jueves, 31 de julio de 2014

Que baje algunos escalones

Ezequiel 44: 10-16
Y los levitas que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus ídolos, llevarán su iniquidad. Y servirán en mi santuario como porteros a las puertas de la casa y sirvientes en la casa; ellos matarán el holocausto y la víctima para el pueblo, y estarán ante él para servirle.  Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a la casa de Israel por tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi mano y jurado, dice Jehová el Señor, que ellos llevarán su iniquidad.  No se acercarán a mí para servirme como sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de mis cosas santas, a mis cosas santísimas, sino que llevarán su vergüenza y las abominaciones que hicieron.  Les pondré, pues, por guardas encargados de la custodia de la casa, para todo el servicio de ella, y para todo lo que en ella haya de hacerse.  Mas los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice Jehová el Señor. Ellos entrarán en mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán mis ordenanzas”.

"Los levitas que se apartaron, servirán en mi santuario como porteros y como sirvientes" (v.11). Señor, los que menospreciaron un día tu servicio, no deben ocupar de nuevo la misma posición,;pudieran trabajar en tus cosas, pero no en aquellas más dignas que una vez tuvieron. Generalmente decimos: "Ya se ha arrepentido, démosle una oportunidad". Y como fue una persona útil antes de convertirse en un infiel solemos preguntar: "¿Quién otro mejor que él para esa función?"; y lo designamos para el puesto que abandonó.

El Señor dijo que aquellos levitas que se habían vuelto idólatras, negando la fe que una vez tuvieron, debían cargar la iniquidad de ellos, quiere decir, expiar el pecado que cometieron; y eso se hace si se les degrada, si se les somete a una exterior humillación no permitiéndoles que funcionen en la misma posición que abandonaron (como a los individuos presos). Dijo que llevarían su "vergüenza y todas las abominaciones que hicieron" (v. 13).  No se trata de si un hermano o hermana peca restituirlo "al cargo" que ocupaba para de ese modo ayudarlo espiritualmente. No se le ayuda de esa forma; para que se recupere uno que ha dejado su lugar es ponerlo en uno más bajo, someterlo a la humillación de un servicio inferior para que los demás lo miren y le de vergüenza y sienta moralmente haber menospreciado lo que tuvo. Eso no es falta de amor, es sabiduría en la recuperación espiritual de uno que ha caído.

Si lo que se quiere es darle la membresía en el grupo a uno que siendo levita se hizo idólatra, que siendo diácono se rebeló contra su obispo, que siendo ministro amó más este mundo, se le puede poner en la misma posición que tenía cuando sirvió de escándalo; pero si lo que se quiere es recuperarlo espiritual y honrar la posición que dejó, no debe elevársele enseguida al puesto que tenía. La recuperación espiritual de un hermano o hermana pasa por una fase de humillación y debe expiar su pecado, sufrir por su causa.  Un poco de menos grados puede traer un poco más de gracia. Si baja algunos escalones.

sábado, 26 de julio de 2014

Darían un dedo de la mano porque nos alejemos de Dios


Ezequiel 11: 15
"Hijo de hombre, tus hermanos, los hombres de tu parentesco y toda la casa de Israel, toda ella son aquellos a quienes dijeron los moradores de Jerusalén: Alejaos de Jehová". 

Posiblemente se refiere a sus parientes en el sacerdocio, los que se hallaban en Jerusalén; sus hermanos naturales, los que pertenecen al sacerdocio como él, ya no son sus verdaderos hermanos sino los exilados con los que se reúne en Babilonia junto al rio Quebar. La idea es que no les haga caso y haga a los cautivos sus verdaderos hermanos.

Mejor se quedarían callados y no oírlos hablar. ¿Por qué no se meten sólo en sus vidas y aconsejan a los otros? (v.2). Darían un dedo de la mano porque nos alejemos de Dios. Tal vez por eso la palabra parientes puede traducirse “redención”, no al pariente que “redime” sino al que des-redime, al que nos quisiera ver volviendo a nuestro vómito y a revolcarnos en el cieno, a los que “les parece cosa extraña que no corramos con ellos en el mismo  desenfreno y nos ultrajan” (1Pe.4:4); y dicen “alejaos de Jehová”. ¿No te han pedido alguna vez tus propios hermanos, los de tu parentesco o tus mejores amigos, que dejes al Señor, que te alejes  de la iglesia, que no te juntes con esa gente cristiana? ¿No te han pedido que no leas tanto la Biblia, que no vayas tanto a las reuniones, que no seas tan fanático? ¿O que no te pongas de parte de Dios, de su mensaje?

Ezequiel quisiera que no fuera así, que sus hermanos en la carne compartieran su apego a Dios y su mensaje, pero no sucedió como él quiso. Sus verdaderos hermanos eran aquellos despreciados, los que habían salido al exilio; aquellos que “oyen la palabra de Dios y la guardan”. ¡Vaya parientes que algunas veces uno tiene!, que le dicen “alejaos de Jehová”.  Mantente fiel, da respuesta a todo el que demande razón de la esperanza que hay en ti (1 Pe. 3:15), ora por ellos, y espera al Espíritu Santo porque quizás les conceda arrepentimiento; y en cuanto a tu testimonio, no retrocedas para perdición porque es importante que ellos lean en tu vida los evangelios y  la gracia de Dios en tu esperanza.

jueves, 24 de julio de 2014

El Dios que tuvimos cuando fuimos fieles


Jeremías 51:50
“Acordaos de Jehová y de Jerusalén”. 

Dos incentivos para volver al punto de juicio, recuperarse espiritualmente y volver a empezar: uno teológico, Dios y otro eclesiástico, la iglesia, recordar quién es Dios y qué  iglesia, aunque todo el tiempo que nos separa haya sido llenado con un océano de tristezas, no recordar eso que sólo nos saca gemidos y lamentos del pecho, culpas y vergüenzas, sino recordar la gracia, el amor de Dios y la iglesia cuando estaba sana.

El primer recuerdo que hay que tener no es sobre nosotros mismos ni sobre el pecado que nos trajo tan malas consecuencias sino sobre el Dios que nos aguarda, el Dios que tuvimos cuando fuimos fieles, el que no cambia. ¿Quién es Dios? Si él ha sido justo, ¿por qué reprocharle nada?
El trato que Dios te ha dado pudo haber sido severo pero compasivo y no desproporcionado, sino por debajo de lo que merecías, lo suficiente para que tus calamidades no te destruyan sino te aleccionen para un futuro mejor. ¿Es posible una vida espiritual mejor después de haber sido castigado por desobediencia? ¡Cómo no!

¿No fue capacitado Pedro para confirmar a sus hermanos, los fieles, cuando ellos habían sido más fieles que él? Es que con el perdón y la misericordia viene mucha gracia y crecimiento espiritual que hace crecer y da ventaja sobre los demás. Recuerda que él es fiel; y perdona las infidelidades, cuando fuiste infiel él no se negó a sí mismo para tratarte descomedidamente, él está en el punto donde lo dejaste y puedes volver a empezar como si nada hubiera ocurrido, el Señor no preserva rencores.
Recuerda que es tu creador y vence cualquier imposible. 
Pero recuerda también la iglesia, su Jerusalén que desciende de arriba, no las apostasías. No recuerdes las faltas y la culpa de los infieles y las calamidades que sobre el pueblo ellos han traído, recuerda “el remanente escogido por gracia”. Acuérdate de su antigua hermosura, de sus torres, (Sal. 48:12-14), de su río como un cristal (la predicación en el Espíritu Santo) que alegra la ciudad de Dios (Sal. 46:4), recuerda que fue el lugar de tu reposo, el sitio donde en Cristo fuiste bautizado, donde crecieron tus hijos. ¡Buen viaje y Dios bendiga tu regreso!

miércoles, 23 de julio de 2014

Se puede morir una congregación pero no su Dios



Jeremías 51:5
“Israel y Judá no han enviudado de su Dios”. 

Aunque también se puede traducir abandonado o desechado, divorciado, esta es la traducción primaria y la más elocuente. No ha muerto tu Dios, oh creyente, lo sentirás lejos de ti pero no está muerto, te parecerá que está inmóvil, que no respira, no habla, que es sustancia inerte, pero verás que es “el Viviente que me ve” (Ge. 16:13,14), que es realmente “el Existente” como le dijo a Moisés, “yo Soy el que Soy” (Ex. 3:14). Podrás enviudar de padre, madre, esposo, esposa, pero nunca de tu Dios. Lo que se muere es la vida espiritual de los creyentes, que “tienen nombre de vivos pero están muertos” (Apc. 3:1); se puede morir una congregación pero no su Dios, se mueren porque se separan de Dios, pierden la comunión con él, pierden el gozo y comen pan de enlutados, pero jamás se muere aquel que no nació sino que “sus salidas son desde los días de la eternidad” (Miq. 5:2); no puede morirse aquel que ya murió y  resucitó y tiene un sacerdocio perpetuo, según una vida indestructible (He. 7:16), que “subió a lo alto llevando cautiva la cautividad” (Efe.  4:8); no pueden morir los que se surten de la vida suya por medio de la fe, la palabra y la oración en el Espíritu.

martes, 22 de julio de 2014

Para bautizarlos, espera como mínimo el tiempo de un embarazo



Jeremías 34:8-16
Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que Sedequías hizo pacto con todo el pueblo en Jerusalén para promulgarles libertad; que cada uno dejase libre a su siervo y a su sierva, hebreo y hebrea; que ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como siervos. Y cuando oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que había convenido en el pacto de dejar libre cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que ninguno los usase más como siervos, obedecieron, y los dejaron. Pero después se arrepintieron, e hicieron volver a los siervos y a las siervas que habían dejado libres, y los sujetaron como siervos y siervas. Vino, pues, palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: Así dice Jehová Dios de Israel: Yo hice pacto con vuestros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre, diciendo: Al cabo de siete años dejará cada uno a su hermano hebreo que le fuere vendido; le servirá seis años, y lo enviará libre; pero vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron su oído. Y vosotros os habíais hoy convertido, y hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prójimo; y habíais hecho pacto en mi presencia, en la casa en la cual es invocado mi nombre. Pero os habéis vuelto y profanado mi nombre, y habéis vuelto a tomar cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que habíais dejado libres a su voluntad; y los habéis sujetado para que os sean siervos y siervas”. 

Esta obediencia de que los amos dejaran por ley libre a sus esclavos hubiera traído misericordia de Dios, pero obedecieron por un tiempo sin “considerar los gastos” y luego con la práctica se retractaron dándose cuenta lo que habían perdido, extrañándolo y corriendo a regresarlo. Como dice esta versión, se convirtieron y luego se arrepintieron de tal conversión, hicieron lo bueno y luego les pesó, destruyeron y volvieron a edificar haciéndose transgresores (Ga.2:18), regresaron al vómito (2Pe. 2:22).

¿Qué fue aquella “conversión”? No fue válida porque restauró el mal que había dejado. Eso es evidente. ¿Fue fingida? No creo, pero tampoco profunda. Tendrían sus reparos pero el entusiasmo de hacerse notables y cumplir lo que era una ley de Dios, hizo que dijeran amén a la iniciativa pero pasado un poco de tiempo miraron atrás, reflexionaron, y recolocaron las cosas como habían estado. ¿Qué confianza se puede tener, me pregunto, en la conversión de un pecador, en el “testimonio” verbal que da de su conversión? El factor tiempo es importante y cómo su fe convive con la providencia de Dios y maneja sus circunstancias reconociéndola, aceptándola, bendiciéndola y glorificando a Dios y su Palabra. Muy pronto no se puede declarar y menos informar de su conversión, porque hay que esperar que su decisión de frutos y entonces por ellos juzgar la autenticidad del árbol, la raíz que lo sustenta, y la calidad de la semilla que se sembró. Estos esclavistas de los cuales habla Jeremías no quisieron aplicar la palabra de Dios a sus economías y sistema político de esclavitud. Cuando la palabra de Dios pasó de ser una experiencia emocional interna a constituirse en una obediencia civil, se negaron, y tropezaron en ella (Mr.4:17). Y dijeron adiós al buen paso que habían dado.

Volver de un numeroso culto con la cara sonriente y un papel en la mano con los nombres y números de los que han levantado sus manos recibiendo a Cristo, o que han acudido al frente  del púlpito, llorosos y con la cabeza caída sobre el pecho, es ir demasiado aprisa para llamarlos convertidos a Cristo y salvos. Y peor aún si esa decisión ha sido inducida por un predicador ávido de esas anotaciones ya que hacen más atractivo su currículo para la fama como un evangelista brillante. Esperemos, señores, hasta ver cómo se conduce esa conversión cuando entre en la política, los derechos civiles, la clase de vida de otros y el bolsillo. La iglesia apostólica bautizaba pronto pero la postapostólica prefirió tomarse un tiempo. Aun Pablo dijo, “hasta que sea formado Cristo” en sus corazones y los encargados de eso hayan sufrido al menos un dolorcito de parto (Ga.4:19), o sea nueve meses.