jueves, 31 de mayo de 2012

Si un andrajoso quiere entrar, búscale un asiento


Santiago 2:1-4
“Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís; siéntate aquí bajo mi estrado, ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos y venís a ser jueces con malos pensamientos”.


Está bastante ajustado al contenido del texto el título que sobre nuestras Biblias han puesto, “Amonestación contra la  parcialidad” o diríamos, contra la injusticia en la iglesia y la discriminación. La realidad es que uno se asombra que en aquellas congregaciones primarias existiesen estas cosas ya que  a ellas las tenemos como superiores, y mejores atendidas. Es muy difícil culpar justamente a alguien en particular cuando una congregación no marcha como debiera. Como no quisiera comenzar exponiendo lo negativo me esforzaré por extraer del texto lo positivo que primero hallo.

Note que la iglesia de Jesucristo es para todos, lo mismo es para ricos que para pobres, la puerta de entrada está abierta tanto para uno como para el otro. Dios, como dice Salomón, hizo tanto al uno como al otro y ambos necesitan oír el evangelio para ser salvos. Es una noticia muy fea esa que oímos por ahí que hay iglesias para ricos y ellos no dejan que se siente dentro a oír la predicación nadie excepto que pertenezca al mismo nivel. ¿No hubiera sido un honor poder recoger a los pobres del mundo en la misma asamblea de ellos y hacerles bien como a hermanos? ¿Por qué no acogerlos y no enviarlos de vuelta a otras congregaciones con hermanos menos prósperos económicamente?

Por lo que dice Santiago no se les prohibía la entrada a ninguno, viniera bien elegante o sucio. El pecado se mostraba después que se hallaban dentro. El sentimiento de no sentirse cómodo adorando en un sitio entre hermanos que no tengan la misma cantidad de comodidades, el mismo color de la piel o la misma nacionalidad, no es un sentimiento cristiano y proviene más bien de la sociedad y del yo personal de cada uno.

El tipo de ropa usable en el culto. Si un pobre decide no asistir a una iglesia porque en ella sus miembros son gente acomodada y de rango y se visten para adorar a Dios con ropa espléndida y eso lo humilla de modo que no se siente bien entre ellos, ya eso es cosa suya. Es cierto que los apóstoles enseñaban a los hermanos, en especial a las mujeres a ser humildes en el porte, pero lo hacían para que no pecasen de ostentación y para que no vivieran para esas cosas externas, no porque se prohíba a la iglesia usar este vestido y aquel no, esta ropa y la otra tampoco. Si un hermano quería ir espléndidamente vestido a la iglesia, porque le gustaba y podía comprarla, no para exhibirla y no para humillar a nadie ¿quién se lo habría de prohibir?

Está fuera de mandamiento esa costumbre de algunos modernos de fijar un tipo de ropa para ir al culto o prohibir aquella otra porque a ellos les parece inapropiada. Si no se tiene un atuendo con ostentación, ni alguno que haga sonrojar el pudor y la decencia, si no hay pecado espiritual cuando se viste ¿qué ley se pudiera invocar contra ello? Estoy de acuerdo que la ropa debe ir de acuerdo al espíritu pero no como algunos que he oído decidir no volver a juntarse con esta congregación o aquella porque las mujeres han sido vistas usando esta prenda y aquella otra.

Si una hermana se viste de modo que pone en tentación los ojos de algún  santo (1 Ti, 2: 9), pues entonces que se cambie porque no debe venir al rebaño a coquetear, pero si su ropa es decente y encubridora, por ejemplo hasta los tobillos, no hay que prohibirle nada, a no ser que le guste demasiado arriba de las rodillas. Que alguna buena hermana y discreta comparta con ella un poco de su pudor y le diga que cuando se siente le va a quedar más corta aunque se la hale. Y los que insisten más en esas cosas concernientes al anillo, al abrigo, al pantalón, las uñas, el pelo y el maquillaje del rostro, generalmente suelen ser menos exigentes en el uso de la lengua, y revelan un carácter demasiado preocupado por lo de afuera más que por lo de adentro. 

El argumento bíblico esgrimido por algunos lo toman de Deu.22: 5, “no vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer, porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”. Deben saber que su propósito era evitar la confusión sexual, la degradación moral, y quizás es una reminiscencia o tiene el preludio de la homosexualidad. O puede referirse a ropa usada por un varón, o una mujer. Recuerde que la ropa de ambos era parecida. La mujer siempre debe al ser mirada como una mujer, el hombre eso mismo, como un hombre. Hay jóvenes que Hollywood les ha metido en sus cabezas parecerse a las chicas, y creerse machos y héroes.

¿Qué razón tiene un hombre para usar una prenda tradicionalmente utilizada por las féminas? ¿No se siente disminuido en su virilidad? Pablo dice que al hombre dejarse crecer el cabello le es deshonroso (1 Co .11:14), porque se confunde con una mujer y un genuino caballero no desea que eso le pase sin ofenderse. No es de cabellos propiamente el asunto sino la desaparición de la distinción entre ambos sexos.

No se trata sólo que haga eso o no lo haga, que use esta prenda o la otra, sino que la abominación es lo que Jehová ve por dentro, en el corazón de ese hombre o de esa mujer. ¿No se vestía el Señor como nosotros los hombres no lo haríamos en este continente? Al pastor americano con el cual trabajo lo he visto con traje en el cementerio junto a un muerto pero no en el púlpito, y de los trescientos que le escuchan los domingos, pienso que habrá quizás uno trajeado, el resto viene a oírlo en camisas. Pero tampoco es de los que se creen que por andar desarreglados ya  predican bien y que eso concuerda con la sencillez del evangelio. El joven predica buenos sermones.

Pero eso no es lo principal para Santiago, ni que alguien vaya vestido elegantemente o como un pordiosero, sino la acogida que le den dentro del culto, principalmente la actitud de los hermanos, que prefieran a alguien por cómo se viste, por su posición económica, por su dinero. Esa discriminación no fue enseñada por nuestro Señor y los que practican esos malos pensamientos no pueden decir que no están reñidos con la fe que él nos enseñó y que están “vestidos de amor que es la unión perfecta” y “vestidos del Señor Jesucristo y no… para los deseos de la carne” (Col. 3: 14; Ro. 13: 14), porque las divisiones y estructuras sociales no deben persistir en el mismo seno del reino de los cielos. Si un andrajoso quiere entrar al culto, búscale un asiento cómodo.

martes, 29 de mayo de 2012

Jesús cruza sobre el consenso social


Juan 4:25-30   
“La mujer le dijo: Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando El venga nos declarará todo. [26] Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. [27] En esto llegaron sus discípulos y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: ¿Qué tratas de averiguar? o: ¿Por qué hablas con ella? [28] Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres: [29] Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será éste el Cristo? [30] Y salieron de la ciudad e iban a Él”.


Para evangelizar el mundo hay que ir dispuesto a cruzar barreras étnicas, religiosas y discriminación. Y eso fue lo que Jesús hizo, cruzar suavemente todos esos obstáculos y aproximarse a ¡una mujer! ¡Samaritana! Jesús traspasa libremente las barreras sociales en cuanto al trato con las mujeres (v.27). Los judíos no hablaban con ninguna mujer en la calle, ni siquiera con las suyas, porque eso estaba prohibido por la costumbre y los rabinos. No era decente hacerlo. Por eso al llegar los discípulos se sorprendieron que lo hiciera  y comprendieron la lección que había que enfrentar las críticas y cruzar las fronteras raciales, teológicas y sexuales, para cumplir con el deseo de Dios de salvar a los pecadores. Algunos de ellos están muy lejos de lo que somos y no tienen recursos de cómo llegar a nosotros pero nosotros sí los tenemos para llegar a ellos. Los discípulos llegaron y cortaron la conversación. Es una cosa buena no ser interrumpidos por nadie cuando nos hallamos evangelizando.

De acuerdo al ejemplo de ella, observa que los verdaderos convertidos, especialmente en sus tiernos tiempos, son los mejores evangelistas. Esta mujer no conoce mucho del Señor, bien poco, pero eso no fue un obstáculo; pero tenía algo importantísimo en la evangelización, entusiasmo y fe. Mientras más uno conozca mejor, pero a veces el mucho conocimiento infatúa y detiene. Algunas veces sería  bueno sustituir un poco de conocimientos por entusiasmo espiritual y ganas de hablar a los demás.

Al llegar a la ciudad compartió su conversión. Aunque usa su experiencia en su testimonio, su evangelización es buena porque tiende más hacia fuera, a Jesús, que hacia adentro, ella. No es necesario contarle a la gente todo lo que hemos sido sino todo lo que es Jesús. No les dijo lo que significaba él para ella, lo que había hecho por él sino su descubrimiento como profeta y Cristo. Ese es un problema hoy que la gente parece sólo tener un Dios dentro y no afuera. Ella los acompañó pero uno no ve que interviniera en la conversación. Se quedó callada y los dejó a ellos que hicieran sus propias investigaciones y sacaran sus conclusiones sobre Jesús. A esta mujer precisamente fue a quien le dijo que él era aquel Mesías esperado (v.26); no a los peligrosos delatores judíos.

Los evangelistas que Dios llama, generalmente tienen que abandonar alguna cosa, dejársela a otras personas que se ocupen de ella. Fíjate que dejó el cántaro (v.28). En su prisa lo dejó quizás para que fuera usado por ellos o porque se le olvidó, o porque iría más deprisa si no lo cargaba. El cántaro sería un impedimento para correr a “su público”, quiero decir a los hombres (v.28). También el cántaro pudiera ser la casa, la mujer, los hijos o la fortuna, traspasarlos a otros mientras salimos afuera a predicar. Hay quienes no tienen entusiasmo ni fe para dejar atrás un cántaro de agua y menos un título, un nombre, una casa o una fortunilla.  Había hallado al Cristo y eso valía mucho más que lo que dejó atrás. El verdadero Cristo, no una religión. No un falso apóstol. Adam Clarke cuenta lo siguiente: “Unos cien años después de Cristo se levantó un falso mesías llamado Barchochab quien decía serlo. Pero como los judíos creían que el mesías habría de leer perfectamente los corazones, lo sometieron a prueba. Les trajeron un grupo de personas desconocidas, unos eran villanos y otros decentes y les pidieron que identificara a cada cual, lo cual por supuesto, no pudo hacer. Convencidos ellos que era un impostor, le dieron muerte”.

domingo, 27 de mayo de 2012

Aceptar la voluntad de Dios como venga


Mateo 6:9-10  

 “Vosotros, pues, orad de esta manera: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.  [10] "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”.


Aquí hallamos lo que se ha llamado Oración Modelo, porque fue dada como una lección pedida por los propios apóstoles que querían estar seguros cómo se oraba de modo que la oración fuera escuchada sin impedimentos. Jesús incluyó en su oración los elementos agradables a la voluntad de Dios, los más importantes, para que ellos formando sus propias peticiones no olvidaran incluirlos. No es tan provechosa la repetición de esa oración como el estudio de su contenido.

Todo para que aprendieran sobre la calidad de las oraciones que hicieran, que mientras más se parecieran en contenido a ésta, mejores serían. No les enseñó sobre la longitud, eso lo enseñaban los fariseos. Cuando ores puedes llamar a Dios, Padre, un Padre Celestial, "Padre nuestro".  Cada parte de ella está relacionada con la siguiente y la siguiente con la que la precede; además de peticiones son bendiciones distribuidas de esa forma descendente, concedidas más por la obediencia que por las rogativas. Quiero decir que aquellas cosas que se pidan se hacen.

Por ejemplo si no se hace la voluntad de Dios no hay garantía que se reciba trabajo para obtener el pan de cada día. Si no se perdona a los que nos deben tampoco Dios nos perdona nuestros pecados. El Padre nuestro fue dado como una antítesis de la hipocresía farisaica, y la única forma de mostrar la sinceridad es por medio de la obediencia. Así Dios es glorificado, cuando hacemos su voluntad. Cantar en ciertas circunstancias, por ejemplo en la cárcel de Filipos con los pies y las manos atadas con cadenas, después de haber sido molidos a golpes, glorifica más a Dios que si se canta en el aposento alto, con 120 presentes y entre ellos la madre del Señor.

Aceptar que fue la voluntad de Dios echarle el demonio a una esclava adivina y el odio de los dueños por la pérdida de dinero, no fue un error estratégico, el aceptar la voluntad de Dios y hacerla contentos. Eso es glorificar a Dios. Aceptar sus cambios, pérdidas lo mismo que ganancias, derrotas igual que éxitos, respuestas lo mismo que silencios, y negaciones. Dios se glorifica cuando hacemos nuestro deber y ése es siempre su voluntad.

Y para todo necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. Dios sabe lo que quiere con nuestra vida mejor que nosotros mismos. Nadie alcanza a "comprender la obra de Dios de principio a fin" (Ecl. 3: 11). Nadie sabe el tiempo que durará una situación ni cuanto nos tomará ajustarnos a los nuevos cambios. Pidamos a Dios estar contentos cuando estemos haciendo su voluntad (Ro. 12: 2). Aunque ese texto se puede traducir agradable, también se puede decir aceptable porque siempre es perfecta, y debemos aceptarla como venga estemos contentos o no, porque esa actitud de como tomamos las cosas es lo que lo glorifica. Ninguna cosa podemos pedir que sea mejor que la voluntad de Dios.

viernes, 25 de mayo de 2012

¡Eh, ministro, no te muerdas las uñas!



2 Samuel 10: 12
“Esforcémonos por nuestro pueblo, por las ciudades de nuestro Dios y haga Jehová lo que bien le parezca”.


Me parece bien eso que dijo, cuando uno no sabe lo que Dios va a hacer su deber es esforzarse y hacer lo mejor; si somos derrotados no tenemos porqué culparnos y moriremos tranquilos, si no nos esforzamos ya la derrota está hecha. El texto no enseña que uno se esfuerce y ponga su trabajo en las manos de Dios y con todo sea derrotado. Si te esfuerzas y obras lo mejor que puedes, todo te saldrá bien. Tienes que convencerte que éste es un procedimiento de fe. La decisión de la suerte es de Jehová. Si uno persevera tocando puertas alguna se abrirá, aunque muchas permanezcan cerradas. Este hombre diría eso para estar tranquilo él y transmitir tranquilidad y fe a su ejército. Podría esa noche dormirla toda, si tardaba la batalla.

No debemos vivir como mordiéndonos las uñas, devorados por el gusanillo de la inquietud y comidos por el león de la impaciencia. Dios hará lo que él quiera,  con mucho de nuestro esfuerzo o con un poco menos. Digamos "haga Dios lo que quiera, me apoye o no,  nos dé el triunfo o perdamos muchos hombres, nos acompañe el éxito ahora o venga después. Este es su pueblo y lo que quiera hacer con él lo veremos, si acompaña mi vocación y llamamiento o se retira de mi lado. Lucharé resignado a su voluntad y me conformaré si salgo vivo de la contienda o muerto".

Si  cree que es mejor para mí que yo pierda, y eso es sabio y le glorifica, le daré las gracias por mi derrota, destitución, infamia y muerte. Por lo que a mí respecta no me hallarán los enemigos sentado en una silla o durmiendo en una cama sino vestido con el pectoral de la fe, contendiendo por la salvación y con la espada del Espíritu en la mano, que es su palabra, la cual él sabe que yo sé usar, y el diablo también, y tiembla y corre (Sgo. 4: 7; 1 Pe. 5: 9).

Ore solamente a la Trinidad



(Esto que sigue es tomado del libro Our Triune God, Nuestro Trino Dios, escrito por dos autores Philip Ryken y Michael LeFevre, pags. 74, 75).


"Respondiendo al amor del Padre. La primera y más importante implicación de las lecciones de Jesús sobre el Padre, entonces, es para que sepamos que él es la fuente del amor divino. De ese modo, le reconocemos como la fuente de ánimo que recibimos en la Escritura, en respuesta a nuestras oraciones, en la gracia del Santo Espíritu en nuestras vidas, y en todas las demás bendiciones que recibimos. Jesús nos enseña a dar gracias a la Primera Persona de la Deidad  -el Padre- como Aquel que nos envía todas las bendiciones.

“Una vez que empezamos a pensar correctamente acerca del Padre celestial, una serie de adiciones prácticas y respuestas siguen. Debido a que el Padre es la fuente de todo, Jesús nos enseña que él debe ser servido como el objeto de todo. Él es Aquel a quien le respondemos con amor, con oraciones, con reverencia y adoración. También adoramos al Hijo y al Espíritu Santo, pero como aun el Hijo y el Espíritu dan gloria al Padre y comparten su gloria (Juan 16: 14-15; 17:4,5), nosotros adoramos a Tres-en-Uno con el entendimiento de que el Padre, la fuente de todo, es el último objeto de todo. Esto significa que debemos dirigir en nuestras oraciones específicamente al Padre, ambos en acción de gracias por las bendiciones recibidas en la petición de nuestras necesidades.

“Jesús enseñó a sus discípulos a orar al Padre, diciendo, "en aquel día no pediréis nada. De cierto de cierto os digo, que cualquiera cosa que pidiereis al Padre en mi nombre, el os lo dará… pediréis en mi nombre, y no digo que yo le pediré al Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama… y ahora yo dejo este mundo y voy al Padre" (16: 23-28). Jesucristo no está dando a entender que quita las oraciones que se deban hacer al Hijo y al Espíritu Santo, sino que nos enseña que el foco principal de la oración de un cristiano es así, "Padre nuestro que estás en los cielos" (Mateo 6:9-13). Los discípulos estaban acostumbrados a decirle a Jesús las necesidades que tenían -y ¡esto es comprensible por el hecho de que él se encontraba presente entre ellos! Pero Jesús quería que sus discípulos supieran que aún después de su partida no se afectaría para nada el acceso que ellos tenían al Padre. En su lugar, debido a que el Padre es la fuente máxima de donde se responden las oraciones, y Jesús iba al Padre, la oraciones de los discípulos con estas palabras serían definitivamente fortalecidas después de su partida.

“Solamente podemos acercarnos al Padre en el nombre de Jesús. No obstante, la intercesión de Jesús verdaderamente nos abre el camino para dirigirnos al Padre en oración. Jesús no es como un intermediario que insiste en que el que provee y el que reciba estén separados. Eso es muy típico en cuanto al comercio y distribución mercantil e indica la clase de intermediario que esconde la identidad de la fuente que provee y mantiene a la gente comprando a través de él con el propósito, por supuesto sacar sus ganancias. Pero el verdadero intermediario junta al público y al proveedor, y Jesús es esa clase de Mediador. Una de las aplicaciones prácticas de esto es que el Padre, como la fuente de toda bendición celestial, ha de ser el objeto último de nuestras oraciones (ofrecida en el nombre de Jesús y ayudadas por el Espíritu, por ejemplo Romanos 8:26-27,34).

“Debido a que hay Tres- en- Uno y son igualmente Dios; la prioridad de la oraciones al Padre no debe forzar a la exclusión de las demás dos Personas de la Santa Trinidad y no orar nunca a Jesús o al Espíritu Santo. Tenemos en la Escritura oraciones hechas a los tres miembros de la Divinidad (Hechos 7:59,60). No obstante el modelo de oración que prevalece en la Biblia es dirigirse al Padre en el nombre del Hijo y con la mediación del Espíritu Santo (EFESIOS 1:17; 3:14)".


Hasta ahí arriba la cita del libro. Si este autor tiene razón, y parece tenerla, y con delicadeza sin menospreciar a ninguno de los Tres, acentúa la dirección principal que deben tener nuestras oraciones, menos todavía estamos autorizados a dirigir oraciones a nadie que no pertenezca a la Deidad, aunque por decisión eclesiástica una mujer o un hombre haya sido canonizado o canonizada como mediador o mediadora entre Dios y los hombres, y se catequice a los creyentes haciéndolos devotos de esa persona o de esa figura de oro, mármol o madera. Hay un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Timoteo 2:5), y fuera de la Deidad que consta de solamente Tres Personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a nadie más se debe invocar, reverenciar y adorar. Que nuestra cristología no disminuya nuestra teología ni viceversa.

jueves, 24 de mayo de 2012

La elección, una doctrina de amor


Malaquías 1: 1-5
“Yo os he amado pero vosotros decís ¿en qué nos has amado? A Israel amé y a Esaú aborrecí”. 

A veces uno ve que a los no cristianos les suceden cosas mejores que a los siervos y siervas de Dios, tienen mejor salud y los guía una mejor fortuna, y dicen para sí: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia” (Sal. 73: 13). Cuestionan el amor de Dios y descartan la utilidad de la oración, hablan del engaño de la fe, la ilusión de las promesas y las contradicciones de la providencia. La vida espiritual está hecha una ruina.

Israel al mirar a su vecino Edom que prosperaba sin Dios se decía para sí mismo, "permanecen a pesar de sus iniquidades, no importa lo que sus ciudades sean. Ahora son mayores y más hermosas, han mejorado en estos setenta años; han edificado muchas calles y casas nuevas; en contraste con nuestras poblaciones que están ennegrecidas por el fuego y destruidas; ellos permanecen erguidos con más pecados que nosotros, como si haciendo mal les hayan venido bienes", (Ro. 3:8-18).

Entonces Israel es llamado a la reflexión; ¿cómo se engendraron ambos pueblos? Aunque hayan prosperado serán destruidos, "amé a Jacob y a Esaú aborrecí" (Ro. 9: 13). El amor de Dios hay que localizarlo no en las circunstancias sino en la elección y mirarlo con distancia eterna, más allá del tiempo. Y el significado práctico es que Edom desaparecerá e Israel nunca. La elección para la salvación, hecha desde la eternidad, el tener el nombre escrito en el libro de la vida, la suministración del Espíritu Santo, el perdón de los pecados, la esperanza de la resurrección y la entrada al reino de los cielos, valen más que todas las riquezas de las naciones juntas. 

A la larga la suerte de Lázaro es mejor que la del hombre rico que  elegantemente se banqueteaba día por día. Y vestidito así y todo se fue al infierno. Que Dios nos ignore es la peor mala suerte. La elección es una doctrina de amor. Es el propósito de Dios con Israel lo que muestra su amor, pero ¿qué propósito y qué elección mostró con Esaú? Ninguna. Si acaso para aborrecerlo.

Yo diré hoy al Señor "aunque me matares en ti confiaré" (Job 13:15). "Tú me castigas pero no te apresuras a destruirme" (Pro. 19:18). "No respondes mi oración como quisiera pero tienes de mí clemencia". "A la larga, según pasen mis años,  permaneceré y seré ayudado, por lo tanto no me apresuraré" (Ro. 9:33). Y si la satisfacción de ser un escogido por Dios no sobrepasa mis dolorcillos propios, y desconfiando de su sabia providencia, y continúo con esa chiquillada de que Dios no me ama, mi fe no alcanza ni siquiera el tamaño de un grano de mostaza, porque estar seguro y firme en su elección particular es el privilegio y la mayor muestra de todo el amor de Dios a una persona, pase lo que le pase, porque no hay mal que por bien no le venga.


Una entrada similar.

http://pastorhp.blogspot.com/2010/06/la-eleccion-y-reprobacion_22.html

miércoles, 23 de mayo de 2012

¡Quién hubiera oído a Jesús cantar!



2 Cro. 29:25-30)
“También puso a los levitas en la casa de Jehová, con címbalos, liras y arpas, conforme al mandato de David, de Gad, vidente del rey, y del profeta Natán”.


La música es una hermosura en la adoración. Necesitamos melodías con buena letra como un suplemento y expresión de la oración y de lo que inspire la predicación. En el texto vemos la música mezclada con los sacrificios en el templo. Esa reforma la introdujo David, no era un mandamiento de la ley de Moisés, no se prescribía allí. Claro, por divina influencia, con la aprobación de los profetas mencionados. Antes no había salmo ni cántico alguno; en un silencio total y solemnidad se sacrificaba por el pecado, por la paz y la reconciliación del hombre con Dios. 

Con Moisés el culto era serio y reposaba más sobre la verdad y el significado de las cosas que sobre la alabanza y el gozo. La palabra de Dios en emblemas, imágenes y símbolos era el fundamento principal.  David fue quien mezcló la experiencia religiosa con la expiación.  Su adoración personal en los campos la llevó al culto público e incitó a Israel a que adorara a Dios  como él lo adoraba; sus salmos eran sus oraciones (Sal.72:20), con tristezas, dudas, iras, cóleras, gozos y exaltaciones.

 No buscaba el gozo per se en su adoración, era un sacrificio de alabanza lo que ofrecía (Jonás 2:9; He.13:15). Todo estaba lejos de ser pasatiempo y relax. Los profetas aprobaron esta clase de adoración musical para el tiempo de los sacrificios, si se hacía como David, inspirando al pueblo a la piedad del “dulce cantor de Israel".

No hay que ponerle un veto a la moción de David, Gad, y Natán, para cantar en los cultos cristianos si ellos están de acuerdo que la preeminencia la ocupe la predicación y no el salterio hebreo. Puede que Calvino y los reformadores no se enojen si por cuestión de la melodía se modifican las estrofas. Y se cantarían con más gusto, si no nos obligan a calcarlos con su contexto y exacto vocabulario, dentro del nuestro, y nos dejan en libertad para inspirarnos en ellos, extraerles la palabra de Dios y llenarlos más con Cristo que con sucesos personales. Jesús los cantó, con sus discípulos, sin modificarlos  (Mt. 26: 30). Es la única vez que se dice que cantara. Se menciona más veces que lloraba. ¡Quién hubiera oído a Jesús cantar!