sábado, 27 de mayo de 2017

Un sólido sermón paulino

Exposición 44

HECHOS 13:16-41 (LBLA) 
“Pablo se levantó, y haciendo señal con la mano, dijo: Hombres de Israel, y vosotros que teméis a Dios, escuchad: [17] El Dios de este pueblo de Israel, escogió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. [18] Y por un período como de cuarenta años los soportó en el desierto. [19] Después de destruir siete naciones en la tierra de Canaán, repartió sus tierras en herencia; todo esto duró como cuatrocientos cincuenta años. [20] Y después de esto, les dio jueces hasta el profeta Samuel. [21] Entonces ellos pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. [22] Después de quitarlo, les levantó por rey a David, del cual Dios también testificó y dijo: "He hallado a David, hijo de Isaí, un hombre conforme a mi corazón, que hará toda mi voluntad." [23] De la descendencia de éste, conforme a la promesa, Dios ha dado a Israel un Salvador, Jesús, [24] después de que Juan predicó, antes de su venida, un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. [25] Cuando Juan estaba a punto de terminar su carrera, decía: "¿Quién pensáis que soy yo? Yo no soy el Cristo; mas he aquí, viene tras mí uno de quien yo no soy digno de desatar las sandalias de sus pies." [26] Hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a nosotros nos es enviada la palabra de esta salvación. [27] Pues los que habitan en Jerusalén y sus gobernantes, sin reconocerle a Él ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, cumplieron estas escrituras, condenándole. [28] Y aunque no hallaron causa para darle muerte, pidieron a Pilato que le hiciera matar. [29] Y cuando habían cumplido todo lo que estaba escrito acerca de Él, le bajaron de la cruz y le pusieron en un sepulcro. [30] Pero Dios le levantó de entre los muertos; [31] y por muchos días se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. [32] Y nosotros os anunciamos la buena nueva de que la promesa hecha a los padres, [33] Dios la ha cumplido a nuestros hijos al resucitar a Jesús, como también está escrito en el salmo segundo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. [34] Y en cuanto a que le resucitó de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, Dios ha hablado de esta manera: Os daré las santas y fieles misericordias prometidas a David. [35] Por tanto dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. [36] Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió, y fue sepultado con sus padres, y vio corrupción. [37] Pero aquel a quien Dios resucitó no vio corrupción. [38] Por tanto, hermanos, sabed que por medio de El os es anunciado el perdón de los pecados; [39] y que de todas las cosas de que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, por medio de El, todo aquel que cree es justificado. [40] Tened, pues, cuidado de que no venga sobre vosotros aquello de que se habla en los profetas: [41] Mirad, burladores, maravillaos y pereced; porque yo hago una obra en vuestros días, una obra que nunca creeríais aunque alguno os la describiera”.

Después de este disgusto los misioneros continuaron su viaje hasta Antioquia de Pisidia, no Antioquia de Siria, desde donde ellos habían salido. En ese nuevo lugar el apóstol predicó en una sinagoga judía, a petición los principales, "una palabra de exhortación" o "una palabra de ánimo". No necesariamente de reprensión.
1.- El sermón de Pablo consiste en un recordatorio de la historia sagrada, no para probar su conocimiento de ella sino para exhortar a sus hermanos judíos a creer en Cristo. Si tomas el sermón como un todo verás que, según Pablo, la historia del pueblo judío culmina en la resurrección de Jesús (vv. 35-37) "no permitirás que tu santo vea corrupción... más aquel a quien Dios levantó no vio corrupción".
Esa es la culminación de su sermón y como él lo entiende, de la sagrada historia judía, de la ley y los profetas. Les está pidiendo que relean la historia desde los acontecimientos que él sabe, y por su ejemplo exegético les muestra que la mejor forma de leerla es al revés, desde la resurrección de Jesús, su muerte, sus hechos aprobados por Dios, su nacimiento y si pueden, su origen celestial. Eso no es lo que Israel quiso ni quiere, que la primera letra de su alefato es Jesús y la última, “el primero y el último” (en griego: alfa y omega. El salmo 119 es un elogio acróstico a la Palabra, el Verbo de Dios: Jesús). Israel debía aprender que todo un pueblo culminaba en un hombre, que no se apropiaba de su historia sagrada, sino que era la sombra de él.
Pero aún a su mismo Mesías debían leerlo al revés, de la resurrección a la cruz y desde ahí hacia su nacimiento. Debían comenzar a indagar los sucesos en torno al sepulcro vacío y las apariciones desde ultratumba; todos sus porqués para dirigirse desde el testimonio de la iglesia a la historia de Israel. La iglesia cristiana no sustituía a Israel, pero era su luz principal donde su Ley, profecías e historia desemboca en esa Persona nazarena.
Yo propondría que aun la Biblia se leyera de ese modo. Primero el evangelio de Juan, después los sinópticos, el libro de los Hechos, todo el AT y después el resto del NT. Es una forma, pero buena. El último de todos Apocalipsis. Este orden, más o menos, tiene sus ventajas. Una de ellas es el descubrimiento de salvación de la Biblia y el uso de una exégesis útil en todas las sombras y simbolismos que se hallen. Alumbrar con Jesús todo el AT es lo más útil. Sin esa luz se pasará por encima de muchos textos sin encontrarle el significado oculto, además del histórico, que contiene. Sin Cristo la Biblia se queda en historia y geografía y a lo sumo en religión. Sin Cristo es el Libro de un país y no del mundo. Por ejemplo, el salmo 18. Sin los eventos de Jesús David sólo es historia personal, con Cristo es profecía. Las propias palabras de Jesús, por ejemplo, la destrucción del templo. Sin la resurrección es una alusión al edificio sagrado judío; lo mismo que las palabras de Caifás (Jn 11.49-51). El tesoro de Dios es Jesús y el vaso de barro la Biblia.
Pablo hace notar que la correcta interpretación de la historia de Israel es teológica y que ha de ser tragada completamente dentro de un manantial de vida eterna y salvación. Cuando se ve todo el sermón se nota que su deseo fue predicarles a Jesús, la historia de salvación en Jesús; porque la existencia de Israel es para salvar al mundo.
En el intermedio, el cuerpo del sermón, en Jesús, les enseña que éste fue levantado por Dios como Salvador a Israel (v. 23). Y éste Jesús fue exaltado por el popular profeta Juan (vv. 24,25); (como de paso menciona su doctrina de arrepentimiento) y aunque era un hombre extraordinario se consideró muy por debajo del Jesús a quien él les anunciaba diciendo: "no soy digno de desatar el calzado de sus pies".
2.- Según Pablo avanza en su predicación, uno se da cuenta que la palabra de exhortación o de ánimo, para él es palabra de salvación (v. 26), y desde una punta a la otra lo que quiere es salvar a sus hermanos judíos. El apóstol continúa avanzando en su mensaje; hace referencia al juicio de muerte de Jesús, a la ignorancia bíblica de los gobernantes, y a la poderosa mano de Dios que lo resucitó de entre los muertos (vv. 26-30), sin esforzarse en probarla como hizo con los corintios, sino para dejarles saber que hubo muchos testigos que lo presenciaron vivo y lo palparon.
Tampoco menciona que se le apareció a él en el camino a Damasco, no hace referencia a su conversión ni lo que él fue, supongo que, para no levantar prejuicios en su contra, conociendo la sensibilidad judía contra los cristianos y particularmente en contra de él; les habla como si fuera un predicador anónimo reservándose su identidad.
3.- Todo el sermón está lleno a referencias escriturales y su cumplimiento en Jesús, para probarles que la esperanza aguardada por su pueblo al fin había llegado (vv.32-41). Pablo, no por cobardía, pasa de largo su testimonio, por prudencia, sin embargo, se introduce en una situación bastante difícil: el fracaso israelita de la revelación de Dios. La incapacidad de la ley de Moisés para conceder justificación de un pecador, “sabed esto hermanos que...por medio de Jesús...perdón de pecados. Por medio de la ley de Moisés no pudisteis ser justificados. En Jesús es justificado todo aquel que en él cree” (vv. 38, 39).
Va directo al aspecto más sensible de la religión judía, que su querida Ley no es capaz de justificarlos ante Dios por la incapacidad de ellos para guardarla; y los invita a soltar las amarras del barco de las buenas obras y poner toda su confianza en la muerte y resurrección de Jesús, el genuino Mesías, no conforme a un liderazgo político sino teológico.
4.- Pablo se percata que la mayoría de ellos no estarán de acuerdo con lo que dice y concluye con una severa advertencia de juicio (v. 41), tomada del texto del profeta Habacub 1:5 cuando habla de la destrucción del templo y la ciudad por los caldeos. La Septuaginta, la Persa y la Siria, traducen un poco diferente. Volviendo al asunto, Pablo estima que lo que dijo es suficiente para que crean o no, partiendo del drama de la muerte y resurrección de Jesús, y yendo por él a los textos sagrados. Eso es precisamente lo más grandioso, lo que le da fe a un puñado de ellos y aviva el deseo en toda la ciudad de oír esa historia. La noticia más grande del mundo: la muerte y resurrección del Mesías de Israel, y la inclusión de la humanidad en esa esperanza religiosa. 

miércoles, 24 de mayo de 2017

La gira pastoral de Pedro

HECHOS 9:31-43
31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.  32 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.  33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. 35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.  36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros. 39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.  42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor. 43 Y aconteció que se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor”.

Fíjate en la gira pastoral de Pedro. La iglesia primitiva sentía mucha admiración hacia Pedro. Era una época bella para las iglesias, estaban creciendo en número y se fortalecían por el Espíritu Santo (v.31); los miembros vivían la vida cristiana con toda tranquilidad y no había ninguna oposición externa que frenara su crecimiento (esto duró poco tiempo). En ese tiempo Pedro andaba como un pastor itinerante, visitando pastoralmente a los hermanos que habían creído en Jesús, por si les pudiera servir con alguna bendición. Tenía un gran corazón pastoral.
Pedro era amado por la iglesia y por donde pasaba dejaba bendición y a los hermanos les gustaba tenerlo en sus hogares y alojarlo por varios días. Aunque era un gran ganador de almas, el ministerio suyo era distinto al de Pablo; Pedro era eminentemente un pastor, que haciendo bien a la iglesia la acrecentaba en número. Un buen trabajo pastoral es evangelístico por proyección espiritual. A Pedro, Jesús lo hizo pastor y no la clase de misionero que fue Pablo, pero la iglesia crecía a través de sus miembros. Sus iglesias estaban muy saludables y llenas del Espíritu Santo. Mayormente el punto de contacto entre su ministerio y el mundo eran los hermanos cuyas vidas transmitían el evangelio que aprendían de su boca. Estaban tan bien pastoreados, tan bien cuidados, que se reproducían sin dificultad. Andaban en el temor del Señor y el Espíritu las fortalecía. El gran crecimiento de la iglesia era un fruto de un gran trabajo pastoral.

Llegó a Lida, con la intención de bendecir a los creyentes, y salió de allí dejando la iglesia mucho mayor, no porque saliera a las calles y sinagogas a predicar sino por el milagro que hizo en una casa. Eneas salió a la calle y la gente que le conocía como un inválido se quedaba asombrada y le preguntaba cómo había llegado a caminar; y él, con una sonrisa amplia en sus labios, les hablaba de la iglesia y su ministro, llamado Pedro, diciendo: “Llegó a la ciudad el hermano Pedro, y como en mi congregación todos me aman, le pidieron que si podía orar por mí y sanarme, lo cual al verme inmediatamente hizo. Se puso enfrente de mí y dijo: “Eneas Jesucristo te sana”, porque ya se lo había pedido en oración al Señor y éste le había dicho que sí”.
Cuando la gente oía ese testimonio, corría inmediatamente a la iglesia porque querían estar en una congregación donde los hermanos se amaran tanto, mostraban cariño, tuvieran un pastor que orara por ellos, y para preguntar quién era Jesucristo, del cual dependían para todo bien, lo cual ellos gustosamente les explicaban.

Al visitar la iglesia oían el evangelio y se fascinaban con la historia de Jesús, convirtiéndose a él y pidiendo ser bautizados, para adorarle, disfrutarlo y estar en la compañía de aquella gente y su pastor. Esta piadosa gira pastoral se convirtió en una campaña de evangelización donde la gente iba a la iglesia no porque se le invitaba sino por ella misma, para conocer al pastor y por sobre todo para enterarse más acerca de Jesucristo.


La gira continuó y de Lida pasó a Jope, porque enviaron por él los hermanos, para que hiciera algo por una de las mejores hermanas de la congregación que había acabado de fallecer y ellos, traspasados de dolor no se conformaban con haberla perdido para siempre.
Nota que allí también halló una iglesia plena del Espíritu porque ni teniendo una esperanza celestial se conformaban con la desaparición física de sus miembros. Los hermanos pensaban que ella  merecía seguir viviendo un poco más; la iglesia no quería que se muriera. Sabía que había ido a la presencia del Señor, que había ganado, pero la querían de vuelta. Cosa difícil habían pedido, hacer bajar un alma de su disfrute eterno, traerla de nuevo del cielo a la tierra. Era como pedirle al Señor que la castigara con su regreso al cuerpo.
Pedro no se atrevió a decirle: “Dorcas, levántate”; hizo lo mismo que en Lida, se arrodilló y le pidió al Señor que si fuera posible la enviara de regreso. No le dijo a Pedro: “Ella está mejor aquí, ha ganado, no le pidan que regrese”; sino “está bien, que vuelva Dorcas y continúe haciendo túnicas y vestidos para los pobres, si eso los hace felices, que se despierte como de un sueño y no recuerde nada de lo que ya ha visto”.
Querían que ella volviera y presentaban como argumento las buenas obras que dejaba como recuerdo suyo. Le mostraban sus tejidos y costuras. No dejaba detrás de ella tristeza y problemas. Querían tenerla con ellos y que continuara haciendo lo que hacía porque nadie mejor que ella para hacerlo. Les había robado el corazón con su servicio. Pedro oró con los dolientes y el Señor los consoló con su intervención. Su corazón pastoral se estremeció con aquel cuadro, y debe haber llorado como Jesús ante la tumba de Lázaro. Una congregación que tiene un pastor que ora por los enfermos y Dios lo oye, si es agradecida, lo amará siempre.

Dorcas resucitada se convirtió en un sermón evangelístico. Por una oración pastoral había regresado del cielo y no sólo para seguir tejiendo sino para tener un ministerio más amplio, relacionado con la fe de los incrédulos, para volver a la vida a los que estaban muertos en delitos y pecados, traer fe a los incrédulos y a la iglesia a los que vivían ajenos a la vida de ella.
No escribió un libro sobre su viaje al otro mundo, pero continuó en el mismo lugar espiritual donde había muerto; tras la muerte no se arrepentía de haber vivido entre aquella gente y haber pasado al otro mundo con la fe en Jesucristo. Sobre su viaje al cielo no dijo nada, pero con su testimonio quería decir: “Es muy seguro morir en la iglesia, es un lugar donde nunca nos olvidan, no se celebran cultos para que yo pase de un estado de ultratumba a otro sino para que vuelva a la tierra, y ahora que he regresado serviré fervientemente a Jesucristo, no porque lo encontré al lado allá en la eternidad sino porque es bueno que amplíe mi ministerio entre los incrédulos y que nuestra iglesia se llene de nuevos convertidos”.
Quizás ahora se le veía más en las calles, en las casas que detrás de una máquina de coser o con agujas de tejer en sus manos. Enseñaría a otras hermanas a coser y tejer y ella, con el impulso que traía al haber bajado del cielo, exhortaba a la gente para que se hiciera cristiana y se bautizara. Desarrollaba un ministerio más relacionado con la eternidad que con el amor al prójimo. El impacto en el mundo fue el mismo que en Lida, gran número de personas al saber la historia de ella por sus labios o por la iglesia hacían lo mismo, iban a la congregación y hacían muchas preguntas y veían cómo vivían ellos, quedándose con el grupo y pidiendo bautizarse en el nombre de Jesucristo.
Resumiendo, ¿por qué Dios concedió los deseos de estos hermanos y envió un alma que gozaba su vida eterna a la prisión de su cuerpo? Por Pedro y el evangelio de Cristo.  Dios tenía un propósito con Pedro y el mundo. Sin ofender a nadie porque sé cómo se fundó la iglesia en Antioquía, por favor, no son los miembros de la iglesia ni las vivencias de la congregación lo que está más cerca del plan de Dios en la cadena de salvación del mundo, sino el ministerio pastoral y el evangelio que se anuncia.  Son las niñas de los ojos de Dios. La oración de él fue oída y a petición de él fue que ella regresó.

¡Oh Dios, que tu iglesia aprenda lo importante que es para ella y para el mundo el pastor y su ministerio! El corazón de la iglesia es el pastor y su evangelio; por ellos dos fue que Dorcas volvió a la vida y los hermanos se consolaron. Dios, por medio de la gira pastoral de Pedro nos muestra cómo puede alcanzar al mundo, por medio de la iglesia que tiene contacto con la vida y enseñanzas de un hombre verdaderamente llamado por él. Oh Señor, que tus iglesias amen el ministerio pastoral que dentro de ella se hace.

Un magneto muy fuerte para la evangelización

SALMO 93: 5
“…la santidad conviene a tu casa”. 

En realidad, es más que una conveniencia la santidad para la casa del Señor; lo que el salmista quiso decir fue que la santidad se convierte en su casa, Dios habita donde se halle lo santo, no lo profano ni lo inmundo. Dios no habita en templos de ladrillos y cementos. Los templos del Señor son los hombres y las mujeres santas. Si conviene eso, es lo que conviene a la obra, las vidas de los que le adoran en espíritu y verdad. Lo opuesto es destructivo.

También que la santidad convierte en algo agradable, bello y atractivo (otras acepciones de la palabra), la casa del Señor. Nada es más hermoso en la casa de Dios que su gloria brillando en la vida de los que adoran, (comprobarlo con 1Cro.16:29). Por muy bonito que se ponga el local donde se reúnen los que adoran a Dios, no podrá exceder en belleza la vida misma de ellos, y ninguna cosa tendrá más atractivo a los simples oyentes, un magneto más fuerte, que la conducta de los que los han invitado a la adoración. Superior al ambiente alegre, las comidas, y las modernas musiquillas. Así se ensancha el pueblo del Señor.

sábado, 6 de mayo de 2017

No tienes que ir caminando mirando hacia arriba



Hechos
Hechos, escrito por Lucas, como la segunda parte de su propósito para instruir a Teófilo.

Capítulo 1

Exposición 1

      No tienes que ir caminando mirando hacia arriba
1:1-11
 1 En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.  4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.  5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo,  dentro de no muchos días.  6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?  7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;  8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”.


La noble tarea que ha emprendido este médico misionero: escribir sobre la vida y enseñanzas de Jesús (v.1); y aunque le dedica su trabajo a un solo hombre y espera que sea el principal beneficiario espiritual, “para que conozcas bien las cosas en las cuales has sido enseñado” (Luc.1:4), fue su principal contribución perpetua para la iglesia cristiana de todas las edades.
Los primeros versículos presentan la conexión entre el evangelio escrito por Lucas y Hechos, también escrito por el mismo autor. Es una magnífica forma de continuar su obra literaria escrita en dos partes. Para él, su segunda parte son los hechos del Espíritu Santo, quien reemplaza la presencia física de Jesús y continúa la obra comenzada por éste (v.2).
El libro de los Hechos de los Apóstoles es el libro de los Hechos del Espíritu Santo. La intención del “médico amado” (Col.4:14) es establecer la conexión e identificación entre el movimiento de Jesús y el Espíritu Santo con sus discípulos. La teología de Hechos es trinitaria, Padre, Hijo y Espíritu Santo; y la iglesia que sale es el resultado del trabajo coordinado de esas Tres Personas.  La presencia de un Jesús vivo (v.3), que cumple su promesa de estar presente de modo espiritual en el Espíritu, es fundamental en Hechos (Jn.14:26).
Es interesante estudiar la presencia del Espíritu Santo en Jesús. Él lo nombró como el Dedo de Dios (Luc.11:20), se dice que fue ungido con el Espíritu y anduvo haciendo bienes (Hch.10:38). Como puedes ver en el tratado de Lucas la presencia del Espíritu aparece desde sus primeras palabras, primero como una promesa que se espera y después continúa con el cumplimiento de ella.
Pero Hechos existe con un propósito más que histórico, que  el propósito del Evangelio de Lucas. Hechos realmente comienza en el v.4, asentado sobre ese Jesús vivo, histórico, evidente, pues habla de pruebas indubitables o convincentes, y ¿por qué dudar de lo que es indubitable? ¿Cuántas más pruebas necesitamos para ser convencidos? Su meta es explicar a Teófilo (y para la iglesia con la cual él se relaciona. Tuvo que haberle dado un buen uso al primer libro cuando Lucas le dedica el segundo. Quizás se lo pidió. ¡Un solo lector!), cómo se llevó a cabo la evangelización del mundo ordenada por el Señor (Luc.24:47-49).
Estos son los comienzos de la evangelización del mundo, el cumplimiento de las palabras de Jesús de envolverse en la obra para predicar a todas las naciones. Puedes notar que el Espíritu aparece después de una espera y viene como un acontecimiento para que la iglesia sepa que ya vino, ya llegó y que ya está aquí para hacer su trabajo. Pentecostés es una evidente toma oficial, anunciada con viento recio y fuego, y las lenguas que se reparten son idiomas útiles para cumplir con la Gran Comisión de evangelizar a los perdidos.
El “bautismo del Espíritu Santo” consistió en mostrarles el inicio del ministerio del Espíritu Santo: “aquí está, ya llegó, Jesús volvió en El, es él mismo entre nosotros, es su Vicario designado”; “él les concederá poderes milagrosos que respalden la verdad, y el primero de todos, el don de hablar en otros idiomas para que el mensaje alcance a mucha gente”.
El bautismo del Espíritu Santo en este contexto original es un equipamiento y capacitación para alcanzar al mundo. Lo realmente nuevo fue el don de lenguas. Los discípulos ya echaban fuera demonios y sanaban a los enfermos (Luc.10:9,17). Ese poder no lo habían perdido.
¿No ven? Es el inicio del ministerio del Espíritu Santo en la iglesia. Debían vivir tan cerca del Espíritu Santo como habían estado de Jesús y oírle del mismo modo. Es una experiencia que aparece en la conversión y en la santa dedicación a la obra del Señor. Ojalá que la iglesia entienda que está patrocinada y capacitada por el Espíritu Santo y vivamos tan cerca como podamos y seamos usados por él.


Jesús le da prioridad a la obra de evangelización sobre el especulativo estudio de las profecías. Principalmente el futuro político de Israel.  Es cierto que debemos estar atentos a la profecía que alumbra como una antorcha en lugar oscuro, pero eso tiene su ocasión y límites (2Pe.1:19). Ellos quisieron decirle: “ya resucitaste, sabemos que Dios te ha hecho Señor y Cristo, ¿es el momento para librar nuestra patria del yugo romano?”.  Jesús no les dijo: “no es tiempo aún, ocúpense en la obra misionera”. Tampoco les dijo: “no lo sé”. Lo que les quiso decir fue: “no gasten inútilmente el tiempo en investigación escatológica con respecto al futuro de Israel, mejor es que se preparen espiritualmente para llevar el evangelio a otras gentes”; “recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros...” (v.8); prefieran ser misioneros que teólogos de esa clase, que tienen la vista puesta en un futuro desconocido por todos, conjeturando por aquí y por allá, sin poder hallar nada seguro porque tal materia no está revelada.
El futuro de Israel es importante, lo cual es sólo una parte del drama final, pero también el conocimiento de Cristo en el mundo. Sobre esos asuntos finales es mejor no especular y amablemente dejar que ocurran cuando Dios lo quiera, sin arrogantemente afirmar que se ha encontrado una fecha para ellos. El énfasis en el NT no es sobre el regreso de Israel a su tierra y su soberanía sobre ella, sino su conversión, el día en que todos sean salvos y llamen a Jesús bendito. El NT desconoce cuándo Cristo volverá, porque nadie lo sabe, ni hombres, ángeles o el propio Jesús (Mr.13:32), a pesar de lo que diga el profeta Daniel en sus 70 semanas.
Si Cristo dijo que no valía la pena que estudiáramos ese asunto porque no lo sabríamos nunca, es mejor no hacerlo.  El estudio sobre las profecías podrá ser útil para la fe, pero Jesús viendo que esperando ese acontecimiento se detenían y que no habían entendido que “su reino no es de este mundo” les recomienda una iglesia que se preparare con su poder para evangelizar al mundo, que dé su testimonio en su barrio, ciudad, nación y en el mundo entero. Comenzando por los más cercanos hasta los más alejados, los vecinos y los que están en ultramar.


Cuando el Señor hubo entrado en su estado de gloria, donde se perdió la vista de ellos, unos seres resplandecientes se acercaron al grupo de hermanos y les aseguraron que Jesús volvería un día, no les dijeron cuándo, pero les pidieron que hicieran sus trabajos de evangelización acariciando esa esperanza, y que vivieran con esa expectativa de su retorno. No tenían que caminar mirando hacia arriba, sino ir a orar y esperar aquí en la tierra el cumplimiento de la promesa de darles poder para testificar en su nombre en todos los países del mundo.  Amén.

jueves, 4 de mayo de 2017

Se necesitan predicadores y escritores de calibre



JUAN 18:1-11
 (Mt. 26:47-56; Mr. 14:43-50; Luc. 22:47-53)
“Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno. 10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”.


Ya era tarde, el traidor y sus secuaces traían antorchas para alumbrarse el camino, aunque la figura principal del grupo que se destacaba en ese momento, el hombre importante, Judas, conocía perfectamente todos los vericuetos para llegar hasta donde se encontraba el grupo apostólico y el Maestro de ellos. Con los ojos cerrados podría haber conducido a los guardias sin equivocarse en un solo recodo. Conocía el Monte de los Olivos y el torrente de Cedrón palmo a palmo. Sin embargo, la diferencia entre las otras veces y esta era grande. Unos días atrás, en caso que hubiera llovido y el torrente tuviera agua, él sabía cómo vadearlo, y si estaba seco como parece que era la ocasión, no había dificultad.
Con anterioridad no caminaba solo por aquella tierra sino con la preciosa compañía de Jesús y sus condiscípulos. En este momento los discípulos no van con él, la iglesia ha sido cambiada por dinero, por enemigos y por el mundo. La información del paraje y la identificación a oscuras del rostro amado de Jesús, la había cobrado barato, treinta piezas de plata. Y por aquí no se menciona, pero sabemos por otros observadores que después de alzar su mano y decir paz le dio un abrazo y un beso al Señor. Fingió continuar siendo fiel en el instante mismo de su traición. Son los que mejor conocen la iglesia, porque han estado dentro de ella, que se constituyen en útiles traidores. Los que conocen el carácter de todos, y si tienen alguna queja de ellos, de Jesús ninguna.
Sin embargo, aquella cuadrilla oficial estaba llena de miedo, a juzgar por las armas que portaban, como si el grupo apostólico dispusiera de un arsenal y no de una sola espada. Jesús no sólo los vio venir, no sólo escuchó sus pasos y cuan cerca los tenía para que lo atraparan. El evangelista desde un principio se propuso destacar el oficio de Jesús como algo más que un profeta, como el eterno Verbo de Dios.
Es por eso que adrede escribe que Jesús conocía de antemano "todas las cosas que le habrían de sobrevenir" (v. 4). No solamente leía el pensamiento de los hombres sin dificultad alguna, sino que también conocía al dedillo, punto por punto todo lo que eran y lo que les habría de ocurrir. De mirar a cada cual sabía perfectamente lo que era, lo que fue y lo que sería. Es decir, no lo habían sorprendido, no lo habían atrapado en fraganti sino que estando consciente de su destino se puso de pie y los esperó tranquilo sin la menor indicación que quisiera huir o evitar los acontecimientos.
Caminaba dentro de sus circunstancias y esperaba por ellas. Ni una sola jota o tilde del plan divino y del destino marcado dejaría de cumplirse. La última gota de su copa amarga, tragó, es decir para perdón de los pecados primeros y los últimos, para los grandes cometidos y para los pequeños. Los discípulos han de huir con pánico, pero no porque su líder fuera incapaz de defenderlos o diera señales de cobardía.
Esperó la llegada de aquel montón de policías, tranquilo, habitando en la plenitud de su deidad corporalmente. Cuando preguntaron por él y dijeron su nombre, inmediatamente se identificó, y al hacerlo, sólo con dos palabras "yo soy" el grupo entero fue derribado, no porque los hubiera fulminado un rayo, puesto que de ninguno brotó la sangre, sino que más bien el impacto de su palabra los colocó en el primer el peldaño de la salvación, es decir de rodillas, humillados, porque no estaba allí para perder a los hombres sino para salvarlos. Más eso duró sólo un instante, tomaron fuerzas en sus pecados y se incorporaron contra Jesús. Tuvieron en sí mismos evidencia de su soberanía y poder divino, suficiente para desmentir todas las calumnias con que habían sido enseñados y deshacer todas las transacciones pecaminosas que habían contraído. Fue el momento mismo de la salvación. Obviaron todo lo que no debían haber obviado. Cierto es que el poder que los había derribado no contenía gracia, sino que más bien podría tomarse como un rechazo, y quizás eso tampoco, sino como una ocasión para reflexión, una tregua, un momento donde los dejaba pensando en sí mismos, de medir fuerzas y "pedir condiciones de paz" (Luc. 14:32). Medir las fuerzas con Dios siempre es perder. El único modo de triunfar contra Jesús no es pecando contra él sino pidiéndole perdón.
Aquel grupo de adversarios habría hecho mejor papel en la historia si después de ser empujados atrás y abajo, deponían la beligerancia y se quedaban con los discípulos, cual ingreso de nuevos alumnos. Tal vez los soldados tenían instrucción de arrestar a todos los apóstoles. Jesús no les suplicó, sino que les ordenó que no los mezclaran a ellos con su cruz (v. 8). Y ninguno fue tratado igual ni lo acompañó en la redención. Pedro, que una vez sintió miedo ahogarse no lo sintió al oponerse al arresto de Jesús, y pensó que él sólo contra todo el grupo podría evitar que eso ocurriera, y si no pasaba, al menos tendrían que hacerlo sobre su sangre. Jesús le dijo que no.
No le dio las gracias ni alguna militar explicación, sino le dijo que teológicamente no correspondía defenderlo de esa manera, con la espada, pues el tiempo llegaría que podría defender su historia, sus enseñanzas y transmitir el poder espiritual que su Maestro tenía. Le quitó de sus manos la espada y le puso el Nuevo Testamento. Eso es lo que el mundo necesita, no un ejército cristiano, sino apologistas, predicadores y escritores de gran calibre.