viernes, 11 de julio de 2014

La predicación protestante en la Edad Media y ahora



Conozco de cerca y también a través de libros algunos predicadores y escritores que aparentemente son calvinistas, de los cuales se dice que pertenecen al ‘nuevo calvinismo’, cuando en realidad sus predicaciones dejarían insatisfecho al gran reformador de Ginebra, porque mas bien evadiendo a aquel glorioso teólogo de la Edad Media, han escogido alegremente a Jonathan Edwards como modelo místico de sus proyecciones teológicas y homiléticas. Usan el método expositivo de predicación, sazonado con psicología, en verdad sin mucha ética y completamente opacos en sus doctrinas, quiero decir que ellas brillan por su ausencia. Durante dos o tres años asistí regularmente para escuchar a uno de ellos y ni una sola vez le oí mencionar la doctrina de la elección o la predestinación, ni siquiera enfatizar la corrupción humana y la salvación sólo por la gracia de Dios. Pero el niño quiere tener una iglesia grande y ser famoso, y por ende cualquiera cabe dentro de sus pudientes intelectuales y oyentes. El panorama de tener tanta gente enfrente y el dinero corriendo es, con la menor injusticia que puedo lo digo, un factor importante en su carácter y el de la predicación. Dios lo sabe.

He aquí un extracto de una biografía sobre Martín Lutero:

“Lutero comenzó este tratado (la Libertad Cristiana), con una carta abierta al papa León X, expresando la esperanza que Leo pudiera ser movido para reformar la iglesia. Lutero rápidamente llegó a la conclusión que el Papa era el Anticristo, sin embargo en esta carta todavía no expone este punto de vista. Más bien, sugiere que el Papa ha sido corrompido por los malos consejeros que tiene. Apela al Papa para que vea la verdad y comience la reforma de la iglesia. Esta forma de pensar refleja la auto justificación medieval que se usaba comúnmente para excusar cualquier insurrección contra algún soberano. Se decía que el soberano no tenía la culpa de lo que hacía, que la falta se encontraba en aquellos consejeros que lo rodeaban. Lutero expresó su interés en la reforma de la iglesia en esta carta que envió al Papa. En ella dice que el Papa debía estar informado y tener en cuenta que su preocupación no tenía que ver con la mala moral del pueblo sino que se trataba acerca de doctrinas que no eran sanas.

“La reforma en la Edad Media siempre ha sido dirigida contra la mala moral. El propósito de la Reforma había sido promover una vida santa. Lutero deja bien claro que era un mal enfoque de la Reforma de la iglesia insistir en la santidad de ella. Pero él fue adamantino en el sentido de que no buscaba primero que todo, la santidad moral de la iglesia. Más bien su desafío consistía en las doctrinas de la iglesia. Ella, o sea la iglesia, se había desviado de la doctrina. Creyó que a menos que esas doctrinas fueran rectificadas, la moral de la iglesia nunca habría de ser la correcta. De hecho, Lutero en algún lugar dice que la moral de los protestantes no era mucho mejor que la de los católicos romanos. Lo que era mejor de aquellos sobre estos era su doctrina. Eso también yo creo que se trata de una hipérbole de Lutero, aunque algunas veces mirando en el presente el estado del protestantismo no podemos estar seguros. Sin embargo y no obstante, la pasión de Lutero fue la reforma doctrinal de la iglesia. Debe decirse, o más bien añadir que hoy es particularmente triste ver que muchos evangélicos en América andan diciendo que la doctrina no es importante, que lo importante es la vida cristiana. Me doy cuenta específicamente y es irónico que alguien egresado del Seminario de Westminster sostenga este punto de vista a pesar de que el Dr. Machen combatió este problema en los años 1920, cuando se afirmaba que la doctrina no era importante sino la forma de vida cristiana” (Reformation Sketches, Bosquejos de la Reforma, pags. 14,15;  W. Robert Godfrey).