jueves, 9 de octubre de 2014

Esfuerzos ecuménicos, un aspecto central

Hechos 23:6-10
"...se me juzga a causa de la esperanza de la resurrección de los muertos". 

La esperanza de la resurrección que aquí mencionó, aunque todas, es la de Cristo, porque él afirmaba que estaba vivo (24:14,15;25:19). Apenas se puede negar que el apóstol haya usado de astucia para defenderse; ¿acaso no puede batallar como hombre con esas fieras? (1Co.15:32) ¿Hubo insinceridad cuando afirmó que era fariseo? No, siempre retuvo aquello que del fariseísmo había aprendido como bueno; muchas doctrinas que le fueron enseñadas dentro del fariseísmo las retuvo una vez convertido a Cristo, pero lo que no hizo como ellos fue practicar la hipocresía que  practicaban, ni hacer la ley un modo de justificación que consideró como basura (Flp.3:5,6). Pablo y los fariseos, excepto en Cristo, tenían muchas doctrinas en común, casi tenían un mismo credo. Sin embargo, lo que parecía poca distancia entre ellos era todo un abismo, tanto profundo como la cruz. 

Hubieran estado más cerca si hubiesen pensado igual de Cristo aunque no llegase a un acuerdo en otros puntos. ¿No es eso un aspecto central en los esfuerzos ecuménicos? Sí, ese aspecto central tiene que ver con Cristo, quiero decir con las doctrinas de la salvación, estrictamente aquellas enseñanzas aceptando las cuales una persona se salva o rechazando se pierde. Las sectas religiosas y todas las religiones se miden por Cristo. Pablo y los fariseos nunca firmaron juntos algún credo, ni hicieron prosélitos bajo un mismo equipo porque aunque tenían mucho en común las diferencias eran básicas. Él era cristiano y ellos no lo eran. Y en casos de actualidad ¿cómo formar una desigual hermandad mirando con solo medio ojo de amor los que exageran con judaísmo el sábado, las buenas obras o rinden culto a grandes cristianos de la era apostólica como María, Juan el bautista o beatifican en cada siglo dos o tres caras famosas? Imposible.