domingo, 29 de noviembre de 2015

¡Imagínense a Jesús primer ministro o presidente!

JUAN 6:14-21
14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. 16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, 17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. 19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. 21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban”.

CRUZADA, BATALLA
Este es el mismo relato de Mr. 6:45-56; donde hay más detalles y se dice que él los forzó a subir a la barca, lo cual hace pensar que la situación atmosférica estaba prevista exactamente y los incluyó a ellos dentro, los forzó a irse porque ellos no querían, enseñándoles que él se hallaba por encima, y si no habían discernido el milagro de los panes y peces, éste lo excedía. Jesús no nos mete en experiencias difíciles para lastimarnos sino para mejorarnos, y eso, con una visión nueva de su persona. Muchas veces hemos querido bandear bien una situación sin lograrlo, viendo que Jesús pasa cerca como indiferente (Mr. 6: 48). Queremos caminar sobre esas aguas sin poder o con el poder de la imitación de Cristo, y eso no basta, a no ser que no sólo imitemos sus actos sino de donde él obtenía el poder para hacerlo. Aquí se ve que pasó muchas horas solo orando, de modo que no sólo podía caminar sobre el agua sino volar si lo hubiera deseado. Es una obligación que tenemos con nosotros mismos dedicarnos más a la soledad, meditación y oración. No son los programas sociales los que incrementan la fe sino la oración. El Espíritu puede levantar el cuerpo.
Cuando aquel fantasma, o sea Jesús subió a la barca, inmediatamente fue acelerada y llegaron a tierra en un dos por tres. El viento cesó y los remos fueron fáciles, o quizás Jesús hizo que las ráfagas que eran contrarias se cambiaran a favor y las circunstancias lamentables se hicieran favorables y todo obrara para bien. Los apóstoles sudaron menos y con poca energía de ellos, sin embargo con su presencia, todo se movió rápido y la pequeña iglesia de doce miembros alcanzó su meta en menos tiempo. Casi podrían haber soltado los remos o tirarlos al agua que con sólo los pies de Jesús puestos en la embarcación ella se deslizaba sin escollos que la detuvieran porque obedecía hacía donde él miraba y a lo que quería en su corazón. Eso es lo que necesita lo que se ha parado, no que sus pasajeros se bajen y empujen sino que inviten a Jesús a subir y con esa fuerza extraña y celestial que él tiene en su Espíritu, todo camina, se desliza y el barco navega. ¿Vieron ellos que Jesús se bajó y la empujó? No, él subió, ocupó un lugar entre ellos, y eso bastó para que se terminara la inercia y todo el grupo, refrescado y descansado, le acompañó victorioso a él, hacia la otra orilla. Marcos dice que llegaron a Betsaida, de Galilea, que estaba en el camino a Capernaum.  
Aquella gente había leído que el Redentor habría de ser rey, y le echaron manos a Jesús con esperanzas políticas en él, y para hacer eso tuvieron que intentarlo por la fuerza (v.15), en contra de su voluntad porque él no quería serlo; y allí mismo los dejó con esas esperanzas en sus corazones, frustradas. Se fue al monte a orar, y donde pudiera esconderse solo y los que votarían por él se les quitara la idea de sus cabezas yéndose detrás de los doce donde él no se encontraba. Calvino comentó esto: “…por medio de su crucifixión la salvación para el mundo fue obtenida y Cristo mismo tuvo un espléndido triunfo sobre la muerte y Satanás. Si hubiera permitido que lo hicieran rey su reino espiritual se habría arruinado, el evangelio manchado con eterna infamia y la esperanza de salvación completamente arruinada”.
¿Qué verían en él que les hizo pensar que sería un buen gobernante? ¿Dónde leyeron que alguno de los viejos profetas apeteciera tener un trono? Esas viejas ambiciones mundiales tienen su origen en el papado pero no en los apóstoles. Sus sermones no eran políticos y él no poseía esas ambiciones. ¿Hablaba bonito? Eso no es suficiente. ¿Se imaginaban que si les podía dar de comer ya eso era todo? ¿Se elige a un gobernante nada más porque propone cambios económicos? Para meter a Jesús en la política hay que forzarlo y el diablo que le había propuesto todos los reinos del mundo si postrado lo adoraba, ahora quiere obligarlo a ser presidente, y él de nuevo lo rechazó, y se fue de en medio de ellos. En realidad lo que ellos querían era usar a Jesús contra Pilato, y si lograban su propósito, engañando al Señor, después lo desecharían. Políticamente nunca gobernarían con él ni siquiera en alianza. ¿No le habían oído decir que su reino no era de este mundo? O que era el reino de los cielos. Ellos no amaban para nada ese reino, pero no les importaba porque lo que querían era quitar a Pilato, gobernar ellos y aprovecharse de Jesús.

Podrían hacer algo mejor que politizarlo, y crear de él otro Cristo a la medida de ellos, sino tomando sus principios y aplicándolos a los reyes y a sus votantes, a la política y sus votantes, a todos los ciudadanos en forma de leyes que mejoren la calidad humana del pueblo, su moral, su economía y glorifiquen a Dios. Así se haría en parte realidad la plegaria del Padre Nuestro: “Vénganos tu reino”, ya que suyo es el reino, el poder y la gloria. Amén.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Jesús sabía lo que tenía que hacer, ayudarlos

JUAN 6:1-13
Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo. Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús. 12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles”.
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COMPARTIENDO EL PAN
Este es un milagro también relatado por los otros evangelios, no un discurso de Jesús como Juan se ha propuesto (Mt. 14:15-19). Parece que Jesús se retiró a un sitio cerca de Betsaida, con el propósito de descansar un poco pero la providencia del Padre para su ministerio le negó esa solicitud (v.3), y una multitud ávida de salud y pan, fue a buscarlo (v.2). Eran los días de la tercera festividad de la Pascua judía durante su ministerio y Jesús los prepara para mostrarles que es el pan que descendió del cielo y que como Moisés les dio maná, así él daría su carne y sangre por ellos.
En esta porción reflexionaremos sobre la iglesia como benefactora de los pobres, aunque estos sean incrédulos y sólo busquen beneficiarse de ella, debe atenderlos como una señal del amor de Dios para el mundo. Hay muchas agencias filantrópicas que atienden a los necesitados. La iglesia hace lo mismo no para competir porque ella es un cuerpo distinto con una misión diferente: mostrar el amor de Dios y exactamente dejar al mundo sin excusa de ese amor.
Cuando Jesús vio el gentío enseguida pensó en que tenían hambre y aquí no se dice que les predicó y después los alimentó (v.5); ya después que comieron les habló. Con la pregunta que le hizo a Felipe (v.5), la cual fue para todos, les enseñó que la iglesia también tiene ese ministerio social de ayuda a los pobres y que aunque no tenga suficiente dinero no debe evadir esa responsabilidad (vv.6,7); eso no es una excusa porque si no puede comprar alimentos para cinco mil puede hacerlo para cincuenta o para cinco, pero que sepa que la primera intención del Señor es que la iglesia los compre, es decir, no que haga un milagro ya que si después quiso que se recogieran los sobrantes es para darles una lección de economía y ahorro (Mt. 14: 16). Que la iglesia use su dinero en ese ministerio de compasión, si el dinero no da para tanto que use lo poco que tiene incluyendo aun a los niños que deben aprender a no se egoístas ni avaros y entregar desde pequeños lo que tienen para los demás a través de ella.
Es una buena cosa discipular a los niños en ese aspecto dándole alguna responsabilidad en la iglesia como la que supuestamente tuvo este joven que atendía la transportación de los bienes apostólicos (Mt. 14: 17, observe que dice “no tenemos”). La congregación debe tener un programa que los incluya a ellos y les haga sentir que son útiles y que están conectados con los deseos de Jesús por medio de ella. ¿Qué quiere decir que quería probarlo pero que él sabía lo que iba hacer? ¿Probarles la fe? Pudiera ser. Si lo hizo para confirmarlos en el conocimiento de él, está bien. Pero como la intención de Jesús es alimentarlos, entonces la prueba es conocer la disposición de ellos para hacer lo mismo que él, o sea, que ellos reflexionaran en ese ministerio y se dieran cuenta que no estaban preparados para eso para cuando las señales se cumplieran todas, aún les quedaría esa responsabilidad para llevarla a cabo con amor y con dinero.
Después de eso Felipe se podría decir a sí mismo que Jesús le probó su amor al prójimo. A mí me parece que otra lección es que la iglesia debe darle prioridad a ese ministerio de ayuda a los pobres antes que pensar en invertir su dinero en comprar sillas y mesas para que la gente coma, o templos para que escuchen la palabra; lo principal es el evangelio que se les predica y que ellos lo oigan aunque sentados en la hierba. Con el dinero que se fabrica un templo se pudieran alimentar muchos. Quiero decir que mientras no haya para ambas cosas la prioridad la tiene ayudar a los pobres y la predicación de Jesucristo. Hay templos muy hermosos a los cuales visitan unas pocas personas los domingos y algunos turistas fascinados por la arquitectura. ¿Para eso han quedado, para museos?

Lo más importante de todo el milagro es la bendición del Señor, cuando tomó los panes y los peces y oró dando gracias por ellos; con esa bendición lo material apareció y la carne y el pan fueron creados. No es lo que uno tiene o no tiene sino la bendición del Señor, que con humildad seamos capaces de agradecer a Dios lo poco que poseemos y pedirle que haga uso de ello. No es el dinero lo más importante, ni los alimentos, ni el templo, el aire acondicionado, las mesas y los bancos o las sillas sino la bendición divina en lo poco. Eso es lo que la iglesia debe asegurarse para sí misma tener, que no haya obstáculo ni algo que impida la bendición de Jesús. Quita esa bendición y quedan pobreza, hambre, poco dinero y frustración. La aspiración de la iglesia de hacer una obra hermosa depende sólo de la bendición de Dios. Jesús miró las multitudes y sabía lo que tenía que hacer: ayudarlos.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Dejemos la oración sujeta a los deseos de Dios

JUAN4:44-54
44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta. 46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. 54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea”.

NO COMO YO QUIERO SINO COMO TU
Comencemos por la parte oscura de la fe de este creyente, o sea por los defectos de su fe. En realidad ese trabajo no me gusta porque es hallarle defectos a un hombre que por la fe que tuvo se sanó su hijo. Sin embargo Jesús se lamentó que estuviera colocada en un lugar erróneo, los milagros (v. 48); y no sólo él sino muchos. Este hombre se piensa que fue “Chuza, intendente de Herodes” y esposo de Juana la que ayudaba a Jesús con sus recursos (Luc. 8: 3),  vio el milagro que Jesús obró en su hijo enfermo pero no creyó por la señal sino por la palabra que Jesús había dicho antes que él lo viera, “creyó la palabra y se fue” (v. 50).

 La oración de este hombre estaba limitada por su entendimiento o mejor dicho por su desconocimiento, puesto que le pidió a Jesús que “bajara” a su ciudad (15 millas) y lo tocara (v. 47) porque si su hijo traspasaba la barrera de la muerte ya no podría hacerse nada por él, era irremediable (v. 50). Si le hubiera conocido mejor sabría que Jesús no tiene que moverse de donde se halla, para hacer un diagnóstico porque su palabra es vida y con decirla es más que suficiente, se halle en el extremo del mundo o en el cielo. Si nos fijamos vemos que el joven se sanó sin palabras porque cuando el Señor dijo “ve que tu hijo vive” (v. 50) ya se encontraba sano; por lo tanto la sanidad hay que situarla en los deseos de Dios, en su voluntad. Quiso, y hecho. Lo que dijo fue un anuncio de que ya estaba sano. Hacemos bien en estudiar mejor la persona de Jesús y cuando pedimos algo dejemos la oración sujeta a los deseos de Dios.
Por otra parte, en este caso y en otros muchos, se ve que los milagros obrados por Dios son confirmables. Fíjese que el evangelista ni Jesús se disgustaron ni se opusieron a que este hombre al presenciar el milagro buscara confirmación para estar seguro que fue Jesús quien lo había sanado y no que su organismo por sí mismo había sido fortalecido por los medicamentos. Dios puede obrar por medios químicos pero sin ellos también. Por eso preguntó la hora cuando el joven empezó a ponerse bueno (v.52). Y eso está bien. La comprobación de un milagro es algo legítimo y no contrario a la fe. Lo que a Dios no le gusta es que se dude si lo puede o no hacer pero no que se investigue si lo hizo o no. Y ese es el método para no ser engañados por el diablo y sus charlatanes. El método los desenmascara. Juan cuenta esto como otra “señal” que Jesús hace para dar fe en su doctrina. La intención de la señal no era concentrar la atención en ella misma sino llamar la atención hacia el que la hacía.
Conociendo un poco más sobre Jesús uno se da cuenta que el milagro no es su método favorito para dar fe en Dios sino la comprensión y asentimiento de su Palabra. En la manifestación de su poder en las señales uno nota que  más que prodigarlas se mostraba renuente a hacerlas y las hacía a veces como a regañadientes (Mt. 17: 17). Jesús por un tiempo ofreció esas credenciales para que creyeran en él (14:10-12). Yo estoy seguro que las señales para dar fe en él fue un método transitorio usado por él hasta que el cristianismo tuviera el Nuevo Testamento, o sea un compendio cognoscitivo de su persona con el cual pudiera conocerlo y creer. La literatura cristiana, de la buena, es más útil para el mundo que todos los milagreros juntos.
La complacencia del Señor estaba en que creyeran su palabra, que no dudaran de ella, y ese es su gusto, que su pueblo crea leyendo la Biblia, estudiándola y escuchando buenos sermones bíblicos. Hay dos tipos de gente que para creer son bien como los judíos o como los griegos. Los judíos siempre han pedido “poder”  para creer, o sea milagros, y los griegos sabiduría (1 Corintios 1:22).
El método de Jesús para que obtengamos la fe es el conocimiento y en ese sentido la fe evangélica se halla más cerca de los griegos que de los judíos (1 Co. 14: 15, 20; 2 Co. 2: 14; Flp. 3: 8).  El conocimiento está más relacionado con la Palabra, es decir con el evangelio, con la Biblia o sea, hay más posibilidad de genuina fe en la adquisición de conocimientos bíblicos que en la misericordia de Dios mostrada con sanidades, lenguas o resurrecciones. El conocimiento está más cerca de la salvación que cualquiera señal. En el relato de la mujer samaritana y los otros ciudadanos vimos lo mismo que en este oficial, que ellos no habían creído por señales (4: 39) sino por un montón de sermones. Y cierro por donde empecé: cuando pedimos algo dejemos la oración sujeta a los deseos de Dios diciéndole, “no como yo quiero sino como tú” (Mt.26:39).

Tenemos que aprender a conformarnos y dejar que otros continúen nuestra labor

JUAN 4:31-38
31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. 32 Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. 36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. 37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. 38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores”.
              
PRIMERA IGLESIA BAUTISTA HISPANA DE MARYLAND
Es muy simple el estudio de hoy e importante para los ministros y predicadores del evangelio que desean aprender de Jesús sobre este tema. La respuesta de Jesús a sus discípulos enseña que para un apóstol y ministro lo más importante es la predicación del evangelio, específicamente el ganar almas y cambiar vidas (vv.31-34), y que precisamente eso es lo que Dios quiere que todo haga porque esa es su voluntad, que ponga dentro de su oficio eso en primer lugar, aún por encima de sus necesidades básicas. El Señor dijo que ganar aquella mujer era más importante que comer. Espero que ustedes recuerden que la auténtica evangelización se hace con doctrinas y que esto que digo no es para sobreponer el trabajo al credo.
Sin embargo nota que cuando un apóstol evangeliza la esencia de la predicación es la salvación, hacer que la gente mire hacia el otro mundo, hacia el juicio de Dios, la ira venidera, la segunda venida de Cristo, la resurrección de entre los muertos con un cuerpo incorruptible y glorioso, es decir, explicar escatológicamente las doctrinas de la fe y no sicológica y pragmáticamente cómo sacarle beneficio a la fe (v.36). Entonces la mayor recompensa que ha de recibir un apóstol y ministro es la cantidad de personas que reciban por su medio la vida, dicho de otro modo, cómo  les enseñó a vivir una vida cristiana de fe.
Los apóstoles son enviados a un terreno ya preparado por el AT, los profetas, Juan el bautista y él mismo, que se ocuparon en sembrar la palabra de Dios. No necesariamente les estaba diciendo que sería fácil el ministerio sino que en la salvación de una persona pueden intervenir muchos; unos oran, otros siembran, otros dan buen ejemplo, etc., o sea que la labor de evangelización es un trabajo de muchos colaborando y haciendo su parte y ninguna es menos importante que la otra y generalmente incompleta. Por eso tenemos que aprender a conformarnos y dejar que otros continúen nuestra labor, y nos vamos contentos que por tal y más cual hemos hecho algo y lleva en sí mismo nuestra contribución en la salvación. El que siembra no debe entristecerse con el que segó el fruto de una labor ajena, así  lo dice el Señor, y que los dos se regocijen juntos. Ese pensamiento es esencial para no hallarnos siempre lamentando lo poco que hemos hecho y lo escaso que ha sido el rendimiento.
El trabajo de evangelización de la iglesia es un trabajo en cooperación y conjunto y cada uno recibirá la recompensa conforme a la responsabilidad que Dios le asigne, pero estemos seguros que todos estaremos contentos con el resultado, recójalo quien lo recoja. Dios sabe lo que ha hecho cada cual y cómo lo ha hecho.
Y esa tarea de hacer que la gente se pregunte “¿qué debo hacer para ser salvo?” lleva mucho trabajo puesto que fíjate en el v. 38 que la palabra trabajo en una u otra forma aparece tres veces. A veces el obrero no alcanza ver resultados en un par de días, ni en cuatro meses sino en un año o varios; arando, sembrando, regando, sin que se note algo, sin que la semilla nazca. Entonces él va, se acuesta y espera, y todo sigue igual y parece que se ha trabajado en vano, que el esfuerzo ha sido por gusto sobre la ingrata tierra. Y ahí le caen encima mil desalientos con los cuales tiene que luchar para reponerse.
En cuanto a trabajo se refiere cualquier aspecto dentro del oficio pastoral es difícil tanto como plantar una iglesia o sea como dijo Pablo, poner el fundamento para que otros edifiquen encima, o romper la tierra y prepararla para hacer la siembra. En eso consiste la gloria de un evangelista y pastor, no en sus títulos y ni siquiera en sus logros sino en sus trabajos (1 Co.15:10; 2 Co. 6: 5; 10: 15; 11: 23); y en todo eso el predicador según Apocalipsis 14:13 debe descansar sólo cuando ya no esté en la tierra sino en el cielo, esto es, cuando se muera. Sin embargo los discípulos pensaban que no había llegado el tiempo de evangelizar.

Ahora bien, “el perito arquitecto” que pone el fundamento debe hacerlo con la ley y los profetas,  enseñar lo que es el pecado, lo que Dios aprueba y desaprueba, es decir enseñar la diferencia entre el bien y el mal, porque sin culpa y vergüenza no se debe asegurar los beneficios del evangelio porque la mejor forma de evangelización es una combinación de la ley con la gracia de Dios, de Jesús y Moisés, de la ley y del evangelio, que fue lo que hizo el Señor cuando le habló de su conducta pasada enseñándole que no estaba bien, que no había vivido bien (vv. 17-18).
No es predicar para que la gente obtenga una forma de realización sino que sepa cuáles son sus pecados, como le dijo Dios a Jonás, que hay multitudes que no saben “discernir entre su mano derecha y su mano izquierda” (Jon. 4: 11). Y como he dicho, el evangelista debe tener en sí mismo esa combinación de profeta y apóstol, de Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, de Jesús y de Moisés  y cantar el cántico de ambos, “el cántico de Moisés y del Cordero” (Apc.15:3), es decir, de la ley y la gracia en la salvación. El evangelio no está completo sin la ley ni la ley sin el evangelio, por eso los dos que se llevan bien deben en la evangelización del mundo, andar juntos.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Empezando, no terminado

1 SAMUEL 7: 12

Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová”. “Eben-ezer”.  
HASTA AQUÍ NOS AYUDO DIOS
Esta palabra suele decirse al final de un recorrido espiritual, cuando algo se termina. Pero así no fue usada la primera vez. Samuel la utilizó empezando su ministerio, al comienzo de su carrera, cuando obtuvo su primer triunfo y el pueblo que añoraba a Dios saboreó después de muchos años el triunfo. Quiso decir “hemos empezado con la ayuda de Dios y debemos seguir con ella, cualquiera otra cosa puede prescindir menos eso; hagamos las cosas que ella esté garantizada”. No es una palabra para sellar un servicio sino cuando se está abriendo; eben-ezer cuando se escribe la letra alfa, y votar para que llegue hasta la omega; que los comienzos sean los del Espíritu Santo (Ga. 3: 3). 
Lo mismo ha sucedido con la utilización de la palabra amén, que por costumbre casi únicamente se coloca en la cola de algo, en su colofón, es como una tapa, una voz final, “así sea”, el cual es su último significado porque antes quiere decir “cierto” “verdad” (Dt. 27:24, 25; Neh. 8: 6; Sal. 106: 48), por eso Jesús dijo “de “amén”, de “amén” os digo”,  y eso hay que decirlo no sólo al concluir un sermón sino también durante su desarrollo, no sólo al final de un culto sino en todo su desarrollo, no sólo al final de una oración sino en todo lo que se dice, que todo sea cierto y verdadero.  

Volviendo al primer eben-ezer, si Samuel la usó cuando estaba viejo hubiera podido decir, "he servido al pueblo como he podido y como ellos me lo han permitido; han vivido políticamente fuera de la teocracia, pero yo he tratado que la teología llene la política, y las cosas aunque a Dios no le han gustado completamente ni a mí tampoco, y como estoy llegando al final de mis días puedo decir eben-ezer, hasta aquí nos ha ayudado Dios, a pesar de todo; no hubiera podido pedir más misericordias ni tener más oraciones respondidas que las que he tenido". Y nosotros podemos decir lo mismo, hemos sido ayudados.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Lo que sí merece un latigazo de desaprobación

JUAN 2:13-17
13 Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, 14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. 15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. 17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume”.
FUERA DE LA CASA DE MI PADRE
Jesús limpió el templo dos veces, al principio y al final de su ministerio. Esta fue la primera vez.
En la segunda ocasión que limpió el atrio del templo, los otros evangelios dicen que dijo que aquello se parecía a una “cueva de ladrones” y no sólo a una “casa de mercado” (v.16; Mt. 21:12,13). Aquellos hombres, y las autoridades eclesiásticas aprobaban ese comercio, del cual siempre recibirían algo, haciendo de la “piedad fuente de ganancias” (1Ti. 6:5). Pensaban que la gente que viajaba largas distancias para sacrificar en la Pascua le era mejor traer el dinero y comprar los animales allí mismos, que arrearlos desde recónditos parajes. Los adoradores se convertían así en clientes religiosos.
Esto suena como algo así de lo que hoy se llamaría el marketing en la iglesia. La ambición no es desconocida en esto del comercio de productos religiosos, y es casi imposible evitar que haya hombres que hagan una fortuna con las cosas de Dios, hasta en la impresión variada de Biblias expuestas a la venta; eso se ve en la vuelta de ellos a sus andadas, a lo que Jesús les prohibió y les explicó. Es comprensible que Dios no prohíba vender la Biblia, o los comentarios sobre ella, o los buenos programas que ayudan a estudiarla. Eso cuesta dinero producirlo, y como es justo que los que predican el evangelio “vivan del evangelio” (1Co. 9:14), así es justo que los que los que producen un material espiritual tan bueno se les remunere por él. Lo que sí merece un latigazo de desaprobación es la burocracia holgazana  y bien pagada que se ha edificado dentro de nuestras denominaciones cristianas cuyo trabajo principal, además de los pequeños y condicionados socorros que algunos ministros reciben, consiste en inventar estrategias y planes para que los pastores y las iglesias los hagan. También Jesús mira muy serio a una organización que dedicada por Dios a lo espiritual se distinga por el lucro y la especulación.
Hay hombres muy espabilados que han descubierto que la religión puede  convertirse en una empresa comercial y  han caído en “el lucro de Balaam” (Judas 1:11), y la usan para ganar dinero. No vendiendo palominos ni bueyes pero arreglando las cuevas, pozos y senderos por donde anduvieron los profetas y Jesús, organizando carísimas giras turísticas a esos lugares santos. También casas editoriales que publican Biblias de todos los colores, con tapa barata o de piel, común o con cantos dorados, para matrimonios, sólo para mujeres, en cuadros para niños, en todos los sabores y para todos los gustos, y libros, los que Pablo dejó olvidados en casa de Carpo y sobre todo sus antiguos pergaminos, y otros mil enseres del Antiguo y Nuevo Testamento.
Los músicos son otros, supuestos descendientes del “dulce cantor de Israel”, o del director del coro del templo, Jedutún, venden sus producciones, ¡pero por Dios!, ¿por qué cobran sus conciertos a precios astronómicos, y si no les pagan esas cantidades, adiós, y no hacen el contrato? El viejo Demetrio de Éfeso no sabe cantar pero ha construido un imperio vendiendo templecillos judíos, ornamentos cristianos, aceite para la unción, pan sin levadura, perfumes sagrados de nardo puro, pañuelos mojados de sudorosos predicadores como si fueran el sudario de Jesús, y hasta ha patentizado la simonía, idea de Simón el Mago, que la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo y los cargos eclesiásticos pueden cobrarse haciéndoles creer a los simples que si lo reciben pueden obrar villas y castillas.
Algunos de esos embaucadores tienen coches lujosos, aviones privados y se hospedan en hoteles de primera clase alquilando todo un piso para ellos y sus compinches. ¿No merecen esos mercaderes que nuestro manso Señor teja una cuerda para las espaldas de ellos? ¿O aún más, que los ate de pies y manos con ella y los eche en las tinieblas de afuera?
Termino con una pequeña defensa al pacifismo de Jesús. Los buenos comentaristas dicen que él hizo un azote simbólico ya que no lo usó para golpear a los animales o a las aves. Aunque se dice que “echó a todos afuera del templo con las ovejas” (v.15) no dice que los maltrató; les obligó con autoridad profética a que sacaran el ganado. A las aves no les abrió las puertas para que se fueran sino que se las llevaran de allí; a los cambistas les echó el dinero al suelo pero como Jesús tiene la virtud de la honradez, no se echó ninguna moneda en el bolsillo, es decir lo que pareció violencia no fue otra cosa que autoridad y lo que mostró no fue odio ni ira sino celo por la iglesia, como después recordaron los discípulos, porque el Espíritu Santo les recordó a ellos los sermones, los hechos y las oraciones oídas pasados muchos años.

No es violencia lo que necesitamos hoy sino celo doctrinal, evangelístico, piadoso celo misionero y literario, que a golpe de espada bíblica, hiera, expela y suprima toda autoridad eclesiástica lucrativa de los que están arriba y abajo (v.17; Sal. 69:9)  y limpie la religión cristiana de esos rufianes cuya sed por el dinero es insaciable. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Jesús sabe si leemos o no la Biblia, dónde la leemos y qué estamos pensando

JUAN 1:49-51
“Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”.
SI LA LEES O NO EL LO SABE
En este pasaje veremos que Jesús es descubierto como profeta, como Mesías y Rey de Israel, y como Hijo de Dios. Ese descubrimiento fue hecho por Natanael o según su patronímico, Bartolomé, cuando el Señor le quitó su prejuicio racial y lo hizo un hombre nuevo y supo que Jesús ¡de Nazaret!, de allí salía algo bueno, más bueno que todos los profetas, incluyendo a dos predecesores Jonás y Nahúm.
Es comprobable que Jesús tenía el oficio de profeta al conocer el futuro, el corazón y las acciones de los hombres (2Re.5:26; 6:12). La mujer de Samaria tuvo esa misma experiencia (4:19,25,29,41,42); y de este modo todos conocían que era el Mesías de Israel. Y así hay otros ejemplos que lo muestran como un genuino profeta, como cuando le descubre a Judas su ir y venir a los fariseos, y cuando miró hacia el mar y vio un pez con una moneda en el estómago, o cuando dijo a los discípulos que le prepararan la pascua y a quién iban a encontrar en el camino, y vio sin estar allí que estaba ya preparado el comedor. Creer que Jesús es un auténtico profeta de Jehová es importante para creer en su palabra, en sus sermones, en sus diálogos, en sus milagros y en toda su historia, es decir, en los evangelios; y eso conlleva a la aceptación de sus interpretaciones de las Escrituras y lo que ellas decían de él.  
Posiblemente el ejercicio espiritual que Natanael estaba practicando era la lectura y meditación de las Escrituras, y por supuesto la oración. También es posible que el texto que estuviera leyendo fuera donde Jacob tiene la visión de una escalera, la cual desde su cabecera se apoyaba en el cielo y por ella subían y bajaban los ángeles (Ge. 28:12,13). Cuando Jesús le dice que algún día se dará cuenta que aquella escalera es él mismo, (suponiendo que el v.51 originalmente no fue dicho al final de la conversación sino al principio) cuando le dijo que lo había visto debajo de la higuera…entonces le dio la interpretación y el joven entendió que había visto el pasaje que estaba leyendo y en el cual meditaba, y eso sólo podría saberlo el Hijo de Dios y el Rey de Israel o Mesías (v.49).
Jesús no le dice “cosas mayores que estas oirás”, no le dijo “cosas mayores oirás”, sino “verás” haciendo alusión al sueño que vio Jacob y las experiencias futuras que vería en la compañía del Señor. Jesús sabe si leemos o no la Biblia, dónde la leemos y qué estamos pensando. Por eso nos ayuda a entenderla de modo que nos arda el corazón.

 Los discípulos nunca tuvieron una repetición de esa visión; ellos ni siquiera vieron los ángeles sirviéndoles en el desierto, ni aquel otro que en el huerto vino para fortalecerlo con su compañía, pero conocieron cosas mayores al verlo convertir el agua en vino, caminar sobre el mar, calmar tempestades, sanar ciegos, cojos, leprosos y resucitar muertos. Revelaciones no oníricas sino vivas y palpables (1Jn. 1:1); la revelación de Uno que es “más que el templo”, “más que Jonás” (Efesios 1:2; 1:20; 2:6; 3:10),  “más que Salomón” (Mt.12:6,41,42); y todos ellos vieron ángeles acompañando providencialmente sus servicios y la puerta del cielo para darles “amplia y generosa entrada” (2Pe. 1:11). Lee entonces la Biblia y pregúntale a Jesús qué quiere decir esto y aquello.

Estudiemos a Cristo no por lo que se diga en Betsaida, Yale y Oxford

Juan 1:43-46
El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve”.

UNIVERSIDAD YALE
Esto se pone bonito y es dibujado muy bien por el apóstol que conoce de primera mano como el grupo de amigos va rodeando Jesús. Tal vez Felipe conocía a Andrés y Pedro por haber vivido en la misma ciudad. El Señor con su providencia elige el lugar, barrio, ciudad y país donde una persona ha de ser convertida a Cristo. Lo mismo ocurre con Lidia la vendedora de púrpura que es de Tiatira, Asia, y conoce a Cristo  junto a un río en Filipos, Europa. El carcelero es salvo en la cárcel y el etíope en un camino que va de Jerusalén a Gaza. Sin la ayuda de la providencia no podemos encontrar a los elegidos de Dios. Cada uno es convertido exactamente en el sitio que Dios quiere. Y esto hace muy agradable la lectura de biografías o de testimonios que se den sin ediciones añadidas. No se sabe por qué pero tal vez Pedro y Andrés, quizás por cuestiones de trabajo, Dios los movió desde Betsaida a Capernaúm. Lo mismo que pasa con los que huyen por persecuciones como suspirando por el clima social de libertad de un país libre. Cuando Jesús los halla están pescando en el lago de Genesaret o Galilea, muy cerca de Capernaúm, la ciudad donde Jesús estableció su ministerio (Mt 4:13) y donde ellos también se habían trasladado (Mr. 1:21,29). Aquella mudada fue dirigida por Dios. Dios es quien dirige nuestras mudanzas y no debe pesarnos dónde nos lleva si en ese lugar en vez de alejarnos de él nos acercamos más a su voluntad.
En cuanto a Felipe, se convierte en un evangelista cristocéntrico, aunque tendría que hacer algunas pequeñas correcciones por respeto al Jesús histórico, que si bien es llamado de Nazaret su lugar de nacimiento más acorde con la Escritura es Belén (Luc.3:23). Por otra parte también Felipe debe aprender que aunque José es el padre putativo de Jesús, su verdadero padre es Dios (v.45). Con el tiempo y rápido corrigió esos errores. Y de Nazaret sí había salido algo bueno como Jonás y Nahúm (7:51,52). Al terminar los tres años de estudios ya su cristología estaba limpia como un cristal de prejuicios y mentiras y podía enseñar sin ser responsable de haber evangelizado con faltas. A veces no se necesita, un que es mejor que sí, conocer tanto ni tener una teología sin equivocaciones, si se quiere con calor del corazón ganar a alguien para el Señor. Lo providencial sería que alguien más familiarizado con las doctrinas cristianas de la gracia, si escuchan algún joven predicador enseñando errores, tomándolo aparte pueden hacer lo que hacen Aquila y Priscila con Apolos (Hch.18:26). Y haciendo esta salvedad,  por otro lado aunque su conocimiento histórico es defectuoso no lo es tanto como para perjudicar la salvación de quien lo oye; esas dos cosas no son precisamente dos herejías, sino dos históricas equivocaciones que no disminuyen para nada el mensaje de la palabra de Dios ni evitan la inspiración del Espíritu Santo.

No obstante aunque hay una explicación para sus errores, esas dos equivocaciones a Felipe le hacen más difícil evangelizar a Natanael. Si hubiera dicho que era de Belén podría asociarlo al rey David pero no de Nazaret con tantas mezclas étnicas y religiosas y con tantos prejuicios en contra. Y si hubiera dicho que era el Hijo de Dios y no de José hubiera sido tropezadero a los judíos pero no a todos. Este error de conocer a Jesús más profundo lo corrigió y confesó "tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel" (v. 49).
Es una equivocación pensar que se hace más fácil la evangelización del mundo con una teología liberal que con los dogmas antiguos de la fe. Es un error renunciar a nuestras antiguos confesiones y a lo que hemos aprendido en concilios y a través de los llamados "padres de la iglesia". Sobre todo en la Escritura. Aunque los errores y las herejías se puedan abrir rápido camino entre el pueblo ignorante y ganen afiliados para formar sectas, con la gente que piensa y busca la verdad, como Natanael, ellas hallan más obstáculos para ser creídas que la sana doctrina ortodoxa. Aguantan algunos siglos, destruyen miles de almas a su paso, y se mueren porque no son perpetuas. Están basadas no en una buena exégesis de la Escritura sino en el conocimiento humano, en tradiciones de hombres y en prejuicios suscitados.


El “ven y ve” que le dice a Natanael (v.46), es equivalente a vamos a estudiar a Cristo no por lo que en Jerusalén, Betsaida y Capernaúm, Yale y Oxford, se diga de él sino por lo que revela el Espíritu Santo en el evangelio a la iglesia y en la totalidad de la Biblia. Se puede evangelizar con una soteriología defectuosa y con errores cristológicos, pero probablemente las doctrinas de la gracia cuyo sistema conocemos será el que gane a los pecadores hasta el fin del mundo. El bendito destino de las herejías o errores doctrinales, es sucumbir.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Un fresco empezar

LUCAS 19:1-10
1Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad.  2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

https://search.yahoo.com/yhs/search?p=zaqueus+images&ei=UTF-8&hspart=mozilla&hsimp=yhs-003
ZAQUEO, BAJA Y EMPIEZA DE NUEVO
Posiblemente no haya una conversión a Cristo tan bonita y sorprendente como ésta, por lo del hombre corriendo hacia el árbol y lo fácil de ella. Era digna de recordarse y contarse y el Espíritu no dejó que se perdiera. Alguna razón tenía en mente este pequeño hombre para subirse a un árbol para ver y que lo vieran. Aparte de la impresión divertida, que a él no le importaba que causara, Jesús vio en él alguna semilla de fe, como dice Calvino, y aunque no estuviera completa era suficiente para ir a su casa sin solicitarle hospedaje y completar allí lo que espiritualmente le faltaba festejando con otros su día de salvación.
La defensa de la salvación de este indigno hijo de Abraham obligaba a los jactanciosos a no mirar con desprecio a los que se hubieran degenerado, puesto que recibían amplia recepción en la estima del Hijo del Hombre. Jesús les dijo “él también” queriéndoles decir que aunque ellos no lo creyeran era un hijo de Abraham y estaba incluido en los beneficios de la promesa que se hizo a los descendientes de aquel patriarca. Y diciéndolo y haciéndolo fue una misma cosa, y apura al personaje que se dirija a su casa y prepare un culto doméstico porque él habría de estar allí, y su corriente testimonio era importante que fuera escuchado en su cuádruple amplitud.
Es indudable que este hombre a cualquier costo quería ser un discípulo de Jesús y borrar como de un plumazo completamente su pasado, en específico lo que estaba relacionado con su dinero, y metiendo su mano en el bolsillo le dijo a cada uno de los presentes que si se había comportado mal con él en ese momento él solucionaría el asunto y le pagaría cuatro veces la cantidad que le debiera, y si con todos esos arreglos no lograba convencer a nadie que era un auténtico discípulo de Jesús, se remitió a los documentos de sus propiedades y dijo que abriría con la mitad de la venta de todas ellas, un centro de socorro para viudas, mendigos y gente arruinada y en la bancarrota.
Su interés principal era componer su testimonio y que lo miraran de diferente manera y no  comentaran a sus espaldas que era un discípulo fingido y que no le escucharían ni una palabra de las que aprendiera de la doctrina de Jesús. Su propósito inmediato fue convertirse en un discípulo efectivo específicamente dentro de los que conocían su pasado y transmitirles a ellos todo el fervor, y las iniciativas que podrían poner en práctica para como él, alcanzar la salvación. Así que mirado de esa forma, Zaqueo tiene tanta prisa en limpiar su conciencia y su imagen, para tener un fresco empezar, como Jesús que se baje del árbol y prepare una cena evangelística.


viernes, 13 de noviembre de 2015

Tomen el evangelio, dinero y un arma

LUCAS 22:35-38
35Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. 36 Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. 37 Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. 38 Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta”.
https://www.youtube.com/watch?v=xFiIDl_mt2c 
PELIGROS DE LADRONES (2 CO. 11:23)
No sé con qué tono el Señor les hizo la pregunta que si se habían quedado desamparados, y teniendo que mendigar, cuando los envió a predicar sin llenarles el bolsillo con dinero; los discípulos contestaron negativamente, que no habían tenido escasez de nada como si se hubieran ido con el cinto repleto de plata. La lacónica respuesta de ellos fue "nada"; palabra de inspiración e incentivo para los que salen a predicar el evangelio sin recibir nada de los gentiles, confiando a plenitud que la predicación del evangelio produce corazones agradecidos que sufragan las necesidades de los que lo predican.
La razón por la que Jesús les hace la pregunta es porque habrá un cambio de circunstancias y una forma distinta de providencia. En la primera gira les dijo que dependieran de la hospitalidad de la gente (Mt. 10: 9-10; Mr. 6:8) pero ahora les dijo que no, que llevaran provisiones porque los tiempos han cambiado y si bien nunca debieran ser una carga para nadie, la hospitalidad tiene un límite y no se debe abusar de ella; y además los enemigos de él han ido ganando en hacer impopular sus doctrinas y la gente ha sufrido una rebaja en la disposición de recibirlos y hasta tienen miedo hacerlo, por lo tanto, les pide que pongan sus pies en la tierra, o sea que sean fieles y prudentes (Mt. 24:45) y no toquen ninguna puerta solicitando cama y alimento diciéndose para ellos mismos “nada nos faltará, la providencia no falla, Dios siempre ha provisto”.
Eso suena bonito y con fe; tal vez pensar distinto sea incredulidad; sin embargo la providencia no puede ser sistematizada y más que obrar por la experiencia con ella es mejor preguntarle a Dios si hacemos lo mismo o cambiamos, tomando el ejemplo de David (2 Sa. 5:19-23) y no el de Sansón (Jue. 16:5-21), porque tal vez las circunstancias no son las mismas, como ocurre en este caso. Jesús les dijo a cada uno que lleve su alforja con lo que piense ha de necesitar estando unos días afuera, y dinero para sufragar sus gastos. El Señor no les quitó la fe en la providencia y en las experiencias pasadas sino que se las reafirmó, para luego añadirles, “ahora no será así, usen el sostenimiento propio porque siempre es mejor que solicitar colaboración, que pudiera hacer que la predicación dependa del gusto de los que cooperan”.
Y para completar las recomendaciones para el viaje les aconsejó que debido a haberse multiplicado la maldad y que los caminos en Galilea están llenos de asaltantes, la oración necesita una espada en la mano no para agresión sino como defensa, no de Jesús y su reino sino de sus personas (Mt. 26:51,52); y si alguno no tiene, cómprela que es mejor ir armado que sin un arma para protección (Mt. 5:40; Luc. 22:38); y no parezca extraño, porque no está formando un ejército sino diciéndoles que se protejan. Y cada uno consiguió una espada y si no lo sabía, practicó cómo usarla, dado el caso que alguna mala persona los sorprendiera para despojarlos. Y después del ejercicio de autodefensa, podrían arrodillarse con un cuchillo en el cinto, y orar por la Unción del Espíritu Santo, y así circunstancialmente equipados.
Pablo que corrió muchos peligros, andaba con un médico, Lucas, no con un arma. Por lo menos no se da esa información sino que andaba con un capote y una caja con excelentes libros, publicados libremente por diferentes autores, sin la censura literaria del César, Ni tampoco que hubiera dictado una ley imperial que se recogieran todas las espadas habidas y por haber, hasta cada rincón del imperio, dejando al pueblo completamente desarmado entre tanto que él armaría hasta los dientes a sus soldados, con la intención de hacer injerencia subversiva en algún país, y por otra parte ya de inmediato dejaría a sus súbditos totalmente incapacitados para formar cualquier revuelta contra el totalitarismo de la gobernación. Los césares concedían a la población el derecho a usar espadas para utilizarlas en defensa propia. La Segunda Enmienda Constitucional de aquel viejo tirano concedía a cada ciudadano el derecho de utilizar una espada para auto defensa, para que se protegieran de los hombres y las bestias. No estoy diciendo que cada uno se compre un arma para que se defienda, mientras viaja en su auto, o dentro de su hogar para proteger a su familia y sus pertenencias. Lo que estoy insinuando es que tiene el derecho divino, la aprobación de Jesucristo si considera necesario hacerlo. Después de oído esto, como hombres libres, los discípulos echaron sus dineros en el bolsillo, tomaron los evangelios, y salieron a ver quiénes querían escucharlos.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Deja que se enfríe tu euforia antes de ir a una escuela para pastores y misioneros

LUCAS 14: 25-33
25Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:  26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.
http://www.voice-online.co.uk/article/school-pastors-launch-northampton
SI QUIERES SER PASTOR, PIENSALO DOS VECES
Jesús continúa creando parábolas, muy sencillas. Miradas así a la distancia sorprenden por su ingenuidad, y con la candidez que el público las escuchaba y las creía, al menos generalmente. Hablaba sobre las cosas futuras como un profeta y sobre ultratumba, y todos les prestaban atención y no lo contradecían; era tenido como un autorizado vidente. Su autoridad se notaba en sus palabras y sobre todo era respaldada con conocimientos y señales indisputables.
Muchos voluntariamente se ofrecían como sus seguidores; por parte de él nunca los estaba animando a seguirle de un lugar a otro, al contrario leemos que directamente a algunos les aconsejaba que regresaran a los suyos y testificaran en la lejanía y el anonimato en vez del popular y riesgoso testimonio público. Otras veces no les decía váyanse sino que notando la insistencia de ser discípulos les invitaba a reflexionar en el costo, no monetario porque él nunca cobró sus lecciones en su seminario, sino en los sacrificios que conllevaba la vocación apostólica.
En primer lugar les dijo que el llamamiento debía ser examinado, casi únicamente antes que por cualidades y aptitudes, por las renuncias (v.33) con las cuales empezar, a padre, madre, casas y honores; no quiere decir que los odiaran a ellos para amarlo a él sino descenderlos desde el histórico y natural primer lugar afectivo hacia el segundo, y en la primera posición colocar al Salvador. Y esto no por malicia ni por envidia sino porque el afecto hacia Dios y hacia su obra debe tener siempre la preeminencia, y porque generalmente la vocación misionera es solitaria. Las primeras preguntas que se le hacen a un candidato a misionero son aquellas que lo desanimen.

A los que no podía persuadir a que se quedaran entre los suyos les pidió entonces que reflexionaran profundamente si serían capaces de luchar contra los sentimientos familiares y vencer las nostalgias, no sea que después de un tiempo les fuera imposible continuar la tarea, no pudiendo vivir sin los que dejaron, y decidan dejar vacía la posición y regresar. Esa es la situación que Jesús quería evitar porque cuando un hermano, o un líder prominente renuncia y deja vacante su lugar, la soledad del asiento y la posición desocupada desanima a los que se han quedado. Las dos ilustraciones que Jesús les pone les advierte que la vocación ministerial tiene que ser bien pensada antes de dejar algo, y salir con la disposición de que la ida sea no retornable porque los que miran atrás no agradan a Dios, sus nombres se convierten en tristemente célebres como la mujer de Lot.
Jesús no habló de algún castigo divino para aquellos que aceptan un ministerio y después de un tiempo se dan cuenta que no pueden seguir; en el caso del individuo de la torre dijo, no que había perdido su dinero y su tiempo miserablemente, sino que se convirtió en el hazmerreír de sus conocidos, y les comenzarían a llamar con el mote de su torrecilla inconclusa. La otra ilustración, porque parece que Jesús se emocionó e inspirado insistió en que pensaran bien las cosas, trata del enfrentamiento de los ejércitos donde uno le dobla el número al otro, y afirma que el que menos posibilidades tiene para ganar debe declinar la guerra y establecer algún pacto sobre ciertas condiciones de paz porque continuar hacia adelante con obstinación haciéndose vanas ilusiones, y moviendo al ejército con consignas irreales y triunfos quiméricos, lo que resultará será una sangrienta y vergonzosa derrota.

El punto principal que ilustra es que la decisión ministerial no se hace a la ligera sino que debe tomar tiempo y con la cabeza bien fría, más que con el corazón enardecido por la candente oratoria de algún predicador. En resumen, si alguno anhela obispado buena obra desea, pero eso no es todo sino que debe moderar su entusiasmo y dejar que se le enfríe un poco la euforia, y sin romanticismo conozca bien en qué se va a meter, no en lo que va a ganar sino en las muchísimas bajas y pérdidas, y que no lo dude, va a tener.

lunes, 9 de noviembre de 2015

En la historia se parecen más a los malos que a los buenos

LUCAS 11:47-54 
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LA TIERRA MAS HERMOSA QUE OJOS HUMANOS HAN VISTO
47¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! 48 De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. 49 Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, 50 para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, 51 desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación. 52 ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis.53 Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 54 acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle”.

Jesús no se creía eso, que porque edificaran monumentos en honor de los profetas eran distintos a sus ancestros; les dijo que a él no lo engañaban, que eran iguales, y lo que estaban haciendo era aprovechándose de la historia de los grandes del pasado como si tuvieran algo en común con ellos. Aquellos eran héroes y ellos unos mezquinos mediocres que robaban los nombres de los paladines muertos porque no tenían ninguno ni podrían llegar a tenerlo. A los muertos no les hacían falta los monumentos que les levantaban porque ya la historia los había recogido en sus páginas eternas y no necesitaban de las honras y los mentirosos discursos de ellos. Por las ideas que aquellos murieron, si las predicaran hoy, les harían lo mismo, los perseguirían y los matarían, porque la gente inteligente no se deja engañar por esos robadores de tumbas y saben que sus ambiciones y proclamas son distintas a los credos por los que aquellos dieron sus vidas.
Las réplicas de aquellos profetas y predicadores las enviará Dios, y harán lo mismo con esos nuevos mensajeros suyos como lo hicieron con los del pasado, oponérseles, perseguirlos con manos de hierro, quemarlos con sus libros y después de muertos justificar la barbarie difamando a los que vencidos todavía valen más que ellos.
Pero aquella generación, él les advirtió, había colmado la copa de la paciencia de Dios, y su ira acumulada en otras generaciones, al fin estallaría sobre ella. Y fue así, en el año setenta el general Tito tomó a Jerusalén y destruyó el templo, no quedó piedra sobre piedra en él, y dejó más de un millón de judíos muertos. Por eso Jesús se lamentaba de que la historia de la nación como estado civil terminará así. No se señalan los otros pecados que podría haber mencionado como el robo, el pillaje, la deslealtad, infidelidad o incredulidad, sino la violencia en su peor forma, contra los profetas, los predicadores del evangelio; y por ese continuo y prolongado abuso contra ellos, cuya sangre es preciosa ante los ojos divinos, serían ellos los últimos judíos que cometerían esas atrocidades. Serian castigados severamente de modo que no lo olvidarían jamás.
Los escribas saltaron de inmediato, y el Señor les dijo que no se hicieran los inocentes, que ellos con sus glosas impedían que el pueblo pudiera leer y entender la salvación en la Escritura, de modo que el conocimiento que necesitaban para crear en ellos la fe, les era imposible obtenerlo y  lo que por los comentarios aprendían no les servía para nada a no ser para quejarse del fastidio que les resultaba la práctica de esas extensiones de la religión. Esa es la forma de entender lo que quiere decir que guardaban la llave del conocimiento en sus bolsillos, que con exposiciones equivocadas, no le abrían la puerta de la salvación a nadie por más que los vieran forcejear en la entrada, es decir intentando cumplir lo que decían.

Desde ese momento los escribas dejaron de fingirse fieles a la palabra de Dios, se unieron a los fariseos y en vez de ser oyentes que venían para instrucción, miraban hacia otra parte, viendo si cazaban alguna palabra que pudieran doblarle el significado e inventarle una acusación, porque les había dicho que en la historia de la nación ellos se parecían más a los malos que a los buenos. Más a los engañadores que a los héroes. Cualquier semejanza que se halle en Latinoamérica o Europa, en la Iglesia o en los Estados, no es coincidencia, ni es un milagro, porque ayer como hoy nacen y no se extirpan fácilmente esos engañabobos.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Pídale a Dios volver en la tarde a casa tan santo como en la mañana

LUCAS 11:1-4  
(MATEO 6:9-15; 7:7-11)
1Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”.
REGRESA SANTO COMO 8 HORAS ATRÁS
Es sabido que Jesús algunas veces repetía la enseñanza a diferentes personas, o la misma añadiendo o quitando algunas de las cosas previamente dichas. El lector no precavido pensaría que lo que está acostumbrado a leer en el primer evangelio, se está repitiendo aquí, y no es así. Fue en otro momento y por eso tiene sus variaciones. Sobre esto escribió el Dr. John Gill: “Lo que aquí se dice sobre la oración concuerda con lo que también se dice en Mt. 6: 9, sin embargo fue dicho en otro tiempo y en otro lugar: en aquel entonces Cristo estaba en Galilea ahora se encuentren Judea, lo que allí dijo sobre la oración no fue porque alguien se lo pidiera, aquí alguien le dijo que los enseñara a orar, y en Mateo él se encontraba predicando y aquí ocurrió después de un tiempo de oración" . En Mateo parece que fue después de la segunda Pascua y aquí posiblemente después de la tercera, entre la fiesta de los tabernáculos y la dedicación.
Cuando nuestro Señor terminaba de orar despertaba las ganas de hacerlo; y eso indica lo impactante que era su oración. En Lucas  fue uno el primero que hizo el comentario a otros cuando escuchó a Jesús, se dio cuenta que él y los demás no lo hacían bien y le pidió ayuda. Querían dirigirse a Dios de forma personal y paternal como si lo tuvieran enfrente y lo vieran. La oración cristiana era una forma jamás practicada entre los rabinos, escribas y fariseos, y sobre todo no era tan larga como la de aquellos, y con un espíritu celestial que la de esos carecía. Los demás que oían lo que el hombre estaba pidiendo, sintieron lo mismo y dijeron, “sí, es verdad, enséñanos a orar” (v. 1).
No les pidieron que los enseñara a predicar, echar demonios o sanar enfermos, sino que deseaban primero que todo aprender a orar mejor, como él, y ni siquiera como Juan. Jesús les dijo, “bien, les voy a enseñar un modelo y sin repetir las mismas palabras usen los mismos asuntos, en ese orden y con ese contenido”, y así, no se sabe cuántas veces les enseñó “el Padre Nuestro” a los que querían comenzar la vida cristiana por la oración.
Les dijo, cuando oren, usen familiaridad en la oración. Háblenle como hijos adoptados, con respeto y amor, con “temor y reverencia” porque él se halla en el cielo y ustedes en la tierra y con lenguaje de hijos maduros (Ro. 8:15; Ga. 4:6). En ningún momento “abba”  palabra aramea o siríaca, es usada para hablar sobre la doctrina de la adopción, como una ilustración, no como  un vocablo usado en ella, y no significa “papito” “papi” “papacito” sino “Padre mío” o “mi Padre”. La palabra no contiene esa clase de niñería. 
La primera petición tendrá que ver con el glorioso nombre de Dios y deben orar contra la continua deshonra que sufre en el mundo. Es tomado en vano, se jura falsamente por él, se usa en largas oraciones para despojar a las viudas, es invocado en las esquinas de las calles, y no en privado en los aposentos, se ora con los labios y no de corazón. Oren para que el nombre de Dios sea santificado entre la gente, respetado y tenido como sagrado, y los preceptos de su voluntad hechos en toda la tierra como en el cielo, sin ambiciosas guerras, pleitos, y sin ninguna especie de mal, esto es, el ensanchamiento de la iglesia.
Desde ahí en adelante (vv.3,4) el modelo de oración parece encajar en la súplica matutina del obrero pobre que sale a buscar trabajo con sus pecados perdonados y dispuesto a no echarse encima uno nuevo, con deseos de perdonar a los que ayer le ofendieron, haciendo que el día nuevo no cargue con las amarguras del viejo. Ruega a Dios que halle trabajo, que el patrón que lo contrate le dé la paga justa y completa, que no caiga en manos de un explotador, y regrese en paz a casa, cansado pero feliz, dando gracias al Señor por el buen día que tuvo, y trayendo bajo el brazo el pan cotidiano.

Y no fue eso todo lo que arrodillado pidió en su oración matutina, empleo, dinero, sino además no meterse donde su fe no le alcance ni volver a su cabaña, y a su mujer y sus hijos, siendo menos cristiano en la tarde que en la mañana, y sí el mismo, protegido por la providencia, de las mil tentaciones que le rodearon y que no accedió a ninguna, y que tan cristiano lo abracen en la tarde como cuando con ósculo santo ocho horas atrás lo despidieron, sin que el mal, como esposo y padre, le haya dañado (1 Cro. 4:10).