miércoles, 11 de noviembre de 2015

Deja que se enfríe tu euforia antes de ir a una escuela para pastores y misioneros

LUCAS 14: 25-33
25Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:  26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.
http://www.voice-online.co.uk/article/school-pastors-launch-northampton
SI QUIERES SER PASTOR, PIENSALO DOS VECES
Jesús continúa creando parábolas, muy sencillas. Miradas así a la distancia sorprenden por su ingenuidad, y con la candidez que el público las escuchaba y las creía, al menos generalmente. Hablaba sobre las cosas futuras como un profeta y sobre ultratumba, y todos les prestaban atención y no lo contradecían; era tenido como un autorizado vidente. Su autoridad se notaba en sus palabras y sobre todo era respaldada con conocimientos y señales indisputables.
Muchos voluntariamente se ofrecían como sus seguidores; por parte de él nunca los estaba animando a seguirle de un lugar a otro, al contrario leemos que directamente a algunos les aconsejaba que regresaran a los suyos y testificaran en la lejanía y el anonimato en vez del popular y riesgoso testimonio público. Otras veces no les decía váyanse sino que notando la insistencia de ser discípulos les invitaba a reflexionar en el costo, no monetario porque él nunca cobró sus lecciones en su seminario, sino en los sacrificios que conllevaba la vocación apostólica.
En primer lugar les dijo que el llamamiento debía ser examinado, casi únicamente antes que por cualidades y aptitudes, por las renuncias (v.33) con las cuales empezar, a padre, madre, casas y honores; no quiere decir que los odiaran a ellos para amarlo a él sino descenderlos desde el histórico y natural primer lugar afectivo hacia el segundo, y en la primera posición colocar al Salvador. Y esto no por malicia ni por envidia sino porque el afecto hacia Dios y hacia su obra debe tener siempre la preeminencia, y porque generalmente la vocación misionera es solitaria. Las primeras preguntas que se le hacen a un candidato a misionero son aquellas que lo desanimen.

A los que no podía persuadir a que se quedaran entre los suyos les pidió entonces que reflexionaran profundamente si serían capaces de luchar contra los sentimientos familiares y vencer las nostalgias, no sea que después de un tiempo les fuera imposible continuar la tarea, no pudiendo vivir sin los que dejaron, y decidan dejar vacía la posición y regresar. Esa es la situación que Jesús quería evitar porque cuando un hermano, o un líder prominente renuncia y deja vacante su lugar, la soledad del asiento y la posición desocupada desanima a los que se han quedado. Las dos ilustraciones que Jesús les pone les advierte que la vocación ministerial tiene que ser bien pensada antes de dejar algo, y salir con la disposición de que la ida sea no retornable porque los que miran atrás no agradan a Dios, sus nombres se convierten en tristemente célebres como la mujer de Lot.
Jesús no habló de algún castigo divino para aquellos que aceptan un ministerio y después de un tiempo se dan cuenta que no pueden seguir; en el caso del individuo de la torre dijo, no que había perdido su dinero y su tiempo miserablemente, sino que se convirtió en el hazmerreír de sus conocidos, y les comenzarían a llamar con el mote de su torrecilla inconclusa. La otra ilustración, porque parece que Jesús se emocionó e inspirado insistió en que pensaran bien las cosas, trata del enfrentamiento de los ejércitos donde uno le dobla el número al otro, y afirma que el que menos posibilidades tiene para ganar debe declinar la guerra y establecer algún pacto sobre ciertas condiciones de paz porque continuar hacia adelante con obstinación haciéndose vanas ilusiones, y moviendo al ejército con consignas irreales y triunfos quiméricos, lo que resultará será una sangrienta y vergonzosa derrota.

El punto principal que ilustra es que la decisión ministerial no se hace a la ligera sino que debe tomar tiempo y con la cabeza bien fría, más que con el corazón enardecido por la candente oratoria de algún predicador. En resumen, si alguno anhela obispado buena obra desea, pero eso no es todo sino que debe moderar su entusiasmo y dejar que se le enfríe un poco la euforia, y sin romanticismo conozca bien en qué se va a meter, no en lo que va a ganar sino en las muchísimas bajas y pérdidas, y que no lo dude, va a tener.