viernes, 1 de febrero de 2013

La influencia de Jesús sobre la voluntad de los hombres


Marcos 11:1-6      
"Id a la aldea enfrente de vosotros, y tan pronto como entréis en ella, encontraréis un pollino atado en el cual nadie se ha montado todavía; desatadlo y traedlo". 

¿Esto estaría previamente preparado con una contraseña dada, o Jesús no hacía arreglos humanos para sus planes sino que trabajaba guiado por su omnisciencia o por la providencia de Dios? No parece el texto que hubiera habido una conversación desconocida entre el dueño y Jesús; lo que parece es que Jesús conocía a su propietario y la calidad de discípulo que era para usar sus propiedades. Sería uno de los muchos beneficiados por Jesús y discípulo suyo que los evangelistas no cuentan. Conoce el Señor a los que son suyos, sus pertenencias y la calidad especial que cada cual posee, y para qué puede utilizarla.

"¿Por qué hacéis eso?" decid: "El Señor lo necesita"; y enseguida lo devolverá acá". La personalidad del Señor Jesús fue y es altamente influyente; aquel de quien se dice que en él todas las cosas subsisten (tienen su coherencia) siempre se halla activo en el Universo. En los días de su carne también mostró hallarse activo e influyendo. Comúnmente enmarcamos a Jesús en una concepción  tan humana que apenas concebimos que pueda salirse fuera de ella. Por ejemplo, Jesús no se ponía previamente de acuerdo con nadie sobre lo que iba hacer, no organizaba su programa como nosotros; no tenía que hacerlo por la influencia que tiene sobre la voluntad de los hombres. Mandó a sus discípulos a buscar el asno sin haber contado para nada con su dueño, puesto que pone en labios de ellos la respuesta adecuada para vencer cualquier objeción y protesta. 

Desde donde se hallara podía intencionalmente hacer que un individuo obrara de un modo o de otro, sólo le bastaba desear algo e inmediatamente su deseo se realizaba, fuera sobre una higuera, sobre una tormenta para calmarla, sobre un demonio para ser expelido o sobre una distante enfermedad para que desapareciera del cuerpo. Su deseo al instante se transforma en una realidad.