domingo, 8 de noviembre de 2015

Pídale a Dios volver en la tarde a casa tan santo como en la mañana

LUCAS 11:1-4  
(MATEO 6:9-15; 7:7-11)
1Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”.
REGRESA SANTO COMO 8 HORAS ATRÁS
Es sabido que Jesús algunas veces repetía la enseñanza a diferentes personas, o la misma añadiendo o quitando algunas de las cosas previamente dichas. El lector no precavido pensaría que lo que está acostumbrado a leer en el primer evangelio, se está repitiendo aquí, y no es así. Fue en otro momento y por eso tiene sus variaciones. Sobre esto escribió el Dr. John Gill: “Lo que aquí se dice sobre la oración concuerda con lo que también se dice en Mt. 6: 9, sin embargo fue dicho en otro tiempo y en otro lugar: en aquel entonces Cristo estaba en Galilea ahora se encuentren Judea, lo que allí dijo sobre la oración no fue porque alguien se lo pidiera, aquí alguien le dijo que los enseñara a orar, y en Mateo él se encontraba predicando y aquí ocurrió después de un tiempo de oración" . En Mateo parece que fue después de la segunda Pascua y aquí posiblemente después de la tercera, entre la fiesta de los tabernáculos y la dedicación.
Cuando nuestro Señor terminaba de orar despertaba las ganas de hacerlo; y eso indica lo impactante que era su oración. En Lucas  fue uno el primero que hizo el comentario a otros cuando escuchó a Jesús, se dio cuenta que él y los demás no lo hacían bien y le pidió ayuda. Querían dirigirse a Dios de forma personal y paternal como si lo tuvieran enfrente y lo vieran. La oración cristiana era una forma jamás practicada entre los rabinos, escribas y fariseos, y sobre todo no era tan larga como la de aquellos, y con un espíritu celestial que la de esos carecía. Los demás que oían lo que el hombre estaba pidiendo, sintieron lo mismo y dijeron, “sí, es verdad, enséñanos a orar” (v. 1).
No les pidieron que los enseñara a predicar, echar demonios o sanar enfermos, sino que deseaban primero que todo aprender a orar mejor, como él, y ni siquiera como Juan. Jesús les dijo, “bien, les voy a enseñar un modelo y sin repetir las mismas palabras usen los mismos asuntos, en ese orden y con ese contenido”, y así, no se sabe cuántas veces les enseñó “el Padre Nuestro” a los que querían comenzar la vida cristiana por la oración.
Les dijo, cuando oren, usen familiaridad en la oración. Háblenle como hijos adoptados, con respeto y amor, con “temor y reverencia” porque él se halla en el cielo y ustedes en la tierra y con lenguaje de hijos maduros (Ro. 8:15; Ga. 4:6). En ningún momento “abba”  palabra aramea o siríaca, es usada para hablar sobre la doctrina de la adopción, como una ilustración, no como  un vocablo usado en ella, y no significa “papito” “papi” “papacito” sino “Padre mío” o “mi Padre”. La palabra no contiene esa clase de niñería. 
La primera petición tendrá que ver con el glorioso nombre de Dios y deben orar contra la continua deshonra que sufre en el mundo. Es tomado en vano, se jura falsamente por él, se usa en largas oraciones para despojar a las viudas, es invocado en las esquinas de las calles, y no en privado en los aposentos, se ora con los labios y no de corazón. Oren para que el nombre de Dios sea santificado entre la gente, respetado y tenido como sagrado, y los preceptos de su voluntad hechos en toda la tierra como en el cielo, sin ambiciosas guerras, pleitos, y sin ninguna especie de mal, esto es, el ensanchamiento de la iglesia.
Desde ahí en adelante (vv.3,4) el modelo de oración parece encajar en la súplica matutina del obrero pobre que sale a buscar trabajo con sus pecados perdonados y dispuesto a no echarse encima uno nuevo, con deseos de perdonar a los que ayer le ofendieron, haciendo que el día nuevo no cargue con las amarguras del viejo. Ruega a Dios que halle trabajo, que el patrón que lo contrate le dé la paga justa y completa, que no caiga en manos de un explotador, y regrese en paz a casa, cansado pero feliz, dando gracias al Señor por el buen día que tuvo, y trayendo bajo el brazo el pan cotidiano.

Y no fue eso todo lo que arrodillado pidió en su oración matutina, empleo, dinero, sino además no meterse donde su fe no le alcance ni volver a su cabaña, y a su mujer y sus hijos, siendo menos cristiano en la tarde que en la mañana, y sí el mismo, protegido por la providencia, de las mil tentaciones que le rodearon y que no accedió a ninguna, y que tan cristiano lo abracen en la tarde como cuando con ósculo santo ocho horas atrás lo despidieron, sin que el mal, como esposo y padre, le haya dañado (1 Cro. 4:10).