lunes, 31 de octubre de 2011

Los himnos de Lutero y la victoria de la Reforma Protestante (Parte III, última)



Hoy, 31 de octubre, ¿es el inicio de la Reforma Protestante en 1517, que hay que cantarla
y festejarla con admiración y gratitud  ¿o una moderna repetición de una fiesta pagana conocida como el día de las brujas o Halloween? Depende de a quien se le haga la pregunta, y si con prejuicios religiosos o sin ellos haya leído la historia. En cualquier caso, tiene que leer sobre Martin Lutero, un monje católico agustino del siglo XVI.

"Lutero en 1524 confeccionó un himnario con 23 himnos de los cuales él era el autor y quizás en parte el compositor. Doce de ellos fueron paráfrasis libres de himnos en latín. Seis fueron versificaciones de los salmos. Sus propias experiencias de angustia y de liberación le permitían acercarse y usar los salmos con completa identificación personal y de sentimientos. El libro de batalla de la Reforma, Castillo Fuerte es Nuestro Dios (Una Poderosa Fortaleza, lit.) Apareció solamente en su último himnario.

“En este como en ninguna otra parte las palabras de Lutero y de la música, se puede encontrar completamente un epítome del carácter religioso de este hombre. El himno está basado en la versión de la Vulgata y en el salmo 46. Lutero usó el latín continuamente para sus devociones personales, idioma en el cual había crecido. Por ejemplo en hebreo este salmo dice "Dios es nuestro refugio", y en latín "nuestro Dios es un refugio". De forma similar Lutero escribe "una poderosa fortaleza es nuestro Dios" (Castillo fuerte es nuestro Dios).

"Aunque el salmo número 46 es básico, lo maneja con mucha libertad y también mezcla sus pensamientos con mucho de las epístolas paulinas y Apocalipsis. Ricamente fundamentado, las rudas palabras fueron colocadas en tonos majestuosos y marciales para librar batallas con los ejércitos celestiales. El himno desde el principio hasta el final manifiesta en sus tonos la tensión cósmica del conflicto del Señor Dios de Sabaoth, que triunfa en la batalla contra el príncipe de las tinieblas y vindica a los santos mártires".

"El pueblo de Lutero aprendió a cantar. Lo practicaba en los servicios religiosos durante toda la semana, y en la casa después de la hora de la catequesis toda la familia cantaba. Un jesuita (enemigo de la Reforma) dijo que "los himnos de Lutero han matado más almas que sus sermones" (Here I Stand, Roland H. Bainton, pag. 357).

Indicando con eso el esplendor que tenía la Reforma, y como los himnos contribuían a llevar en sus estrofas las preciosas doctrinas redescubiertas, que el clero ignorante trataba de desvirtuar, y que no podían evitar que el pueblo común, el católico de a pie las creyera y protestara contra los abusos y supersticiones de la madre iglesia católica. Bendito sea el nombre de Dios que se glorificó cuando Martín Lutero, el 31 octubre de 1517 clavó sus 95 tesis de reforma en la puerta de la catedral católica de Wittenberg, Alemania, documento teológico de verdad y libertad; y gracias a él que usó las doctrinas de sus vigorosos himnos, que en boca de millones de vidas reformadas llenaron el mundo con el auténtico mensaje de Jesucristo. Eso es lo que hay que celebrar y cantar, no tanto Halloween.

domingo, 30 de octubre de 2011

El matrimonio de Martín Lutero y Halloween (Parte II)


 "Toda la institución del matrimonio fue encerrada por Lutero dentro del marco de las relaciones de la familia. Para él no había espacio en cuanto al ejercicio de un desenfrenado individualismo. La pareja debe ser formada por las familias; por supuesto que los padres no deben forzar a los hijos a una unión que resulte repulsiva, sin embargo tampoco los hijos debido a que se infatúen resistir a las razonables elecciones hechas por los padres y los ancianos. Esta definición del matrimonio está tomada directamente de la Edad Media, tiempo en el cual el sacramentalismo católico y una sociedad agraria hacían del matrimonio una institución que perpetuara la familia y la preservación de las propiedades. La romántica revolución del Cortejo de Amor en Francia fue al principio algo extra matrimonial, y una combinación del romance y matrimonio y se efectuó solamente durante el tiempo del Renacimiento.

"Para todos estos asuntos Lutero era un completo extraño. Su ideal fue Rebeca, quien aceptó su esposo por haberlo escogido la familia. Según su opinión Jacob no hizo bien porque después de haber recibido a Lea, la cual le dio hijos, trabajó siete años por la cara bonita de Raquel. Lutero aceptaba contento sus errores porque ellos probaban que la salvación se recibía por medio de la fe y no por obras. Pero en cuanto este asunto Lutero siguió el punto de vista medieval y en otros aspectos no, como es el caso de su rechazo a la virginidad y abstinencia como un ideal. Debido a este concepto suyo se abrió el camino para el romanticismo y el refinamiento del matrimonio.

“Pero el efecto inmediato fue más bien contrario. En las primeras polémicas de Lutero el matrimonio fue reducido al aspecto más elemental de una unión física. Para rechazar la interferencia eclesiástica en este asunto él insistía que la relación sexual es tan necesaria para la pareja como lo es de inevitable el comer y el beber. Los que no tengan el don de continencia deben casarse. Rechazar esto es preferir la fornicación al matrimonio. Con todo, hay que evitar la equivocación y pensar que Lutero creía que la castidad externa es imposible. Lutero aseguraba que para los que no pueden vivir solteros la intensidad de esos deseos se convierten en un tormento y por esa razón el matrimonio es mucho más puro que vivir en un monasterio.

“Después de su boda el énfasis que le dio el matrimonio cambió, y comenzó a pensar que éste consistía en una escuela para el carácter. En este sentido rechazó la soltería y el estado monástico como lo entendía la iglesia católica, que era el asegurarse con esa virtud el camino al cielo. La madre lleva la parte más crítica del matrimonio. Pero el padre puede colgar los pañales aunque esto asombre a los vecinos. Y dijo, que se rían, Dios y los ángeles sonríen en el cielo. Éstas fueron palabras suyas: "Toda mi vida es paciencia, tengo que tener paciencia con el Papa, con los herejes, con mi familia y con Katie"." (Here I Stand, Rolland H. Bainton, pags. 307-309).

Pasar la noche del 31 de octubre, leyéndole a los chicos de la casa,  la Reforma Protestante, es mejor que enviar los niños afuera, con calaveras y calabazas, a recoger golosinas de los vecinos con la frase de horror treat or trick, claro, si es que papá y mamá no tienen telarañas en la cabeza. No se ofenda, por favor.

sábado, 29 de octubre de 2011

Martín Lutero y la Edad de las Tinieblas (Parte I)

 Se aproxima el 31 octubre, no para festejar el día de las brujas aquí en Estados Unidos sino para recordar el día en que todas ellas y la denominación cristiana que las anida sufrió una herida mortal, como la bestia del Apocalipsis, al clavar un monje agustino en la puerta de la catedral en Wittenberg, Alemania, 95 tesis de reforma para la Iglesia Universal, esto es la Católica.

Dios condujo a este religioso a través de una crisis espiritual de búsqueda de perdón y de salvación, al formular estas declaraciones teológicas que han partido en dos la historia de Occidente y del mundo entero, separando la luz de las tinieblas, la verdad de la mentira y los dogmas bíblicos de la superchería. José Martí, escritor cubano dijo: "todo hombre libre debería tener en su oficina un retrato de Martín Lutero". Las campanas de su catedral comenzaron a sonar una por una las ocultas hasta entonces verdades de la salvación: la justificación por la sola fe, la satisfacción completa de la muerte de Cristo para remisión de los pecados, la mentira de la infalibilidad papal, la suficiencia de la Sagrada Escritura, o sea la Biblia, y por supuesto la infinidad de corrupciones clericales en su época.

"Lutero no hizo nada para propagar sus tesis entre la gente. Él simplemente estaba invitando a los estudiosos para discutir con ellos y los dignatarios de la Iglesia esas tesis, pero otros subrepticiamente las tradujeron al alemán y después las entregaron a la prensa. En muy poco tiempo se convirtieron en el tema de conversación de toda Alemania. Lo que Karl Barth dijo de su propio surgimiento como reformador puede ser dicho igualmente de Lutero, que él como un hombre que sube en la oscuridad por una escalera en la aguja de una catedral. Con una mano se agarra para no caer y sostiene en la otra una cuerda. Sin embargo se asombra al escuchar el repicar de alguna campana. La diseminación de estas tesis no estuvo en la mente de Lutero. Le envió una copia a Alberto de Mainz con esta nota: ‘Padre en Cristo y muy ilustre príncipe, perdóneme que yo, la escoria de la tierra, me atreva a acercarme a su sublime persona. El Señor Jesús es mi testigo de lo consciente que estoy de mi insignificancia y de mi indignidad. La razón de mi osadía se debe a la fidelidad que debo a su paternidad’" (Here I Stand, pags. 66,67).

Alguien que ya he mencionado también dijo que "una verdad desde el fondo de un pozo puede más que un ejército entero". Los tiranos, religiosos o seculares le tienen miedo a la conciencia humana y a la verdad. El Papa León X se enfureció y prometió deshacerse de esa insignificante figura monacal, aunque pensaba que su delirio era transitorio y pronto se le pasaría. Pero no fue así, hasta el día de hoy agradecemos a Dios la persona de Martín Lutero, con quien tal vez más que los humanistas, concluye la "Edad de las Tinieblas", y que no haya terminado en la hoguera católica como Juan Hus es porque Dios tenía otro plan con él y no el de convertirlo en mártir. El mundo no debe nada a esa tontería de brujas aquí llamada “halloween”, cuyo festejo popular ha opacado el gran día de la Reforma Protestante. En vez los padres vestir a los niños de muertos y diablos, sentarlos en casa, sin adornos de calabazas, y despertarles la admiración leyéndoles una biografía de Lutero.

viernes, 28 de octubre de 2011

Sincronización entre la pascua judía y la cena cristiana



 Lucas 22:7-20  
(Mt. 26:17-29; Mr. 14:12-25; Jn. 13:21-30; 1 Co. 11:23-26)
 7 Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. 8 Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos. 9 Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? 10 Él les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, 11 y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 12 Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí. 13 Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. 14 Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. 15 Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! 16 Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. 17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.



La institución de la Santa Cena del Señor es un símbolo con entrañable significado, y la primera, ésta, tiene un compuesto de alegría y de tristeza; cuando nuestro Señor sumergido en la participación festiva de la pascua judía anuncia su muerte no tomando un bocado de carne y repartiéndolo entre sus apóstoles sino un pedazo de pan y una copa de vino. Así el antiguo símbolo judío toma una nueva y simplificada forma al llegar hasta, y pasar a la cruz. No llega a los suyos con todo el significado histórico que tiene la antigua festividad, y sin perderlo sino conservándolo en otras formas, llega hasta él donde alcanza su cumbre y su eterno propósito.

Lucas hace mención de las palabras que con un suspiro en voz baja ha dicho Jesús, que apetecía que llegara ese momento culminante de redención, dolor y alegría donde él como Cordero de Dios tomaría el lugar de la pascua (1 Co. 5:7), para escribirlo en tablas de carne del corazón (2 Co. 3:3), dando por concluido con su sacrificio el mensaje mosaico traído en piedra.

Ese día toda la ley dada a Moisés, con todos sus preceptos y mandamientos contrarios quedaría satisfecha (Efe. 2: 15), y ya la nación salva podría prescindir de ritos y emblemas, desentenderse de ceremonias y salir de las sombras (Col. 2:14-17) porque el genuino cuerpo estaría presente en adelante; y en tal instante él quedaría como la suprema pascua de todos, y el nuevo Israel (Ga. 6:16) usaría el pan y el vino en una nueva fiesta, no menos solemne que la antigua, llena de respeto para “el cuerpo de Cristo”, distinto a los alimentos de ágapes fraternales (1 Co. 10:16; 11:29), pero con más deleite y menos espanto por la abolición de todo lo contrario, gracias a la víctima humana que cargaba con los pecados y transgresiones de todos (Isa. 53:6).

El Nuevo Pacto se estaba presentando en el nuevo símbolo dando por concluido al antiguo (2 Co. 3:14; He. 8:13), que se queda como constancia histórica de la revelación progresiva y de la manifestación del origen de la gracia salvadora, pero sin la eficacia que una vez tuvo debido a la inminente Sustitución que haría el Hijo del Hombre, pronosticada desde la eternidad (1 Pe. 1:19,20).

Y tomando el Señor el pan les dijo "este es mi cuerpo que por vosotros es partido", y lo repartió; y alzando la copa de vino bebió de ella y la compartió con todos, y les dijo lo mismo, que miraran al vino rojeando y presumieran que de su cuerpo roto brotaría la sangre expiatoria, y que en adelante no tendrían que preocuparse más por los sacrificios cruentos, impotentes para remitir los pecados (He. 7:11,2), porque al desangrarse él sobre la cruz sería suficiente para hacer eterna reconciliación con Dios.

Los discípulos entendieron bien que lo que comían y bebían era un símbolo, respetuoso y solemne, sustitutivo y que de ninguna manera experimentaría la locura de alguna metamorfosis y se convertiría  en carne viva y sangre humana, la cual llaman misa. Les dijo "haced esto en memoria de mí", pero algo más que un recuerdo, sin llegar a decirles "olviden la pascua" porque la sincronización e independencia del nuevo rito, ceremonia, emblema, símbolo y conmemoración, aparecería en el pleno entendimiento de todos los autores del Nuevo Testamento, después de unos pasos históricos llamados, viernes-muerte, sábado-entierro y domingo-resurrección.

jueves, 27 de octubre de 2011

Suelta Los Remos


 “Y al verlos remar fatigados, porque el viento les era contrario, como a la cuarta vigilia de la noche, fue hacia ellos andando sobre el mar, y quería pasarles de largo” (Marcos 6:48).

Algunas veces sería mejor que el Señor nos permitiera quedarnos atrasados con él, que salir sin él adelante, aún con su expreso permiso o su santa voluntad. Ellos salieron porque él los impelió a hacerlo. Hubieran preferido quedarse en la costa mientras él hacía sus cosas. Es muy difícil remar con el viento en contra, arrepentidos de haber dado ese paso y protestando contra la voluntad del Señor porque después de haber orado las cosas acontecen mal.

Hubiera sido mejor entonces dejarse llevar por el viento hacia cualquier punto de la costa, que nos empuje hacia donde salimos y dejar a un lado el propósito y destino planeado. Los discípulos no querían abandonar aquel proyecto y persistían en realizarlo aunque sacrificaran mucho, se extenuaran y no avanzaran una pulgada. Si se hubieran dejado llevar por el circunstancial e imprevisto viento y estado un tiempo a la deriva, hubiera sido más sabio que contender contra fuerzas que eran más poderosas que los esfuerzos de ellos. Pero eso nos aterra, quedarnos a la deriva, a merced de las circunstancias, soltar los remos y permitir que Dios nos lleve a donde quiera.

Cuando todo indicaba que no tenía intención de ayudarlos los socorrió. Fue una ilusión. El no los dejaría atrás. Cuando oyó los gritos de ellos acudió a su llamado y subió a la barca. Y nunca más se sentirían abandonados y al garete ni acusarían a Dios de equivocación, ni a la mala suerte, ni imaginarían que él pasaría de ellos ignorándolos.

¿Haremos nuestras cosas sin Cristo? Metas y proyectos quedan frustrados y tenemos que abandonarlos porque remamos sin Cristo. Si salimos atrasados con él, llegamos primero porque no encontramos tantos obstáculos. Nuestra vida o la obra de la iglesia, avanzaría más si se atrasa un poco en oración en el monte y no se apurara con los remos a salir para la otra orilla, ni a darle la vuelta al mundo como los fariseos buscando un solo prosélito. Nunca vamos tan despacio ni nos atrasamos una milla si estamos quietos orando. Cuando estamos orando estamos avanzando.