lunes, 31 de diciembre de 2012

La fortuna de cada miembro de la iglesia



Apocalipsis 21:12-21
12Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; 13 al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. 14 Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 16 La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. 17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. 18 El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; 19 y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; 20 el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio”.

Si quieres aprovecharte espiritualmente de este pasaje, medita espiritualmente en él, descifra su simbolismo y aparta su sentido figurado hasta que halles el significado debajo de esas hojas. Va finalizando la visión de Juan y el Señor le permite al fin ver la iglesia, la cual llama la esposa del Cordero (v. 9). Así, ten en cuenta eso, que lo que Juan vio fue la iglesia que se le aparece en la forma de una ciudad, la nueva Jerusalén. ¿Bien? (v. 10), le apellida con un adjetivo, santa, eso también es para recordarlo en la interpretación. Lo que ha visto hasta aquí es la iglesia santa y que fulgura la gloria de Dios como un resplandor comparado al de una piedra preciosísima (v. 11). Eso lo vas a tener en cuenta cuando la describa.

Juan parece estar muy impresionado con los muros de la ciudad, los cuales menciona varias veces (vv. 12, 14, 15, 17, 18, 19); los muros, según mi parecer representan los muros de la salvación (Isa. 60: 18); y son importantes por su altura que es grande y los hacen no escalables. Los que quieran entrar a la ciudad no pueden saltar por encima de ellos, sino solamente por sus puertas, que son doce; varias de ellas en cada punto cardinal. Esas puertas representan, lo mismo que los cimientos del muro, las enseñanzas apostólicas (v. 14); o en lenguaje más sencillo, que para entrar por los muros de la salvación, hay que entrar solamente por las enseñanzas de los doce apóstoles del Señor, esto es, por el evangelio de Cristo. Vamos al grano y pasar por alto algunos mínimos detalles simbólicos. Juan pasa enseguida a describir las piedras preciosas que forman el muro; y si los cimientos del muro de la salvación son las doctrinas de Cristo (Efe. 2: 20), cada joya es alguna doctrina del evangelio. Y llego a mi pensamiento principal para el cual salí. La riqueza, la fortuna, el tesoro de la iglesia no es el dinero, no es el oro, el diamante, el jaspe, sino lo que todo ello simboliza, el evangelio.

Y si el tesoro de la iglesia es el evangelio, el real y colosal tesoro de cada uno de los miembros de la iglesia es el mismo, las enseñanzas dejadas por nuestro Señor por medio de sus apóstoles; aunque no tengamos más, si poseemos las doctrinas de la gracia en la salvación, elección, predestinación, fe, arrepentimiento, perseverancia; si ellas forman parte de los cimientos de nuestra iglesia, de nuestras vidas, somos verdaderamente millonarios en la fe. Eso es estar en posesión de las realidades de Dios. Oh Señor, qué afortunados somos. De pensar en eso me embriago.