domingo, 29 de noviembre de 2015

¡Imagínense a Jesús primer ministro o presidente!

JUAN 6:14-21
14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. 16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, 17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. 19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. 21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban”.

CRUZADA, BATALLA
Este es el mismo relato de Mr. 6:45-56; donde hay más detalles y se dice que él los forzó a subir a la barca, lo cual hace pensar que la situación atmosférica estaba prevista exactamente y los incluyó a ellos dentro, los forzó a irse porque ellos no querían, enseñándoles que él se hallaba por encima, y si no habían discernido el milagro de los panes y peces, éste lo excedía. Jesús no nos mete en experiencias difíciles para lastimarnos sino para mejorarnos, y eso, con una visión nueva de su persona. Muchas veces hemos querido bandear bien una situación sin lograrlo, viendo que Jesús pasa cerca como indiferente (Mr. 6: 48). Queremos caminar sobre esas aguas sin poder o con el poder de la imitación de Cristo, y eso no basta, a no ser que no sólo imitemos sus actos sino de donde él obtenía el poder para hacerlo. Aquí se ve que pasó muchas horas solo orando, de modo que no sólo podía caminar sobre el agua sino volar si lo hubiera deseado. Es una obligación que tenemos con nosotros mismos dedicarnos más a la soledad, meditación y oración. No son los programas sociales los que incrementan la fe sino la oración. El Espíritu puede levantar el cuerpo.
Cuando aquel fantasma, o sea Jesús subió a la barca, inmediatamente fue acelerada y llegaron a tierra en un dos por tres. El viento cesó y los remos fueron fáciles, o quizás Jesús hizo que las ráfagas que eran contrarias se cambiaran a favor y las circunstancias lamentables se hicieran favorables y todo obrara para bien. Los apóstoles sudaron menos y con poca energía de ellos, sin embargo con su presencia, todo se movió rápido y la pequeña iglesia de doce miembros alcanzó su meta en menos tiempo. Casi podrían haber soltado los remos o tirarlos al agua que con sólo los pies de Jesús puestos en la embarcación ella se deslizaba sin escollos que la detuvieran porque obedecía hacía donde él miraba y a lo que quería en su corazón. Eso es lo que necesita lo que se ha parado, no que sus pasajeros se bajen y empujen sino que inviten a Jesús a subir y con esa fuerza extraña y celestial que él tiene en su Espíritu, todo camina, se desliza y el barco navega. ¿Vieron ellos que Jesús se bajó y la empujó? No, él subió, ocupó un lugar entre ellos, y eso bastó para que se terminara la inercia y todo el grupo, refrescado y descansado, le acompañó victorioso a él, hacia la otra orilla. Marcos dice que llegaron a Betsaida, de Galilea, que estaba en el camino a Capernaum.  
Aquella gente había leído que el Redentor habría de ser rey, y le echaron manos a Jesús con esperanzas políticas en él, y para hacer eso tuvieron que intentarlo por la fuerza (v.15), en contra de su voluntad porque él no quería serlo; y allí mismo los dejó con esas esperanzas en sus corazones, frustradas. Se fue al monte a orar, y donde pudiera esconderse solo y los que votarían por él se les quitara la idea de sus cabezas yéndose detrás de los doce donde él no se encontraba. Calvino comentó esto: “…por medio de su crucifixión la salvación para el mundo fue obtenida y Cristo mismo tuvo un espléndido triunfo sobre la muerte y Satanás. Si hubiera permitido que lo hicieran rey su reino espiritual se habría arruinado, el evangelio manchado con eterna infamia y la esperanza de salvación completamente arruinada”.
¿Qué verían en él que les hizo pensar que sería un buen gobernante? ¿Dónde leyeron que alguno de los viejos profetas apeteciera tener un trono? Esas viejas ambiciones mundiales tienen su origen en el papado pero no en los apóstoles. Sus sermones no eran políticos y él no poseía esas ambiciones. ¿Hablaba bonito? Eso no es suficiente. ¿Se imaginaban que si les podía dar de comer ya eso era todo? ¿Se elige a un gobernante nada más porque propone cambios económicos? Para meter a Jesús en la política hay que forzarlo y el diablo que le había propuesto todos los reinos del mundo si postrado lo adoraba, ahora quiere obligarlo a ser presidente, y él de nuevo lo rechazó, y se fue de en medio de ellos. En realidad lo que ellos querían era usar a Jesús contra Pilato, y si lograban su propósito, engañando al Señor, después lo desecharían. Políticamente nunca gobernarían con él ni siquiera en alianza. ¿No le habían oído decir que su reino no era de este mundo? O que era el reino de los cielos. Ellos no amaban para nada ese reino, pero no les importaba porque lo que querían era quitar a Pilato, gobernar ellos y aprovecharse de Jesús.

Podrían hacer algo mejor que politizarlo, y crear de él otro Cristo a la medida de ellos, sino tomando sus principios y aplicándolos a los reyes y a sus votantes, a la política y sus votantes, a todos los ciudadanos en forma de leyes que mejoren la calidad humana del pueblo, su moral, su economía y glorifiquen a Dios. Así se haría en parte realidad la plegaria del Padre Nuestro: “Vénganos tu reino”, ya que suyo es el reino, el poder y la gloria. Amén.