miércoles, 30 de enero de 2008

Cómo un hijo recuerda a su madre

Proverbios 31:10-31
“…el corazón del marido está en ella confiado…”.

Si usted lee todo el texto bíblico indicado mirará que eso no parece ser la profecía de la madre de Lemuel sino lo que aprendió él de ella. Una madre se constituye en una profetiza cuando educa en la ley de Dios a su hijo. Estos son los recuerdos de alguien que lo educó para que fuera rey, su madre. Años después así se acordaba. No era profetiza al estilo de los profetas de Israel sino al estilo de las hijas de Felipe, dentro de la casa, para constituir una familia hermosa.

(1) De su madre aprendió sobre sexo y el alcohol (vv.1-9). Tome el trabajo de leer el texto. Sí, de la madre, el hijo varón, y ¿por qué no? Las madres pueden enseñarle mucho de esto a sus hijos, precisamente porque ella es una mujer.

 (2) Aprendió que su padre al casarse con ella ganó (vv.10,31), que le era una ganancia, era su mayor fortuna, su capital blessing como dijo el pastor John Gill de su mujer. 

 (3) Puede confiar en ella (v.11), en relación con la economía y por supuesto, en todo.

 (4) A ella su padre le deba su reputación (v.23), un nombre. 

 (5) Sabía el deleite que le producía porque lo oyó alabarla (v.28). Esto hace sonreír a un hijo. No le decía palabras feas ni la ofendía. 

 (6) Oyó a sus hermanos llamarla bienaventurada (v.28) por lo que ha hecho Dios con ella, estaban orgullosos de la clase de madre que tenían. Es un término bíblico, relacionado con la obediencia a la ley de Dios. 

 (7) Tenían una madre temerosa de Dios (v.30). Y de ella aprendieron a temer a Dios. En cuanto a las virtudes (v.10). No dice “hermosa”, es mejor virtuosa que hermosa (v.30).

 (8) Su hijo la recuerda como una mujer trabajadora. En el texto es su virtud más destacada, lo que ella hace por su familia, su hogar se halla a la altura que está, porque con sus manos ella lo ha alzado. Seis veces se refiere a las manos de su madre (vv.13,16,17,19,20,31). No a las uñas largas de su madre, ni a sus pestañas postizas, sino a las rústicas manos de ella. 

 (9) Recuerda que era una mujer madrugadora (v.15), y eso que tenía criadas empleadas en su negocio (v.18). En su misma casa tenía un taller de tejidos y confecciones de ropas (vv.19,21).

 (10) También la recordaba como una mujer elegante y atractiva (v.22). La familia no tenía ningún miedo al futuro (v.25), presentaban una cara sonriente a la vida. Y no sólo su padre alaba sus manos sino su cerebro y lengua (v.26). Su madre estaba demasiado ocupada para hallar tiempo para chismear. 

 (11) Era una mujer de hechos (v.31), una mujer y madre al gusto de Dios.