí quiere decir aquí donde fui vendido como esclavo, aquí donde llegué con tan malos recuerdos, aquí donde he estado preso, aquí donde estuve a punto de cometer adulterio, pero no lo hice porque Dios me dio fuerzas para correr, aquí donde Dios me ha hablado muchas veces, aquí donde he prosperado, aquí y no allá es donde yo debía estar para ser de bendición a mi pueblo y al mundo. Aquí no me arrepiento de haber venido a pesar de todo porque aquí me trajo la providencia. Por lo tanto aquí estaré hasta que se me cierren los ojos para siempre, entonces podrán llevarme y sepultarme junto a mis antepasados, aquellos con los cuales quiero resucitar. Aquí tengo mis hijos y aquí me he quedado y mientras Dios no cambie su plan yo sigo el que me ha dado, y no creo que vaya a recibir de él instrucciones contrarias de parte de dos o tres malos señores,  porque estoy en el apogeo de mi carrera de bendición cuando se hacen realidad los sueños que de joven arropé.  

viernes, 15 de enero de 2016

Las baratijas religiosas desaparecerán

GENESIS 35:4
“Entregaron, pues, a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían en su poder y los pendientes que tenían en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que había junto a Siquem”.  

Figuras de dioses, amuletos y talismanes, objetos extraños para superstición (31:19) que les colgaban de las orejas. Posiblemente no tendrían mucho valor y fueron rotos en pedazos y después sepultados. Si hubieran sido de oro o plata podrían haberse derretido y convertido en dinero (Ver Jos.3:5). Esto es una conversión.
Tendría que saber que a su familia se le estaban pegando las costumbres de las naciones, especialmente por el contacto con los cananitas y los de Siquen. Uno debe estar atento a la vida religiosa de la familia y sus atrasos y adelantos y de vez en cuando hay que ordenar un registro y regresar a la antigua pureza poco a poco perdida. Tal vez hay que regresar hasta donde se perdió el “primer amor” y rescatarlo para un presente frio o tibio, casi sin ternuras existentes.
O hay que regresar a las “fuentes” como dijeron los humanistas en el siglo XVI y los reformadores, y buscaron el NT en griego, revisaron el Antiguo de punta a cabo y el poderío de la superstición católico romana comenzó a desintegrarse en una buena porción de Europa. Y no hay que escribir nuevas constituciones para nuestras iglesias, con la confesión de fe de Londres de 1689, o la de Westminster es suficiente; con el estudio de ellas solitas se echan afuera las figuras hedonistas de los dioses modernos, los amuletos y talismanes supersticiosos de los astros y los signos del zodiaco,  a los cuales les ha dado ahora por creer a la gente vacía de esta sociedad seca y postmoderna. Los hijos del Israel de Dios, esto es la iglesia, no deben fundirlos en nada, no es oro, son baratijas del intelecto y de la religión,  no valen la pena, y lo mejor que se puede hacer es enterrarlos, en tierra o en hueco en la memoria, en el olvido. Las religiones sí van a desparecer con el tiempo, la secularización las destrozará, y me alegro, las mentirosas, pero no las doctrinas del Señor Jesucristo y de sus doce apóstoles, que no podrá la ciencia ni un millón de avances de ella. Amén.

viernes, 8 de enero de 2016

Revise su concepto de lo que es ser un hombre o una mujer

1 CORINTIOS 3:1-4
 “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche y no vianda, porque aún no erais capaces ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno; Yo ciertamente soy de Pablo; y  el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?”.

Con este capítulo entramos en un área mucho más práctica. El apóstol no habla de dos tipos de cristianos, uno carnal y otro espiritual, sino de un mismo cristiano. Un cristiano detenido y que no progresa, no avanza. Un cristiano criticón y protestón, inconforme con los demás menos consigo mismo. ¡Oh cuánto hemos enseñado en esta iglesia! ¿Estaremos viviendo lo que hemos aprendido? ¿Nos hará falta aprender algo más? ¿Le hará falta a alguien conocer tanto como un apóstol si vive como un Judas? ¿Para qué sirven los estudios de la Biblia, los que tenemos entre semana, los domingos y los cursos especiales? Los corintios se quejaban mucho del apóstol porque no les había enseñado más. Se quejaban de que el curso que les dio estaba incompleto. ¡Pobre Pablo, cuánto tuvo que soportar de sus propios hijos espirituales!
¿Cómo fue la predicación del apóstol entre ellos? Ya vimos que le acusaban de simple y sin profundidad mundana. Él se rebela y les alega que ha enseñado estrictamente lo que el Espíritu le enseñó, sabiduría celestial. Pero va más, la acusación no parece provenir solamente de los doctores intrusos sino de la propia iglesia o al menos de varios de sus miembros. ¿Y qué posición toma? Colocárseles al frente y hablarles a ellos mismos. Como si les dijera en osada denuncia: “Y ustedes, ¿quiénes creen que son? ¿Se quejan también que debí ser más profundo en mis enseñanzas? Pues sepan que si fui sencillo, si os enseñé con leche y no con vianda la culpa es vuestra por ser tan carnales”. Luego tendrá que demostrárselo porque como se tenían en tan alta estima les hubiera parecido injusta la calificación.
Ese argumento es interesante porque aleja la crítica que algunas veces la iglesia hace del ministerio que le atiende para ponerla sobre sus espaldas, que si no saca más provecho de lo que oye o si le encuentra tantas faltas es por ella misma y no porque su siervo tenga tantas imperfecciones. Es auténtico que algunas veces la congregación deplora la superficialidad de las enseñanzas de su maestro con razón porque el señor ese no estudia, no medita, no tiene interés en que los lomos del entendimiento de su auditorio sean ceñidos y ni siquiera ora para sean alumbrados. Pero en otros casos, no como en el de Pablo. El ministro les enseña constantemente pero a ellos les aprovecha bien poco. Si el ministro no tiene tiempo para ocuparse en la lectura y no medita en la ley de Jehová de día y de noche y no saca de ello su delicia, todo lo que hace, por muy laborioso que sea, no prosperará. El salmo uno es un gran modelo para maestros y predicadores. Aunque lo que ellos llamaron “leche” era muy bueno, era mucho más sólido de lo que ellos imaginaban. Aquel maná no era ningún “pan liviano” sino comida de nobles. Pero ellos no supieron apreciarlo y se mostraron con amarga ingratitud muy hostiles.
Hay algo también excelente, que el apóstol renunció a profundizar mucho su enseñanza porque los elementos que les suministró no estaban siendo vividos. A pesar de que les había dicho: “Hermanos, tenemos que estar unidos, no nos fajemos como perros y gatos, las divisiones no permitirán que la iglesia progrese en evangelización porque tendremos que gastar todo el tiempo reconciliándonos y reponiéndonos de enfermedades intestinas. Si ustedes siguen formando partidos y grupos y estando los unos contra los otros, los pobres contra los ricos, los cultos contra los incultos, las mujeres contra los hombres, los viejos contra los jóvenes, la iglesia desaparecerá porque un reino no puede estar dividido contra sí mismo”. No valía la pena que siguiera profundizando más, enseñándoles cosas nuevas, celestiales si lo que ya habían aprendido no lo ponían en práctica.
La revelación nos la da Dios para ser vivida. La sabiduría en misterio la revela el Señor para que vivamos en este siglo conforme a su voluntad. Dios no nos instruye por instruirnos. Su intención no es hacernos doctores sino santos. Nos da más conocimientos si eso agranda nuestra experiencia cristiana. Su garantía para enseñarnos más no es que ya hayamos aprendido algo sino que lo estemos viviendo. El Espíritu se detiene al enseñarnos algo distinto si lo anterior es pasado por alto en el diario vivir. Conocer y hacer van juntos. Lo que Dios nos enseña es para transformar nuestras vidas.

Pablo les había dicho: “No haya entre vosotros celos. No se envidien los unos a los otros. No codicien lo que es de otro. La envidia y los celos son feos y no es cosa de hermanos, es falta de amor”. Pero ellos seguían envidiándose los unos a los otros, lo que poseían de este mundo y los dones de la gracia. Hermanos, no estamos capacitados para adentrarnos más en los misterios de la providencia, la predestinación, la naturaleza de Dios, de los ángeles, la resurrección de los justos, el juicio venidero, si no somos espirituales.
Un cristiano que no vive los rudimentos morales de la doctrina de Cristo es un cristiano carnal que es lo mismo que un niño en Cristo aunque ya hayan pasado años desde que se convirtió a la fe. Un cristiano espiritual es el que pone en práctica las enseñanzas espirituales. Puede, ya que tiene el Nuevo Testamento consigo, o porque asiste a alguna escuela religiosa,  puede saber muchas cosas más, documentarse y recibir diplomas de graduación, pero si lo que aprende no lo practica será un cristiano carnal. Eso era lo que Pablo no quería, que su iglesia que era su escuela de teología, graduase en profundidades espirituales a hermanos y hermanas que no ponían en práctica sus enseñanzas. ¿Con qué propósito un hermano podrá apetecer conocer más si no tiene interés de practicar lo que aprende? ¿No será peor para él porque en el juicio más se le demandará?

Carnal no es precisamente el que ande con sensualidades sino todo aquel que se comporta como hombre (v.3), quiero decir como hombre natural que no tiene el Espíritu de Dios, como inconverso. ¿Qué es cosa de “hombre”, envidiar, estar al lado de un hermano y contra otro? ¿Ensalzar a uno y desestimar al otro? ¿Procurar quitar a uno de su sitio para ponerse en su lugar o colocar a otro con quién se tienen más simpatías? ¿Mentir, chismear, fornicar, hurtar, odiar? Pues si eso es lo que califica a un ser humano como “hombre” porque es algo propio de la naturaleza humana, los cristianos no somos “hombres” o “mujeres” en ese sentido. Un cristiano es más que hombre, más que mujer. Ser como Cristo es ser más que eso. Un santo es alguien que no es de este mundo, sino del venidero.

sábado, 2 de enero de 2016

Cortarse una parte de la mente y la mitad del corazón

ROMANOS 13:11-14
“Y haced esto conociendo el tiempo, que ya es hora de despertaros del sueño; porque ahora la salvación está más cercana de nosotros que cuando creímos.  La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día; no con glotonerías y borracheras, ni en pecados sexuales y desenfrenos, ni en peleas y envidia. Más bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis provisión para satisfacer los malos deseos de la carne”.


Este texto es para prepararse para la segunda venida de Cristo. Nota primero a quiénes tiene en mente el apóstol. Se dirige especialmente a los que no están bien preparados y están como dormidos, atrasados en la santificación espiritual. A los que han sido “llamados a ser santos” (1:7), pero no han terminado de desempolvarse del mundo, no están bien lavados y retienen prácticas mundanas, están en la fe pero no están luchando como deben para santificarse. Están esperando a Cristo, pero no parece que hayan relacionado la fe en él con la calidad de vida evangélica.
El apóstol hace un llamado a la santidad de la iglesia, en especial aquella porción de ella que parece no preocupada por su santidad personal y les dice, “hermanos, vestíos del Señor Jesucristo y no proveáis para los deseos carnales, el tiempo del retorno se halla cerca, muy próximo y puede ser que los tome desprevenidos” (v.14). No tiene que ver con el testimonio de la iglesia sino con una expectativa escatológica, con la salvación eterna; quiero decir, que no escribe para que se porten bien por causa del evangelio sino por causa de la salvación. Es una cosa muy triste estar esperando a Cristo, confiados en que serán aceptados y sin embargo no estar preparados para ese momento porque para tal ocasión hay que esperarlo vestidos como él era.
No son “pecadillos” los que menciona sino aquellos que verdaderamente ponen en peligro la salvación o la cuestionan firmemente, “glotonerías, lujurias, lascivias, borracheras, peleas y envidias”. No son los únicos pecados graves que existen sino aquellos que posiblemente eran comunes en cualquiera iglesia gentil que no terminaba de abandonar las costumbres de la sociedad. Un mal de la iglesia es ése, que se parezca al mundo que le rodea, que sus miembros contemporicen y cometan los mismos pecados de los inconversos; ¿qué podrá hacer entonces por la salvación de los de afuera?  Pablo piensa que no están bien preparados para recibir al Señor en el aire. Tú no lees que Cristo anduviera en borracheras, orgías, envidias, etc.
La santidad es el resultado de un rudo combate. Me parece que el apóstol está pensando en las luchas en la vida porque aunque dice “vestíos del Señor Jesucristo” lo cual es un acto pasivo y que pudiera dar a entender que se refiere a alguien que piensa asistir a una boda y debe ir vestido como tal (Mt.22:12), no piensa el apóstol en recibir al “esposo” sino al Señor. Así, simplemente. La idea del apóstol es esperarlo combatiendo, puesto que habla de “armas de luz” (v.12).
Cada creyente que espera a Cristo tiene que combatir esas cosas que hay en el mundo y combatirlas en sí mismo para no practicarlas, para deshacerse de ellas, lo cual es más difícil. Este precepto “médico cura a otros” es más fácil de cumplir que “médico cúrate a ti mismo”; dirigir la espada de dos filos contra su corazón no contra alguien más, cortarse un dedo, un ojo, un pie, una parte de la mente  o la mitad del corazón, es una cirugía dolorosa y se sangra mucho y duele hasta el alma. Aplicarse repetidamente el bisturí lo hacen sólo aquellos que quieren ser fieles y santos.
El evangelio había llegado en todas partes a esa clase de gente, como en la isla de Creta, y los llamaba a una transformación (Coordina ambos textos, Ro.12:2 y Tit.1:12,13). Les está pidiendo que continúen su conversión a Cristo, que no se detengan. ¿Habías pensado tú en eso, en una larga, larguísima conversión que dure toda la vida? Usa las “armas de luz” que tienes para luchar contra el pecado para dejar de ser glotón, ocioso, borracho, envidioso, lujurioso, lascivo y peleón. En relación a eso, el apóstol les está pidiendo que continúen salvándose, que hagan un esfuerzo en la gracia para dejar esos vicios. 
A menudo pensamos con frecuencia en una salvación instantánea, el nuevo nacimiento, y que los glotones en un minuto dejen de comer tanto, que los borrachos en un abrir y cerrar de ojos no beban más. Más bien debiéramos pensar y esperar que el Señor les vaya dando  fuerzas, por la continuada exhortación, para que poco a poco eliminen de ellos esos hábitos, que vayan luchando y paso a paso venciéndose. El trabajo de la salvación (o de la conversión) es un  constante, auxiliados por el Espíritu Santo, por la Palabra, por la oración y otros medios de gracia. Esas son las “armas”. Pablo, como toda la iglesia primitiva, esperaba la venida de Cristo en sus propios tiempos, creyendo que el día de ella estaba próximo y el cuerpo de creyentes debía estar listo en santificación.