jueves, 21 de septiembre de 2017

Levanta tus ojos al cielo a ver si puedes ver a Dios




SALMO 95:6
“…arrodillémonos ante nuestro Hacedor”.

 Oh alma orgullosa, corazón endurecido, que Dios sea tu creador ¿no es suficiente motivo para postrarte ante él? No sólo que es inmensamente superior a ti, sino que tú le debes tanto. ¿Por qué te pide Dios adoración? ¿No es por lo orgulloso y endurecido que eres? Porque el centro de tu infelicidad eres tú. Si no fueras tú, tu propio ídolo, serías dichoso. Pero, no es por gratitud que te pida la alabanza sino porque es tu único remedio, la renuncia a creerte un dios, un señor, el dueño y amo de la creación. Hombre ¿no ves que estás descentrado? Has hecho alrededor de ti tu órbita, y como ya desfalleciste de intentar ser bueno, has puesto aparte la moral y te juzgas a ti mismo por lo que puedes hacer. Ese es el problema para adorar a tu Hacedor, la soberbia que te hincha por tu posición en la creación, y eres tú quien quiere que seas adorado y no otro que te hizo. Tu más grande idolatría eres tú. ¿No sabes que lo que tienes lo recibiste? ¿Por qué te glorías? Por eso no quieres otra religión que no sea tu humanismo, tu hedonismo, tu narcisismo (1 Co. 4:7; Efe. 2:8,9). Levanta tus ojos al cielo a ver si puedes ver a Dios.

domingo, 17 de septiembre de 2017

La predestinación no es para polemizar sino para consuelo y tranquilidad


ROMANOS 8:28-30
“A los que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo” Y a los que predestinó también llamó y a los que llamó también los justificó, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

Cuando el apóstol escribe estas palabras el cristianismo está siendo acicateado por los enemigos, los hermanos están siendo juzgados y muriendo por la fe. Ser cristiano no era un privilegio sino socialmente una desventaja, que se les miraba con malos ojos, en especial los judíos. Esta carta principalmente es para consolar a los creyentes en el Mesías de esa misma nación, que se hallaban en la capital del imperio. Algunos de ellos fueron a recibir al apóstol cuando encadenado lo llevaban para que se presentara delante del César. El apóstol les dice a sus conciudadanos judíos-cristianos, los que padecen a manos de los de su propia nación, no que la situación social adversa cambiará, sino que el rechazo a la vida cristiana de ellos les servirá para bien. El oro se purifica con fuego. La escoria tiene que desprenderse de la plata (Je. 6:29). Cuando la fe es genuina es más útil el rechazo social que la sonrisa y el aplauso. Generalmente las iglesias cristianas son más auténticas en esos momentos, que en los de libertad y de respeto a los derechos humanos. Se oye a los ministros aplicar esas palabras, que todas las cosas ayudan a bien, a cualquier circunstancia. Y pudiera ser válida la aplicación tan general, fuera, en otro contexto más amable y en relación con las vicisitudes y contratiempos cotidianos porque el llamamiento de Dios, su propósito, de conformar al creyente a la imagen de su Hijo, Jesús, continúa hacia delante en cualquier clase de adversidad o bienaventuranza. El apóstol quiere asegurarlos en la fe y les dice, para que no piensen que alguna cosa extraña, y con despropósito (Job 1:22), les está pasando, sino que cada detalle, aceptación o rechazo, amor u odio, pobreza, riqueza, salud o enfermedad siguen siendo manejados y guiados con algún propósito eterno. Dios sabe quiénes son sus “llamados”, sus “escogidos”, sus “predestinados”, “los que conoció” antes de crear el sol y que la tierra rutilara a su alrededor.


Si Dios, está con su iglesia, las persecuciones no la extinguen, los juicios humanos tampoco; lo que acaba con la iglesia es el pecado no el mal humor y las injusticias, porque su fe, sus doctrinas, su esperanza, son invencibles. Cada cristiano, cada cristiana, siendo una nueva criatura, preparada para el otro mundo, vence a este, creado para Adán y Eva, pero que también Dios oye los gemidos, como si toda la creación estuviera de parto, como si toda ella se uniera en oración a Jesús, pidiendo la transformación, un nuevo mundo. Mire usted, que la doctrina de la predestinación no es enunciada para polemizar teológicamente sino para vivirla, para consuelo y tranquilidad. Y con poco espacio la menciona el apóstol, y en la Institución de la Religión Cristiana, escrita por Juan Calvino, también ocupa poco espacio. Menos del que yo, defendiéndola de sus adversarios.

Pastor, Humberto Pérez
http://pastorhp.blogspot.com/____________________________________________
Si desea recibir más, MIS NOTAS  BIBLICAS,  oprima el enlace 
Hperez@humbertoperez.net

lunes, 11 de septiembre de 2017

La iglesia refugio de los pecadores



SALMO 48:1-14

“Los príncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy exaltado. Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo. Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey. En sus palacios Dios es conocido por refugio. Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; pasaron todos. Y viéndola ellos así, se maravillaron, se turbaron, se apresuraron a huir. Les tomó allí temblor; dolor como de mujer que da a luz. Con viento solano quiebras tú las naves de Tarsis. Como lo oímos, así lo hemos visto en la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; la afirmará Dios para siempre. Nos acordamos de tu misericordia, oh Dios, en medio de tu templo. Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra; de justicia está llena tu diestra. Se alegrará el monte de Sion; se gozarán las hijas de Judá por tus juicios. Andad alrededor de Sion, y rodeadla; contad sus torres. Considerad atentamente su antemuro, mirad sus palacios; para que lo contéis a la generación venidera. Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aún más allá de la muerte”.

Los judíos soñaban con una Jerusalén eterna, victoriosa, inexpugnable, y fracasó porque era terrenal. Si leyeras este salmo sólo como un documento histórico, notarías que se trata de un himno a Jerusalén donde su autor, un judío piadoso, canta su fe en Dios con alabanzas hacia la ciudad amada y su hermosura. No es precisamente a la patria a quien le canta sino a la ciudad de Dios que para nosotros es la iglesia. Jerusalén e Israel son una misma cosa y ambos la iglesia. No es patriotismo lo que se nota en este salmo y en otros como él, es devoción, es piedad, amor hacia aquellas cosas que fueron “figuras de lo verdadero” (He. 9: 23,24). Mucho más verdadera que la Jerusalén terrenal es la Celestial, y más que el templo, Jesucristo (He.9:11). Los sentimientos que el salmista experimenta por Jerusalén son los que el cristiano siente por la iglesia y su Señor; que es hermosa. No hay otra como ella; acapara su admiración y pide a los que le oyen que rodeen la ciudad, que cuenten sus torres y consideren con atención sus muros, sus antemuros y miren sus hermosos palacios. Es una gran obra de arquitectura (vv.12,13). Pero más que su hermosura el tema del salmo es su no expugnable fortaleza; en la mente judía no cabía la posibilidad que Jerusalén fuera hollada por los gentiles; no, la amaban y admiraban mucho para concebir eso. Sería como el fin del mundo si de aquello no quedara “piedra sobre piedra”. Y así fue porque el pecado la hizo vulnerable. Y se hace necesario que descienda del cielo la nueva Jerusalén, esto es la iglesia, cuyo Arquitecto y Constructor es Dios, cuyo fundamento son los patriarcas y los doce apóstoles, o sea sus doctrinas. Aquella es la vieja Jerusalén y la iglesia es la nueva, la inmensa, la que está hecha cada piedra con la palabra del Señor. Los creyentes morimos, pero la iglesia continúa con Dios “aún más allá de la muerte” (v.14), o “hasta la muerte”, sin escatología, que es una mejor traducción. “La muerte” o Mut-labén, se corresponde al título del salmo 9, no como interjección ni para descender a un tono lúgubre sino una forma musical. Los cristianos pasan, la iglesia no, las funestas dictaduras, la iglesia sigue, las sociedades cambian, el evangelio no. La traducción “eternamente” se acoge con gusto, pero el salmista dijo “siempre y siempre” habrá iglesia.

lunes, 21 de agosto de 2017

Sus padres no se oponían cuando lo oían cantando himnos

SALMO 22:6-10
“Pero tú eres el que me sacó del vientre; el que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.    

Aquí hallamos a un hijo que se considera un elegido por Dios, que es de Dios desde el parto y antes del parto (vv.9,10); un hijo que está viviendo momentos difíciles cuya vida espiritual no está edificada sobre la llamada autoestima (v.6) porque lo hallamos deprimido y triste, sino sobre la gracia de Dios, un hijo que camina con Dios a pesar que pertenece a una minoría (v.6); con una fe resistente al desprecio, las muecas, las burlas y el desaire (vv.6,7); que confiesa su creencia en Dios puesto que todos lo saben (v.8) y con una vida de fe que realmente disfruta sin aburrirse (v.8); los otros no pero él sí.
Con un par de padres que lo criaron más dependiente de Dios que de ellos mismos, “sobre ti fui echado” (v.10), un hijo del cual no eran los propietarios, y pudiera vivir solo “cuando mi padre y mi madre me dejaren” (27:10); y, por último, David decía “amo a Dios porque me amó primero, creo porque tengo Dios antes de nacer”.

Pero hay un cuadro distinto. David tenía el privilegio de tener padres santos que lo llevaban al tabernáculo, le enseñaban la ley de Dios, no se oponían cuando lo oían cantando himnos, aprendió a orar con ellos. Lo criaron como un elegido por Dios porque ellos así se tenían, como todos los judíos, pero ¿qué de aquellos que hemos nacido de padres sin religión, que sí hemos vivido en pecado, que no fuimos echados sobre Dios sino al mundo y a los deseos pecaminosos, que aprendimos a pecar desde chicos y viendo malos ejemplos? No buscábamos a Dios, no preguntábamos por él, ni sabíamos tocar la lira, el arpa y cantar. Lo último que hubiéramos pensado sería en dedicar el talento a la religión; estábamos muertos en delitos y pecados.

Pero ocurrió una cosa extraña, una “extraña obra” (Isa. 28:21), llegó hasta nosotros la palabra de Dios y el efecto que produjo fue especial, no el mismo que en otros que estaban a nuestro lado; ellos “oyeron la voz, pero no entendieron” y a nosotros nos hablaba Cristo. Ocurrió un milagro en el gusto, nos encantó lo que oímos y nos pareció verdadera y la creímos, era algo distinto a lo que conocíamos por crianza, era superior y mejor, un mundo maravilloso sin manchas y puro, y completamente cierto. Después nos dimos cuenta que habíamos sido “paridos” para creer aquello, descubrimos que nuestro “embrión vieron sus ojos” (Sal. 139:16), que siempre nos había estado cuidando, aunque “éramos hijos de ira lo mismo que los demás”, sin embargo, no fuimos pasados por alto como la mayoría, y nos sentimos privilegiados y “escogidos por Dios para la salvación” (2 Te. 2:13), cuando no conocíamos los cánticos de Sion. 

domingo, 6 de agosto de 2017

Los peregrinos que se bajaron del barco Flor de Mayo



SALMO 11:3
                  “Si los fundamentos fueren destruidos”. 

Si fueren destruidos los fundamentos de la religión cristiana, que son sus doctrinas básicas y su ética, ¿qué harán los que han confiado sus vidas a ellas? ¿Qué harán los simples creyentes cuyas almas son cuidadas por pastores? ¿Qué harán si a los mismos maestros que les oían enseñar las verdades ortodoxas del N.T. ahora les oyen lo opuesto y les ven destruir lo que edificaron? ¿Qué podrán hacer los justos si oyen que ya el fundamento de la salvación no es Cristo, sino que lo han quitado y han puesto en su sitio otro nombre y otro evangelio?; ¿y que la salvación no es un don de la gracia solamente que se recibe por fe, sino que el hombre tiene que hacer obras, para ponerlas juntas a ella? (1 Co. 3:11). ¿Qué harán los justos si se dan cuenta que, en la predicación, en el evangelismo y en la adoración Cristo tampoco en todo tiene la preeminencia (Col. 1:18), que es vana porque se dice que no resucitó? ¿Huirán los justos al monte cual ave? ¿O hacer como dijo John Stott en una entrevista cuando le preguntaron si su iglesia aprobaba el matrimonio entre homosexuales y lesbianas, afirmó que lucharían quizás por unos años y luego se iría?


Sí, quizás sea mejor así, tratar de dominar aquellas instituciones que son como el fundamento de la iglesia, de la denominación y a partir de ella luchar para poner de nuevo el fundamento que quiso ser destruido; y si no se logra, pues entonces salir, como hicieron los presbiterianos con el seminario en Princenton; cuando ya no pudieron detener la ola liberal, se marcharon y fundaron el que ahora radica en Filadelfia. O lo que hizo Spurgeon en Londres cuando la Unión Bautista se negó a condenar a los que estaban enseñando el liberalismo en sus iglesias; después de lo que se conoce como el Downgrade Controversy, abandonó la Unión y a poco tiempo murió. 

 Esa actitud defensiva o combativa fue la que usó Pablo contra judaizantes y pro-gnósticos en sus iglesias como los gálatas y los colosenses (Flp. 1:17) ¿Qué haremos si aquellas doctrinas que son el fundamento de la religión cristiana, que hizo del movimiento una secta, como lo llamaron sus contemporáneos, algo distinto al judaísmo, son socavadas? Por ejemplo, la divinidad de Cristo. ¿Qué haremos con la iglesia que rechaza la divinidad de Cristo o con una denominación entera? ¿Le toleraríamos esa deserción teológica para que como Himeneo y Alejandro ande “gangrenando” todo el cuerpo? ¿O es mejor expulsarla para que haga su mal afuera, entre aquellos a quienes el dios de este siglo cegó el entendimiento para que no les resplandezca la luz del evangelio? ¿Qué harán los justos si oyen a sus profetas y maestros enseñar que la salvación no es por fe sola sino fe con buenas obras, promesas, comidas, etc.? ¿Qué harán los justos (que pueden hallarse en cualquier denominación) si se dan cuenta un día que en su iglesia los fundamentos han sido destruidos hace siglos y se ha estado venerando imágenes como dioses lo cual la Biblia prohíbe? ¿Deben seguir adorando a Dios entre altares y altares, cantando alabanzas evangélicas, usando dones del Espíritu entre figuras de talla y oro que otros hundidos en la ignorancia adoran? ¿Qué harán los justos si empiezan a enseñar en su religión que ya Dios no es más trino sino una sola persona, la del Padre, que el Espíritu Santo no tiene personalidad, sino que es una fuerza divina? Si los justos se dan cuenta que eso es lo que se enseña en su denominación, ¿qué harán? ¿Tolerar o dejarla? En tales casos, si no hay fuerzas para combatir y ganar sea mejor ya hacer lo que David no quería, “huir al monte cual ave”, escapar, como dice la tradición que hizo Juan cuando supo que Cerinto el gnóstico estaba bajo el mismo techo que él y temía se desplomase por la ira de Dios. David pregunta qué harán los justos si eso les pasa y da a entender que los justos tienen que hacer algo, la situación es crítica, terrible, dolorosa, pero no pueden quedarse con los brazos cruzados mientras los fundamentos apostólicos son destruidos.

Pero, ¿qué harán los justos si los fundamentos básicos de la sociedad son destruidos? ¿Si los fundamentos morales sobre los cuales ha sido edificada nuestra sociedad occidental, que son los fundamentos cristianos son destruidos? ¿Qué hacer si en las escuelas se enseña una educación sexual liberal y anticristiana? ¿Sacamos nuestros hijos y los ponemos en una escuela privada o nos hacemos miembros del PTA, vamos a las reuniones y protestamos para que los fundamentos no sean destruidos? ¿Se cruzarán de brazos los justos y no harán nada? Lo que pudiéramos hacer con la iglesia, dejarla, no lo podemos hacer con la sociedad donde vivimos, por lo menos en muchos casos; el primer camino a tomar es usar los medios que se han conservado para evitar que los fundamentos sean destruidos. Si un presidente aprueba el aborto, la constitución nos garantiza la oportunidad de votar en su contra y no reelegirlo, si se manifiesta en pro de los matrimonios de homosexuales, hay que cambiarlo y elegir a otro para quien los mandamientos de Dios sean más importantes que la interpretación filosófica de la libertad democrática. ¿Elegiremos un presidente, o lo renovaremos sólo contemplando los progresos económicos o las promesas financieras que hace sin juzgarlo cristianamente? ¿O no nos importan los fundamentos cristianos de la sociedad y los sacrificamos por la prosperidad individual y la conveniencia? Si los fundamentos cristianos que pusieron los peregrinos que se bajaron del barco Flor de Mayo y sobre los cuales se inició, prosperó y sobresalió esta sociedad estadounidense son destruidos, su esplendor se marchitará y como el imperio romano, ella también se caerá y nosotros con nuestros hijos pereceremos en su derrumbe.