lunes, 31 de diciembre de 2012

Los males sociales y las hojas de la Biblia




Apocalipsis 22: 2

"En medio de la calle de la ciudad, y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de frutos, dando sus frutos cada mes; y las hojas del árbol era para sanidad de las naciones".

Primero unas palabras doctrinales y después daré una opinión sobre el universal remedio para  las sociedades del mundo. Cuando estemos en la eternidad no seremos intrínsecamente eternos, continuaremos tan dependientes de Cristo y de su Palabra para ser eternos como lo somos ahora. Comiendo de ella. No seremos eternos de modo per sé. Seguiremos bebiendo del agua del río de la vida y comiendo de los frutos de su boca como lo hacemos hoy. Todo por él subsiste, aquí y allá (Col. 1: 17).  Satisfechos, porque nadie pasará ni hambre ni sed, complacidos con Dios y Cristo.

Siempre oyendo su Palabra y viviendo de ella. Alegría eterna representada por su luz, cada rayo de su gloria nos traerá sentimientos de gozo, gratitud y alabanzas, ¡aleluya! Sirviéndole y reinando (vv. 3, 5). ¡Cómo! ¿No entiendes que la victoria está en su servicio, como la libertad, la felicidad y la vida? Y el simbolismo no es sólo místico y espiritual, sino que como una concha hospeda la preciosa perla, él también encierra el modo de acabar con las calamidades sociales y políticas, las injusticias económicas, con las ambiciones y violencias, y con toda clase de injusticia, que aquejan las naciones del mundo, como nuestros ojos ven y nuestros oídos oyen cada día en las noticias.

Hay esperanza que se arreglen las cosas en cada sociedad, por lo menos la iglesia puede tener esa esperanza, que es el residuo de lo que le queda al contemplar como ellas  se alejan de Dios, y aborrecen las hojas de la Biblia, cuando dentro de ellas, y en ellas, en sus letras, comas y tildes, está el remedio divino para componer todas las situaciones, cuando la tierra se llena de violencia y las nubes del diluvio se agitan amenazantes sobre sus cabezas (Ge. 6: 11-13).

La única y más excelente cruzada de sanidad de la nación tienen que empezarla los púlpitos, transformados en entusiastas expositores de las hojas de la Biblia; cada ministro frente su iglesia, grande o pequeña, famosa o desconocida, o en un rincón, verter de ellas su contenido y dejarlo que corra y que Dios lo glorifique. Cualquieras otras curas son meros remedios que no alcanzarán nunca el éxito de una cura total. Se sana por un extremo y se enferma por el otro, y el mal va dando señales de que es incontrolable y que las epidemias se vuelven endémicas, porque brotan de las entrañas mismas de la población humana y de una imagen divina hecha pedazos. Las sociedades son recuperables, sólo por su Creador, por medio de las hojas del árbol de la vida que son también  las hojas de la Biblia.



La fortuna de cada miembro de la iglesia



Apocalipsis 21:12-21
12Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; 13 al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. 14 Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 16 La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. 17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. 18 El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; 19 y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; 20 el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio”.

Si quieres aprovecharte espiritualmente de este pasaje, medita espiritualmente en él, descifra su simbolismo y aparta su sentido figurado hasta que halles el significado debajo de esas hojas. Va finalizando la visión de Juan y el Señor le permite al fin ver la iglesia, la cual llama la esposa del Cordero (v. 9). Así, ten en cuenta eso, que lo que Juan vio fue la iglesia que se le aparece en la forma de una ciudad, la nueva Jerusalén. ¿Bien? (v. 10), le apellida con un adjetivo, santa, eso también es para recordarlo en la interpretación. Lo que ha visto hasta aquí es la iglesia santa y que fulgura la gloria de Dios como un resplandor comparado al de una piedra preciosísima (v. 11). Eso lo vas a tener en cuenta cuando la describa.

Juan parece estar muy impresionado con los muros de la ciudad, los cuales menciona varias veces (vv. 12, 14, 15, 17, 18, 19); los muros, según mi parecer representan los muros de la salvación (Isa. 60: 18); y son importantes por su altura que es grande y los hacen no escalables. Los que quieran entrar a la ciudad no pueden saltar por encima de ellos, sino solamente por sus puertas, que son doce; varias de ellas en cada punto cardinal. Esas puertas representan, lo mismo que los cimientos del muro, las enseñanzas apostólicas (v. 14); o en lenguaje más sencillo, que para entrar por los muros de la salvación, hay que entrar solamente por las enseñanzas de los doce apóstoles del Señor, esto es, por el evangelio de Cristo. Vamos al grano y pasar por alto algunos mínimos detalles simbólicos. Juan pasa enseguida a describir las piedras preciosas que forman el muro; y si los cimientos del muro de la salvación son las doctrinas de Cristo (Efe. 2: 20), cada joya es alguna doctrina del evangelio. Y llego a mi pensamiento principal para el cual salí. La riqueza, la fortuna, el tesoro de la iglesia no es el dinero, no es el oro, el diamante, el jaspe, sino lo que todo ello simboliza, el evangelio.

Y si el tesoro de la iglesia es el evangelio, el real y colosal tesoro de cada uno de los miembros de la iglesia es el mismo, las enseñanzas dejadas por nuestro Señor por medio de sus apóstoles; aunque no tengamos más, si poseemos las doctrinas de la gracia en la salvación, elección, predestinación, fe, arrepentimiento, perseverancia; si ellas forman parte de los cimientos de nuestra iglesia, de nuestras vidas, somos verdaderamente millonarios en la fe. Eso es estar en posesión de las realidades de Dios. Oh Señor, qué afortunados somos. De pensar en eso me embriago.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Antes del primer cigarro de marihuana



2 Crónicas 33:21-24
“De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y dos años reinó en Jerusalén. E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre; porque ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que su padre Manasés había hecho. Pero nunca se humilló delante de Jehová, como se humilló Manasés su padre; antes bien aumentó el pecado. Y conspiraron contra él sus siervos, y lo mataron en su casa”. 

Como Manasés se humilló tan tarde, ya sus hijos habían aprendido la religión falsa que les había enseñado y visto practicar. Su posterior ejemplo fue ineficaz. Uno no se apropia tan fácilmente de las experiencias de otros porque son una gracia especial que han recibido para tenerlas. Una gran experiencia procede de una gran humillación. Padres, conviértanse pronto, no dejen que sus hijos vayan copiando el mal ejemplo; mientras más retardes tu conversión peor para ellos; los verás vivir como tú vivías y ya no quisieras haber vivido como viviste, deshace con tus sanas palabras las malas que dijiste, con tu sobriedad la embriaguez, con tu fidelidad la infidelidad, con tu fe la incredulidad, con generosidad la avaricia y la tacañería.

Lee libros santos que se opongan a las pornografías que leíste o viste, programas de televisión sanos que reemplacen los indecentes; un hombre nuevo en un cuerpo antiguo, con hábitos nuevos, reflejando la gloria de Dios y no las costumbres del diablo....mientras más rápido te conviertas mejor, ¿qué harías tú el día del juicio de todos los hogares si oyes a tus hijos testificar que tú los indujiste al pecado? ¿No has leído en la parábola de Jesús sobre el rico y Lázaro, como el hombre rico le pedía al padre Abraham que por favor alguien les predicara a sus hermanos para que no corrieran la misma suerte espiritual de ir al infierno? (Lucas 16: 19-31). Nadie quiere tener en el infierno a familiares con los cuales compartió o indujo al pecado. No quería que ellos al llegar a ese lugar de tormento le echaran en cara diciéndole "por tu culpa estamos aquí". Lamentarían entonces haber sido hermanos menores de aquel otro. Asumo que siendo el primer muerto entre muchos hermanos, era el más viejo. Y como hermano mayor los otros siguieron sus pasos.

Cada día que pase sin convertirte es un día que perjudicas a tus hijos, un día que los fortalecerá en el hábito de la incredulidad. Conviértanse pronto padres, antes que les enseñen a sus hijos la manera de vivir que no los llevará al cielo, antes que escuchen teoría de Darwin en la escuela, antes que le minen la cabeza con relativismo moral, antes que hagan malos amigos y caigan en pandillas y eso por el mal ejemplo en el hogar, antes que la niña practique su sexo fuera del matrimonio, y alcance la edad de adultos habiéndolo aprendido y practicado todo, con un enorme corazón vacío, y antes que el varón acepte el primer cigarro de marihuana.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Tres Juan, Gill, MacArthur y Calvino


Zacarías 4: 4, 5
"Y el monte de los Olivos se partirá por medio de sí hacia el oriente y hacia el occidente haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. Y huiréis al valle de los montes; porque el valle de los montes llegará hasta Azel. Y vendrá Jehová mi Dios y con él todos los santos".

Con el material de estas palabras los imaginativos inventan teorías, y dicen que literalmente ocurrirá partiéndose en dos el monte de los olivos para hacer espacio para el Valle de Josafat y quepan las naciones beligerantes durante el Armagedón, y después de plantar Jesús sus pies allí, en Jerusalén se queda y comienza su dominio de mil años.

Calvino está opuesto a esa fractura y yo le sigo gozoso. Debieran a esos imaginativos señores darles un premio por hacer novelas de las visiones y sueños de la Biblia y de bofetadas por enseñarlas como un coherente sistema de escatología. Es decepcionante leer al gran John Gill estar de acuerdo con los preemileniaristas, y otro tanto, otro John, McArthur, que escribe otras cosas muy buenas. Yo por mi parte, si pudiera por celo o exageración, recogería todos esos libros de magia y se los daría a los recién convertidos efesios para que alimenten el fuego de su hoguera.

Y si eso no es posible porque regados por el mundo andan, cada escritor o predicador si le viene a la mano la ocasión, llame al amileniarismo de otro  John, Calvino, y métase de lleno en sus enjundiosos escritos, que es más excelso que los anteriores, para que diga algo como él sabe decirlo, que estremezca la Catedral de San Pedro, Ginebra, El Tabernáculo Metropolitano (antes del glorioso Spurgeon), y haga eco en Grace Community Church en California, y corra hasta Tarso y se entere a San Pablo, bueno todavía no era San, sino Saulo, y adviértanle lo que quieren hacer con sus epístolas, meter dentro de la segunda venida de Cristo un monte y un “montón” de años, cuando allí no cabe ni un alfiler.

El pecado es lavable, no loable



Zacarías 13: 1
“Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza”. 

El pecado es algo sucio; aquí se le llama impureza o inmundicia. Y aunque la palabra “lavar” no se halla en el original se introduce para aclaración y está bien puesta porque si hay una fuente “abierta” según el texto es con ese propósito específico no para beber, porque el pecado ensucia lo que toca, sean las cosas, las organizaciones humanas, los cuerpos y almas de los hombres. 

Entonces el pecado es lavable,aunque no loable porque no merece ni una sonriza, ni un solo aplauso o aprobación; pero por supuesto que es Dios el único que lo puede lavar no el mismo que lo comete; y si la fuente está abierta quiere decir que está disponible. Y cuando el pecado es  abundante y por eso se habla que hay una “fuente”, no un simple grifo, por cuanto si el pecado abunda “la gracia sobreabunda”. El pecado es mucho. Una fuente disponible por cuanto se halla abierta, o sea una fuente pública y específicamente para la familia de David o sea todo el pueblo de Israel, o toda la dinastía de David, de la cual nosotros por medio de Jesús, estamos en su genealogía. 

Con todo y lo que somos, porque en la corta lista de nombres que leemos al comienzo del evangelio de Mateo, y lo leímos en la pasada Navidad (Capítulo 1), hay nombres sucios, al menos lo fueron por un tiempo, no para desacreditar la familia sino para dar ánimo a los que estamos lavándonos en la iglesia. Y esa fuente abierta por supuesto que es el costado de Jesús traspasado (12: 10), o sea, su sangre en la cruz; así pues la purificación del pecado equivale al perdón de los pecados y a la santificación, y con ella “nos lavó” en la sangre de Jesucristo (Apc. 1:5)