viernes, 8 de febrero de 2013

Jesús es quien le da importancia a la Biblia

Exodo 3:6
"Y dijo: yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro porque tuvo miedo de mirar a Dios". 

Este texto es citado por nuestro Señor con el propósito de demostrar que dentro del Pentateuco, que manejaban los saduceos, se enseñó la resurrección de entre los muertos (Mr.12:26). Explícitamente aquí no se está enseñando la resurrección de entre los muertos sino que Jehová está concediéndole a Moisés su identificación para que conozca que es el Dios de sus padres y no otro, o sea el Dios verdadero, el Dios de las promesas, y de su proyecto de hacer con su familia una nación. Así es como leemos ese texto cualquiera de nosotros. 

Las palabras no lo dicen, pero Jesús no se fija en las palabras sino en Dios, y no lo lee de esa manera, histórica, sino teológica; y es Jesús el que le da ese significado y sabe lo que está diciendo puesto que él es "la resurrección y la vida" (Jn.11:25); él conoce que esos cuerpos muertos resucitarán y hace esa afirmación pensando en sí mismo porque los resucitará. Ningún otro exégeta o escriba docto en el reino de los cielos pudiera hablar así y que se le acepte su interpretación, porque nadie sino a Jesús, la Palabra de Dios hecha carne, conoce la profundidad de la Escritura y puede extender el significado de la letra hasta donde llegue su deseo, por esa razón "todas las promesas en él son sí y amén", y cumplir símbolos y palabras que no lo mencionen, y darle importancia a una persona que como una zarza no la tiene (2 Co.1:20). Es quien le da significado a la Biblia por lo que en ella pone de sí mismo, como el ángel ilumina y da calor a una seca zarza sin ocasionarle daño (Hch.7:30,35). Suprime a Jesús, que es la llave del conocimiento,  y ¿quién leerá lo que quede?