viernes, 18 de julio de 2014

No se fue a la tumba sin acordarse de algunas de sus conversiones


Jeremías 23: 18, 21, 22
" Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó? No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras”

Lee estas mismas palabras en 14: 14; 23: 32; 27: 15. Quiere decir, "tenían un ministerio pero no tenían mi llamamiento"; si hubieran predicado la palabra de Dios, porque hubieran tenido comunión con el Señor, habrían hecho mucho bien al pueblo, pero predicaban mentiras porque el Señor no les había hablado. Nota como el ministro de Dios debe permanecer en secreto con Dios, tener una poderosa vida espiritual personal, individual; en secreto, cerrado su aposento; es cuando y donde el Señor le habla. La base misma del ministerio es la comunión. Como bien Gill comenta, por poco que sea el éxito de un verdadero hombre de Dios, siempre hay alguno, no como él quisiera, no como hubiera podido, pero su tendencia es hacia el éxito. El mismo Jeremías aunque no tuvo todo el éxito que se merecía tan buen varón de Dios, obtuvo lo suyo y no se fue a la tumba sin acordarse de algunas de sus conversiones. Si uno emplea toda su vida, 60 años, en salvar sólo un puñado de almas y edificar en la fe algunos cuantos ¿no valen esas pocas para justificar el empleo de su tiempo? ¿O es que vivió y murió en vano en medio de una profesión equivocada? El honor y la gloria celestial no estriban en los muchos que se han convertido con su mensaje sino en la semblanza que él mismo es de Jesucristo, en el logro de su propia vida a la imagen de Dios. No se te agite el pecho, ministro, lamentando tu esterilidad.