viernes, 31 de octubre de 2014

Una espiritualidad encerrada no es válida

Tito 1: 5-15
“Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mandé”. 

Mira como el Espíritu Santo cuida las iglesias y quiere que funcionen bien, que las cosas que no están haciéndose correctamente se arreglen. Específicamente le pide organización, “pongas en orden”, que es una mejor traducción que "corrigieses lo deficiente"; y lo básico es colocar pastores que cuiden de ellas. Lo que faltaba por hacer, el trabajo no terminado, las áreas sin líderes, ideas e iniciativas no puestas en acción. En la forma en que el apóstol habla parece que Tito es el obispo de toda la isla y que el evangelio ha cubierto todo ese territorio; lo cual significa que la misión de este hermano y sus pastores colaboradores tendrían a su cargo la experiencia de contribuir a una reforma social por medio de las enseñanzas y prácticas cristianas. 

Esa influencia espiritual benigna pudiera ser disminuida, tergiversada y obstaculizada por la enseñanza paralela de los cristianos judaicos. El apóstol le instruye a su discípulo que le diga a los demás pastores que una espiritualidad abstracta, encerrada dentro del local de reuniones, no es válida sino que la vida cristiana no es para vivirla solamente entre hermanos sino entre herejes, filosofías negativas, tergiversaciones de la doctrina, y enfrentada a la conducta y enseñanzas de religiosos corrompidos y en cuanto a la fe incrédulos, cuya corrupción llega desde la cabeza hasta los pies, y que él dice que les alcanza la conciencia la cual también es un pantano repleto de corrupción (v. 15).

miércoles, 29 de octubre de 2014

Los de adentro y los de afuera

Colosenses 4:5
“Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo”.  

A los inconversos se les llama “los de afuera”. Esa palabra significa mucho: fuera de la iglesia, de la fe, de la salvación; y por supuesto, sinónimo de “excluido”  “sin Dios, sin esperanza, sin Cristo” (1 Co. 5:11-13). La iglesia es una familia, una comunidad teológicamente cerrada (con una revelación completa; entendiendo teología por revelación) y cuya membresía es un privilegio concedido por Dios. Los que entran a ese círculo son añadidos por él; los que han sido hechos hijos suyos, adoptados por medio de su Espíritu, renacidos, justificados. La adición a la iglesia es una operación divina, no un esfuerzo humano ni un mecanismo que se cumple por medio del bautismo o del voto democrático. No todo el que quiera entrar podrá hacerlo, sino aquel que Dios quiere. Ni podrá permanecer en su seno aquel que no pertenezca a ella y no haya entrado por otro lado como un ladrón o salteador. Los que Dios añade a la iglesia “son de nosotros” y “permanecen con nosotros” (1 Jn. 2:19); perseveran en la comunión con ella. No se debe pensar en la membresía de la iglesia como una decisión humana sino divina.

Pero aunque la iglesia sea una familia, un cuerpo, una comunidad cerrada, no debe concentrarse en ella misma, tiene que mirar afuera porque forzosamente tiene diaria relación con los que allá están y son miembros encubiertos de la congregación santa, pero que viven impíamente como fornicarios, avaros, maldicientes, etc. (ver Jn 10.16; y Apc. 7:13, 14).  No le es posible cerrar los ojos a la realidad de los que se hallan fuera de ella porque conviven con ella, no hay una separación física entre los de adentro y los de afuera. Los de adentro y los de afuera; no implica una separación corporal o una entrada corporal, lo que se llama asistencia a los cultos y a las reuniones, sino una unión o separación espiritual, doctrinal, práctica, ética. Los términos mismos aplicados a ella: “santos” “elegidos” no implican una huída hacia un espacio lejano sino un rompimiento de conducta y vida. Los que se hallan “dentro” conviven necesariamente con los que están “afuera”, los ven y los tratan a diario porque son sus vecinos, sus familiares, sus conciudadanos. (dos textos para reflexionar (1 Co. 5:10; Efe. 2:12; etc.)

Entonces la palabra “redimiendo el tiempo” lo que quiere decir es, aprovechando las oportunidades. Si uno ora para que el Señor abra puertas (v. 3), y le da la oportunidad (no viajando a otros sitios sino en la misma área), y las rechaza o es negligente en aprovecharla, ¿cómo podría esperar que los que se hallan “afuera” entren? La comunidad cristiana intriga a los de afuera, no por el número de personas que se reúnen para adorar (todavía no se había desarrollado la ciencia de las estadísticas) sino por el testimonio, por la clase de vida que vivían, tanto entre los mismos miembros de la comunidad como el la relación de la comunidad con los de afuera. Los veían llamarse hermanos y vivir como hermanos, ayudarse los unos a los otros y preocuparse uno con los otros. Repito, el número no impresionaba a la sociedad sino la clase de vida que ella llevaba.  Y con respecto a los de afuera mismo, les intrigaba que las doctrinas de la comunidad los convirtieran en personas tan buenas. Si tenían que ir una milla iban dos, si se les quitaba la túnica dejaban la capa, si se les pedía algo prestado no lo rehusaban, si lo herían en una mejilla volvían la otra, no respondían maldición con maldición sino con bendición, no se vengaban ellos mismos, no mentían, no perjuraban, ninguna palabra corrompida salía de sus bocas, todos trabajaban y compartían lo que ganaban con los que tenían necesidad, se sentían bienaventurados si lloraban y el despojo de sus bienes lo sufrían con gozo. Los de afuera entraban a la iglesia no para formar un número sino parte de aquella vida gloriosa.


La religión que practicaban era monoteísta y cristocéntrica. Les hacían preguntas concretamente en relación con todo eso. No era la propaganda de la iglesia la que inquietaba a los de “afuera” porque ella no salía afuera como un producto al mercado, sino que se mezclaba entre ellos como un milagro de gracia, como la sal en los alimentos, (“palabra con gracia sazonada con sal”, 4: 6) y llegaba de ese modo a todas partes; no tanto por su popularidad sino por la convivencia. Para ese momento de inquietudes e interrogantes del mundo, ella debía tener una razón preparada, una palabra de gracia que indujera a los de afuera a unirse con los de adentro; y el tema principal era Cristo. 

Persiste en amar a pesar de todo

Colosenses 3: 13-15

“…soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. 

Les dice: "Aprendan en Cristo a vivir en comunidad, a tolerarse. Todos están en proceso de santificación y tienen que amarse y soportarse". En cuanto a la paz, ¡qué más quisiera yo Señor!, que tú gobiernes mis pensamientos y sentimientos (Flp. 4:7). Por favor, sean agradecidos y no olviden los favores y amores que otros les han mostrado; no está bien que se molesten tan pronto y tanto después de haber sido tan bien atendidos. Eso lo está diciendo para una congregación que no es perfecta y susceptible a lastimarse los unos a los otros, incluyendo aquellas personas con quienes tienen, y  tenemos deuda de gratitud, hermanos queridos y esposas amadas por toda la vida. Persistan en amarse a pesar de todo, olvídense de las afrentas, palabras inconvenientes dichas, o cualquiera otra ofensa, grande o pequeña, que haya lastimado el corazón. La ingratitud  tiene que ser expulsada de nuestro corazón. La mente fuerte es la que olvida pronto los agravios. Los que mejores olvidan son los que tienen buena memoria. Saludable quiero decir.

No sólo parezcas ser cristiano

Colosenses 3: 12, 13
“…revestíos de tierna compasión…”. O de entrañable misericordia. 

La palabra entrañable tiene que ver con las vísceras internas del cuerpo, es decir, desde lo más profundo de dentro de uno, lo que diríamos hoy "hasta el alma, con el alma". Se repite en 2 Co. 6: 12; Flp 1: .3: 2:1; 1 Jn. 3: 17, etc. Pablo continuamente ilustra la vida cristiana con ejemplos de la salvación. Piensa en tu salvación cuando trates a otros. Cuando dice vestíos se refiere al comportamiento, al testimonio, y si se quiere a la apariencia, porque quiere decir que no solamente hay que ser cristianos sino también parecerlo. Fíjate en esta declaración "Cristo es el todo y en todos"; para cualquier pueblo o nación del mundo, vivid igual. No es una excusa la cultura nacional, las tradiciones autóctonas ni los pecados nacionales. Sea asiático, europeo, y hasta del Indostán, son llamados todos a vivir igual, ya que Cristo sea del mismo tamaño y la misma cantidad para todos. Si Cristo crea un hombre nuevo, se crea una sociedad y una cultura nuevas. Y si Cristo es el todo no hay nada más que añadir. ¿Es Cristo tan grande para ti que puede ser llamado el todo? Revestirse de entrañable compasión es revestirse de Cristo.

sábado, 25 de octubre de 2014

Irreprochable quizás pero no cristiano

Filipenses 3: 6
"...en cuanto a la justicia de la ley, ser hallado irreprensible...". 

O ser hallado irreprochable. Eso es lo que quería ser Pablo antes de ser cristiano, cuando era enemigo de todos ellos. Ese error se repite a través de todas las edades hasta hoy. ¿No sabes que puedes ser tenido como una persona irreprensible y sin tacha y sin embargo no ser cristiano, no tener la salvación, estar destituido de toda esperanza de perdón y aceptación por Dios? Sé precavido con esto ahora que estás del lado acá de la eternidad. Aunque tu vida sea aplaudida por todos no eres salvo si no eres aprobado por Dios en Cristo. Hay veces que no son las cosas malas por las que perdemos la vida eterna sino por las buenas, las que nos hacen sentirnos orgullosos, complacidos, las que nos convierten en buenos padres, buenos hijos, notables ciudadanos, personas de bien, filántropos. 

Y no sólo las buenas sino por las religiosas, no las paganas, sino las mismas que ha instituido Dios, cuando las contamos como méritos y las usamos para hacernos personas dignas, por las obras, no por el Espíritu y la fe, no por la sangre de Cristo. Yo no quiero exclusivamente ser tenido como una buena persona sino como cristiano. ¿Y las gracias de Dios también no suelen atrasar nuestra salvación? Como he dicho, si el fin de ellas es hacernos virtuosos para nosotros mismos, para crear una imagen religiosa con la cual encandilar los ojos del prójimo. Sobre muy buenas personas  lee esto (Luc. 7:5; Hch. 10: 2), y no olvides al joven rico que se entrevistó con Jesús, y dio media vuelta y se marchó lamentando no poder ser cristiano como se le pedía (Mr.10:17-23).

Unos ganan almas y otros las edifican

Filipenses 2:16

"...sosteniendo firmemente la palabra de vida, a fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el día de Cristo, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano". 

Amado ministro, tú que gimes por tu ministerio, que no has podido ganar todas aquellas almas que hubieras querido, que juzgas  severamente tu ministerio y te sientes inútil y poco bendecido; ¿no sabes que hay recompensa para los que edifican las almas que otros han ganado? Si lees 1 Co 3:8, verás que el apóstol dice: "Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor". Si te fijas en el contexto de las palabras que se escriben a los filipenses verás que espera no haber trabajado en vano con ellos si siguen fieles en la vida cristiana, si no descuidan la salvación. La vida cristiana de los hermanos, quienquiera que haya sido el que los ganó, si tú participas en ella y continúas la salvación que otro comenzó, recibirás alabanza del Señor. Dios pone a unos como a Apolos para que sean "de gran provecho a los que por la gracia habían creído" (Hch.18:27,28) y a otros para que planten, "no sobre fundamento ajeno" y ganen almas (Ro.15:20). ¿No hizo el mismo Señor a unos pastores, a otros maestros, a otros evangelistas? Si Dios te ha llamado para que edifiques muchas vidas, para que continúes el trabajo que su Espíritu comenzó por medio de otro hermano, no te lamentes ni lo tengas de poca importancia. Si Dios te llamó para esa clase de servicio y te glorías en el número de conversiones y no en el trabajo interno del Espíritu, siempre te sentirás mal. Tanta gratitud debe sentir un alma por el que la ha salvado como por el que la ha edificado en la salvación y le ha ayudado a tener una vida cristiana hermosa y fiel. Ante los ojos de Dios no vale más uno que otro, no es mejor ministro uno que el otro, todos "son una misma cosa", siervos del Señor Jesucristo. 

Oh, mi Dios, perdónanos cuando miramos con envidia los dones de otros y sentimos celos por aquellos que son más bendecidos que nosotros en ganar almas, permite Señor que yo no piense que mi trabajo y mi ministerio sean inferiores al de ellos porque a mí se me ha dado la labor de perfeccionar a los santos, a los que he ganado con tu palabra y a los que otros han ganado, cuando trabajo como pastor y cuando hago obra de evangelista. ¿De qué podrán gloriarse aquellos que han ganado almas muy preciosas si ellas no continúan en el camino de la fidelidad, o si son poquísimos frutos? ¿De qué podrán gloriarse si no hubo quien las atendiera para que llegaran al cielo y se quedaron por el camino y la obra que hicieron se deshizo, si se volvieron al lugar desde donde fueron sacadas?

martes, 21 de octubre de 2014

Mientras más creamos menos pecamos

Gálatas 5:13-25
“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. 

En vez de usar la ley para la salvación debieran usarla para relacionarse con el prójimo; donde la ley tiene un uso ceremonial el pueblo tiende a descuidarla en su trato con el prójimo; las palabras del apóstol, uno sospecha, indican la falta de la aplicación personal de la ley en la vida de ellos. Señor, bendícenos para ser humanos y amarnos unos a otros; dale gracia a tu iglesia para que nos llevemos bien y perdona nuestra hipocresía cuando atendiendo a “la forma de la verdad” perdemos el sentido humanitario de la misma y con hipocresía damos más importancia al culto afirmando: “esto es corbán”, que a nuestro prójimo.

Si sigues leyendo verás que la ley jamás puede convertir un grupo en iglesia cristiana, ni puede, obviamente, lograr una estatura espiritual y moral en el creyente que refleje genuinamente lo que es el cristianismo y que satisfaga a Dios. El Espíritu Santo, amado, es mucho más necesario en la iglesia que lo que algunos parecen entender. Insisten en leyes, ceremonias, decretos, o le dan otros usos al Espíritu Santo que no es el principal: la formación de la iglesia cristiana. Ya no se trata de comparar la ley con la gracia sino el Espíritu con la carne; una vida dominada por las pasiones humanas y otra dirigida hacia el cielo por el Espíritu de Dios. Pablo les deja que comparen estas dos clases de vidas para que prefieran la mejor. El Espíritu es clave en el pasaje; si está ausente un tiempo todo se desencadena en pasiones y si está presente la vida se vuelve un huerto de Dios. Pero el Espíritu mantiene su imperio en el corazón por encima de contiendas internas. Algunos creen que si no se insiste en las obras mosaicas como un medio de salvación, si se ponen en segundo lugar las restricciones, expondremos a la iglesia a todo tipo de pecados. Pero ese no es el caso, es falso; la carne de donde salen todas nuestras calamidades, no se controla con ordenanzas sino por la fe. Mientras más creamos menos pecamos. En vez de recordar a los hermanos lo que no deben hacer es mejor ir edificándolos en la fe, hablarles sobre la comunión con el Espíritu. La ley les produce culpa. Las iglesias donde se predica sólo la ley y donde no se habla de la satisfacción legal de la muerte del Señor Jesucristo son iglesias donde los hermanos sufren de culpas, psicológicas, pero culpas al fin.


Hoy eres salvo y mañana no

Gálatas 5:1-6
“De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído”. 

Parte de esta versión más que traducción es interpretación. El original no habla de “separado” sino que a quien quiere ser justificado por la ley, Cristo se le vuelve “vacío”, “infructuoso o inútil”. El asunto es escoger entre la ley y el evangelio, sin mezclarlo. ¿Has leído eso? Lo único importante para la salvación es la fe. Del mismo modo si uno pone su confianza en el bautismo, en el sábado, en las comidas, en las ropas y cualquiera otra cosa para guardarlas, “de nada os aprovechará Cristo”; “de la gracia habéis caído”  “de Cristo os desligasteis”. Los judíos ortodoxos tenían motivos para odiar a Pablo porque él, según ellos, enseñaba al pueblo a “apostatar de Moisés” (5:2.11;  6:15; Hch. 21:21). Ese “evangelio lo aprendió por revelación de Jesucristo”; heredó el espíritu del Señor que aunque guardaba la ley para cumplirla, claramente se veía que disentía de Moisés diciendo, “mas yo os digo” (Mt 5.21, 27, 38, 43); aunque en realidad no disentía sino que era una prolongación, "completamiento" de la ley, llevándola a una extensión más allá de ella. 

Pablo interpretó bien la persona de Jesús dentro de la ley y el espíritu suyo una vez ella cumplida, de liberación, llamando a la gente que estuviera cargada y trabajada a que descansara en él y llevara su yugo que era  más fácil y ligero (Mt 11.29,30). “De la gracia habéis caído” no significa que hoy eres salvo y mañana no, sino que no puedes ser salvo por dos medios, de dos maneras, por ley y por gracia y uno de los dos es inferior al otro, y cuando este se cambia por el otro, entonces se “cae”. Si hoy eres salvo, si hoy eres cristiano, aunque a veces no lo parezcas, siempre serás tenido por Dios como salvo, heredero de las promesas y cristiano. Una vez en la gracia siempre en ella.

lunes, 20 de octubre de 2014

Pedirle a Dios cómo no morir

2Corintios 1.8-11
“El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar”. 

Pablo no tiene miedo morir pero  hay una clase de muerte que no desea y dice, "nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará". ¿Ser devorado por los leones en el circo? ¿Quemado? ¿Despedazado? ¿Decapitado? No selecciona una forma de morir, pero le pide a Dios que esa clase, “grande” de muerte no lo alcance. Quiere seguir viviendo para beneficio del evangelio y suplica a Dios que le dé otra clase de muerte. Está entusiasmado con la obra del Señor. Dios es muy misericordioso y oye nuestras oraciones, conoce nuestros miedos y también mide la altura y profundidad de nuestra fe; por lo cual, él atiende a los ruegos de nuestras debilidades y nos concede peticiones como ésta: podemos pedir al Señor que nos libre de tal y más cual enfermedad, de tal y tal muerte, porque nos espanta y desde afuera, sin llegar a ese momento. Pensamos que no tenemos suficiente fe para atravesar esa grande tribulación; y de la forma que Dios le puso a David varios castigos para que eligiera uno, lo mismo hubiera hecho si le pidiera que lo eximiera de horrorosas muertes (2Sa.24:11-14). Y así fue, murió envejecido, desgastado por las guerras y los sufrimientos, y de lo único que se quejaba era de frio (1Re.1:1).

Dios es bueno. Sin embargo hay una excepción. Si la clase de muerte, aunque no se quiera, ha de glorificar a Dios, como fue el caso del apóstol Pedro, “de cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios” (Jn. 21:18,19). La tradición dice que murió en Roma. Aceptó aquella muerte, que no quería en su vejez pasar por ella, porque habría de glorificar a Dios. La excepción con Pedro y lo que enseña quiere decir que somos libres en la gracia y como hijos de Dios tenemos libertad para rogarle al Señor que hay una clase de muerte que no quisiéramos tener. Sin embargo, él tiene la última palabra.

No todas las promesas de la Biblia son tuyas por ser cristiano

2Corintios 1.20
“Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”.

Todas las promesas para salvación y para el bien de su pueblo. Todas se han cumplido en la persona de nuestro Señor. Eso es maravilloso. ¡Tanto encierra nuestro Señor! Lo que no dice el texto es que todas las promesas de la Biblia son tuyas o mías por ser cristianos. Eso es mentira. El diablo le citó a Jesús una promesa y Jesús le dijo que no. Aquello no era para él. La experiencia cristiana desmiente que si uno tropieza con una promesa en la Biblia puede agacharse, tomarla en su mano y decirle a Dios, “esto es para mí, cúmplela”. Muchas promesas fueron dadas a personas en particular y no a nadie más. Por ejemplo el Señor le dijo a Moisés “todo lugar donde pongan las plantas de los pies será vuestro” (Deu.11:24). ¿Puedes hacer esa promesa tuya? Claro que no. Y esta otra: “Beberán cosa mortífera y no les hará daño, sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán” (Mr.16:18). Suponiendo que el texto sea original. ¿Te atreves? ¿No? Entonces no digas que todas las promesas, como crees en Cristo, son tuyas con un sí y un amén.

Sí es cierto que en Jesús se cumplen todas las promesas que Dios había hecho a su pueblo y él las comparte con nosotros y forman parte de lo que hizo por y en nosotros. Tenemos que añadir, cuando encontramos una promesa en la Biblia y la deseamos, "no se haga mi voluntad sino la tuya" " hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo". Y si usted quiere ser absoluto y cada vez que se halla una promesa la generaliza, o mejor dicho la particulariza, y la reclama, si Dios se la concede, bendito sea, es un afortunado, pero le advierto que lo más posible es que se quede con las ganas, y eso pudiera trabajar en detrimento de su fe y de la seguridad de ella al orar por tal y más cual asunto.


martes, 14 de octubre de 2014

No tomes estas palabras para ser arminiano

Romanos 11:20-23
"Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? ". 

Pablo habla tanto de la salvación como de la condenación, de la fidelidad y apostasía como si todo dependiera del hombre, como si por su propio esfuerzo, constancia y decisión dependiera su salvación; en sus palabras no hay ninguna referencia a la gracia. Esa no es su teología. Pone momentáneamente las doctrinas a un lado. No hace filosofa cuando hace teología, ni hace teología algunas veces cuando tiene que humillar a los soberbios.


Señor ¿quién puede ser constante sin tratarlo, ser fiel, perseverar sin querer hacerlo, sin buscarlo? ¿Por qué tomarás estas palabras para ser arminiano? Caballeros, Pablo no es calvinista ni arminiano, lo que quiere es que de todos modos se salven algunos (10:1), y que los santos perseveren con humildad. Predica como si todo dependiera del hombre y cree y espera que todo proceda de Dios que es quien “produce el querer como el hacer por su buena voluntad” (Flp.2:13). Te pregunto, ¿salva tu teología? ¿Apeteces la salvación de los perdidos? ¿Acomodas el lenguaje, aunque no sea teológico, al celo por las almas? Dios, que la gran meta de mi teología sea acomodarse a la salvación de los perdidos y al testimonio aunque tenga que raparla, y sea en vano. Pudieras orar, “Señor yo quiero permanecer en esa bondad, mirar tu bondad para los que pecan. Ten piedad de mí y que no peque contra ella, jamás”. Y sella tu oración con un grato amén. 

Los celos y la envidia son curables

"...Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo". 

Los celos o la envidia te hacen sentir menos y pensar que te has quedado atrás, como si lo que tiene otro te correspondiera a ti, como si Dios te lo hubiera quitado para dárselo a él y lo hubiera bendecido más que a ti. ¿Qué hacer con esos sentimientos? ¿Hacerle daño a nuestro prójimo, odiarlo por lo que tiene, tratar de quitárselo o matarlo? Gracias a Dios esos sentimientos son curables, dentro de la raza humana. El diablo es quien no puede quitárselos y lo dominan continuamente y lo alejan más y más del amor.  Caín sintió envidia por su hermano porque las obras de aquel eran mejores que las suyas (1Jn.3:11,12). Dios había bendecido a Abel más que a él. Caín pudo curarse de su envidia, mejorando sus obras, haciendo lo que a Dios agradaba, pero no lo hizo y su envidia se convirtió en odio y el odio lo hizo cometer un asesinato (Ge.4.7). Si hubiera hecho mejor las cosas hubiera conseguido hacerse como su hermano.  Si oraras y traba jaras mejor no serías provocado a celos con otra iglesia ni con su ministro.

El trabajo es un buen remedio para la envidia pero sobre todo la oración. Si nos humillamos ante Dios y le confesamos nuestra envidia y le hablamos francamente sobre nuestro celo y le pedimos en oración que nos lo quite del corazón para que no nos domine. Los celos y la envidia nos muestran que no somos perfectos, que no estamos en el punto de semejanza con Dios en Cristo que debiéramos estar. Tal vez la envidia que sentimos sea irrazonable porque las bendiciones que Dios nos ha dado son más abundantes y mejores que aquellas por las cuales nos hemos puesto celosos (Luc.15:25-32). 

No molestes al apóstol Pablo

Romanos 8:29
“Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo”. 
Oh Cristiano, salta de delicia porque Dios te conoció antes de nacer y haber hecho bien o mal (9:11), y además te envió al mundo predestinado; no viniste por casualidad ni por voluntad de varón y de mujer (Jn.1:13), eres más que el fruto de los deleites de una pareja humana. Dios te creó para que fueses como Cristo, para que tuvieses muchos hermanos y Cristo es el principal entre todos. El deseo mayor de Dios para ti y para mí es que nos parezcamos a Cristo. Cualquier cosa que me pase, mi Señor, lo que deseo es ir pareciéndome más a Jesús. El Espíritu Santo va dibujando más su imagen en nuestras vidas.


¿Quieres meditar en esto con relación a la salvación? “A los que antes conoció los predestinó”; a los que quiso, a los que eligió, cuando escribió sus nombres en el libro de la vida de su santísima memoria. Hablamos de “cosas mejores que pertenecen a la salvación” y no a la condenación (He.6:9). Estamos escribiendo para los escogidos, “a los que están fuera los juzgará Dios” (1Co.5:13) y él sólo tiene la respuesta a esa fastidiosa pregunta, de por qué  no  los  eligió. Es un misterio que está escondido en lo profundo de sus pensamientos, protegido contra los altercadores y preguntones.  

No nos preguntes por los que no predestinó para salvación, porque Pablo y yo nos quedamos callados (9:15-20). Tiene que ser respondido, si acaso, lo mismo de por qué eligió a otros, “por el puro afecto de su voluntad” (Efe.1:5), y nadie lo acuse de injusticia porque es soberano; por lo tanto acatamos su voluntad purísima porque obligado a salvar a nadie está. Y, ¿quién se lo merece?  Por ende, “nadie nos cause molestias” (Ga.6:17). Ni a él ni a los llamados calvinistas que más bien debieran ser nombrados como paulinistas.

jueves, 9 de octubre de 2014

Esfuerzos ecuménicos, un aspecto central

Hechos 23:6-10
"...se me juzga a causa de la esperanza de la resurrección de los muertos". 

La esperanza de la resurrección que aquí mencionó, aunque todas, es la de Cristo, porque él afirmaba que estaba vivo (24:14,15;25:19). Apenas se puede negar que el apóstol haya usado de astucia para defenderse; ¿acaso no puede batallar como hombre con esas fieras? (1Co.15:32) ¿Hubo insinceridad cuando afirmó que era fariseo? No, siempre retuvo aquello que del fariseísmo había aprendido como bueno; muchas doctrinas que le fueron enseñadas dentro del fariseísmo las retuvo una vez convertido a Cristo, pero lo que no hizo como ellos fue practicar la hipocresía que  practicaban, ni hacer la ley un modo de justificación que consideró como basura (Flp.3:5,6). Pablo y los fariseos, excepto en Cristo, tenían muchas doctrinas en común, casi tenían un mismo credo. Sin embargo, lo que parecía poca distancia entre ellos era todo un abismo, tanto profundo como la cruz. 

Hubieran estado más cerca si hubiesen pensado igual de Cristo aunque no llegase a un acuerdo en otros puntos. ¿No es eso un aspecto central en los esfuerzos ecuménicos? Sí, ese aspecto central tiene que ver con Cristo, quiero decir con las doctrinas de la salvación, estrictamente aquellas enseñanzas aceptando las cuales una persona se salva o rechazando se pierde. Las sectas religiosas y todas las religiones se miden por Cristo. Pablo y los fariseos nunca firmaron juntos algún credo, ni hicieron prosélitos bajo un mismo equipo porque aunque tenían mucho en común las diferencias eran básicas. Él era cristiano y ellos no lo eran. Y en casos de actualidad ¿cómo formar una desigual hermandad mirando con solo medio ojo de amor los que exageran con judaísmo el sábado, las buenas obras o rinden culto a grandes cristianos de la era apostólica como María, Juan el bautista o beatifican en cada siglo dos o tres caras famosas? Imposible. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Prepárate para lo que viene en camino para tu vida

Hechos 21.4,10-14
"Después de hallar a los discípulos, nos quedamos allí siete días, y ellos le decían a Pablo, por el Espíritu, que no fuera a Jerusalén". 

¿Está aquí el Espíritu, revelando o prohibiendo a Pablo que vaya a Jerusalén? A primera vista lo que parece es que le está prohibiendo que continúe con su viaje, pero mirado el texto más de cerca no se trata de eso sino de una revelación de lo que le aguardaba; específicamente eso fue lo que parece que entendió por las palabras que pronuncia en el v. 13: "¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús". Aquí no se dice lo mismo que en 16:6,7 que el Espíritu se lo prohibió, sino que le anunció por boca de los profetas (quizás las hijas de Felipe, ellas también le dijeron lo mismo) lo que le esperaba con el fin de que se preparase espiritualmente para los eventos que estaban en camino hacia su vida. Sabemos que ese es el modo de actuar del Espíritu cuando revela algo del futuro de una persona, para que se prepare para cuando llegue el momento. 

Si quieres comprobarlo lee 1Tes.3:4 donde Pablo predijo los sufrimientos que los tesalonicenses padecerían para que no los tomara por sorpresa como si alguna cosa extraña os aconteciese y los dejara perplejos. Lo mismo ocurrió con la revelación que hizo el Señor a Pablo y Pedro sobre la cercanía de la muerte de ellos, con el fin que espiritualmente estuviesen preparados para tan grande muerte (2Ti.4.6; 2Pe.1:13-15) y aun a los impíos, como enseña la parábola del rico insensato, les advierte con algún tiempo lo que les va a ocurrir para que se preparen a última hora. Es de sabios, si uno llega a conocer el tiempo de su fin o la casi segura tribulación que le aguarda, prepararse para esos momentos. Observa que el apóstol conociendo las muchas aflicciones que le esperaban no usó como una buena excusa el deseo de los hermanos para volverse atrás y abandonar un proyecto que sabía que era la voluntad del Señor; por eso no se dejó convencer ni con palabras ni con lágrimas.

Cuando todo hubo acontecido, quizás dirían: "Nosotros se lo dijimos, le insistimos mucho que no fuera, pero nadie lo convenció. Fue imprudencia y terquedad". Pero, ¿es imprudencia hacer la voluntad del Señor no poniendo la vista en las cosas de los hombres sino en las de Dios? (Mt.16:23).  Lo que veo son virtudes más que defectos en el carácter del apóstol puesto que está plenamente convencido en su propia mente de cuál es la voluntad del Señor (Ro.14:5). Si uno ha sido convencido por el Espíritu, nadie podrá convencerle de lo contrario, ni aun aquellos que nos estén aconsejando por el mismo Espíritu de Dios porque en él no hay contradicción. 

La diferencia entre Pablo y los hermanos que le aconsejaban que no continuara su viaje se hallaba en la interpretación de los acontecimientos. Para ellos el Espíritu se lo decía para detenerlo, pero para el apóstol era para prepararlo; ellos miraban a Pablo y lo que eso le costaría, él miraba el plan del Señor, que podía pedir inclusive, su preciosa vida (20:24). He ahí que lo más importante no es la comunicación de la verdad sino el juicio que se le hace, el mensaje que Dios quiere darnos, el uso que le hacemos, a la aplicación que nos lleva. El que cree que Pablo nunca debió embarcarse en ese proyecto, bueno, pues que piense de ese modo, algún derecho tiene. 

viernes, 3 de octubre de 2014

Den estudios bíblicos y recorten los testimonios

Hechos 19:8-10
"Entró Pablo en la sinagoga, y por tres meses continuó hablando denodadamente, discutiendo y persuadiéndoles acerca del reino de Dios". 

Por un tiempo los recién convertidos discípulos se reunían juntamente con los no convertidos dentro de la sinagoga formando una sola asamblea, oyendo, edificándose y apoyando los argumentos y exposiciones de Pablo. Las cosas marcharon normalmente mientras el clima que perduró fue de escrutinio e interés por la verdad, pero cuando las cosas cambiaron y se oyeron las primeras blasfemias de los empedernidos, Pablo decidió que era mejor la separación de sus hermanos. Primero porque ya no tenía  sentido continuar porque lo que antes era un grupo de estudio perdió su finalidad y los argumentos fueron substituidos por gritos, improperios, amenazas y blasfemias contra Cristo. Segundo, era mejor que los recién convertidos estuviesen tranquilos edificándose en otro lugar y pudieran seguir ayudando a los que estaban buscando la verdad como ellos.

Ese método de hallar un lugar, una escuela, una casa, donde un grupo interesado se reúna y se invite a otros a estudiar la Escritura es una forma excelente de confirmar la fe de los que ya la tienen y originarla en los que solamente investigan con alguna atención. Los salones de la iglesia, si no hay otro lugar disponible, son sitios buenos para hacer eso si los concurrentes no ponen más énfasis en ir ellos que en traer a otros a que participen. Aquellas reuniones organizadas por Pablo eran eminentemente evangelísticas y no para descargas emocionales y vertedero de traumas y frustraciones de los asistentes. Me refiero a los testimonios, hoy populares. Cuando Pablo contó su conversión a Cristo fue su conversión para testimonio de su envío apóstolico, y sin embargo otras muchas celestiales se las reservaba porque de aquello que se llama culto a la personalidad se dijo, de eso nada.


jueves, 2 de octubre de 2014

El pastor es menos famoso pero no menos útil

Hechos 18:27

“Cuando él quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron, y escribieron a los discípulos que lo recibieran; y cuando llegó, ayudó mucho a los que por la gracia habían creído”. 

Aunque mayormente el ministerio de Apolos era pastoral, también hacía obra de evangelista. No sólo se dedicaba a educar a las iglesias, “regar” (1Co.3:6), sino también a salvar almas (3:8); algunos en Corinto eran “de Apolos” porque habían conocido al Señor por medio de él o habían sido tan bien edificados con su ministerio que lo preferían a él a quien fue el medio para conocer al Señor. Mi asunto es éste. Si Dios te da el ministerio de ser de gran provecho a los que por la gracia han creído, si entras a las labores de otro, si edificas sobre fundamento ajeno, no pienses que eres menos por eso y que tu vocación es inferior a la de aquellos que son evangelistas y ganadores de almas. Si mucho tenemos que agradecer al que ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo, no menos al que nos ha edificado con oro, plata, piedras preciosas y madera labrada, a quien le debemos la belleza de nuestra salvación y de nuestra vida cristiana. No eres menos por edificar a los santos. 

De todos modos, para que te sientas bien, compara tu ministerio pastoral y de maestro de los gentiles con aquellos que son buenos evangelistas, como Felipe, y ganan muchas almas para Cristo. A mí me parece que si poner el fundamento es difícil, lleva mucho más trabajo edificar encima, que sembrar la semilla es mucho más fácil que regarla, cuidarla, podarla, curarla hasta que produzca sus frutos y luego que no se muera. La labor pastoral es muy dura, tanto como la de un evangelista que abre una nueva obra, o que predica en una campaña multitudinaria. Es menos famoso pero no menos útil.  La labor pastoral es dura, ingrata y sufrida. Cuidar a los santos es un trabajo delicado y de mucha responsabilidad porque son el tesoro de Dios. Estar día a día trabajando, orando, exhortando, subiendo y bajando con la congregación, llorando, riendo, yendo hacia delante y hacia atrás, enfermándose con ellos, resolviendo sus dudas, siendo paciente con sus debilidades y desconocimientos, curar sus heridas, llorar sus apostasías, sufrir sus desplantes, abusos, brusquedades y malos juicios, y recibir un salario magro, es una tarea para la cual nadie por sí mismo es suficiente. Apolos no sólo era pastor sino también evangelista apologista porque por medio de la Escritura refutaba a los perversos judíos y los convencía de que era el Cristo y esto ya era evangelización. Las disputas terminaban con nuevos miembros agregados a la iglesia. Un pastor, evangelista y apologista, no es extraño que tuviera muchos seguidores y fuera tan admirado y querido por los cristianos de todas las iglesias.

Dios le dijo, tengo mucho pueblo aquí no te vayas

Hechos 18:8-11
Aunque algunos piensan que cuando el Señor le dijo: "Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad" se refería al pueblo judío, yo pienso que no, no se trataba de la nación de Israel por el sentido en que fueron dichas estas palabras. Fueron evidentemente dirigidas para animarle. Si el Señor le dice que no tenga miedo, ¿de quién habría de temer sino de sus conciudadanos? Fueron ellos los que se levantaron "de común acuerdo" para acusarlo frente a Galión el procónsul, y fueron ellos los que lo golpearon delante del mismo tribunal sin temer alguna acusación suya. No tiene ningún sentido que le revele que hay muchos judíos, puesto que sería como decirle: "No calles porque tienes muchos enemigos en esta ciudad". No, como el Señor quiere animarle, se refiere a otro pueblo que no tiene que ver con la raza.

Por otra parte no necesitaba que se lo dijera en visión, si se refería a los judíos en Corinto. Precisamente la ciudad era un sitio bueno para refugio de ellos y no pocos, como Priscila y Aquila expulsados de Roma, habían hallado allí un amable lugar. Y por un tiempo él mismo había estado en contacto con esa comunidad predicándole y tratando de persuadirla  (v.4). No hacía falta que le dijera que había muchos judíos porque con el censo de sus ojos lo había conocido.

Además, las palabras deben coincidir con la razón por la cual se encuentra en Corinto. Cuando el Señor le dice: "Tengo mucho pueblo en esta ciudad, no te calles", más o menos le está diciendo: "Tengo mucho pueblo aquí, no te vayas" porque con la boca cerrada él no se hubiera quedado allí. Pablo había dicho públicamente que se iría a los gentiles (v.6); lo mismo que había dicho en otro sitio (13:46,51). Sus intenciones parecían ser marcharse de la ciudad y dejarla atrás. El Señor lo retiene con estas palabras: "Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad", o sea: "Tengo mucho pueblo que se ha de salvar". Tengo mucho pueblo ordenado para vida eterna y se van a salvar con tu predicación (13:46). Se refiere específicamente a la doctrina de la predestinación. Es con ella que lo anima. El dilema es que uno ve que hay mucho pueblo sin Cristo pero no sabe si hay algunos del Señor, pero se supone por fe, por deber y conciencia, y se trabaja con esa seguridad que alguno habrá. Y si no hubiera alguno, por esa triple razón y las circunstancias, se oirá audible la palabra del Señor diciéndonos no te vayas.