jueves, 28 de febrero de 2013

A veces donde no está el diablo, la tentación es más peligrosa


22:41-44
"Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya".

No sólo ora sino adora (aunque a veces es lo mismo), sujeto al Padre. Esta es una tentación interna. Jesús lucha dentro de sí mismo. No leemos que el diablo esté presente. Sí había un ángel para darle ánimo. Es el hombre, todo el hombre llamado Jesús, en cuerpo y alma, su espíritu y su naturaleza humana  como el que tiene que luchar para ser fiel, no apartarse de su llamamiento y vocación.  

No se trata de hacer milagros con su naturaleza divina sino luchar con la humana. Esta clase de tentación estaba en el centro mismo del propósito de Dios para su vida. Esta fue extraordinariamente más fuerte y complicada que aquella que tuvo  al principio de su ministerio (Mt.4:1-11). Aquí sudó sangre, vino un ángel para fortalecerlo. Se debilitó completamente. En el desierto vio el cielo, aquí todo estaba entenebrecido. Su tentación: no aceptar la voluntad de Dios para su vida, decirle que no a Dios, olvidarse de todo su crecimiento en gracia y sabiduría.

Aunque no esté el diablo es más peligrosa. Dejarse de llamar Jesús, no salvar a los hombres de sus pecados. Las tentaciones internas son peores que las externas. Es más fácil decir que no al diablo que sí a Dios, con el Dedo de Dios echar fuera demonios que dominar las pasiones internas, sujetar al diablo de la voluptuosidad, un mal hábito, una persistente inclinación. Es en la tentación cuando hay que aplicarse a uno mismo lo que ha aprendido y recibido. En esas tentaciones está el hombre solo, y no puede usar ninguno de sus dones ministeriales, con los cuales sirvió a otros y no puede depender de la ayuda de nadie sino de Dios. Dios lo sabía y envió un ángel para que le hiciera compañía. Señor, ayúdanos a ser fieles en ambas clases de tentaciones.

La ciencia cuando se trata de Dios, es petulante


Job 37:1-10
5 Truena Dios maravillosamente con su voz; él ace grandes cosas, que nosotros no entendemos. 6 Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; también a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales. 7 Así hace retirarse a todo hombre”.

Me dice el corazón del incrédulo: “Llegará el tiempo cuando se puedan explicar naturalmente todos los milagros de Dios y entonces se entenderá que él no los hizo”; y añade, "si un milagro no se puede explicar naturalmente no existe. Los atributos de Dios fueron creados por la interpretación de los fenómenos naturales, o más bien, por la ignorancia de sus leyes". Yo le contesté: "Los hombres antiguos tenían más fe en Dios y le alababan mejor porque eran ignorantes de las leyes naturales pero no de Dios.

Él decía que no iba a llover y no caía una gota; oraban por lluvia y se la daba; sabían que él gobernaba la naturaleza aunque no cómo. No explicaban a Dios por los fenómenos naturales sino a la inversa; la única explicación que tenían era teológica; luego vino la ciencia y los ayudó a explicar los fenómenos del mundo y ellos entendieron mejor por esas leyes al Legislador y creyeron y alabaron con más conocimientos en esta época moderna”. La ciencia cuando se torna orgullosa se vuelve petulante. Por supuesto que "la ciencia hincha" (1Co.8:1). Y el más inflado de todos es Satanás, dueño de los corazones escépticos y agnósticos, el proclamador de que "Dios ha muerto", y el muerto es él, sus acólitos y la miríada de cadáveres ateos que repiten desde sus tumbas universitarias la necedad que "no hay Dios" (Sal.14:1; Sal.53:1).

miércoles, 27 de febrero de 2013

Pedirle a Dios cómo no morir

2 Corintios 1:8-11
“El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar”. 

Pablo no tiene miedo morir pero  hay una clase de muerte que no desea y dice, "nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará". ¿Ser devorado por los leones en el circo? ¿Quemado? ¿Despedazado? ¿Decapitado? No selecciona una forma de morir, pero le pide a Dios que esa clase, “grande” de muerte no lo alcance. Quiere seguir viviendo para beneficio del evangelio y suplica a Dios que le dé otra clase de muerte. Está entusiasmado con la obra del Señor. 

Dios es muy misericordioso y oye nuestras oraciones, conoce nuestros miedos y también mide la altura y profundidad de nuestra fe; por lo cual, él atiende a los ruegos de nuestras debilidades y nos concede peticiones como ésta: podemos pedir al Señor que nos libre de tal y más cual enfermedad, de tal y tal muerte, porque nos espanta y desde afuera, sin llegar a ese momento. 

Pensamos que no tenemos suficiente fe para atravesar esa grande tribulación; y de la forma que Dios le puso a David varios castigos para que eligiera uno, lo mismo hubiera hecho si le pidiera que lo eximiera de horrorosas muertes (2Sa.24:11-14). Y así fue, murió envejecido, desgastado por las guerras y los sufrimientos, y de lo único que se quejaba era de frio (1Re.1:1). Dios es bueno.

Sin embargo hay una excepción. Si la clase de muerte, aunque no se quiera, ha de glorificar a Dios, como fue el caso del apóstol Pedro, “18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. 19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios”. La tradición dice que murió en Roma. Aceptó aquella muerte, que no quería en su vejez pasar por ella, porque habría de glorificar a Dios. La excepción con Pedro y lo que enseña quiere decir que somos libres en la gracia y como hijos de Dios tenemos libertad para rogarle al Señor que hay una clase de muerte que no quisiéramos tener. Sin embargo, él tiene la última palabra.

martes, 26 de febrero de 2013

La noche anterior a un sermón

Éxodo 19:15
“Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer.”. 

Esto es enfático,  “no toquéis mujer”. Es instintivamente fácil que en las relaciones matrimoniales, con el amor marital se mezcle el pecado, y para evitar eso, se le prohíbe tocar a la esposa la noche antes (ver 1Sa.21:4,5). Compárese con el v.10 y mira lo que dice a los sacerdotes (v.22). Todo es una preparación espiritual para oír la voz de Dios, o para predicarla; lecciones para ir al servicio del domingo; no sea que comiendo, bebiendo y disfrutando, antes y después de oír la Palabra, se peque contra Dios y se entristezca al Espíritu (1Co.10:31). Lee hasta el final del capítulo.

Dios no quiere cerca de sí a nadie que no esté espiritualmente preparado. Pero eso no es lo único. La comunión con Dios es un privilegio; Dios señala a quien quiere tener cerca. Es cuestión de llamamiento. Moisés tenía el buen deseo de llevarlos a todos a que contemplaran aquella experiencia (v.17). “…y Moisés sacó al pueblo para recibir a Dios”, es una expresión muy bonita. Yo quiero Señor para tu pueblo las experiencias que tengo contigo. La noche anterior a un sermón debe ser una noche de santificación, y si entre cónyuges hay relación, que no profanen la santidad del cuerpo y del espíritu, y el Señor no escuche ni vea algo indecoroso porque el deseo aunque tiene la aprobación divina, es una necesidad adámica que necesita vigilancia.

Viejos recuerdos que ya no duelen


EXODO 18:2-4
“Y tomó Jetro suegro de Moisés a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió, y a sus dos hijos; el uno se llamaba Gersón, porque dijo: Forastero he sido en tierra ajena; y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó, y me libró de la espada de Faraón”.
“Gersón…Eliezer”. Moisés nombró a sus dos hijos conforme a sus días más tristes, Forastero y Dios-ayuda. Los dos estaban relacionados con sus experiencias personales. Tal vez la cura para nuestras mentes no sea borrar los recuerdos sino un nuevo enfoque de ellos. Penetrar en su interior y decirles “aquí estoy yo, no vengo a aniquilarlos sino a quitarles vuestra ponzoña, pero no vengo solo sino con Dios, me acompaño con la luz de la sabia providencia y quiero darles las gracias a vosotros porque el mal que suponen me hicieron, fue convertible; Dios lo cambió para mi bien, en vez de lamentar los días en que me dañasteis y haberos conocido, doy gracias porque no me vencisteis, y aquí me hallo de vuelta, curado, y os enseño las heridas que me ocasionasteis, cicatrices, viejos recuerdos que ya no duelen, y os los he traído para mostraros.
“No creáis que vengo a reconciliarme con vosotros, eso no es posible, ya sois historia y no me reconcilio con mi historia, sino que la leo diferente, maravillado por los secretos de Dios. Mi vida es un acertijo pero tiene sentido, y miradme, no estoy débil ni lloroso, esos tiempos los dejé atrás, no notáis en mi pecho ningún suspiro como en aquel entonces; ya yo no soy aquel, ahora soy yo, anciano de ochenta y lúcido como el sol, escribiendo con el Dedo de Dios, en piedra, sí, en piedra, en vuestros corazones; y nombraré a algunos de mis hijos de modo que me recuerden mis tiempos malos, Forastero, Gersón, como he sido, exilado, Dios-Ayuda, Eliezer. Según los tiempos amargos que Dios ha endulzado, y ya no me asustan cuando duermo porque salieron de mi cabeza y la reclino en paz; ahí os dejo esto que sé que os mortificará, mi perdón, mis dos preciosos hijos, y mi total recuperación”. Tenemos buena memoria para tener viejos recuerdos que ya no duelen.

lunes, 25 de febrero de 2013

Pablo no tenía la manía de ser joven y bonito


2 Corintios 4:16-18; 10:10
“Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día”. 

Si se tradujera que se va pudriendo, arruinando, se captaría mejor la idea. Hay que asumir  que lo critican por haberse dado mala vida como misionero, habiendo envejecido, arrugado y puesto canoso. La respuesta que les da sin negar lo que refleja el espejo y todos ven, es contraponer a eso su rejuvenecimiento espiritual, el de su “hombre interior” con el cual se regocija y llena de gloria. Su envejecimiento parece un acelerado desgaste en su trabajo, no hecho para sí mismo sino por la salvación del mundo. 

En mejores palabras respondería, “no me pidan que viva para mí mismo y que me cuide para extender mi vida, que no es eso lo que quiero hacer con ella, alargarla sino usarla; por otra parte en mi espíritu por comunión con Jesús me siento más joven; estoy lleno de gloria y no de pecados, porque mi objetivo es hacer realidad a otros las cosas que no se ven, las eternas, y por ellas sacrifico el vigor de mi cuerpo. 

"No me digan que me he envejecido porque cada día me siento más joven, más feliz, más lleno de gozo; no estoy perdiendo nada, no me miren con lástima ni me reprochen, porque estoy ganando con creces. Ustedes Apolo, son los que sufren con el aumento de los años porque miran que la belleza se les ha ido y quieren de cualquier manera aparentar lo contrario”. Ese no sería el caso de Pablo, avergonzarse de sus años y procurar quitárselos, porque daría  la bienvenida a su envejecimiento, y mirarse joven y bonito no sería su manía. 

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domingo, 24 de febrero de 2013

Quiénes son los que deben dirigir la iglesia


1Corintios 16:15,16
"Os exhorto, hermanos (ya conocéis a los de la casa de Estéfanas, que fueron los primeros convertidos de Acaya, y que se han dedicado al servicio de los santos)".

Esta familia entera se dedicaba, desde la conversión, al servicio de la iglesia. Cada hermano necesitado podría recurrir a ellos y serían ayudados. No se dice que fueran diáconos o diaconisas; no, no fue la iglesia, la familia, la que los eligió para eso, no fue un cargo que les dieron, sino que ellos mismos se consagraron a servir. La iglesia tenía hermanos y hermanas que había designado para socorrer a los pobres, los enfermos y las viudas, y los presos, pero la familia de Estéfanas no realizaba ese servicio por algún nombramiento específico sino porque Dios mismo les había puesto en el corazón el deseo de ayudar.

Eran de los primeros convertidos de Acaya, los fundadores, los miembros más antiguos; pero esa ventaja sobre los demás miembros, los más nuevos, no la aprovechaban para enseñorearse de la iglesia, al contrario, la popularidad y el prestigio que tenían no lo usaban para dominar la iglesia ya que Pablo exhortó a los hermanos a que los tuvieran como legítimos líderes. Señor que sirvamos no para dominar sino por amor, y que la mayor influencia sobre la iglesia provenga de los que más la aman, trabajan y ayudan. Aquí se habla sobre servicio, la autoridad espiritual. Sobre el dominio eclesiástico. Sobre la honra en el servicio. ¿Quiénes son los que deben dirigir la iglesia? Los que como dice la traducción literal "los que colaboran y trabajan con afán".

Que a los niños los toque Jesús


Lucas 18:15-17
“Le traían los niños muy pequeños para que los tocara”.

¿Qué querían aquellos padres? Que los bendijera ¿no? Creían que si Jesús tocaba sus pequeños cuerpos, estos sanarían de cualquier enfermedad, o que pudieran tener, y más allá de eso, porque no estaban aún enfermos, se hallaba el futuro de todos ellos. Aquel toque no los graduaba en la universidad, con eso no les garantizaba empleo de por vida, no sustituía la enseñanza cristiana de ellos y la supervisión religiosa de sus padres, sino simplemente que de ese santo toque emanara bendiciones para toda la vida, que caminaran derecho por el mundo, que todo lo que ellos tocaran transmitiera la bendición que habían recibido, que primero que todo sus cuerpos fueran templos del Espíritu Santo y que lo pusieran como servidumbre de la palabra de Dios.

Aquellos padres pensaron en el futuro de sus hijos en relación con Jesús. Y los discípulos se equivocaban si pensaban que aún era muy temprano para pensar a tanta distancia en relación con el Señor y ellos. O podrían pensar  que interrumpían el culto, que no tenían ningún valor porque pudieran sucumbir antes que fueran útiles a la iglesia. Quizás aquellos niños no fueran pequeños podrían tener algún  infantil interés en lo que oían, o al menos, no cesarían de mirar y escuchar la voz y la figura del Señor que hablaba. Y Aquel Señor pidió que todos se quedaran allí, siguió hablando como podía, y entre cada palabra ponía una mano para tocarlos a todos, desde el primero hasta el último, y así se fueron gozosos, los pequeños rapaces, y sus interesados padres al llevarse de Jesús  una perenne bendición.