martes, 5 de febrero de 2013

Le parece poco más de un siglo de vida


Génesis 47:8-10
8Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? 9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación. 10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón”. 

Lo único que le interesó a Faraón fue su edad, quizás porque le asombraba que hubiera vivido tanto. Aunque se pasen muchos trabajos y se tengan incontables sufrimientos, la vida cristiana es la más sana (si se come saludable, claro), y sin excesos, tiene la bendición de Dios, como quien está en contacto con la eternidad. A Jacob le parecían sus años pocos porque tenía la esperanza de vivir más; y de cierto vivió 17 años más (v.28). El Señor le complació añadiéndole años a su vida. Yo no quisiera vivir ni un día más que los que Dios haya determinado. Ezequías lloró porque no se quería morir, no se murió, y después de eso engendró a Manases que bañó  a Jerusalén con sangre.

Los que se desesperan por alargar sus vidas lo hacen porque piensan que están  acabando pero yo pienso que estaré empezando, que voy a recoger mi siega, que veré la sustancia de todas mis sombras, que dejaré lo imperfecto para ir a lo Perfecto, que cesaré de andar por fe para andar por amor, que estaré completo, que veré a Dios. ¿No quieres dejar el cuerpo de tu “humillación” (Flp.3:21), abandonar la carne y sus debilidades, esa torre de Satanás y de toda tentación? No te extrañe dejar las bellezas de este mundo que las bellezas del otro donde está Dios y los justos hechos perfectos, son más bellas. Jacob califica sus años como “malos” porque recuerda las muchas cosas malas que le pasaron pero no se acuerda de las buenas y grandes, muy grandes y muy buenas. A veces nos pasa lo mismo.