viernes, 3 de octubre de 2014

Den estudios bíblicos y recorten los testimonios

Hechos 19:8-10
"Entró Pablo en la sinagoga, y por tres meses continuó hablando denodadamente, discutiendo y persuadiéndoles acerca del reino de Dios". 

Por un tiempo los recién convertidos discípulos se reunían juntamente con los no convertidos dentro de la sinagoga formando una sola asamblea, oyendo, edificándose y apoyando los argumentos y exposiciones de Pablo. Las cosas marcharon normalmente mientras el clima que perduró fue de escrutinio e interés por la verdad, pero cuando las cosas cambiaron y se oyeron las primeras blasfemias de los empedernidos, Pablo decidió que era mejor la separación de sus hermanos. Primero porque ya no tenía  sentido continuar porque lo que antes era un grupo de estudio perdió su finalidad y los argumentos fueron substituidos por gritos, improperios, amenazas y blasfemias contra Cristo. Segundo, era mejor que los recién convertidos estuviesen tranquilos edificándose en otro lugar y pudieran seguir ayudando a los que estaban buscando la verdad como ellos.

Ese método de hallar un lugar, una escuela, una casa, donde un grupo interesado se reúna y se invite a otros a estudiar la Escritura es una forma excelente de confirmar la fe de los que ya la tienen y originarla en los que solamente investigan con alguna atención. Los salones de la iglesia, si no hay otro lugar disponible, son sitios buenos para hacer eso si los concurrentes no ponen más énfasis en ir ellos que en traer a otros a que participen. Aquellas reuniones organizadas por Pablo eran eminentemente evangelísticas y no para descargas emocionales y vertedero de traumas y frustraciones de los asistentes. Me refiero a los testimonios, hoy populares. Cuando Pablo contó su conversión a Cristo fue su conversión para testimonio de su envío apóstolico, y sin embargo otras muchas celestiales se las reservaba porque de aquello que se llama culto a la personalidad se dijo, de eso nada.