domingo, 30 de noviembre de 2008

Recuperación de un Creyente y un Líder

Esto es una ayuda para predicadores.

Jueces 16. 18-22

Viendo Dalila que él le había declarado todo lo que había en su corazón, mandó llamar a los príncipes de los filisteos, diciendo: Venid una vez más, porque él me ha declarado todo lo que hay en su corazón. Entonces los príncipes de los filisteos vinieron a ella y trajeron el dinero en sus manos. [19] Y ella lo hizo dormir sobre sus rodillas, y mandó llamar a un hombre que le rasuró las siete trenzas de su cabellera. Luego comenzó a afligirle y su fuerza le dejó. [20] Ella entonces dijo: ¡Sansón, los filisteos se te echan encima! Y él despertó de su sueño, y dijo: Saldré como las otras veces y escaparé. Pero no sabía que el Señor se había apartado de él. [21] Los filisteos lo prendieron y le sacaron los ojos; y llevándolo a Gaza, lo ataron con cadenas de bronce y lo pusieron a girar el molino en la prisión. [22] Pero el cabello de su cabeza comenzó a crecer de nuevo después de rasurado.

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Voy hacer cinco observaciones para introducir el asunto.

(1) La primera es una palabra de advertencia.

La recuperación de un creyente que ha pecado es algo muy raro y difícil. Basta leer la epístola a los Hebreos, capítulo 6, para conocerlo, que no es posible recuperarse después de haber hecho afrenta al Espíritu de Gracia y tenido por inmunda la sangre de Cristo, y aún más cuando es un creyente que ha sido cristiano desde su niñez y haber tenido padres piadosos, que es el caso de Sansón o de David.

(2) Esta palabra tiene esperanza porque ha habido especiales precedentes de restauración y alguno puede decir, “oh Dios como recuperaste a fulano recupérame a mí, si no has dado toda tu misericordia, si te queda bendición, dame a mí también”.

(3) Debo aclarar que la recuperación de Sansón es única porque es según Dios no según los hombres, no por obras sino por gracia. Observa que se fue restableciendo el pacto de su nazareato.

(4) Eso quiere decir que fue completa porque vino con cambio y perdón. No lees que se hubiera recuperado porque le crecieran las uñas o los pelos de las manos o porque hiciera ejercicios o artes marciales. Hay diferentes clases de recuperación pero la más valiosa es en relación con Dios. Hay quienes se recuperan del alcohol, de la droga, como esposos, eran adúlteros y ahora fieles, pero no en la gracia de la cual han caído.

(5) Incluye todas. Eso quiere decir que fue una recuperación salvadora no hecha por manos humanas, las manos de los médicos, sociólogos o sicólogos sino por el Espíritu Santo, la Palabra de Dios y la oración. Cuando el pelo de Sansón comenzó a crecer el pacto se fue restableciendo, milímetro a milímetro o pulgada a pulgada. Cada día podía más. Los filisteos pensaron que no se recobraría jamás, pero se equivocaron. Su caída no fue definitiva.

I. Esta experiencia da confirmación a una doctrina muy bautista, la perseverancia de los santos, que todos los creyentes están en la mano de Jesús y nadie puede arrebatarlos de ahí, que una vez en la gracia siempre en la gracia y que son elegidos por Dios desde el nacimiento (Jue 13:4,5); y eso lo leemos en los períodos más antiguos de la revelación, en Sansón y en Pablo, Ga 1:15. La raíz misma de la perseverancia es la elección de Dios. Es su principio, su razón, su cimiento, la causa. No es el libre albedrío ni la voluntad humana sino la de Dios. Si no hubiera elección no habría perseverancia. El que comenzó la obra de la salvación la termina. La perseverancia es perseverancia de la gracia. No puede perderse ninguno de aquellos que Dios ha elegido desde el vientre de su madre, se pierde sólo el “hijo de perdición” (Jn 17:12). Un creyente no puede morir en pecado sino en victoria.

II. Los cristianos auténticos se recuperan cuando son puestos de rodillas como Sansón (vv.23-31). Las consecuencias de sus pecados lo postraron y oró a Dios. Se acabó el juego con el pecado. La pérdida de los ojos fue grande. Perdió el prestigio. El diablo lo convirtió en un juguete. El ridículo. Se sentía con culpa. Lo abatía la vergüenza. Todas esas cosas lo humillaron. Y aunque no tenía fuerzas para vencer su situación la tenía para orar. Halló fuerzas para arrodillarse.

(1) Pienso que su recuperación anima la oración de todos los pecadores porque su oración no es una belleza, no es perfecta. Regresa a la realidad de Dios y punto. Tiene defectos. No ora por la gloria de Dios, ni siquiera es una oración de confesión, sino por “mis dos ojos” y por venganza. Pero oró. Y ¿por qué Dios contesta una oración de tan mala calidad? Por la misma razón que contesta las nuestras. Por el propósito que tiene con su obra. El propósito de Dios es mayor que nuestras oraciones.

(2) Cuando clama a Dios declara su impotencia para hacer algo y entonces es fortalecido de forma sobrenatural y eso se nota en que su pelo creció rápido no se demoró meses ni años. Dios podía haber usado otro contra los filisteos. Elegir alguien más. No lo hizo. Mientras Dios no termine su propósito contigo no tienes substitutos. ¿Puede Dios usar a un pecador que es recobrado? Sí, y de modo poderoso. Si es tu caso, en tu segunda gracia puedes ser más útil que en la primera, después de tu pecado mejor que antes porque Sansón mató más filisteos después de su recuperación que antes. Dios pensaba continuar usándolo.

(3) Y una palabra final para los que no han pecado en el Espíritu sino en la carne, que nunca han estado en Cristo. Cuando Dios recobra a uno de sus hijos lo perdona doblemente, entonces ¿no te perdonará a ti que nunca has estado si oras?


sábado, 22 de noviembre de 2008

Pablo, un Respetuoso Creyente


Hechos 25:1-12 (LBLA)

Festo, entonces, tres días después de haber llegado a la provincia, subió a Jerusalén desde Cesarea. [2] Y los principales sacerdotes y los judíos más influyentes le presentaron acusaciones contra Pablo, e instaban a Festo, [3] pidiéndole, contra Pablo, el favor de que lo hiciera traer a Jerusalén (preparando ellos, al mismo tiempo, una emboscada para matarlo en el camino). [4] Pero Festo respondió que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea, y que en breve él mismo partiría para allá. [5] Por tanto, dijo, que los más influyentes de vosotros vayan allá conmigo, y si hay algo malo en el hombre, que lo acusen.
[6] Después de haberse quedado no más de ocho o diez días entre ellos, descendió a Cesarea, y al día siguiente se sentó en el tribunal y ordenó que trajeran a Pablo. [7] Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían descendido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones que no podían probar, [8] mientras Pablo decía en defensa propia: No he cometido ningún delito, ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra el César. [9] Pero Festo, queriendo hacer un favor a los judíos, respondió a Pablo, y dijo: ¿Estás dispuesto a subir a Jerusalén y a ser juzgado delante de mí por estas acusaciones? [10] Entonces Pablo respondió: Ante el tribunal del César estoy, que es donde debo ser juzgado. Ningún agravio he hecho a los judíos, como también tú muy bien sabes. [11] Si soy, pues, un malhechor y he hecho algo digno de muerte, no rehúso morir; pero si ninguna de esas cosas de que éstos me acusan es verdad, nadie puede entregarme a ellos. Apelo al César. [12] Entonces Festo, habiendo deliberado con el consejo, respondió: Al César has apelado, al César irás.


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De nuevo el apóstol Pablo está en peligro de muerte. Los judíos enterándose que Festo estaba en la ciudad acudieron a él con el propósito de engañarlo y utilizarlo para darle muerte al apóstol cuando trasladaran desde Cesarea a Jerusalén; pero el astuto gobernador ya sea que se diera cuenta del peligro que corría el peso si complacía los judíos o que quiso respetar la autoridad dentro de la jurisdicción de Félix, no accedió a la petición y por el contrario los invitó, a los que pudieran, que se trasladaran con él a Cesarea y formular ordenadamente los cargos que tuvieran en su contra. Así ocurrió el grupo que fue no pudo sustentar ningún crimen que justificara el encarcelamiento por la ejecución de Pablo. Festo sustituyó a Félix que había sido removido de su cargo por crímenes que se les imputaban.

Aunque el pasaje es algo extenso no contiene mucho más que lo que ya he dicho. El apóstol es seguido con odio desde Jerusalén a Cesarea. Obsérvalo cómo se defiende solo sin la ayuda de algún abogado sino con el Espíritu Santo. Demuestra que es un buen ciudadano y su testimonio como cristiano no es dañado porque se encuentre preso y porque tenga quienes le acusen porque lo hacen sin pruebas, y no pudieron conseguir pruebas porque no existían. Si las hubiera habido las habrían obtenido. Si en todas las cosas uno tiene buena conciencia, y Dios le es testigo, puede alegrarse de que todos los hombres hablen mal, que la calumnia y la difamación no pueden ser sustentadas. De lo único que disponían era de la verdad y para eso tenían que tergiversarla, y eso hicieron.


Hay tres áreas donde el cristiano debe ser hallado "sin culpa". En primer lugar mostrarse respetuoso para los libros y las creencias religiosas de otras personas, y si tiene que hacer referencia a ellas y mostrar divergencia, debe hacerlo con ese espíritu. El apóstol Pablo siempre mostró un solemne respeto hacia la Escritura judía no para encontrar errores dentro de ella sino al contrario, para confirmación en el cristianismo, y además sentía que tenía el derecho dado por Dios a interpretar ese santo Libro conforme Dios lo alumbrara y específicamente el Espíritu Santo. Eso es lo que llamamos libertad de conciencia y el sacerdocio universal del creyente, que tiene “la unción” del Santo para interpretar los documentos inspirados por Dios. El cristiano respeta sus propios libros y los de los otros. Los que piensa que son verdaderos y los que cree que son mitos y leyendas. Por eso dice que no ha faltado en nada a la ley de los judíos. El en su defensa dijo que no había cometido ningún delito contra la ley de Moisés para que ellos se sintieran religiosamente ofendidos y quisieran matarle por hereje. Gracias a Dios no había ninguna ley romana que sirviera para complacer en ese sentido a los judíos, que hiciera mención que cualquiera que la violara fuera penalizado y recibiera alguna clase de penalidad. La sociedad romana era una sociedad mayormente democrática y secular, o pluralista, y permitía que cada comunidad tuviera sus propios dioses. En las sociedades occidentales actuales pasa lo mismo, los ciudadanos son libres para profesar o no la religión que quieran, exceptuando en el este asiático musulmán.


En segundo lugar el cristiano debe ser respetuoso para los sitios sagrados de otros creyentes que tienen creencias similares o distintas. Pablo dijo ante el gobernador que tampoco había profanado el lugar sagrado de los judíos, el templo. Y así era. Es cierto que lo había visitado pero para adorar a Dios, y fue como lo encontraron. Pablo creía que aquel lugar era un sitio de oración y si lo encuentran adorando es que no lo está profanado sino al contrario, está mostrándole el máximo respeto. Y es ese el espíritu que debe penetrar al visitante cristiano aún cuando se encuentra en un sitio religioso, tenido por sagrado por creyentes de otras religiones. El tiempo cuando Jehová autorizaba la destrucción física de esos lugares ha pasado y si bien los cristianos no acuden a esos lugares para adorar a su Dios cuando ocasionalmente los visitan, no dan motivos para herir la sensibilidad religiosa de los que los construyeron. Sea el Muro de los Lamentos o las mezquitas de Alá. Pablo dijo en otra ocasión "veo que en todo sois muy religiosos" y predicó el monoteísmo. Con respeto.


Ni tampoco, confesó él, había pecado contra del César o sea, políticamente había respetado a la autoridad civil, y ni en palabra ni en hechos se podría decir que era un sedicioso y trastornaba el orden político establecido. Eso no quiere decir que no tuviera su ideología social, que dicho sea de paso, cuando leemos el N. T. lo encontramos más bien cooperando con el sistema político en vez de confrontarlo. Siempre se mostró como un buen ciudadano romano, nacido en una de las provincias del imperio, en Tarso. Y obrando así y enseñando eso en las iglesias, las ayudaba para que coexistieran en cualquier régimen político, y en cierta medida fueran tolerados. El cristiano puede apelar a sus derechos cuando vive dentro y no fuera de la ley de su país. Si ésta no se opone a su conciencia cristiana. Si un creyente vive al margen de la ley no puede utilizarla a su favor. El evangelio predicado por Pablo que conocemos como el paulinismo, es enfáticamente teológico, cristocéntrico y pragmático e intensamente moral. El énfasis exagerado del humanismo y el tomar las enseñanzas de Jesús como aliadas de un partido político, es descentralizar el punto fijo alrededor del cual se mueve el evangelio. No es el cristianismo el que se debe acomodar a la política de turno sino los políticos al cristianismo. La política ha de tomar prestado del cristianismo y no a la inversa. Pablo negó que fuese un caudillo del orden social y afirmó que estando dentro de la ley sostenía que Jesús, quien los judíos decían que estaba muerto, se hallaba vivo.

El apóstol temiendo, o viendo la posibilidad que los judíos lograran sus deseos y fuera llevado a Jerusalén, convocó una autoridad superior a Festo, la del César, y apeló para que su caso fuera juzgado en persona por el emperador, y esta maniobra jurídica frustró cualquier intento de trasladarlo a otro sitio que no fuera a Roma, y a Roma fue enviado.

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martes, 18 de noviembre de 2008

San Pablo Rechazado como Capellán

Hechos 24:22-27 (LBLA)

Entonces Félix, conociendo con mayor exactitud acerca del Camino, pospuso el fallo, diciendo: Cuando venga el comandante Lisias decidiré vuestro caso. [23] Y dio órdenes al centurión de que guardara a Pablo bajo custodia, pero con alguna medida de libertad, y que no impidiera a ninguno de sus amigos que lo sirvieran. [24] Pero pocos días más tarde, llegó Félix con Drusila su mujer, que era judía, y mandó traer a Pablo y lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús. [25] Y al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix, atemorizado dijo: Vete por ahora, pero cuando tenga tiempo te mandaré llamar. [26] Al mismo tiempo, tenía esperanza de que Pablo le diera dinero; por eso acostumbraba llamarlo con frecuencia y conversar con él. [27] Pero transcurridos dos años, Porcio Festo llegó como sucesor de Félix, y deseando hacer un favor a los judíos, Félix dejó preso a Pablo.

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Piensa en lo que significa un poco de libertad. Félix hizo preguntas, le pidió a muchos que le contaran y como había vivido un tiempo en Judea obtuvo más conocimientos de lo que llamaban “secta de los nazarenos”, pero la iglesia la llamaba el Camino (v.22). Ya estaba convencido que Pablo era inocente pero decidió dejarlo preso por conveniencia propia. No obstante, Pablo disfrutó de alguna libertad (v.23). Atado con una cadena a la mano de un soldado romano no podía abandonar el lugar ni salir a pasear al patio de la casa. No es todo lo que él hubiera querido, completa libertad, sino alguna, un poco. Un poco de libertad quiere decir que uno no es un hombre libre y que está limitado por las leyes y la voluntad del gobierno, porque injustamente sus derechos como ciudadanos son atropellados y no se les reconoce. Si por él hubiera sido habría querido soltarse de aquellas “cadenas” pero no pudo (26:29), y quería transmitir su espíritu de hombre libre hasta el de los mismos esclavos (1Co 7:21). No era esclavo pero tampoco era libre, en su propio país. Si uno es un poco libre no es libre, si solo puede recibir visitas de afuera, del extranjero, pero no salir de donde se halla, si el gobierno no le permite la emigración, está preso, no vive en un paraíso, vive en servidumbre, su libertad es una condescendencia a un presidiario.

Una libertad mediatizada que consistía en recibir visitas esperando Félix que con ello no tener que sostenerlo en nada, que el preso estuviera mejor y que pudiera reunir dinero para comprar su libertad, por eso lo entrevistaba con frecuencia haciéndolo ir y venir (v.26). Las visitas las recibió, posiblemente sus amigos lo ayudaron con algún dinero, pero nunca Pablo reunió lo suficiente como para comprar su liberación y no pagó para que lo soltaran. Así estuvo dos años preso hasta que fue enviado a Roma.

Además, había otra razón por la que prefirió seguir en prisión: darle dinero a Félix sería hacer soborno y ya bastante corrompido estaba el gobierno para que él particularmente contribuyera a empeorar el carácter del gobernador. Por otra parte el dinero que un cristiano posee proviene de las riquezas en gloria de Cristo, se lo ha dado su Señor y debe manejarlo con pureza. Un dinero obtenido por generosas y piadosas ofrendas, cuando otros como Epafrodito que fue uno de los que le llevaron socorro a la cárcel, expuso su vida en el viaje, ese dinero debe ser santamente usado. Consideraba el soborno como éticamente reprobable y sin beneficio al cristianismo y dañino. El soborno no es lo mismo que pagar una multa o poner una fianza. Si Pablo daba dinero a Félix y eso se sabría, daría una señal de confesión de culpa y que no era inocente de los cargos que le ponían y tenía que usar el dinero para solucionar lo que con la justicia nunca podría. Daría razón a sus acusadores para mantener sus acusaciones. El cristiano no debe usar su dinero para corromper a nadie ni corromperse él, ya sea en juegos o comprando la conciencia de los demás.

Cuando toma una decisión de acuerdo a su conciencia y por esa razón sufre pérdidas no tiene de qué arrepentirse, y dejar al tiempo que demuestre con sus frutos que fue lo más conveniente y perdurable para la obra de Dios que se pudo haber hecho. Así por las razones éticas de su carácter pasó dos años en su encerramiento (v.27), largo tiempo sin plantar iglesias y aparentemente mal gastado e inútil. No fue exactamente así. Se sabe que estando preso en Cesarea escribió las tres epístolas carcelarias, Filipenses, Colosenses y Filemón. Aquel tiempo Dios se lo dio para eso. Una labor literaria. Pensaba el Señor en la posteridad que sería beneficiada con su pluma y lo dispuso así para que se ocupara en ello. Dios tenía en cuenta lo que habría de inspirarle para que se beneficiara de sus escrituras los millones de púlpitos en el futuro. Produjo tres obras inmortales.

¿Qué hubiera hecho usted, sacar un poco de dinero de su bolsillo, entregarlo a Félix, y todo arreglado, y podría irse y continuar con el ministerio dado por el Señor? Quizás no tendríamos hoy dentro de nuestro NT esas tres joyas de la revelación y Filipenses, Colosenses y Filemón no hubieran nacido. Se habrían formado otros focos cristianos, grupos aquí y por allá, o habría confirmado las iglesias ya existentes. Habría bautizado más personas, aunque él no fue llamado para bautizar sino para predicar. Todo eso habría sido importante y engrandecido su nombre entre los hombres y aún en el cielo.

Pero ese no fue el plan divino para su trabajo. Dios prefirió que escribiera en esos dos años, que produjera literatura cristiana y dotara al mundo con tres nuevos documentos para que se completara a 27 el número de libros canónicos del NT, y lo que escribiría en aquellos tristes días de presidiario, lo que pasaría en su vida y la de otros como Epafrodito, Evodia, Síntique, Clemente, Onésimo y Filemón, no lo hubiéramos sabido nunca. Félix tuvo que congraciarse con los judíos dejando preso a Pablo para borrar un poco de la memoria de ellos el mal recuerdo de la matanza y el pillaje que entre ellos había hecho.

El jefe de los coperos se olvidó del bien que le había hecho José y éste siguió echado en prisión. El momento no había llegado para interpretar los sueños de Faraón y él fuera ascendido al trono de Egipto. Bunyan tuvo que ir a presión para que escribiera su inmortal Peregrino y Lutero para que tradujera todo el NT del griego al vernáculo alemán aunque el monje agustino considerara que estaba perdiendo el tiempo como un holgazán escondido en el castillo de Wartburgo. Las etapas de nuestra vida que tenemos como menos productivas pudieran ser por consejo divino las que mejores huellas dejen en la historia del cristianismo. Nuestro tiempo es de Dios y debemos cesar de agitarnos, y dejar en sus manos cómo lo usamos.

Vamos a imaginar a Pablo y Tértulo compitiendo por una plaza vacante en una cárcel o en un hospital moderno. Pero Dios quería que dentro de la cárcel cumpliera el deseo del Señor y fuera “instrumento escogido para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (9:15). Así vino a predicar a Félix y Drusila quienes lo escucharon. ¿Quién era cada cual? Dice Gill que “esta mujer fue la hija de Herodes Agripa, el que se lo comieron los gusanos (12:23) y de Herodes Agripa el que se menciona en el próximo capítulo y aunque era hija de padres judíos su nombre, Drusila es romano. Herodes Agripa dejó tres hijas más, Ciprés, Berenice y Mariana, y Drusila y un hijo, Agripa que cuando su padre Herodes murió tenía 17 años, Berenice 16; Mariana y Drusila eran vírgenes pero prometidas en matrimonio. Drusila a Epífanes el hijo de Antíoco, rey de Comagene, pero después de la muerte de Herodes su padre él se negó a tomarla por mujer para no tener que hacerse judío, entonces la dieron como esposa a Aciz, rey Emeso, pero este matrimonio se disolvió y luego con Félx, procurador de Judea por medio de un mago nativo de Chipre se la quitó y se casó con ella”. Dios había dispuesto que éstos oyeran la Palabra por boca de Pablo.

El tema del cual les habló no fue una defensa de su caso, sino un sermón totalmente lleno de gracia y de verdad, y dirigido a la conciencia de ambos. Pablo trató de convertir a la fe a esta pareja de desdichados, y no lo logró ellos supieron qué tenían que hacer para ser salvos, y era vivir con justicia, temer la justicia de Dios, practicar el dominio de las pasiones y estar serguros que un día llegaría al juicio final. Y ¿qué pasó? ¿Cayeron rendidos diciendo “señor qué debemos hacer para ser salvos?”. No. Se espantaron, al menos el rey adúltero. Posiblemente ella también. Se le pusieron los pelos de puntas. Se erizaron. Se asustaron y no quisieron oírlo más. Lo despidieron. Dice la referencia que al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix, atemorizado dijo: Vete por ahora, pero cuando tenga tiempo te mandaré llamar.

Nunca más la pareja estuvo frente a un púlpito oyendo el evangelio. Félix saltó en su asiento al oír que sería juzgado por Dios. No quería practicar la temperancia cristiana sobre sus libidinosas pasiones ni reconocer como pecaminosa su unión carnal con Drusila, la mujer de otro. Ese mensaje moralizante y de juicio no era para él. Prefería a otro predicador que le adulara y hubiera podido elegir a uno designaría a Tértulo que era mejor orador y le decía cosas bonitas. Tal vez con éste hubiera pasado un buen rato y habría regresado a oírlo y en vez de pedirle dinero como a Pablo le habría dado del suyo y nombrado capellán de los presos en Cesarea.

Pablo nunca hubiera pudo ser nombrado capellán en aquella cárcel ni de muchas cárceles de hoy. Los que son como Tértulo se enteran que hay un puesto vacante en una cárcel o en hospital y que buscan un capellán para ocuparlo, se apresuran a enviar sus currículos y llenan los formularios que se piden en las oficinas y prometen cumplir con los requisitos que ellos exigen, teniendo en cuenta que quienes están enfermos o presos tienen su propia religión o no tienen ninguna, y el hombre designado para traer consuelo religioso a ese pluralismo tiene que ser pluralista, con un 99% de amoroso humanismo y un por ciento de religión general. No se permiten lecturas bíblicas de juicio o condenación. Todos los pasajes que salgan de la Biblia tienen que provenir de un Dios de amor que no mira los pecados de nadie y es tan amable como un anciano médico.

Un predicador como Pablo que haga temblar a los presos y a los guardias o a los jueces y abogados, a los administradores y oficinistas en las residencias penitenciarias, no es recomendado por nadie para la plaza vacante y su currículo se desecha inmediatamente, y con eso se va el gran sueldo que se está ofreciendo y la seguridad de una paga sin problema. Igual que en los hospitales, hay que mantener silenciados los temas del juicio, la temperancia, la justicia de Dios, la moral cristiana, la exclusividad de Cristo como el único mediador entre Dios y los hombres y los castigos perpetuos que inflige un Dios severo. Si Pablo hubiera enviado su currículo a algunas de las cárceles de Miami o a uno de sus hospitales, habría recibido como respuesta a su solicitud esta palabra: rejected (rechazado).

lunes, 17 de noviembre de 2008

Pablo, Jacobo y la Evangelización de Israel


Hechos 21:16-26

[16] Y nos acompañaron también algunos de los discípulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chipre, un antiguo discípulo con quien deberíamos hospedarnos.

[17] Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con regocijo. [18] Y al día siguiente Pablo fue con nosotros a ver a Jacobo, y todos los ancianos estaban presentes. [19] Y después de saludarlos, comenzó a referirles una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles mediante su ministerio. [20] Y ellos, cuando lo oyeron, glorificaban a Dios y le dijeron: Hermano, ya ves cuántos miles hay entre los judíos que han creído, y todos son celosos de la ley; [21] y se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones. [22] Entonces, ¿qué es lo que se debe hacer? Porque sin duda la multitud se reunirá pues oirán que has venido. [23] Por tanto, haz esto que te decimos: Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto; [24] tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que tú también vives ordenadamente, acatando la ley. [25] Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación. [26] Entonces Pablo tomó consigo a los hombres, y al día siguiente, purificándose junto con ellos, fue al templo, notificando de la terminación de los días de purificación, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos.

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No te escandalice mi título. Eran dos buenos hermanos y amigos pero en dos posiciones diferentes en cuanto a la ley ceremonial dada por Moisés. Jacobo quiso salvar al apóstol de problemas pero no lo logró aunque éste cooperó con su buena intención. Después de estos días nos preparamos y comenzamos a subir hacia Jerusalén.

Miremos a Pablo dentro del perímetro de autoridad de Jacobo. Dos líderes prominentes, dos hermanos en Cristo, sin embargo uno, Santiago, liderando el sector judaico del cristianismo naciente que continuaba apegado a la ley de Moisés y el otro, Pablo, un ministro a los gentiles,[i] que aunque educado dentro del judaísmo predicaba a Cristo sólo, la salvación por la gracia, sin las obras de la ley[ii].

Jerusalén no es la ciudad de Pablo, ni donde tiene más amigos ni convertidos; pero está llena de judíos ortodoxos por la ley y de cristianos que también la guardaban. Es allí donde a Pablo le esperaban muchas anunciadas tribulaciones y donde tuvo que hacerse como si estuviese sujeto a la ley aunque no lo estaba.[iii]

Observa que no prosperaron las intenciones de Jacobo. Hizo la sana proposición de que Pablo desmintiese los falsos rumores de que estaba enseñando a los judíos a apostatar de Moisés (v. 21); así según él, mejoraría la imagen dentro de su pueblo y lo guardaría de cierto posible peligro cuando oyeran que había venido a la fiesta (v. 22). El pensó que ellos al verlo cumpliendo los votos “comprenderán que no hay nada de los que se les informó” (v. 24). Fue muy ingenuo al pensar de ese modo o le faltaba conocer muchas cosas del apóstol, que el simple hecho de pagar aquellos votos no sería suficiente para sus adversarios que le habían escuchado enseñar, sostener y defender la gracia por encima del cumplimiento ceremonial de la ley.

Parecería iluso que si sus enemigos le oyeron enseñar esas doctrinas aceptaran que por el simple hecho de raparse el cabello o por pagar los gastos de aquellos cuatro nazareos, él hubiera cambiado. Y así ocurrió, nada más que lo vieron se formó el tumulto. ¿Hasta qué punto Santiago conocía el ministerio de Pablo?[iv] ¿Podría pensar que él le predicara un evangelio de libertad en la gracia a los griegos y uno atado al yugo de la ley para los judíos? Santiago había envidado algunos a Antioquía, una iglesia eminentemente gentil, para influir sobre ella con sus emisarios (Ga 2.12). Su reputación en ese entonces era muy fuerte y los mismos hermanos temían contradecirlo.

Observa el lado de los adversarios. De una manera o de otra, tampoco sus difamadores entendían bien lo que Pablo pensaba de la ley, pero le habían oído decir muchas cosas con las cuales ellos no estaban de acuerdo; por ejemplo: “La circuncisión nada es” (1 Co 7.19) “somos circuncidados por medio del bautismo, circuncisión no hecha de mano” (Col 2.11,12) “de todo lo que se venda en el mercado comed sin preguntar nada por motivos de conciencia” (1 Co 10.25-27) “no estéis sujetos al yugo de esclavitud” (Ga 5.1) “el fin de la ley es Cristo” (Ro 10.4) “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Col 2.14) “uno hace diferencia entre día y día, otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día para el Señor no lo hace. El que come para el Señor come y da gracias a Dios; y el que no come para el Señor no come y da gracias a Dios” (Ro 14. 5,6) “y que por la ley ninguno se justifica para con Dios es evidente porque está escrito: Mas el justo por la fe vivirá; y la ley no es fe sino que dice: El que hiciera estas cosas vivirá por ellas”. Todo eso daba pie para acusarle de anti judío y traidor.

No, Jacobo quiere ganarle terreno a la posición de Pablo. Estará ayudando al apóstol pero también parece querer ganarlo públicamente para su grupo judeo-cristiano. Pablo le había contado una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles (no entre los judíos) por su ministerio (v.19). Glorificaron a Dios por la conversión de los gentiles (v.21). Pablo no mencionó los millares de gentiles que habían creído, pero los hermanos de Jerusalén, especialmente Jacobo sí lo hicieron diciendo: “Ya ves hermano, cuántos hermanos han creído y todos son celosos por la ley”. Estaba queriendo decir: “Nosotros, los de la circuncisión también hemos sido bendecidos por el Señor y tenemos convertidos por millares y esa multitud guarda la ley”. No estaban separados de la cultura en la que se habían criado y el cristianismo de ello armonizaba con ella. Una cultura mosaica.

Si sacan el asunto es porque en el curso del testimonio de Pablo se hizo referencia (y ellos lo sabían) que en la conversión de los gentiles medió la predicación de un evangelio sin las ceremonias de la ley. Santiago está queriendo decirle: “Ese evangelio que tú predicas, como acordamos en el Concilio, es para los gentiles y no para los judíos; hemos tenido noticias (por no decir él mismo) de que también estás enseñando a los judíos la clase de evangelio que es sólo para gentiles, no según hemos acordado.

“Por tanto, demuestra ahora con esos votos y gastos, que aunque predicas un evangelio sin ley para ellos, tú como judío practicas el judaísmo”. Es indudable que Santiago está procurando someter al apóstol, al menos ante los ojos de muchos hermanos. Si alguien duda que semejante presión se hiciera sobre él, lea en Ga 2.1-10, como tuvo que predicar en Jerusalén su evangelio sin ley, escondido, y siempre con peligro de espías.

La “multitud” que oiría de su llegada y se alborotaría, ¿quiénes serían? ¿Los judíos cristianos o los no cristianos? Parece que ambos formaban ese gentío. Lo que quiere decir que los hermanos judíos convertidos se hallaban a gusto en Jerusalén y no sufrían alguna persecución porque estaban bien identificados con las autoridades judías; y eso es lo que explica por qué todos, incluyendo a Bernabé, les temían por las consecuencias. Pablo aceptó aquello no por el miedo que las palabras del hermano Jacobo podrían producir en él, sino porque pagaba el precio, adoptando en forma un apego al judaísmo que ya en sustancia distaba de guardar; con el propósito de tener un buen clima, calmar a los adversarios y haciéndose judío ganar a los judíos (1 Co 9.19,20). Pero no le sirvió. Lo detuvieron. No salió libre de esa visita.

Es cierto que no hay otro medio de salvación para los judíos que no sea la gracia, igual que para nosotros, pero dado que el patriotismo de ellos está tan conectado con la ley mosaica, la evangelización de los mismos desde un Pablo a los gentiles es muy difícil, y el fanatismo y los prejuicios obstaculizarían cualquier esfuerzo espiritual para ayudarlos, sin embargo, pienso, que un Pablo rapado, pagando votos, aprovechando para su bien espiritual el ritual judío, es más probable que salve algunos que el otro flamígeramente dogmático que oímos en Antioquia, aunque a nuestros escrúpulos parezca inconsecuencia y contradicción dentro de un Nuevo Testamento mayormente gentil. Lo que es improcedente es que entre los gentiles se adopten costumbres culturales judías, como hacen algunas iglesias hoy, para ganar a los gentiles puesto que es no es evangelizar sino judaizar, y en sentido general hasta donde he visto, no logran nada sino un culto bonito que no es más que folclore judío sin sustancia salvadora.

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[i] Rom 15:16

[ii] Rom 3:28

[iii] 1Co 9:20

[iv] Ga 2:2,8-9

martes, 11 de noviembre de 2008

Cómo Llevarse Bien Con Los Demás

Romanos 15:1-4
“Así que, los que somos más fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para el bien, con miras a la edificación. Porque Cristo no se agradó a sí mismo; más bien, como está escrito: Las afrentas de los que te afrentaron, cayeron sobre mí. Pues lo que fue escrito anteriormente fue escrito para nuestra enseñanza, a fin de que por la perseverancia y la exhortación de las Escrituras tengamos esperanza”.

La primera parte de la exposición la dedicaré a entresacar algunos consejos para vivir en paz con nuestros hermanos. Pero primero, miremos la conexión entre el presente pasaje y el anterior. Aunque esta porción se halla en otro capítulo, el tema suyo es continuación de lo anterior, en el cual el apóstol quiere que los hermanos estén unidos en las opiniones, tocante a las comidas y los días de fiestas. Insistió mucho en los hermanos que comían de todo y juzgaban iguales todos los días sobrellevaran a los que pensaban de modo distinto; y por varias veces les presentó el daño que le podían hacer a los otros que eran escrupulosos en estos mandamientos de la ley. Para él los fuertes deben proteger a los débiles, y fuertes son los que como él y tienen mayor conocimiento de la gracia.
Para llevarse bien con los demás y vivir en paz con ellos hay que aprender a hacer buen uso de la libertad de conciencia. Nota que es a los hermanos fuertes a quienes les pide que no usen la libertad de conciencia de modo que dañe a otro hermano (ver 1 Co 10.29). Cuando uno convive con otros no puede hablar y obrar como “le de la gana”; una actitud egoísta y egocéntrica no es aceptable; el uso de los derechos y deberes propios y ajenos entra en funcionamiento. Si alguien no quiere tener en cuenta el punto de vista del prójimo, ni sus gustos, entonces que se separe de todo el mundo y que viva en completo ostracismo. Unos llaman franqueza no a decir la verdad sino a abusar de esa libertad para decir cosas que hieren; y maltratan al prójimo. Hay quienes no pueden tocar el corazón de otros sin herirlo. No siempre se puede decir todo lo que se sabe o se ve, ni ser absolutamente sincero. No, hermano, nada en que otro se ofenda, tropiece, se pierda debemos hacer.

Lo segundo, lo que significa no agradarse a uno mismo, qué tan lejos puede llegar eso. Es un principio indispensable aprender a renunciar y a soportar. No sólo renunciar a nuestra libertad sino a nuestra propia satisfacción, no agradándonos en lo que hacemos sino haciendo aquello que agrada a otro y le hace bien espiritualmente, que tienden a la edificación (v. 2). Esta forma de actuar es excelente cuando se aplica al trato con los demás. Trata a tu prójimo de manera que le agrade y le haga feliz. Quizás dices: “Yo no tengo que hacer feliz a nadie porque nadie se preocupa si soy o no feliz”. Eso te lo contesto de dos maneras, una, la Biblia exhorta a los cristianos no a buscar la felicidad sino a darla, darle ocasión a otros para que sean felices.
Observa el ejemplo que el apóstol pone, Cristo, quien no se agradó a sí mismo sino a los otros, soportándolos, destinándose a no agradarse a sí mismo, a no buscar su felicidad sino la de otros. Y dos, el precio que se paga por la felicidad es renunciar y soportar. Cristo es el gran renunciante. Además, uno puede tener otros ideales en la vida que no son únicamente agradarse a uno mismo y ser feliz. Puede encontrar felicidad complementaria y satisfacción en otras personas y cosas. Si el cristiano no halla la felicidad por sus muchos sufrimientos puede vivir gozoso por medio de la consolación de la Escritura, por el gozo y la paz que da el creer (v. 13). El que vive con su corazón lleno de esperanza tiene una felicidad de otra clase, la que da la comunión con Dios; aunque no conozca otra, tiene esta que es espiritual y suprema, la felicidad de su vocación y de la misma adorable existencia de Dios, que le da el Espíritu derramando su amor en el corazón.
Si el mandamiento es no agradarnos a nosotros mismos, nuestra meta no es hacernos felices a nosotros mismos sino a los demás. Quizás haya que renunciar a un gran amor para hacer feliz y consagrarte a otra persona que no te hace completamente feliz; o conformarte con lo que te da, un poco de felicidad.

Una reflexión devocional
"Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer" (v.13)
¿Tienes falta de paz? Es porque no crees; fortalece tu fe y retornará la paz perdida. ¿Se te ha extinguido tu gozo? Cree. Mira a Cristo. Nota que la fe y la esperanza andan unidas en el andar del cristiano; nunca ellas se separan, donde va la una le sigue la otra, y el camino que ambas llevan concluye en el cielo que es el hogar de Esperanza. La Esperanza vino a buscar a Cristiano para llevarlo consigo a su mansión celestial, y para eso le comunicó fe, que continuamente alimenta. Si le faltara esperanza a esa fe, se secaría y moriría, quedando de ella sólo un cadáver momificado de lo que una vez estuvo saludable y tuvo vida. Piensa mucho en tu esperanza, en el cielo, en la compañía de los justos hechos perfectos, en tu tabernáculo de gloria, en tu asiento junto al Padre y el Hijo, porque esa clase de esperanza es purificadora o limpia (1Jn 3. 3). Cree en las promesas de Dios, agitado corazón, y dentro de ti otra vez anidará la paloma de la paz que por la tempestad había huido.


lunes, 10 de noviembre de 2008

No Olvides dar la Propina


Fui hace unos días a que me cortaran el pelo. Había allí un peludo de unos 60 años, diabético, con su pronunciado belly beer (un vientre grande, de cerveza supongo) que chisteaba sobre sus funerales, los cuales tiene pagado y que consistirá en quemar su cuerpo, o como decía, meterlo en “un infierno de fuego” o en “B.B.Q” (asado). El hombre afirmaba que le tiene dicho a la familia que entierren sus cenizas, que no las guarden para que si algo malo sucede en la casa no le echen la culpa al cofre que las contiene. Ja, ja, je, je, todos los barberos, barberas y público se reían de aquel improvisado actor. Logró este tipo cómico divertirlos por un buen tiempo.
Dudo que este oso chistoso sea un valentón si estuviera no en la barbería cortándose el pelo sino en el hospital y le estén cortando el colon o alguna otra tripa, pero como por el momento tiene “el infierno de fuego” un poco distante, juega con él y payasea con la muerte y sus cenizas.
La vejez, la diabetes y la muerte no tienen ningún lado divertido. Es algo que se soporta y a lo que hay que resignarse pero no es motivo de risas sino de preocupación. Puede ser que por eso mismo se divierten con ella para taparle un poco su horror y perderle el miedo. Convierten en caricatura lo que les da pánico. La desintegración, la condenación y la extinción, si se es incrédulo, son cosas que espantan y los que se llaman valientes son los que pueden con algún éxito esconder su miedo (1). Hay hombres que se divierten con motivos muy raros, como ese peludo.
Hay otros temas que han escogido estos comediantes y que la gente les paga para oírlos. Hacen reír con cuentos de borrachos, de adúlteros, de sexo, de niños mal hablados y de brutos. No es que uno tome la vida demasiado en serio ni que tenga un espíritu refinado como un querubín sino que esos pesados son unos vulgares y chabacanos. Yo sé que hay hermanos en Cristo que sintonizan en la radio o en la TV a esos bufones y se ríen, porque no piensan que hay risas que Jesús no aprueba y chistes que harían sonrojarse a los apóstoles y a la virgen María.
Pregúntale a la esposa si se ríe cuando su marido llega a la casa borracho y sin dinero en el bolsillo, o a sus hijos cuando careciendo de lo básico debido al vicio del padre, contemplan las peleas y los golpes que el ebrio le propina a la desesperada madre. Pregúntale a la esposa si le da gracia oler el perfume de otra mujer en la ropa de su esposo o comprobar que la trae manchada de carmín, mírale el rostro y dime si se ha reído o está furiosa y llora de rabia. ¿No sabes cómo se siente un niño cuando un compañero le grita que su madre se acuesta con fulano? ¿Dan risas las malas palabras que no diría nadie delante de personas decentes? ¿Qué chiste se puede hacer con lo que la Biblia llama “palabras corrompidas”? (2) Nada, que muchos hombres están locos hasta en sus diversiones y se sonríen con asuntos menos nobles que los que tuvo Sara y Abram para hacerlo (3). Y Dios los hizo reír y los vio reírse y tuvieron miedo. Y no fue por un chiste vulgar.
Y volviendo al payaso de la barbería que se reía de su incineración, que posiblemente la tendrá cerca, y ¿qué pasa, tío, si tienes alma? ¿Y si eres algo más que polvito y cuando exhales se te va el alma que es la viva imagen reconocible de tu físico y un par de ángeles puros te escoltan al Gran Juicio definitivo? (4) ¿Qué si tienes que hacer un esfuerzo para volar a Dios por el mucho peso del pecado que gravita sobre ella (5)? ¿Y qué si notas que se va con tu alma una conciencia manchada de punta a cabo? ¿Y qué si la lista de pecados no perdonados es muy larga por los muchos años que viviste cometiéndolos?(6) No te rías, señor, de lo que debiera hacerte reflexionar y agachar la cabeza y pedirle perdón a Dios, porque tal vez muy pronto te toca el turno y llega la muerte que no da risa sino horror, porque es tu enemiga, (7) y ¡saz!, te pone de patitas en el otro mundo donde sólo te aguarda “el lloro y el crujir de dientes”(8). Esa incineración que pagaste no es la única, hay otra que has comprado con tus malas sobras y abrasa al alma y el cuerpo sin consumirlo definitivamente (9). Ríete también si quieres, de este fanático y tonto autor, que Dios se reirá de ti (10). Te toca el turno, peludo, y no te olvides de tu alma ni de dar la propina.
(1) Mat 10:28
(2) Efe 4:29
(3) Ge 18:15; 21:6
(4) Ge 35:18
(5) He 12:1
(6) He 9:14
(7) 1Co 15:26
(8) Mat 8:12
(9) Mat 10:28
(10) Sal 2:4; 37:13