sábado, 31 de marzo de 2012

Un día fatal


2 Sam. 11: 4,27
Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová”.

Oh Señor, ¿es este David, el hombre temeroso de ti, el hombre de oración, el poeta inspirado? Oh Dios, ¡qué desconocidos nos hace el pecado! No, del David que ascendió al tercer cielo podemos gloriarnos pero no de este adúltero, hipócrita, corruptor, endurecido homicida, de ese en nada nos gloriaremos. Oh Señor ¿quién podrá ser salvo? ¿Quién podrá ser santo y fiel en Cristo? ¿Cómo pudo sucederle eso? Ni siquiera pensando que Dios lo permitió se puede hallar una explicación satisfactoria; pero la caída en pecado de este siervo de Dios tiene que despertarlo espiritualmente.

Aquí lo vemos durmiendo al caer la tarde (v. 2) y paseando por el terrado. En sus mejores tiempos de avivamiento en su alma hubiera estado orando como era su costumbre (Sal. 55: 17, nota la fecha del salmo 54 posterior al 51; éste es posterior también). Hombre tan santo y no se da cuenta que está retrocediendo en espíritu y que ha dejado de lado aquella práctica que era la vida de su alma. Si es el autor del salmo 119 como se piensa, ¿dónde está aquel hombre que a las doce de la noche se levantaba y tomaba su arpa y componía un salmo inspirado? (Sal. 119: 62) ¿Y el que antes que saliera el sol le ganaba en su carrera, no le bastaba el día para alabarlo? (Sal. 119: 147) ¿Fue éste el único día que interrumpió su práctica? Un solo día fue fatal, el día de su pecado.

¿Cómo le llama el Espíritu a aquella relación? Inmundicia. Sí, eso es, nada sublime, nada bello, nada limpio. El adulterio es sexo sucio. Oh Dios ayúdanos a cuidar nuestra salvación con temor y temblor porque si en el árbol verde se hacen estas cosas en el seco ¿qué no se hará? Si los que son mejores que nosotros y se descuidan caen en esas faltas ¿qué de nosotros que somos inferiores a ellos? Concédenos oh Dios, cada día estar cerca de ti, que no demos reposo carnal al espíritu, que no repose cuando sea nuestro deber velar; guarda nuestros pies en sus alturas (Sal. 18: 33), que no resbalen mucho (Sal. 62: 2). Velemos sobre nuestra vida espiritual y golpeemos el cuerpo, hasta que quede hecho ligero y espiritual y se remonte al cielo, como Elías en carroza de fuego  o Pablo en rapto de divina inspiración (1 Co. 9: 24-27).


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miércoles, 28 de marzo de 2012

Poder de dinero y diplomático, pero no poder de Dios



 Cuando Jesucristo envió a sus apóstoles a que fueran por el mundo a predicar el evangelio, dijo al apóstol Pedro que se encargara de abrir iglesias entre los judíos. Este apóstol a pesar de haber negado al Señor tres veces, la iglesia apostólica no lo desechó por cuanto Jesús fue a buscarlo cuando él había renunciado, y le dijo que si lo amaba, pastoreara sus ovejas (Jn. 21: 15-19). El apóstol Pablo menciona que lo tenían como una columna (Ga. 2: 9).

La primera visita que Jesús hizo a la casa de Pedro fue porque este le pidió que sanara a su suegra que se hallaba gravemente enferma, "vino Jesús a casa de Pedro y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano y la fiebre la dejó; y ella se levantó y les servía" (Mt. 8: 14-15). Eso quiere decir que estaba casado, y el apóstol Pablo menciona que a Pedro le gustaba llevar a su mujer en sus viajes misioneros (1 Co. 9: 5). Si lo hubieran considerado un cura o un sacerdote habría sido un cura casado o un sacerdote casado.

En otra cita bíblica, cuando Jesús le pregunta a sus discípulos acerca de la opinión que tenían de él y Pedro le contestó "tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Y Jesús le respondió "yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré iglesia y las puertas del hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos" (Mt.16: 16-19). Con eso no quiso decir que San Pedro se encuentra en la puerta del cielo y deja pasar a quien quiere y a quien no quiere lo envía al infierno. Lo que el Señor le estaba diciendo es que él sería quien abriría el reino de los cielos al mundo, porque fue el primero que predicó un gran sermón y muchísimos que no eran judíos creyeron. En cuanto a que sobre él se edificaría la iglesia, quien afirma eso quienquiera que sea, comete un error gravísimo, porque según la sana exégesis Jesús se estaba refiriendo a la declaración que él hizo que era el Hijo de Dios. La iglesia está edificada sobre la doctrina de los doce apóstoles, no sobre la persona de ninguno de ellos como se puede fácilmente leer en EFESIOS 2: 20.

El apóstol Pedro tuvo una caída en su testimonio que ninguno de los otros la tuvo, pues negó a Jesús tres veces hasta que cantó un gallo; y fue el único de ellos a quien el apóstol Pablo tuvo que reprender duramente en Antioquia acusándolo de hipocresía (Ga. 2: 11-13). Y para balancear con cosas positivas su testimonio, además del estupendo sermón lleno de la unción del Santo que predicó y que fue el instrumento para que se convirtieran más de dos mil personas, este hombre rústico en su lenguaje y con limitada cultura fue bendecido por Dios para que escribiera dos pequeñas cartas en nuestro Nuevo Testamento, conocidas como Primera de Pedro y Segunda de Pedro. Sin embargo, como se ve era un apóstol como todos los demás, con virtudes y defectos, no un superhombre, ni un ángel, ni alguien ante quien hubiera que arrodillarse y que no se le podía criticar nada por cuanto no se equivocaba y era perfecto.

Y lo opuesto a eso fue lo que ocurrió cuando el apóstol Pedro llegó a casa de un hombre llamado Cornelio, "al otro día entraron en Cesarea. Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle y postrándose a sus pies adoró. Mas Pedro le levantó diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre" (Hch. 10: 24-26). Ni él ni tampoco algún lector honesto de la Biblia le llamaría "su Santidad", ya que si estuviera presente se escandalizaría de semejante exageración, y respondería a todos los que se arrodillan enfrente de él como le dijo a los que se arrodillaron en casa de Cornelio "yo soy un hombre como ustedes" (Hch. 10: 26).

Si Pedro no quería que se arrodillaran delante de él, si se atribuía el mismo calificativo nuestro de hombre, si se le podía criticar y exhortar como se hace a un hermano que se comporta con hipocresía, si es débil y puede negar a Jesús tres veces, no llena los requisitos para la designación de Su Santidad, ni para Sumo Pontífice, ni para Papa, y muchísimo, pero muchísimo menos los que sin tener la más remota conexión con alguna sucesión de este apóstol aceptan sin ruborizarse que le llamen de esa manera y lo presenten como Jefe de Estado, que tenga sus embajadores y diplomáticos en el mundo entero, que pueda hacer presión sobre los gobiernos, sin un ejército ni armas atómicas, solo por el hecho que cuenta con el poder del dinero y una gran maquinaria supersticiosa, y con la experiencia de 2000 años.

Así no era Pedro quien dijo al no tener ni siquiera para dar una limosna, "no tengo ni oro ni plata"; pero ese Estado Religioso de hoy sí tiene mucho oro y mucha plata, aunque no puede decir al cojo como dijo Pedro "lo que tengo te doy, en nombre de Jesucristo de Nazaret levántate y anda". Poder diplomático sí, del dinero sí, pero no poder de Dios.

martes, 27 de marzo de 2012

Comentaristas amigos de Dios

Jeremías 36:3, 4
“Y llamó Jeremías a Baruc hijos de Nerías y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado. Quizás oiga la casa de Judá y se arrepienta”.

Esto es para que Jeremías trabaje con esperanza y lo escriba a pesar de que Ezequías le había dicho que el pueblo no se convencería ni se convertiría con sus predicaciones. O sea, escribe el libro como un complemento de sus sermones. Si el pueblo, o al menos algunos, que no pudieron escucharlo, como nosotros, o quisieran escucharlo otra vez sin que fuera posible, tendrían la oportunidad de leer lo que otros habían escuchado y reflexionar sobre el contenido espiritual de la Palabra de Dios.

En ese sentido, sin ir más lejos me parece que se está recomendando la buena literatura bíblica, los panes de la proposición o maná que podía ser molido, machacado en mortero, comido con azúcar, con sal o con laurel, al gusto de cada cual, pero siempre nutritivo y que fortalece los músculos, le da vigor a las coyunturas, sana las rodillas paralizadas, desinfesta los tuétanos, y acelera de modo celestial los ritmos y palpitaciones del corazón. En una palabra, el jugo bíblico es magnífico para uno andar en el desierto de este mundo, y llegar a Canaán, la tierra prometida, y subir al monte Nebo, sin problema alguno a toda velocidad aunque se halle próxima la partida final por haber llegado a la edad de los 80.

Una buena literatura bíblica no solamente consuela sino también exhorta. y manifiesta no por conveniencia propia del pecador, la oposición de Dios contra el pecado, sino porque desvirtúa Su gloria. Debe decir aquellas cosas a las que se opone Dios y las llama pecado y las enjuicia.

Hay páginas impresas de autores cristianos, que no son los librillos de autoayuda que devoran sin saciarse los que tienen poca afición por los libros apostólicos y autores descendientes de aquellos. Los mejores libros merecen ese calificativo en dependencia a la relación que guardan con las Sagradas Escrituras. No salgo de mi asombro y decepción cuando visito un blog reformado y lo leo extensamente dedicado en enjugar los lloriqueos de cristianos con poca fe o a remendar roturas en el carácter o dando consejitos para tener un matrimonio feliz. Y eso lo he oído en púlpitos supuestamente “reformados” donde los mensajes doctrinales brillan por su ausencia.

Los comentarios bíblicos tienen el primer lugar, los publicados por esos pocos privilegiados doctos en el reino de los cielos. Es bueno que cada creyente ahorre algo y se haga de algunos comentarios bíblicos inspiradores. Calvino tiene algunos en español, en especial la Institución, y las epístolas pastorales. Los de J.F.B., están bien; un poco resumidos, pero bien. BH Caroll, con su estilo hace bien, aunque no abarca toda la Biblia.

Si no tiene sino para comprar un comentario, vaya comprando poco a poco los de Mathew Henry, los concisos, porque los otros son muy extensos. Y si lee inglés y tiene computadora (ordenador, o computador) ¡ni se diga!, tiene para gastar hasta su último “cuadrante”. Las biografías de grandes hombres y mujeres son inspiradoras, y nos complementan la personalidad cristiana. Lea su Biblia y consulte a esos señores y lea lo que ellos opinan sobre el significado de aquellos pasajes que a usted le parecen enigmáticos, y verá que las exposiciones de esos amigos de lo divino, o mejor dicho, amigos de Dios, son fascinantes. 



http://exiledpreacher.blogspot.com/
C. H. Spurgeon on the use of commentaries,

“Parece extraño que ciertos hombres que hablan mucho acerca de que el Espíritu Santo se les revela a ellos, piensen tan poco acerca de que el Espíritu se le revela a otros... ha sido la moda en los últimos años hablar contra los comentarios bíblicos... una respetable relación con las opiniones de los gigantes del pasado podría haber salvado a muchos erráticos pensadores de aventuradas interpretaciones y descomedidas inferencias".

domingo, 25 de marzo de 2012

Dale algún tiempo a la abeja


"Venid vosotros aparte a un lugar desierto y descansad un poco" (Mr.6:31).

¿Lee hoy este trocito algún ministro cansado o algún obrero de la escuela dominical, o alguna hermana preocupada, cual Marta por servir del mejor modo a Jesús? Quizás estas palabras del Señor a sus discípulos sean las que hoy necesitas. Ayer cuando acabaste tu sacrificio y bajaste de tu altar tuviste la impresión que Dios no había enviado fuego del cielo para que lo consumiese y con mucho más pesar que Caín tu semblante se ha tornado gris y el corazón no halla reposo dentro de tu pecho. Te sentiste derrotado y no has podido recuperarte después que muchas horas hayan pasado.

Tus lágrimas, pobre siervo, pueden mezclarse bien con las de la hermana de Magdala porque sientes que tu Señor te ha sido quitado. Y ¿quién fue el que te ha robado su Espíritu? Nadie, no ha sido algún pecado el que te ha desangrado, no te quedaste sin fuerza porque alguna sensualidad hubiese cortado tus preciosas guedejas, no que hayas envejecido en una noche sin que lo supieras, sino que has oficiado cansado.

Y ¿no fuiste a un combate? ¿Cómo podrías haber vencido si casi agotado te presentaste a blandir tu reluciente espada? ¿No has leído que David se levantó de mañana y de mañana fue cuando blandió fuertemente su honda contra Goliat? Si hubiera primero matado un oso, luego un león y cargado por una milla una oveja gorda, ¿piensas que su piedra hubiera tenido la misma velocidad que tuvo? Si hubieses tenido necesidad de una maestra de niños ¿a quién hubieras elegido a Marta turbada y cansada mentalmente con sus quehaceres o a María, relajada espiritualmente? ¿No estaba esta última en mejor forma? 

La mente puede seguir activa pero las emociones desfallecen primero que el pensamiento y sin un corazón animoso y lleno de fuerzas no podrás cumplir con tu comisión. Imponte algún reposo. Dale algún tiempo a la abeja, quiero decir tu laborioso corazón, para que yendo de un sitio a otro, deliciosamente ociosa interrumpa sus labores, los difíciles trabajos ministeriales, y de trabajar con cera y libe por puro gusto y recreación, especialmente mullida entre los pétalos de la "Rosa de Sarón" (Can. 2:1).

viernes, 23 de marzo de 2012

Las mismas doctrinas en el año uno y en el cien


Filipenses 3:1-3
“Por lo demás hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas y para vosotros es seguro. Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne”.


Si usted hubiera sido miembro de una iglesia apostólica a principio del siglo primero, hubiera oído a los predicadores decir lo mismo, y en el segundo siglo igual. El apóstol dijo a mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas y para vosotros es seguro; parece a primera vista como una excusa por el cambio de tema, puesto que va a hablar sobre la adoración espiritual a Dios por medio de Cristo, en amplio contraste con lo que él llama fórmulas carnales. Pero sin adelantarnos a exposiciones futuras, un buen ministro del evangelio, perfectamente instruido en la palabra de verdad, no cambia su teología pasado el tiempo. No busca un sensacionalismo atractivo para las multitudes ni nuevas verdades, sino que predica lo que aprendió de Cristo, lo que lo salvó a él y a otros.

Con toda seguridad tú puedes comparar lo que el apóstol escribió al principio de sus cartas, por ejemplo 1Tesalonicenses, con 1 y 2Timoteo y verás que ha aumentado de conocimientos, pero no ha variado su teología; y lo mismo que predica en un lugar lo anuncia en otro. El no enseñó más de lo que los cuatro evangelios dados por Jesús ya enseñan.

Quizás algunos, pero no Pablo ni los que son como él, hallen aburrido, monótono, sin gusto alguno tener que enseñar año tras años las mismas verdades que aprendieron en sus comienzos. Él dice: a mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas (v: 1). Los que tienen que cambiar su doctrina son los que nunca han aprendido la verdadera y sana. Tienen que aprender a leer y oír las mismas cosas y con deleite y satisfacción, es decir acompañados por el Maestro Espíritu Santo.

Conforme el apóstol dice que no le molesta pudo haber dicho, “encuentro una satisfacción infinita y me relamo de gusto el poder repetirles por escrito lo que ya he hecho verbalmente”. Si un siervo de Dios encuentra desabrida su función de maestro porque siempre tiene que enseñar lo mismo, que revise si en verdad lo es. El maná se podía comer de muchas maneras y no por eso dejaba de ser maná. Y si les pareció a algunos “liviano”, era problema del gusto carnal de ellos porque lo que se les ponía a la mesa era “pan de ángeles” (Sal. 78: 25).

Instrucción y vigor de la iglesia.
Por otra parte, si la iglesia se vigoriza o afloja en relación con la enseñanza, podemos ver que las viejas verdades del Nuevo Testamento, las que se hallan en los evangelios, en Pablo, en Agustín, en los reformadores, en los puritanos, son las que en realidad hacen que la iglesia sea un pueblo seguro. En el libro de Los Hechos muchas veces leemos que Pablo regresaba por las iglesias “confirmando a los hermanos” (Hch.15:41), quiere decir repitiéndoles lo mismo que ellos habían oído de sus labios un tiempo atrás. Y por el monto numérico de aquellas congregaciones y lo rápidamente que crecían sabemos que les eran muy dulces oírlas repetidamente. No pedían a sus ministros que las sazonaran con algo nuevo porque al gusto natural, como frutos del Espíritu, les sabían maravillosamente. Es que también estaban llenos del Espíritu y éste hacía que ellos disfrutaran de lo que habían tomado de Cristo y se los había hecho saber.

Pudiera ser que alguna novedad en el púlpito o en la adoración atraiga más gente, pero al final se dispersarán y el cristianismo tradicional sufrirá pérdida, porque lo único que hace sólida una congregación, que la asegura, es la teología y doctrinas antiguas, las mismas cosas, y por lo que sigue no puede ser otra cosa que las doctrinas de la salvación por la gracia, el evangelio y no algo más, por medio de la fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo. Las impetuosas iglesias paulinas eran las auténticas iglesias cristianas que transformaron su siglo con las mismas doctrinas que oyeron y enseñaron desde el año uno al cien. Yo sé   que hay quienes les molestan o les aburren enseñar siempre lo mismo. A mí no, porque no lo digo igual.

jueves, 22 de marzo de 2012

Haz lo que Jesús quiera


 "Señor, ¿qué quieres que yo haga?" (Hch.9:6).

Saulo se incorpora y le dice a Jesús “estoy a tu disposición”. El Señor le dice “sufrirás mucho” y él le responde “no me importa, por ti lo haré”. Y Jesús le dice “vete a Damasco y hablaremos después”. Y desde entonces siempre le preguntó a Jesús ¿qué tengo yo que hacer ahí? Y le respondía lo mismo “no temas, habla y no calles”. Esa era su vocación, la voluntad de Dios, esos eran sus planes, los de Jesús, ese era su propósito, el del Señor y esa era su visión porque miraba por los ojos de Jesús. Y Saulo insistió, “y ¿qué hago con mi tiempo?”. Y su Señor le dijo, “déjamelo a mí para que no hagas sólo lo que te gusta sino lo que yo quiero”.

Y Pablo agachó su cabeza y se dejó conducir por el Espíritu. Cuando hizo un plan de viaje equivocado  a Asia Jesús le orientó “para allá no, ve a Europa”. Y lo recibieron con una paliza y lo ataron con cadenas.  Allí había un hombre con su familia que le preguntarían cómo ser salvo, y un montón de presos que no habían oído una oración cristiana y ni un solo himno en todas sus vidas.  

¿Qué quieres que yo haga aquí? Y Jesús le dijo, “no te quejes, haz un dúo con Silas y canten”. “¿Sin ensayar?”, y Jesús le dijo: “Canta algunos de los que me has cantado a mí”. “Pero a esta gente no le gusta la música religiosa”. Y Jesús le respondió: “No cambies la música, no seas postmodernista, lo que yo quiero que oigan es la letra de esos himnos que sirven para salvación”. Y tuvieron el primer culto cristiano en una cárcel de Filipos.
Y en Roma le dijo, “¿qué hago en esta casa alquilada?”. Y Jesús le dijo: “Predícale a Onésimo, ayuda a Epafrodito, escribe a los colosenses, a Filemón, otra epístola a Timoteo, una a los filipenses, y pasa mañana por mi Trono de Gracia para que recojas una  nueva encomienda”. Haz lo que Jesús quiera.     

martes, 20 de marzo de 2012

El sábado para adorar y el diezmo para ayudar


Hebreos 7: 1-10
“Porque este Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abraham que volvía de derrotar a los reyes, y le bendijo. Asimismo, le dio Abraham los diezmos de todo. En primer lugar, su nombre significa "rey de justicia", y también era rey de Salem, que significa "rey de paz". Sin padre ni madre ni genealogía, no tiene principio de días ni fin de vida; y en esto se asemeja al Hijo de Dios, en que permanece sacerdote para siempre. Mirad, pues, cuán grande fue aquel a quien aun el patriarca Abraham le dio los diezmos del botín. Ciertamente, aquellos descendientes de Leví que han recibido el sacerdocio tienen, según la ley, mandamiento de recibir los diezmos del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque ellos también son descendientes de Abraham. Pero aquel, cuya genealogía no es contada entre ellos, recibió los diezmos de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. Indiscutiblemente, el que es menor es bendecido por el mayor. Aquí los hombres que mueren reciben los diezmos, mientras que allí los recibe aquel acerca de quien se ha dado testimonio de que vive. Y por decirlo así, en la persona de Abraham también Leví, el que recibe los diezmos, dio el diezmo. Porque él todavía estaba en el cuerpo de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro”


Miremos primero la fuerza que cambia la ley del Antiguo Testamento. El autor está firmemente convencido que la ley fue cambiada porque tenía que ser cambiada y había sido anunciado por el Espíritu el cambio. Melquisedec es para él una figura interesante y simbólica, su vida y sacerdocio prefiguran el sacerdocio de Jesucristo.
Su argumento es el siguiente: Melquisedec no pertenece a Leví, no es ni siquiera descendiente de Abraham, pero es mucho mayor que él porque toma de él los diezmos y lo bendice; y Abraham lo reconoce como superior. Si el padre de la nación judía era inferior a aquel gran sumo sacerdote, Leví, que es la tribu encargada por Dios de administrar el sacerdocio, también es inferior aunque por un buen tiempo estuviera oficiando.

Sin embargo, ¿es fuerte el argumento, porque se habla de Melquisedec en el Sal. 110: 4, se toma ese texto para cambiar un orden sacerdotal respaldado por el prestigio de Moisés y la historia de Israel? ¿Dónde se dice ahí, en ese mismo salmo, que el sacerdocio levítico sería substituido por el de Melquisedec? No se dice. Es una sutil profecía sobre el Mesías. ¿Realmente era una profecía la que hizo David? Por la sola exégesis del texto sería muy difícil cambiar tanto, tan bien dicho, educado y practicado por siglos. Caemos en lo mismo, el autor de Hebreos como otros autores del Nuevo Testamento, se aproximan a la Escritura desde la historia de Cristo, la cual conociendo les indican los textos que sirven para apoyarla y que la pronosticaban.

Lo que hizo el cambio de sacerdocio no fue la profecía davídica sino la vida de Cristo; ninguno se dio cuenta de ella hasta que vieron vivir, morir y resucitar a Jesús de Nazaret. No fueron las palabras del Señor las que cambiaron la ley sino la vida del Señor, su persona, a la cual el Espíritu Santo condujo a la iglesia para que entendiera la Escritura a la luz de la vida de él. Junto a la ley Dios les estaba dando emblemas y tipos de algo muy superior que vendría, y ellos no lo vieron plenamente hasta que se les manifestó. La ley y el Antiguo Testamento es sólo una preparación para recibir a Jesús, el mismo Israel existió para que él viniera, “por él y para él”. Lo eterno, el “reino inconmovible”, el “sacerdocio inmutable” pertenece a Jesucristo; “lo perfecto” es el evangelio no el sacerdocio ni la ley. Los cristianos, la iglesia, estaban propulsando cambios, “destruyendo historia”, para implantar algo nuevo y mejor, para el tributo de lo cual todo lo anterior fue una sirvienta.

Los judíos veneraban la Escritura, y el autor por medio de ella, les demuestra que debían leer a Cristo en los tipos del Antiguo Testamento, como es el caso de Melquisedec, aquel sacerdote y rey, “de Salem” (¿Jeru-Salem?), de cuya aparición y existencia se narra en Génesis 14: 17-20, de quien no se conoce su genealogía ni la fecha de su nacimiento, “hecho semejante al Hijo de Dios” (7: 1-3). Era un semita. Pero sin duda, Abraham lo reconoció como auténtico sacerdote, legítimo servidor del mismo Dios que él, “el Altísimo”, de quien tal vez oyó la bendición de su triunfo en la guerra, y a quien reconoció como un indisputable superior. Este sacerdote tiene unas características que alegorizan la persona de Cristo: no es de la tribu de Leví (es antes de Leví), Jesús tampoco; su sacerdocio no concluye, tampoco el de Cristo, su padre, madre y nacimiento son como si no hubieran tenido lugar, así Cristo, que es eterno, no tiene “principio ni fin de días”.

El autor de Hebreos acomoda el pasaje a la persona de Cristo y aunque algunos detalles están un poco distanciados, sabiendo él la doctrina de Cristo, conociendo que sus “salidas son desde los días de la eternidad”, que es el Hijo de Dios, sin principio ni fin, que su madre y padre (putativo, José) no son importantes para asegurarles el sacerdocio, que su familia judaica no contaba porque era “la palabra hecha carne”, el encarnado Hijo de Dios, les asegura a sus hermanos judíos, lectores de la Escritura, que consideren a la luz de la historia de Jesús, aquella tímida luz de la revelación escrita por Moisés.

La cuestión de los diezmos que aquí se menciona, es secundaria; solamente  diría quizá con provecho, que el uso del sistema de diezmos para sustentar la religión es más antiguo que la ley mosaica; y por otra parte, no depende de las necesidades de la religión, no es para mantenerla sino porque agrada a Dios y tampoco depende su obediencia de la abundancia del diezmador o de la riqueza de la religión. Melquisedec no representaba una religión sino una verdad, existía como testimonio de la verdad en una época de total oscurantismo; quizá era él solo o muy pocos más, en medio de una ciudad idólatra. No se le daba el diezmo porque el grupito lo necesitara sino porque Dios lo mandaba, por aquella tribu que más tarde aparecería y por algo más, para que cooperemos con la verdad y mostremos nuestro aprecio a lo espiritual y la importancia que tienen las cosas celestiales que por medio de los diezmos son sostenidas. Moisés no practicó el diezmo porque lo haya recibido como una  revelación con la Ley sino porque ya lo conocía por sus ancestros.

El diezmo, como el sábado, es antiguo quizás como la creación del mundo, y antes que por la ley se santificara el uno y el otro, ya Dios los había santificado y ordenado a sus hijos que diezmaran y guardaran el día de reposo; el primero para mostrar interés en lo espiritual, para que su pueblo se comprometiera con la financiación de la verdad y el segundo para que descansando un día meditara en su ley y en aquel reposo celestial que el sábado figuraba. Cuando diezmamos, diezmamos para Cristo y cuando reposamos pensamos en él, nuestro descanso eterno. Y si alguno dice que Cristo ni los apóstoles al formar la iglesia ordenaron su práctica, tiene razón, entonces que de lo que quiera, y si no quiere no ayude nada, aunque en cuanto a mí lo considero como lo mínimo, me gustaría quedarme con el diezmo y no darlo a la iglesia, y no me mal entienda, así para dar a ella las otras nueve partes.


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