lunes, 27 de diciembre de 2010

Una celebración navideña


Lucas 2:8-20

8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! 15 Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.


He visto muchísimas celebraciones navideñas, representaciones, cuadros plásticos, dramas y cantatas, y todo eso de acuerdo a las ajenas experiencias y la mía, voy a exponer este texto en relación con las festividades que en casi todas las iglesias tienen por esta época, como una alternativa anti-mercantil a la de los negociadores y cambistas. Es mi intención sugerir, si no quieren suprimirlas, cómo pudieran ser efectivas, y no precisamente mejorando el arte de la dramatización ni puliendo los cánticos. Si comparamos las celebraciones modernas con esta vieja historia bíblica, notamos que hay diferencias, sobre todo en los resultados que se consiguen.


La celebración bíblica, que es más más bien anuncio de la navidad porque las canciones, direcciones, luces mágicas, astrólogos, ovejas o camellos, tienen que ver con el conocimiento del Rey. Para que un festejo navideño sea exitoso debe contener el anuncio del ángel y el de Simón, que una espada de dolor traspasó el alma de la virgen viendo a su Hijo en la cruz, que el Niño ha sido una señal muy contradicha y que sirve para levantar a muchos caídos en sus pecados, y para otros orgullosos y prepotentes, dejarlos caer o tropiecen y se caigan (Luc. 2:34-35). Alguno de los improvisados actores debiera mencionar eso.


I. En primer lugar fíjate en el orden la celebración navideña que Lucas cuenta


Una celebración navideña es exitosa cuando el contenido de la fiesta es el de un culto, y el centro de la atención es el mensaje de salvación en Cristo y no lo que acompaña a la salvación: No los ángeles, el pesebre y los animales, ni tampoco la música navideña por bonita que sea, pues es complementaria, para respaldar la predicación y no para deleitar a los pastores. Estos ángeles cantaron, si tomamos lo que dijeron como la estrofa de un cántico de alabanzas. Lo único que nos queda de aquella canción fue su letra, el mensaje que contenía. Lo que el mensaje transmitió fue la buena disposición de Dios para salvar a los hombres porque dijeron “buena voluntad para con los hombres”. Una celebración navideña en la iglesia es provechosa si tiene el formato de un culto y el esfuerzo principal es que los espectadores se lleven impresiones de salvación.


II. En segundo lugar el éxito de la celebración navideña en Belén no tuvo que ver con la actuación, el decorado y los efectos especiales de un teatro


Si la hubieras presenciado verías que todo giró en torno a la salvación en Jesús. Si los invitados se llevan una impresión de salvación, las posibilidades son grandes que regresen el próximo domingo al culto. Y eso pasa si la gente se queda hablando del mensaje y no de los ángeles, sus vestiduras y resplandor (estos varones no parecen alados, y no los pongan femeninos por favor, pues es un ejército de militares), ni del hermoso coro, sino del mensaje del evangelio. Y además si toman una decisión, ir a Cristo, equivalente a lo que él dijo, “venid a mí” o “creed en mí”; y pasan del mundo a Belén.


Una celebración navideña es exitosa si provoca lo que estas explicaciones pastoriles, la admiración de un grupo, que se queda maravillado de lo que están oyendo; y otras personas como María, el mensaje los deja reflexionando, o sea ¡pensando!, cosa que no producen muchos festejos el 25 de Diciembre. Y si otros salen como los pastores, sintiéndose bendecidos, que no es lo mismo que entretenidos sino que inspirados, y se suben a sus autos cantando a Dios.


Si “el pueblo” sale de una celebración navideña diciendo que estuvo bonita, que le gustó o riéndose de los artistas y de los incidentes de la representación, no valió la pena el trabajo que se pasó ni el dinero que se invirtió porque lo que se logró fue que la disfrutaran y por supuesto la satisfacción de tener el templo lleno, pero ¿valió la pena si el próximo domingo no regresa ni uno sólo? A no ser que después del “drama”, el pastor predique un buen sermón que compense lo que faltó, y eso si tiene la suerte que los invitados, por lo tarde de la hora, no empiecen a irse.

martes, 21 de diciembre de 2010

Jesús, José y María salen al exilio


Mateo 2: 13-15

“13 Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. 14 Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo”.


Es Dios quien produce los impulsos de la emigración y le establece “el límite de su habitación”; fue él quien le dijo a José que saliera al exilio, porque la vida del Niño corría peligro. La providencia de Dios dirige la emigración de los pueblos, no sólo de los cristianos sino de todos. Eso no quiere decir que dirija las vidas de cada cual porque hay exiliados y emigrantes que se portan indignamente en los países donde han sido arrojados. Víctor Hugo dijo, “los volcanes arrojan piedras y las revoluciones hombres”. Las tiranías expelen creyentes.


José y María a fueron forzados por un insensato censo a viajar a Belén y ahora a huir del país por la persecución, porque Herodes pensaba que el cristianismo era un poder político que le arrebataría de las manos la hegemonía del país. W. Robert Goodfrey dice que “un soldado español en Los Países Bajos, observó unos años después de la muerte de Calvino que él, mejor se enfrentaba a un ejército entero que a un calvinista convencido que hacía la voluntad de Dios, porque el cristianismo reformado no es una religión inocua y débil sino un poderoso movimiento” (John Calvin, Pilgrim and Pastor, pag. 9).


1. Es Dios quien le indica el país y le señala el tiempo del exilio. El destino para José y su familia está determinado por Dios, y no es Siria, ni Persia sino Egipto.


Uno sabe para dónde va pero no el tiempo que estará. Y el tiempo del exilio nadie lo conoce porque el Señor no se lo dijo a José ni a María. Nadie sino Dios conoce cuanto tiempo ha de durar la vida de un tirano y el exilio de la población de emigrantes No son los deseos de los exiliados los que matan a Herodes ni producen el cambio político sino la voluntad de Dios. Salieron pero no sabían cuando regresarían, en un mes o en un par de años. Algunos emigrantes pasan mucho tiempo en el exilio y a veces no regresan nunca; y los llevan muertos después de 120 años para enterrarlos con los suyos en la cueva de Macpela.


Hagamos de esta postal de emigración una copia del exilio del Señor Jesús y su familia, y si nos parece muy difícil, tomemos la de José el hijo de Jacob. Este emigró contra su voluntad, sin embargo la Biblia dice que Dios fue quien lo envió a Egipto (Ge. 37); y todos los acontecimientos, uno tras otros, malos y buenos, incluyendo cisterna, cárcel, esclavitud y tentaciones sexuales, fueron dirigidos por Dios para que aquella salida del país no tuviera que lamentarla, ni él ni su padre. Tanto José y María como José el hijo menor de Jacob no regresaron manchados moralmente por la política y la cultura del país que los alojó. El Niño volvió para cumplir su ida a Jerusalén y el otro, a quien Dios enseñaba a soñar alto y huir de mujeres malas (Ge. 39), llegó a ocupar un elevado puesto en el gobierno y ser el salvador de la hambruna de su pueblo.


2. El éxito de la emigración consiste en contar con la aprobación de Dios.


Y no sólo en aprender el idioma (que es necesario), hallar un buen trabajo (que es una bendición) y disfrutar la nueva vida sino en temer a Dios todo el tiempo que ella dure, para regresar sin lamentar haberse ido. Los padres de Jesús siempre contaron con la aprobación de Dios mientras duró el exilio. Una vez en Egipto José tendría que trabajar, alquilar un sitio, y si fuera posible ahorrar para no volver a su pueblo con las manos vacías. Y le diría a su esposa al regreso, “ebenezer María, hasta aquí nos ayudó Dios, en nuestra entrada y en nuestra salida, sea el nombre de Jehová bendito”. El Niño no se cayó ni fue quebrado hueso suyo, y la madre se propuso no bañarlo en el rio Nilo, y ninguna plaga tocó su morada, ni la casa fue saqueada por ladrones que minan y hurtan. Del mismo modo hace Dios con sus exiliados, si se proponen no contaminarse con la cultura de faraón y no inclinarse en adoración ante sus becerros de oro, ni al resplandor de sus verdes dólares, euros, libras o pesos, y si escogen antes llegar e irse con “el vituperio” de su Hijo Cristo que con los tesoros de los egipcios (He. 11:26). Entonces puede que algún día Dios cumpla su promesa de retornarlos y diga, “de Egipto llamaré a mi Hijo”.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Los misterios del cuerpo del Bebé

Mateo 1:18, 20

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”.


Muchos de los que comen en familia, intercambian regalos y oyen villancicos navideños, no tienen ni idea de los divinos misterios que la Navidad encierra. Cuando Mateo dice “antes que se consumara el matrimonio” (se juntasen) es para enfatizar que su nacimiento fue diferente a los de la genealogía anterior. No se dice que José engendró a Jesús. Pone cuidado en decir que José no la tocó como mujer en todo ese periodo de concepción y embarazo.


Ruboriza un poco al hablar de estas cosas sobre la madre de nuestro Señor. Sin embargo uno de los apóstoles lo hace, éste, para hacerle pensar a los judíos que el caso de Jesús no tiene precedente en la historia de Israel. Que no lo expliquen pensado que es lo mismo que pasó con Raquel, que se demoraba en salir embarazada y al fin tuvo hijos. O que Sara la mujer de Abram que cuando tenía más de 90 años su naturaleza femenina fue fortalecida y concibió a Isaac.


Y de paso para advertirles delicadamente a los paganos, creyentes en la mitología griega y romana, que no hubo cópula entre el Espíritu Santo y María como pasa con sus dioses y las mujeres de los hombres. Ese detalle íntimo dejado por Dios en la Escritura, de que José no durmió con ella durante un año, y cómo fue formado Jesús en el vientre de su madre, no es solamente para salvar su honor de mujer ni para tranquilizar a José que no aceptaba la explicación de ángeles y Espíritu Santo que le daba María.


Cuando el apóstol dice “el nacimiento de Jesús fue así”, exactamente lo que quiere decir es la formación del cuerpo de Jesús fue así, e implica que el cuerpo de Jesús no hereda el pecado original y no está bajo la maldición de Adán, y por lo tanto no está “sujeto a pasiones” como nosotros (Sgo. 5:17; reconozco que la traducción no es correcta). Su naturaleza humana estaba limpia de toda mancha de pecado. Y ese excepcional misterio se lee en la Escritura en sus tentaciones, ya que todas fueron desde afuera no desde adentro.


Jesús podía permitir que otro hombre, el joven Juan, se recostara sobre su pecho porque se sentía como el “Anciano de Días”. Por otra parte, cuando una mujer se le acercó y con sus cabellos enjugaba sus pies y los besaba, lo que ella sentía por él era adoración y así él recibía aquellas caricias (Luc. 7:38). Jesús nunca oró como Pablo “quién me librará de este cuerpo de muerte” (Ro. 7:24), porque a diferencia del apóstol él sí podía hacer con su cuerpo lo que quería y lo que no quería, no comer o flotar sobre el agua, o pasar como invisible entre la multitud. Nació “de mujer y bajo la ley de Dios para librar a los hombres de esa maldición” (Ga. 4:4). Y eso le permitió adquirir una justicia perfecta de modo que nos sirviera a nosotros para ser justificados ante Dios.


El pecado original es una señal de la maldición de Dios. Lo que se suspendió en el vientre de la virgen fue esa maldición y la Criatura no fue concebida con ella a cuestas sino que tendría un Santo Ser, es decir sin ella en “todo su ser”, espíritu, alma y cuerpo que le permitiría ganar para nosotros eterna salvación; pues se dice que “por la desobediencia de uno los muchos fueron constituidos pecadores por la obediencia de uno los muchos son constituidos justos” (Ro. 5:19).


Hay una equivocada conclusión a la que usted pudiera llegar, que “si era hijo de María y no heredó de ella el pecado eso quiere decir que María es inmaculada o sin pecado concebida”. No. Dicen que el Espíritu Santo estuvo presente para que no se efectuara esa transmisión. No obstante, si así fuera el pecado se transmitiría por herencia genética y llegaría por medio de hormonas y células. Como en el resto de la creación, el pecado provocó un desorden biológico pero eso es una señal de la maldición de Dios, y su transmisión lo que indica es la permanencia de esa maldición, hasta el tiempo de su liberación (Ge. 3:8; Ro. 8:19-23). Y ya siendo Víctima y Sumo Sacerdote con un cuerpo sin pecado podía llevar sobre él todos los pecados que el Padre le pusiera, puesto que agradó a Dios cargar en él el pecado de todos nosotros (Isa. 53:6) y que lo llevara en su cuerpo sobre el madero (1 Pe. 2:24); y por ende “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.


El cuerpo del Niño fue preparado por Dios para “introducir al Hijo en el mundo”. La palabra preparado (He. 1:6; 2:9; 10:5), en griego también significa “ajustado, arreglado, restaurado”. Su cuerpo fue arreglado y restaurado a su estado original porque como en Adán todos mueren “en Cristo todos serán vivificados”; de modo que ordena, “adórenle todos los ángeles de Dios”. Y ese es el gran misterio de la Piedad, que Dios puede ser adorado en carne porque así fue manifestado, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, servido por ellos, fortalecido por ellos, predicado a los gentiles, creído en el mundo y recibido arriba en gloria (1 T. 3:16).


Un hombre divinizado, elevado a la categoría de Dios, no debe ser adorado por nadie, eso sería idolatría. Entonces en el vientre de María no sólo se halla la “presencia” de Dios sino el Verbo hecho carne, Dios en la condición de hombre y cuando ella lo veía, veía a Dios, no como madre de Dios sino del mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.


Lo que es “introducido” en el vientre de María es el eterno Hijo de Dios, que “estando en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse sino que se despojó a sí mismo haciéndose semejante a los hombres y estando en la condición de hombre se humilló hasta la muerte y muerte de cruz. Así, exaltado hasta lo sumo se le dio un Nombre que es sobre todo nombre para que en el Nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en la tierra y en el cielo y toda lengua confiese que Jesús es el Señor, honrándolo como se honra al Padre, para gloria de Dios”. Tal vez usted lector, no tenía ni idea de los gloriosos misterios que acaba de leer, encerrados en el cuerpo del Bebé que da origen a la Navidad.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Cómo se mira el pesebre

Lucas 2:1-7

1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. 4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.


Voy a mirar este texto navideño, con énfasis especial en la actitud del mesonero y el significado de un pobre pesebre. El mesón lleno de gentes y propiedades es un símil del corazón humano en el cual no hay espacio para la iglesia, representada por María y José y para Jesús. La razón por la que no encontraron un sitio dentro fue porque llegaron tarde cuando todo se hallaba ocupado desde hacía horas o días. La “familia sagrada” no podría alojarse dentro a menos que se sacara alguno o algunas cosas, afuera. A mucha gente, a no ser que se convierta a Cristo en la infancia, Jesús y la iglesia llegan cuando ya el alma la tienen llena de gentes y cosas. Si fuera uno sólo, él, sin la iglesia entonces sí, pero con ella no.


El dueño del mesón es un símil de los que optan por una fórmula mercantil, alojarlo afuera, y se le coloca en un establo. De ese modo no se molesta a nadie ni se saca nada. Me refiero a una religión que deje las cosas como están, que no haya que renunciar a nada ni nadie, ni gente ni pertenencias, y que nada ni nadie se oponga, donde todos estén conformes. Si Jesús y la iglesia no estorban el negocio, al contrario si ellos pagan su alquiler y no interfieren, entonces más que mejor. Esa es la religión que algunos quieren, que Jesús y la iglesia no estén metidos dentro del corazón y proporciones ganancias y no cause desalojos.


El símil es más amplio cuando Jesús y la iglesia pueden convertirse en un negocio y representan una sociedad comercial que hace uso de la Navidad en provecho propio. Si los pastores y la gente campesina cree en visiones de ángeles navideños, si pudieran convencerlos para que vinieran y cantaran ¡Gloria a Dios en las Alturas!, eso atraería a mucho público, especialmente los hombres y mujeres de buena voluntad, que permitiría agrandar el negocio y venderles pequeños pesebres y animalillos comiendo paja y bebiendo, sonrientes, agua. Si el negocio se mantiene y al año y un poco más todavía el Niño y la Madre están cerca, podría llegar un grupo de astrólogos buscándolos y después del culto dejar mucho oro, incienso y mirra. Y si la cosa se pone buena alborotaría a toda Jerusalén y el propio rey Herodes no tendría inconveniente en ir a adorarlo. Sería una conveniente decisión política en vista de la popularidad que hubiera ido alcanzando aquel Nacimiento. Tal vez si deja la hipocresía política y se junta con aquellos hombres “de buena voluntad” eso podría obrar el milagro de un cambio en su corazón y deje mirar a Jesús con miedo y emita una contraorden para que no maten a los niños del pueblo y nadie tenga que huir al exilio en Egipto.


De todos modos, por pretexto o por verdad, con sinceridad o por negocio, la Navidad celebra los negocios de mi Padre, la encarnación del Hijo de Dios y los pobres en espíritu la celebran con regalos, comidas favoritas y muchísimas acciones de gracias a Dios. José y María eran pobres y aunque él era de la Aristocracia porque tenía el principado sobre su hombro, nació en un barrio pobre, comía mantequilla y miel, trabajaba en una carpintería, hacía preguntas bíblicas a los mayores, y jugaba en la calle con los niños que tocaban flauta y bailaban, endechaban y lloraban.


Hasta para pagar el impuesto necesitó socorrerse de modo extraordinario. La única vez que tuvo una moneda en su mano, fue prestada, cuando dijo aquel famoso “dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”. Y la devolvió a su dueño. Las voluntarias recaudaciones las manejaba Judas Iscariote. La barca con la cual atravesaba el lago no era suya, los panes y los peces que multiplicó eran de un niño, el salón donde celebró la Pascua y la “Ultima Cena” fue prestado. La tumba donde pusieron su cuerpo muerto pertenecía a un rico. Lo único que fue suyo porque se la regalaron, fue una cruz para clavarlo, y muerto costaba trabajo bajarlo porque cargaron sobre su cuerpo el pecado de todos nosotros (Isa. 53:6; He. 12:1).


Afuera del mesón, sin privilegios, su estancia significaba más, y se le ocultaba al diablo que lo buscaba entre los vestidos de lino en palacios de reyes, no envuelto en pañales y acostado en un pesebre, porque “siendo rico se hizo pobre para que con su pobreza fuésemos enriquecidos” (2 Co. 8:9), y luego sobre un pollino, también prestado y en cabalgadura de pobres, como dijo Sancho Panza, para estar cerca de ellos, caminaba como Rey, entre hosannas sobre mantos y flores en las empedradas calles de Jerusalén. Treinta años atrás, el mesonero, la mujer y sus hijos no sabían a quién habían puesto afuera del mesón, o le hubieran cedido su techo, su cama, para acariciarlo y mirarlo, como se mira absorto y se toca el futuro de uno mismo y de muchos más.