martes, 31 de julio de 2012

No se dejen abatir por el desánimo, ni por el trabajo baldío


Lucas 5:1-10
 (Mt. 4:18-22; Mr. 1:16-20)
 1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. 4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. 5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.9 Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él,10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.


Una de estas barcas fue convertida en un púlpito para predicación; Jesús la tomó y le pidió a su dueño que la separara un poco de la orilla para poder hablarle a la multitud sin que se le echaran encima. No había viento y la voz del maestro llegaba con facilidad a los oídos de los que estaban interesados en prestarle atención. Sus sermones eran instructivos y nadie se marchaba sin haber aprendido algo sobre Dios y su palabra (v. 3). Los dueños de las barcas también prestaban atención y habían dejado o terminado de lavar sus estériles redes.

Cuando Jesús terminó de predicar se volvió hacia el dueño de la que ocupaba y le pidió que remara más adentro del lago, lo cual hizo a regañadientes pues tuvieron  un día malo en el cual no atraparon ni un solo pez (vv. 4,5). El desánimo de Simón, el propietario, era total y así se lo expresó a Jesús, como quien dice, que no valía la pena repetir una vez más lo que habían hecho durante todo el día, cansarse sin resultado alguno. No obstante estuvo dispuesto a probar una vez más y volver a arrojar la red como obediencia pero sin entusiasmo, y aun así con tan pocas ganas se dio cuenta sin saber cómo, que la red si no se había trabado en alguna piedra o en algún tronco de árbol sumergido, se había llenado de peces, y cuando forcejeaba para retirarla del agua sin que se rompiera, cuánto no fue su asombro al ver la multitud de peces saltando dentro de la malla de modo que si continuaba tirando de ella sin poner cuidado se rompería (v. 6).

Decidieron entonces pedir ayuda a los compañeros más cercanos para que con ambas barcas tirando no por un solo lado sino por ambos, pudieran arrastrar la enorme cantidad de peces hasta la orilla. Aquello era algo impensado, que nadie hubiera podido imaginar que tuvieran tanto éxito de modo repentino, y el más antiguo y sabio de los pescadores les hubiera aconsejado guardar todos sus arreos e irse a descansar sin poder vender ni probar uno solo de aquellos peces.

Pedro que está en vías de conversión y comienzo de su discipulado inmediatamente asoció el poder de Jesús a la presencia divina, y como había estado pensando durante todo el día y orando sin que Dios lo oyera y le diera resultado a su trabajo, que era un hombre pecador y por eso Dios no lo bendecía más, y al tener esa revelación de pureza y santidad dentro de su propia barca se dio cuenta del contraste que existía entre él y aquel joven predicador que sin ser su oficio éste,  había logrado en un momento lo que a él le hubiera tomado un mes de trabajo.

Ésa es la razón por la cual Simón Pedro confiesa que es un hombre pecador (v. 8). Aquella pesca lo que hizo fue confirmarle lo que ya estaba pensando de sí mismo, que era un pecador y que la falta de bendición que ese día había tenido podía extenderse a muchos contratiempos, frustraciones y sinsabores, en su trabajo y durante toda la vida. Aquel momento sobre su barca y con aquel Hombre dentro de ella revelándole lo que él hubiera querido ser y no era, fue un momento sublime y aprovechó la oportunidad para lamentarse espiritualmente de lo que sabía sobre sí mismo y nadie podría negárselo, un pescador y un pecador. Estrictamente no le está pidiendo a Jesús que se baje de la barca y se aleje de él, esa expresión "apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador", tiene la misma función que si hubiera dicho, "ten misericordia de mí, un pecador y si puedo cesar de serlo, bendíceme para no ser nunca más lo que hasta este momento he sido".

Y sin que se diga más de su historia espiritual, sobre aquella barca quedó convertido uno de los más notables apóstoles, el apóstol Pedro, y ya, antes de desembarcar se le hizo la promesa que se le cambiaría el oficio para que fuera un predicador evangelista de mucho éxito (v. 10). En resumen, fue una experiencia inolvidable para estos tres hombres que les ilustró que lo que Jesús hizo que ellos lograran en el agua y con peces, podrían en lo futuro, no dejándose abatir por el desánimo y el trabajo baldío, aunque sin entusiasmo y solo fuera trabajando por obediencia, lograrlo con resultados gloriosos en tierra, entre los hombres (vv. 11).

La raíz de las equivocaciones teológicas del cristianismo

 2Cro. 28:22-23
“Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan”.

Acaz se equivocó en el análisis de su situación y como no la juzgó espiritualmente, la decisión que tomó para solucionarla fue desastrosa, tanto para él mismo como para su pueblo. Pensó que porque los sirios le habían derrotado había sido por la capacidad superior de sus dioses sobre Jehová; y no era así, los dioses no le habían ganado sino que “Jehová los entregó en manos de los sirios”.

Dios no les había fallado, ellos le habían fallado a Dios. Satanás se había apoderado de ellos porque ellos se habían alejado del Señor. Ningún dios en el universo, si lo hubiera, es superior a nuestro Único Dios. Pero Acaz no lo pensó así, se dirigió a los dioses de los damascenos y abandonó completamente al Dios de la historia, para su ruina y para Israel.

Las victorias que el mundo tiene sobre la iglesia no se deben a que pueda vencer nuestra fe sino que por causa de nuestro pecado es que la fe no vence el mundo. Parecen haber derrotado la antigua Ortodoxia los dioses del darwinismo que fueron importados por los del Norte y hace unos setenta años han ido bajando al continente americano revestidos con el contundente atuendo bélico de Hegel y los modernos colorines del post-modernismo. 

Si de nuevo la Palabra de Dios ocupara su lugar en el corazón de la iglesia y el pueblo clamara a Dios, no nos sentiríamos derrotados, pero nuestra desgracia nos ha sobrevenido porque nuestro Dios no ha sido verdaderamente nuestro Dios, le llamamos Señor y no hacemos lo que él nos manda (Mal. 1:6-10; Mt. 7:21). Enmendemos nuestras obras, cambiemos nuestra forma de ser, y el liberalismo, la superstición, la idolatría oriental, las filosofías del Este y el pragmatismo de Occidente dejarán de tener prosélitos que los sigan. La raíz de todas las equivocaciones teológicas del cristianismo es la falta de santidad y dedicación a Dios de la iglesia*. 

 *Dioses Asiáticos y Alemanes Invaden Europa y Améri...

lunes, 30 de julio de 2012

Lean la historia y examinen todos los manuscritos que aparezcan


Juan 18:19-24
 (Mt. 26:59-66; Mr. 14:55-64; Luc. 22:66-71)
“19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. 20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. 21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho. 22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? 23 Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? 24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote”.


¿Qué quería este hombre, que Jesús delatara a sus discípulos, que le hiciera una lista de ellos para que los apresara? Con claridad les había dicho "si me buscan a mí aquí estoy, dejen ir a estos". En cuanto a la pregunta sobre doctrina tampoco les dijo nada, porque sabía que estaban enterados de todo y precisamente por causas doctrinales es que se hallaba preso. Jesús les contestó bien, "hablen con mis discípulos y hagan una evaluación bíblica, teológica, de lo que he dicho, aunque sé que ya ustedes la han hecho primero". En otras palabras, les quiso decir que si querían enterarse de su evangelio tendrían que ir a los lugares donde él había predicado.

En primer lugar a la sinagoga y preguntarles a los rabinos qué tal era el como expositor de la ley de Moisés, de los profetas y de los salmos. Jesús sabía que habrían de oír verdades mezcladas con mentiras, sin embargo aun así les dijo que preguntaran allí. Que también fueran al templo donde lo habían escuchado más gente, y entrevistaran a unos cuantos, que seguramente los más atentos recordarían algunas de sus enseñanzas. Ese es el método que siguieron los evangelistas cuando escribieron, investigar las cosas una por una y mencionar tanto lo que Jesús dijo y las mentiras que de él dijeron.

Y de igual manera los historiadores se encuentran con esa misma mezcla de verdad y de mentiras, de ortodoxia y de herejías, y es tarea de ellos hacer la separación. Jesús no escribió nada nunca, excepto algo con su dedo en tierra y después que lo hizo lo borró porque nadie sabe lo que escribió. Tampoco les repitió lo que ya había dicho para evitar que creyeran otros testimonios incompletos o falsos, diferentes al suyo. Los envió, corriendo ese riesgo, que purgaran en la historia lo que fuera verdad y lo que fuera mito. Esa labor nos la ha dejado también a nosotros, para que trabajemos sobre sus sermones, pláticas, entrevistas, milagros, entre amigos y enemigos, y guiados por el Espíritu Santo separemos "lo precioso de lo vil" y retengamos solamente aquello que salió de la boca de Dios (Jer. 15:19).

Jesús siempre se expuso a la investigación, y no era un mago que hacía su magia secretamente. Nuestro Señor confiaba que la multitud de discípulos podría confirmar la autenticidad de su evangelio. Tal era así que difícilmente se podían encontrar dos o tres que testificaran en contra, y cuando los hallaron lo que encontraron fue dos o tres herejes que tergiversaban la verdad y no apologistas que desmintieran lo que había dicho y hecho (Mt. 26:60,61).

Y ese es uno de los aspectos que considera la crítica bíblica, la abundancia de manuscritos  y su uso extendido dentro de las iglesias. Unos lo contarían de una manera y otros de otra, pero esencialmente dirían lo mismo, llevando cada uno el sabor de cada cual. Y por responder bien se ganó una bofetada, no porque estuviera evadiendo ni retractándose de sus enseñanzas sino que existían disponibles miles de testigos que desmentían lo que Anás y Caifás afirmaban. 

Se puede tomar la vida de Jesús por partes, comenzando desde el nacimiento virginal, la estrella de Belén, la visita de los magos del oriente, su apego a la Escritura a los doce años, su anonimato durante veintiocho más, su consejería, sus predicaciones, sus milagros, la versión mentirosa pagada por las autoridades religiosas acerca de la falsedad de la resurrección, y la versión verídica de los discípulos que lo vieron y palparon con carne glorificada, y la experiencia de haberse sentado a comer con ellos.

Por todo eso quedamos aconsejados a no abstenernos de leer evangelios apócrifos, invenciones gnósticas como el Evangelio según Judas, acuerdos de sínodos y concilios, herejías interminables, lo que dicen los agnósticos, los ateos, los teólogos liberales, los llamados padres de la Iglesia y sus adversarios, el surgimiento de mitos dentro de ella, la tiranía papista y sus millares de supersticiones que "se desgastan con el uso",quiero decir con el manoseo honesto de la historia, los reformadores protestantes. Todo, y a todos, los que oyeron y escribieron bien y los que oyeron y escribieron mal, los que copiaron bien y los que copiaron mal. Todo eso está disponible y el apóstol Pablo nos recomendó esta regla "examinadlo todo", con paciencia y sin apuros, y poner a un lado lo que es malo y no es digno de crédito (1 Te. 5:21). El Espíritu de Jesús parece decirnos en forma similar a Pilato, lean la historia y examinen todos los manuscritos del Nuevo Testamento que descubran.

sábado, 28 de julio de 2012

Con rencor las caras y los nombres no se olvidan


Juan 18:25-27
(Mt. 26:71-75; Mr. 14:69-72; Luc. 22:58-62)
“25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy. 26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? 27 Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo”.

Ya en otra parte he comentado que el trasfondo de la negación del apóstol Pedro, porque la cuentan todos los evangelistas, se escribió no con el propósito de dañar su reputación sino de alentar a los cristianos perseguidos, especialmente a los que zarandeados como trigo, de forma similar al apóstol, habían negado la "profesión" (1 Ti. 6:12,13; He. 3:1; 4:14;10:23). La prueba de eso es que también se menciona su llanto por haber hecho lo que hizo, lamentando profundamente haber negado triplemente al Señor.

Lo nuevo aquí es el señalamiento de que el acusador es un pariente de Malco a quien Pedro le cortó una oreja en el huerto, y a quien Jesús se la restituyó inmediatamente. Este pariente no había podido olvidar el rostro de Pedro; su rencor no dejaba olvidar aquel rostro, y teniéndolo presente en su memoria, cuando lo vio levantó su dedo acusador y le dijo "yo te conozco, nosotros nos hemos visto antes y tú sabes dónde", y Pedro asustado afirmó que estaba equivocado y que no sabía de qué le estaba hablando.

Cuando uno hace algo mal hecho, me refiero a un cristiano, la gente no olvida que somos cristianos y en su momento, si pueden, aprovechan para desvirtuarnos o causarnos problemas. No hay cosa mejor para que no nos olviden nunca que proveer pecado, cortarle algo a alguien, quitárselo, que le cause dolor y necesite de la mano del Señor para recuperarse. Y eso aunque no haya sido a nosotros mismos sino a otro, o un familiar. Nuestra imagen se estampa en su memoria y jamás nos olvida, no para darle gracias a Dios sino para lamentar habernos conocido, quejándose todavía después de años el rose que tuvo con nuestras vidas. Pedro era recordado con rencor, no con afectos ni con una sonrisa en los labios, sino como un mal pensamiento que se busca azorar de la conciencia. Y ese triste recuerdo fijaba con caracteres imborrables su mal comportamiento en ese pariente de Malco, dando lugar a que ni él ni su familiar en lo adelante opinaran bien de los apóstoles y de todos los cristianos en la iglesia de Jesucristo.

No le dijo "tú fuiste el que le cortó la oreja a mi pariente", mi familia tiene malos recuerdos de ti", sino ¡tú eres cristiano! ¡Tú eres discípulo de Jesús! Porque sabía que en ese momento esa filiación lo perjudicaba. Cuando uno recuerda con rencor a alguien, sufre, alguien que nos ha hecho daño o a quien le hemos tratado sin consideración, o a quien ha pecado contra nosotros, contra parientes cercanos, y lejanos, o con quien hemos compartido pecados. Es decir las malas obras que se comparten crean vínculos perpetuos de rencor en la memoria. Muchísimo tiempo después que el pecado ha sido perdonado por Dios, lavada y limpia la conciencia de obras muertas, ese espacio en el cerebro es ocupado perennemente por los fantasmas del recuerdo a quienes es imposible matar.

Uno puede hacer "morir lo terrenal" pero lo que no puede hacer es hacer morir el recuerdo de lo terrenal; tal vez sustituir el rencor por un alivio o un sopor mental parecido al olvido, como un refrigerio divino, pero no puede darle muerte a la vergüenza y al miedo de encontrar nuevamente el pecado y toparse con algunos testigos inolvidables de ese episodio. Y Pedro se estremeció al hallar en ese momento a quien no esperaba encontrar, y ni siquiera sabía de la existencia de ese familiar, que en el peor momento de su vida sacaba la cara y lo descubría, porque con rencor las caras y los nombres, aunque ya estén lejos y haya cesado el contacto, no se olvidan.

viernes, 27 de julio de 2012

Pregúntale a Pablo qué opina sobre Santiago y Apocalipsis



Gálatas 1:13-24
“13 Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; 14 y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. 15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre,17 ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.18 Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; 19 pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor.20 En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento. 21 Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, 22 y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; 23 solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. 24 Y glorificaban a Dios en mí”.


Fíjese que les dice quién era y cómo vino a ser cristiano y predicador. Siento pena por el apóstol que tenga que hacer este recuento de su vida para defender las doctrinas que enseña. Les recuerda cómo fue su conducta en otro tiempo y que se distinguía por su celo equivocado de modo que dedicaba todas sus fuerzas a destruir la incipiente organización, que después él mismo llamó la iglesia de Dios (v. 13), “cuán desmedidamente perseguía yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla. Es como si les dijera: "Yo no aprendí en el judaísmo sino lo opuesto al cristianismo. Allí no pude sacar mi evangelio. ¿No ven que los que han aprendido en la sinagoga nunca aprendieron sino a menospreciar el evangelio y a combatirlo?".

Como para corroborar su testimonio, si todavía tenían alguna duda, podrían escribir a las iglesias que se encontraban en las “regiones de Siria” y de “Cilicia”, a las “iglesias de Judea”, porque hasta todos esos confines llegó el impacto de su conversión y de su ahora ministerio apostólico; y todas “glorificaban a Dios” por él (vv. 21-24). Que de todos modos no estaba mal que algunos quisieran estar seguros que su visión y llamamiento eran ciertos porque esas experiencias hay que someterlas a algún tipo de comprobación antes de que sean aceptadas.

Así que en su fondo histórico no existen trazas de cultura cristiana pero con todo, la misericordiosa gracia de Dios fue con él y le reveló a su Hijo Cristo salvándolo. De eso da testimonio en otro lugar (1 Ti. 1: 13, 14). Aunque su conversión aquí es importante porque es su salida del judaísmo, es el fondo donde se encuentra su llamamiento a ser predicador de Cristo. Pablo fue escogido por Dios para salvación y para ser apóstol. Lo más importante de todo eso es asegurarles que su apostolado es independiente de los otros doce, aunque no en doctrina porque Pedro con quien se entrevistó le dio su aprobación.

Presenta su experiencia como un caso de sola gracia, sola fe y sola revelación y la explicación que da no son sus méritos sino su elección. Fue escogido por Dios desde el “vientre de su madre” (v. 15), lo cual es lo mismo que dice en otro lugar que “desde antes de la fundación del mundo” (Efe. 1: 4), y llamado por su gracia, porque le agradó revelar a su Hijo en él (v. 16).  Sin embargo, quiere decirles que su evangelio no es distinto al de los otros apóstoles, pero sí menos judaico y sin filosofías humanas (Hch. 17: 18; Col. 2: 8; 1 Ti. 6: 20). Es el evangelio de la sola gracia y la sola fe en la persona de Cristo y no en ceremonias. Eso quiere decir que mientras más judaísmo contenga una denominación religiosa menos evangélica es. Nunca hallas a Pablo discutiendo filosóficamente nada, sino por la soberanía de Dios. Para él todo es revelado por Cristo  y gira dentro de un marco religioso judío (Flp. 3: 15); y cuando adopta alguna ceremonia judía aclara que “a todos me hago todo para ganar algunos” (1 Co. 9:22). Con el color de la tinta de esa experiencia escribe casi todo el Nuevo Testamento, sugiriendo que si el Espíritu conservó esas trece epístolas, el estudiante que hace exégesis debiera acomodar los pensamientos de los otros autores al suyo; como él dice a “mi evangelio” (Ro. 16:25; 2 Ti. 2: 8).

De todo lo dicho podemos formar una regla didáctica para estudiar la Biblia, preguntarle a Pablo cómo explicaría tal y tal pasaje. Nunca dijo que los apóstoles del Señor sabían menos que él pero sí dijo que no sabían más (2: 9). Los judíos notaban que era mucho menos ceremonial que ellos, y que llegaba a las buenas obras cristianas no a través de las ceremonias o de la ley sino de la gracia de Cristo, y que no eran obras ceremoniales o ritos sino buenas acciones humanas. La única entrevista que tuvo con los apóstoles en Jerusalén fue después de tres años de convertido (Hch. 9:26,27), “ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo” (vv. 17-20) y fue una visita de compañerismo y para explicar sus doctrinas, porque quería conocerlos, y ellos cuando lo oyeron creyeron su conversión y que ahora era parte de la iglesia, también le aprobaron su evangelio; no le hallaron defecto y lo respaldaron. Al único apóstol que vio allí fue a Pedro (la palabra “vio” es ἱστορειν y significa relacionarse, aprender quién era Pedro. Es la misma de la cual viene la palabra “historia”. , y éste en su epístola da testimonio de que Pablo escribía cosas profundas (2 Pe. 3: 16).

Ananías fue enviado a Saulo para que recobrara la vista no para que le enseñara el evangelio. Así que si fuéramos a escoger a un Papa que oriente a la cristiandad en la verdad del evangelio, escogeríamos a Pablo antes que a Pedro. Fue a Jerusalén porque tenía deseos de estar unos días con ellos, para orar y compartir sus experiencias, lo que bien debiéramos hacer los pastores que trabajamos tan separada e independientemente. Se puede hacer esta afirmación, el paulinismo es el evangelio de Cristo. No digo que el resto de los autores del NT sean menos inspirados que las cartas paulinas o que ellos tengan “otro evangelio”; pero si hay una regla que se tiene que seguir en toda exégesis bíblica es utilizar los escritos de Pablo como regla para interpretar los otros, principalmente: Los evangelios, Santiago y Apocalipsis.

jueves, 26 de julio de 2012

Jesús era más hombre que todos los adúlteros y ladrones de Jerusalén


1Cro. 20:5-8
“Y hubo guerra otra vez en Gat, donde había un hombre de gran estatura que tenía veinticuatro dedos, seis en cada mano y seis en cada pie; él también descendía de los gigantes. Estos descendían de los gigantes en Gat y cayeron por mano de David y por mano de sus siervos”.


Un hombre con tantos dedos no puede funcionar bien; le sobra uno en cada mano y pie, y si perdiera ese excedente estaría mejor. El era descendiente de los gigantes. Este hombre se sentía más hombre que todos los demás hombres e injurió a Dios, y fue abatido por otro hombre, en apariencia menos que él, inferior. Los verdaderos hombres no son los que tienen más cuerpo, masculinidad, sino los que sirven a Dios y son llenos del poder de su Espíritu. Los “sobrados” como dice la RV no pueden ser sacerdotes (Lev. 21:18), que es una prolongación extrema, de más, o “superflua”.

Tenía de más, más de lo normal, era anormal. Hay hombres que se creen más hombres que los demás mortales porque en alguna forma están sobre ellos, los miran hacia abajo y como aquel juez del cual habló Jesús "no respetan a Dios ni a sus semejantes". El mundo tiene un concepto equivocado de lo que es ser hombre; el pecado es una anormalidad, una deformación, una exageración natural que atrofia más que beneficia el desempeño de las funciones humanas, las perjudica; la auténtica virilidad consiste en aparecer como Dios nos creó, a su imagen y su semejanza, como reflejos de su gloria y de su sabiduría, y en vez de injuriarlo, respetarlo y adorarlo. En realidad el gigante es un monstruo. Ser un verdadero varón implica moderación y control, normalidad sobre los órganos del cuerpo; no es glotonería, embriagueces, fornicación, adulterio que no denota hombría sino poco seso, o hurto, mentiras e idolatría.

Los hombres de la iglesia pueden parecer más pequeños e incompletos, pero son los genuinos campeones en las luchas humanas, y cuando la raza de los orgullosos pecadores desaparezca, ellos heredarán el mundo. Los verdaderos hombres son los teológicamente formados por Cristo. No quieras ser más hombre, ni  más mujer que como Dios te creó. Sí sé  más grandes en ideas, pensamientos, sentimientos y en alma. El pueblo de Israel nunca tuvo gigantes; su único gigante fue Dios (Jer. 20:11), porque ni Saúl aunque aventajaba a todos desde los hombros arriba (1 Sa. 9:2). ¿Fue más hombre y se suicidó? Es como decir que Judas fue más hombre que Pedro. Cuando Pilato presentó a Jesús a los judíos, dijo “he aquí el hombre”, porque lo era, y aunque atado, golpeado y escupido, lo era más que Anás, Caifás, Barrabás, y que todos los adúlteros y ladrones de Jerusalén. Mientras más te parezcas a Jesús, el Verbo de Dios, más hombre eres. Ninguna cosa es mejor para desarrollar la hombría que la Palabra de Dios. Goliat no era más hombre que David.