miércoles, 19 de abril de 2017

Tomo la santa cena con hierbas amargas

EXODO 12:8
“Y comerán la carne esa misma noche, asada al fuego, y la comerán con pan sin levadura y con hierbas amargas”.  

Dios les ordena asar la carne cuando la costumbre de ellos era hervirla en agua. La costumbre de los egipcios era comérsela cruda en honor de Osiris. Sobre los panes sin levadura tomo la explicación más sencilla que era por la prisa y no había tiempo para esperar que la levadura fermentara la masa. También la levadura es un tipo de la corrupción, especialmente de la hipocresía (1Co.5:6-8). No obstante ese asado significa los lentos sufrimientos de ellos y del Mesías que poco a poco fue consumido por los pecadores. Las hierbas amargas, lo mismo las amarguras de ellos sufridas en Egipto por tan largo tiempo, y del Cristo. Se come a Cristo con hierbas amargas, con arrepentimiento. Confesar nuestros pecados y admitirlos es como si nos tragáramos la responsabilidad de nuestros malos hechos. Y debe ser comido en el calor del Espíritu Santo, "asado"; ¿de qué te sirve comerlo crudo, es decir sin el Espíritu? Quiero decir sin el calor del Espíritu Santo que hace hervir el alma del lector. Los primeros discípulos, comieron la pascua y tomaron la cena con amargura. Muy pocas veces penetramos dentro de la amargura del Calvario cuando comemos el pan y tomamos el vino. Debiera ser  más solemne y menos festiva, porque aunque la alegría de la resurrección haga olvidar la tristeza de la crucifixión y el entierro del Maestro, aquellos momentos de ira, abandono, justificación y redención son los de la salvación. El propósito de la ordenanza tiene que hacernos revivir esos sentimientos de amor y la promoción en nuestros corazones de la eterna gratitud. Cristo es nuestra pascua (1Co.5:7,8), que se come con reverencia y sin distracción como suele suceder donde los elementos son tenidos simplemente conmemorativos.

lunes, 17 de abril de 2017

Marta con un pañuelo en la mano



JUAN 11:21-27
      "Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá".

Marta no se atreve a pedir que lo resucite pero eso es lo que quiere. La esperanza cristiana no es un consuelo para ella en ese momento. No puede con el pañuelo de la doctrina enjugar sus lágrimas y conformarse. Jesús no deja que nos suceda nada sin sentido (Ayúdanos Señor a creer eso). Jesús le diría, "debes consolarte con esa verdad, no tengas miedo morir ni que te visite la muerte, teme a la incredulidad,  a no tenerme a mí, a morir en pecados, porque morir en la fe es morir en mis brazos”.
Jesús no le dijo "cuando te mueras lo verás en el cielo; no es una porción de ti lo que verás, refiriéndose al alma, una parte; la esperanza que doy es mayor, la resurrección del cuerpo, en un mundo transformado. La muerte es reversible, lo que no es reversible es el destino eterno que cada cual escoja. Las oportunidades se agotan". A todo lo que me ha pasado el Señor le ha dado sentido. Y a Marta se le llenó el corazón de esperanza y consuelo, y con una promesa en la mano secó sus ojos.