miércoles, 29 de julio de 2009

Los hierros flotan y mucho más


2Reyes 6.5,6

“E hizo flotar el hierro”.


El arca de Noé flotó llenísima de bestias y el apóstol Pedro sobre el mar flotaba, no nadaba. Si esto lo leyeras en otro libro dirías que es un mito, pero como lo lees en la Biblia lo tienes como un hecho histórico. ¿Por qué? ¿Porque es un libro sagrado? O mejor aún ¿porque es el libro sagrado del judaísmo y cristianismo? Entonces ¿quiere decir que el consenso y la popularidad de estas religiones son las que le han impartido historicidad al suceso? No, si un relato es mítico o histórico no depende del libro donde se encuentre ni de la religión que lo respalde.

Para mostrar la historicidad de ese relato habría primero que asentar la historicidad de quién lo hizo, si la persona es histórica y no un mito el relato pudiera ser histórico o mítico. La clase de hombre que era Eliseo es lo primero que hay que mirar. Los milagros de la Biblia no son mitos aunque sean iguales o parecidos a los que se leen en la literatura pagana porque fueron hechos por varones de Dios. Los hechos de un dios son mitos si ese dios es un mito, pero si de alguna manera puede probarse que ese Dios no es un mito, sus hechos tampoco lo son.

Los profetas de la Biblia han dejado suficientes evidencias para probar que son figuras históricas y han recibido la credibilidad profética por sus mensajes y sus hechos. La vida de Eliseo explica porqué pudo históricamente hacer flotar el hacha, y es porque recibió “una doble porción” del Espíritu de Elías, lo que lo convirtió en un doble profeta, algo extraordinario, inusual dentro de la profecía. Su ministerio, en vida y muerte parece un mito. Tal fue su vida, que aún después de muerto sus huesos operaron un milagro.

Conteniendo la Biblia relatos similares a éste, ¿podrías llegar a creer en Dios? El milagro de hacer flotar una pieza de hierro desborda tu razón pero es que la existencia de Dios también desborda los límites de la razón; y la vida y obra de Jesucristo y sus apóstoles, sin dudas históricas, exceden con creces a “las cosas que ojo vio o han subido a corazón de hombre”, donde los hierros flotan, las serpientes y mulas hablan y los hombres caminan sobre el agua.

Jesucristo excede la imaginación. El reino de la gracia es similar al mundo de las fantasías. Es un enorme fiasco la vida humana sin esos “cuentos, mitos y leyendas” que necesitamos creer, y sin que realmente exista ese “mundo de maravilla y fantasía”. Sin esos “ingenuos inventos” la vida humana sería la más horrible de las invenciones.

No les des ni un centavo


Oseas 2.8,9,12

Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y el aceite, y que le multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal. Por tanto, yo volveré y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón, y quitaré mi lana y mi lino que había dado para cubrir su desnudez. ”.


No pongas al servicio de los demonios los dones que Dios te da. El dinero que ganaste te lo dio Dios, no lo tires, no financies cultos idolátricos, no es Baal a quien tú adoras, el que te da la plata, el oro, “la lana”, el lino, es Dios. Si le das dinero a otro dios fortaleces su culto. No apoyes tampoco con tu dinero a las sectas heréticas, ¿no has leído que no se les debe recibir en casa, ponerle un plato delante y una cama para dormir? (2Jn 1:10-11).

Y ni se te ocurra enviarles dinero a evangelistas ambiciosos que te dicen lo que quieres oír y te engañan para explotarte. ¿Dicen que oran por ti? Dúdalo. Dice el profeta que Dios te da el dinero pero no echándote fresco sino sudando. Con gran esfuerzo ganas tu dinero para sostén tuyo y de tu familia. ¿Serás tan ingenuo? Si por gratitud por lo que Dios ha hecho por ti, tú quieres ayudar a la obra de Dios, te sugiero que financies el evangelio quiero decir la sana doctrina. Eso quiere decir ayuda a iglesias más que a individuos. Hay evangelistas que se lo merecen porque son fieles y honrados, pero si simpatizas con alguno escógelo bien antes de apoyar su ministerio. De todos modos el medio más seguro es por medio de las iglesias. Financia iglesias con sólidas doctrinas, programas de ellas para alcanzar el mundo para Cristo, que tengan pastores vocacionales que son los auténticos, no asalariados sino ministros con vocación y proyectos de beneficencias a través de santas congregaciones. Si la iglesia no se ocupa de los pobres, no le des nada.

Pero nunca le des ni un centavo a otro que te pide en la puerta, por la radio o la televisión, y “no trae esta doctrina”, ni le digas ¡bienvenido! a tu bolsillo. No los ayudes a vestirse con esplendidez y de lino fino, a comer opíparamente, comprar autos lujosos, mansiones reales, bañarse en playas famosas, y pasar noches con sus séquitos en hoteles de cinco estrellas. Mejor déjale caer en la mano una moneda al ciego Bartimeo y le alcance para comprar algo para comer él y su perro, o a Lázaro para que compre las medicinas para sus úlceras o si son caras y pueda echar lejos los perros que las lamian. Pero a esos explotadores religiosos, no. Ni a holgazanes ni a listos.

Y la promesa que ellos te hacen que te irá bien si les envías dinero porque lo estás dando a Dios es mentira, aquí el Señor dice lo contrario, que te empobrecerás y te lo irá quitando poco a poco, y podrás dar menos y menos hasta que no tengas ni para ti mismo.

viernes, 24 de julio de 2009

Sonambulismo


2Reyes 6. 18,19


Hirió con ceguera… seguidme y yo os guiaré al hombre que buscáis”.


¿Qué te parece, los sirios tienen a Eliseo enfrente, quieren capturarlo, hablan con él pero no lo reconocen? ¿Cómo pueden seguirlo si supuestamente están ciegos? ¿Por qué tienen los ojos abiertos y no ven?

Voy a explicar con este caso lo que ocurre a toda la gente que no cree en Dios. La ceguera de ellos no está precisamente en el globo del ojo o en la retina sino donde se envían los pensamientos y las imágenes y se razonan las cosas. En el cerebro.

A los sirios el Señor los hirió con ceguera y aunque se le llama así no quiere decir que estaban en completa oscuridad porque no hubieran podido seguir a Eliseo a ninguna parte. No era un problema ocular. Tenían los ojos abiertos y podían andar detrás de una persona, actuar como personas "normales". La ceguera de ellos era mental como dice un comentarista “es una ceguera mental, similar al caso mencionado en Ge. 19.11, o sea, que aunque un hombre mantenga sus ojos abiertos no puede ver correctamente” (Keil & Delitzsch commentary).

En buena teología se puede decir que como castigo “Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen” y que la ceguera que les envía consiste en que los abandona al príncipe de este mundo que no les permite que les resplandezca la luz de Cristo.

Los que no ven al Invisible están ciegos. Están poseídos por un sueño muy profundo y sufren sonambulismo, una especie de entretenimiento hipnótico con el mundo. Las luces de la Revelación están encendidas y no las ven. Confunden los hombres con árboles que andan (Mr 8:24), porque Darwin les enseñó que tienen un tronco común.

Tengo dos ejemplos, dichos rápido antes que te canse la longitud de esta entrada. Los hombres que querían romper la puerta de la casa de Lot y violar a los ocupantes ninguno dijo “ay mis ojos, no veo, he perdido la vista”. Actuaban como si vieran pero no veían. Tenían la puerta estrecha enfrente y no daban con ella ni “palpando” (Hch. 17:27). Quiero decir que fue como si Dios se las hubiera escondido y ellos no percibían la realidad que tenían al alcance de los ojos y de la investigación. Es que la existencia de aquella realidad escondida tenía que discernirse espiritualmente (1Co 2.14; He 11.3,7).

Otro caso similar y ya me puedes dejar. El de los nazarenos que querían despeñar a Jesús y él pasó por en medio de ellos y escapó (Luc. 4.30). No que se hubiera hecho invisible sino que Jesús se convirtió en una irrealidad para ellos y casi topándoselos pasó como si no existiera y en un momento, por incrédulos, se les volvió ficción.

martes, 21 de julio de 2009

No sólo María Antonieta: ¡Y de pronto la vejez!


Oseas 7.9

"Devoraron extraños su fuerza y él no lo supo; y aún canas le han cubierto y él no lo supo".


Poco a poco Israel fue perdiendo su fuerza política, estrechando sus fronteras, perdiendo sus valiosos hijos que morían o emigraban para darle prosperidad a otras patrias y la riqueza económica se le iba y su importancia en el mundo disminuía. Aquí se refiere bien a los sirios en tiempos de Joacaz o a los asirios bajo Pul que vino contra Israel en tiempos de Menahem (2Re 15.19); y en los días de Tiglat-pileser otro rey asirio que vino y tomó muchos lugares fuertes y se llevó no pocos cautivos (2Re 15.29). Ese era el triste panorama ocasionado por el pecado y los “extraños” que se lo comían. Iban para atrás y más para atrás.

¡Oh Dios!, nuestros pies resbalan mucho, perdemos categoría y poco a poco nuestras fuerzas. No nos detenemos de súbito pero cada vez nuestros pasos son más cortos, leemos con menos frecuencia la Biblia, oramos una o dos veces, nos vamos acostumbrando poco a poco a no asistir a los cultos, no hacemos las primeras obras con el mismo amor que antes (Apc. 2.5), la rutina sustituye al celo, nos volvemos poquito a poco carnales, poco a poco nos apagamos y vamos perdiendo nuestra vida espiritual sin que lo notemos hasta que sólo nos queda el nombre de que vivimos pero estamos muertos (Apc 3.1).

Nos envejecimos por dentro sin que nos diéramos cuenta, nos salieron canas en el alma como síntomas de decaimiento y declinación. Un día nos acostamos jóvenes y nos despertamos ancianos. Hubiéramos preferido la muerte que vernos viejos.

Y nos acordamos de aquel muchachón hijo de Manoa, el peludo, el conquistador de extranjeras y cómo todos los periódicos de países vecinos hablaban de él. La radio no cesaba de dar la noticia sobre la seducción carnal del joven juez de melena leonina y la televisión presentando su rostro ensangrentado con los huecos de los ojos vacíos.

No lo supo hasta que llegó el trágico momento y la bella meretriz le gritó “¡los filisteos contra ti!”, y pensaba que iba a salir victorioso “como las otras veces” pero no fue así. Si se hubiera mirado en el espejo de la palabra de Dios, no en los ojos de su mujer, habría descubierto las guedejas de su cabello más cortas, las hábiles tijeras de la señorona lo habían rapado mientras dormía en sus sensuales brazos, y ya no era el mismo sin que se diera cuenta.

El pelinegro de sonrisa bonachona ya no tenía ojos ni para llorar, un mechón de cabello blanco le caía sobre la fría frente y canas le tapaban las orejas. Se despertó declinado y viejo. Lo ataron con cuerdas humanas y el inspirador héroe de la juventud israelita fue visto por sus fans haciendo de payaso. Y las gradas del teatro estaban llenas, y las muchachas comían palomitas de maíz, y los machitos bebían latas de Coca-Cola, y hasta la bonita tentadora en un palco especial, semi borracha, se fumaba un cigarrillo. Despierta alma mía, conserva tu sensibilidad que vas cayendo cuesta abajo (Efesios 4.19); no sólo el joven nazareo se despertó viejo, también encaneció por otro motivo, dicen que en una noche, la reina María Antonieta y ¿por qué no, tú o yo?