lunes, 30 de abril de 2012

El oropel de Hollywood y Broadway


Salmo 62: 9
“Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que nada”.

La palabra vanidad que se menciona significa “vaciedad”, “transitoriedad” e “insatisfacción”. Y esas cosas no pesan nada, menos que nada. La vida y la gloria humana es precisamente eso, no pesan nada, caben en un dedal. Sin embargo la gloria de Dios sí pesa, como dijo Pablo “eterno peso de gloria” (2 Co. 4: 17); un poco, pequeña cantidad de la gloria de Dios hace que pese, en la verdadera balanza, la de Dios donde son pesados todos los seres humanos, pesa muchísimo, o sea no es algodón, paja, aire y humo. Vale más la aprobación silenciosa de Jesucristo a una vida que todo el oropel de Hollywood o Broadway. El lujo, la fama, los títulos honoríficos, elogios y adulaciones (Job 32: 21). 

Hay otra cosa que pesa mucho y es el pecado y del cual se nos invita a despojarnos (He. 12: 1). Su peso es terrible sobre la conciencia y la espalda. Todo ese peso lo llevó Jesús con su cruz, por eso nuestras cruces pesan menos, porque cargó con nuestras culpas encima de ella. Así que hallamos el peso de la gloria de Dios, el peso del pecado y el peso de las vanidades humanas.  Excepto la gloria de Dios todo lo otro es vaciedad, transitorio e insatisfacción.  Lo que realmente llena la vida humana es Dios, lo que le da sentido eterno para vivir. 

Estemos contentos con ser conocidos por Dios, sonreídos por él, aprobados por él, porque no hay satisfacción más grande que nos tenga en su memoria, que nos haya elegido desde antes de la fundación del mundo, que nos haya justificado, que encargue a sus  preciosos ángeles nuestra providencia y la esperanza de la resurrección. Nada en el mundo vale tanto y con más glorioso peso.

domingo, 29 de abril de 2012

Exégesis carcelaria



Génesis 40: 6-8
Y José vino a ellos por la mañana y los observó, y he aquí, estaban decaídos. Y preguntó a los oficiales de Faraón que estaban con él bajo custodia en casa de su señor: ¿Por qué están vuestros rostros tan tristes hoy?”.
  

José es un extraño carcelero, único, no sólo se preocupa porque los presos tengan comida y facilidades sanitarias sino que se sientan bien; les preguntó sobre su tristeza, como un pastor o capellán para ellos. Piensa que la privación de libertad es el único castigo que deben tener los presos sin añadirle las malas condiciones de la cárcel. ¡Esperaba que sus presos estuvieran contentos allí! Tal vez la dura vida que se le impone al preso sea un método de corrección y tenga sus resultados positivos pero también los endurece. Sobre todo los presos por motivos religiosos y políticos.

¿Cómo pueden estar llenas las cárceles, en este siglo XXI, de presos políticos? Estos dos pensaban, como la mayoría, que todos los sueños son mensajes que envían los dioses; y no es así, realmente muy pocos los son, la mayoría tiene que ver con la vida misma, con la vida psíquica y espiritual sin contener más de una revelación de lo que somos, no alguna predicción. Pero estos sí eran mensajes de Dios. Si un sueño trae una comunicación de Dios, sus símbolos pueden ser interpretados por la Biblia como se interpreta en ella una visión profética o una parábola en el NT, usando la misma clase de exégesis. Ayuda mucho consultar a comentaristas responsables que con reverencia se relacionan con los autores de los documentos bíblicos y con la mente de Dios.

Y mencionando eso, José les dijo, “es de Dios las interpretaciones”, o lo que sería para nosotros “es de Dios la exégesis de su revelación”. Ni más ni menos, no es adivinación ni suposiciones sino atención estricta a cada palabra dicha, a cada símbolo expuesto; y en eso hay que contar con el Espíritu Santo para que al intérprete lo guie a toda verdad. Aquellos presos fueron afortunados al hallarse otro confinado que creía en Dios y era sensible a sus preocupaciones y podía aconsejar con propiedad referente a lo que Dios les estaba diciendo. No subas al púlpito sin conocer exactamente la palabra suya que quieres comentar para tu prójimo y la relación que ella tiene con la vida de ellos, que no es dejarlos contentos sino hablarles con franqueza exegética y carcelaria, que cada cual reciba su destino, la libertad, gracia, la prolongación de su situación, o un desafortunado fin, justicia.

sábado, 28 de abril de 2012

Alcoba conyugal


Génesis 38:8,9
Y  Onán sabía que la descendencia no sería suya; y acontecía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba en tierra para no dar descendencia a su hermano. Pero lo que hacía era malo ante los ojos del Señor; y también a él le quitó la vida”.

Dios conoce el corazón de todos los hombres y las motivaciones de sus acciones; y el Señor también mira con quién se tienen relaciones sexuales y cómo se efectúan, porque el Espíritu dijo que el lecho matrimonial deber estar “sin macilla” (He. 13: 4). ¿No dice el Señor que se cierre la puerta de la habitación y se ore en secreto porque Dios ve en secreto? (Mt. 6:6). ¿O es que Dios entra, si es que el Viviente que me ve, tiene que entrar, sólo cuando lo que se va hacer en la alcoba es un culto religioso? Cuando se cierra la puerta Dios no se queda afuera, está dentro y ve y oye todo lo que pase. Siempre el matrimonio se halla en la presencia de Dios. 
Onán no quería darle un hijo a su hermano porque el primogénito no sería suyo, no llevaría su nombre y la herencia sería de él y no del padre. Sería padre biológico del hijo pero no legal.

Y ¿qué más le daba? De todos modos la herencia no sería suya tampoco si no engendraba un hijo. No quería tener un hijo, criarlo y que llevara el nombre de otro. Y Dios lo estaba mirando y le repugnó lo que hacía con su mujer porque en el matrimonio todo no es válido, hay cosas que se pueden hacer por común acuerdo de la pareja pero no de común acuerdo con Dios, y “son dignos de muerte los que tales cosas hacen” (Ro. 1:32). Las conciencias de ellos pueden quedarse tranquilas pero bajo condenación. Hay cosas que no se hacen en el matrimonio que desagradan a los ojos de Dios y hay cosas que se dicen e hieren sus oídos. Pero como “vergonzoso es hablar de lo que ellos hacen en secreto” (Efe.5:12) yo me callo; y como dice Calvino, llego sólo hasta donde la vergüenza me permita hacer comentarios sobre cierta alcoba conyugal.

viernes, 27 de abril de 2012

Las religiones desparecerán, si son baratijas


Génesis 35:4
Entregaron, pues, a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían en su poder y los pendientes que tenían en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que había junto a Siquem”.


Figuras de dioses, amuletos y talismanes, objetos extraños para superstición (31:19) que les colgaban de las orejas. Posiblemente no tendrían mucho valor y fueron rotos en pedazos y después sepultados. Si hubieran sido de oro o plata podrían haberse derretido y convertido en dinero. Ver Josué 3:5. Esto es una conversión.

Tendría que saber que a su familia se le estaban pegando las costumbres de las naciones, especialmente por el contacto con los cananitas y los de Siquen. Uno debe estar atento a la vida religiosa de la familia y sus atrasos y adelantos y de vez en cuando hay que ordenar un registro y regresar a la antigua pureza poco a poco perdida. Tal vez hay que regresar hasta donde se perdió el “primer amor” y rescatarlo para un presente frío o tibio, casi sin ternuras existentes.

O hay que regresar a las “fuentes” como dijeron los humanistas en el siglo XVI y los reformadores, y buscaron el NT en griego, revisaron el Antiguo de punta a cabo y el poderío de la superstición católico romana comenzó a desintegrarse en una buena porción de Europa. Y no hay que escribir nuevas constituciones para nuestras iglesias, con la confesión de fe de Londres de 1689, o la de Westminster es suficiente; con el estudio de ellas solitas se echan afuera las figuras hedonistas de los dioses modernos, los amuletos y talismanes supersticiosos de los astros y los signos del zodiaco,  a los cuales les ha dado ahora por creer a la gente vacía de esta sociedad seca y postmoderna. 

Los hijos del Israel de Dios, esto es la iglesia, no deben fundirlos en nada, no es oro, son baratijas del intelecto y de la religión,  no valen la pena, y lo mejor que se puede hacer es enterrarlos, en tierra o en un hueco en la memoria, en el olvido. Las religiones sí van a desparecer con el tiempo, la secularización las destrozará, y me alegro, las mentirosas, pero no las doctrinas del Señor Jesucristo y de sus doce apóstoles, no podrá la ciencia ni un millón de avances de ella, ni el engreído hombrecito postmoderno, agnóstico y secular. Amén.

jueves, 26 de abril de 2012

El trabajo no mata a nadie


Génesis 31:38-42 
“Estaba yo que de día el calor me consumía y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham, y temor de Isaac, no hubiera estado conmigo, ciertamente me hubieras enviado ahora con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi aflicción y la labor de mis manos, y anoche hizo justicia”.

 “El trabajo no mata a nadie”, suele decirse. Jacob obtuvo riqueza porque trabajó muchos años seguidos y sin mencionar reposo. No sólo trabajó sino que con honradez. Si una fiera se comía alguna oveja él la pagaba, si se accidentaba o perdía, era su responsabilidad y abonaba el precio por ello. Además, confiaba en la providencia de Dios, en su continua bendición de modo que no necesitaba enriquecerse con trampas, engaños, o robando. Aunque puso las varas delante de las ovejas cuando parían, no fue su superstición lo que le trajo prosperidad sino la providencia del Señor sobre sus labores.
    
Todo lo que tuvo lo consiguió con trabajo. Génesis es un libro que habla del origen de todo, y desde el principio de la humanidad uno lee esa palabra, trabajo. Dios trabajó haciendo el mundo e hizo a Adán para que trabajara en el paraíso (Ge.2:15).  El hombre trabajador complace a Dios. Dios es trabajador y Jesús fue muy trabajador, de modo que algunas veces no tenía tiempo ni para comer (Mr. 6:31) y le llamaban por su oficio de trabajador, “carpintero”.
      
Dios ama al hombre o la mujer que está siempre ocupada, Dios amaba a Jacob. Y Jacob prosperó en medio de la envidia y de los pecados de los demás. No veo alguna otra cosa que haga más hombre al hombre, después del evangelio, que su trabajo, exceptuando su relación con la Deidad. El que trabaja crea, produce, se multiplica, ayuda a su prójimo y mejora el mundo; el trabajo nos hace parecidos a Dios, por eso el trabajo que hagamos sea hecho como delante de sus ojos y no de los hombres, es decir para la gloria de él, bien. Cuando el Señor provee trabajo nos da el pan de cada día, cumplimos nuestros compromisos, y le damos a él gracias por ambos.

No hagas lo mismo si no quieres verte así


Salmo 59: 10-13
“No los mates para que mi pueblo no se olvide”.

La muerte de los impíos puede que no sea lo mejor para la iglesia que los ha visto pecar; si murieran el pueblo del Señor podría olvidarlos y olvidar las iniquidades que cometieron, pero si los contempla vivir maldecidos por causa de sus pecados e injusticias, serán como vivos ejemplos que exalten su justicia. En esta porción David no parece estar orando contra sus posibles homicidas,  sino contra aquellos que por  sus calumnias le han levantado tantos enemigos acérrimos, los que le han originado tantos adversarios.

A estos son los que él quiere que Dios disperse, que los abata (v.11), se tengan que tragar el orgullo con que han hablado (v.12), vivan gruñendo como perros hambrientos (v.15), y total, se conviertan en nada (v. 13). El homicida merece la muerte pero el calumniador la maldición de Dios en vida. Caín no murió cuando mató a Abel sino lo contrario, se prohibió bajo castigo a cualquiera que le diera muerte. Tendría que llevar por todas partes aquella visible y espantosa señal de haberse convertido en un fratricida (Ge. 4:13-16). Su castigo consistía en arrastrar la carga de su pesada conciencia, toda su vida.

Dios no los mata sino que los deja vivos para que su pueblo, contemplando la justicia divina, tema hacer lo mismo. Así miramos con horror los resultados del pecado y como el homicidio vuelve al criminal en un perenne fugitivo que no tiene un solo día sin miedos y sobresaltos. Nos horroriza la estampa de desintegración de una familia, la señora devastada y los hijos sin protección, sobreviviendo, por el pecado de un padre, y él mismo es el retrato de un montón de ruinas que no se acaban de demoler. Los herejes son dispersados y sus malas enseñanzas los conducen a muchos tropiezos y bien se acercan a los liberales de pensamientos o se despeñan por el vacío del ateísmo. Son tristes las biografías de los que se quedan sin Dios y sin iglesia en el mundo. Es como si Dios nos dijera, “no hagas lo mismo si no quieres verte así”.