viernes, 21 de julio de 2017

El escepticismo y la incredulidad no serán absolutamente triunfadores




SALMO 102:18
“Esto se escribirá para las generaciones futuras, para que un pueblo aún por crear alabe al Señor”. 

¿Has leído eso? ¡Qué extraordinario! Esto habla principalmente de las Sagradas Escrituras que son apropiadas para el presente y para el futuro, para todas las edades, porque se adaptan maravillosamente a los hombres y mujeres de todas las épocas, pueblos y naciones (Apc. 7:9; 10:11); ellas son el testimonio escrito que Dios ha dejado para que “todo aquel en él cree no se pierda más tenga vida eterna”. Ha sido una necesidad que aparezca en forma escrita, que es muy superior a la tradición oral, y un complemento indispensable a la revelación natural en la creación.

Ha sido escrita como un complemento al testimonio y ministerio de gente muy humilde y sencilla “de los cuales el mundo no era digno” (He.11:38), porque en sus vidas eran “de apariencia débil y palabra menospreciable” (2 Co.10:10), y el mundo buscaba poder que ellos no tenían, belleza, riqueza, cultura, y nunca los hubieran oído ni dignado prestarle ni un minuto de atención; hombres de muy poca influencia y notoriedad y que en sus tiempos no hicieron ningún impacto en las multitudes, no eran famosos, pero Dios quiso que el testimonio de esos pastores, agricultores, fuera escrito, leído, examinado, estudiado, criticado por hombres de más talento, poder y eminencia que ellos, y creyeran. Y al estar escrita permite que se difumine, que se traduzca en otros idiomas y que la abundancia de esas copias certifique la veracidad de lo que se cuenta.

Mira, cómo Dios piensa que en cada generación haya elegidos que escuchen su palabra y la crean, por lo tanto, el escepticismo y la incredulidad no serán absolutamente triunfadores. Tendrán muchos seguidores, pero no abarcará el orbe total; en las generaciones peores, las más malignas y perversas habrá un remanente escogido por gracia que será salvo; entonces las Sagradas Escrituras continuarán imprimiéndose y leyéndose en las edades futuras, hasta el fin del mundo. Resistirá heroicamente todos los ataques de todos los tiempos y las nuevas invenciones de males y mentiras contra ella (Ro.1:30). No pasará de moda. Se puede deducir que la creación de nuevas generaciones ocurre por la voluntad de Dios, no para que pequen contra él sino para que crean, porque Dios está y continuará creando su iglesia. Cada ser humano ya hecho y los que nacerán en el futuro son creaciones de Dios.

viernes, 14 de julio de 2017

Son como un pedazo del Señor



ROMANOS 12:9-13
 “El amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo y adhiriéndoos a lo bueno: amándoos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros; no siendo perezosos en lo que requiere diligencia; siendo ardientes en espíritu, sirviendo al Señor;  gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad”.

El apóstol empieza por la principal virtud cristiana, el primer fruto del Espíritu Santo. Ahora no se trata del “uso de los dones” sino de la forma de vida. Y ¿por dónde empieza el apóstol? Por el amor, porque es el principal don del Espíritu; y no dice simplemente “amaos los unos a los otros” sino ámense sin “fingimiento”, tengan un amor de la mejor calidad, no esté lleno de esa cosa abominable que se llama hipocresía (v.9). Fíjate en el que sigue, “aborreced lo malo”, que está intercalado entre la clase de amor y el amor fraternal “amaos los unos a los otros”; conectando entre sí el conjunto la expresión de en medio quiere decir que no se le muestre amor en la cara a una persona y se le haga daño por la espalda o cuando se le presente la oportunidad. El amor fraternal debe traducirse en buenos gestos.
En segundo lugar si quieres ser un gran cristiano, adquiere una virtud que refleje el carácter de Cristo, la humildad, “en cuanto a honra” (v.10). Si la juntas con el amor tienes un dúo precioso, un hermano o hermana bellos; una persona deliciosa para tratarla, un pedazo del Señor, alguien muy agradable y de bendición. No disputes con nadie la alabanza y la gloria de nada. No te mortifiquen los aplausos que le dan a otros, si oyes hablar bien de alguien y te duele, ora.

Siendo amoroso y humilde junta a esas dos virtudes otra más, se un miembro activo, “en lo que requiere diligencia” (v.11) y seguidamente se fervoroso, “ferviente en espíritu”, no “helado” o “tibio” en espíritu. La palabra significa estar caliente, hervir. Sé un hermano que hierve, que brille. Alguien en quien la iglesia pueda confiar. Si te dan algún ministerio cúmplelo con responsabilidad. Que desbordes entusiasmo. No seas un miembro “de banco” (o de silla) o nominal de la iglesia de Cristo. Emprende cosas con pasión. Transmite a los demás ardor. Enciende fuego en las almas. Que no haya que empujarte para servir al Señor, hazlo con ánimo presto. Haz las cosas con muchas ganas. Y constantemente lleno de gozo espiritual, “gozosos en la esperanza” (v.12). No de gozo carnal sino espiritual; con una alegría que tenga raíces doctrinales, la alegría de la fe, de vivir mirando con seguridad espiritual el futuro, contentos pensando en las cosas buenas que nos van a pasar, dichosos al poder mirar la muerte sin miedo, conociendo con seguridad la presencia de Jesús en el cielo y la veracidad de la resurrección. A todas esas virtudes se paciente cuando sufras. No te desesperes cuando la enfermedad, la pobreza o la persecución se te echan encima. Pablo le dice a Timoteo, “soporta las aflicciones”. Aprende a esperar que las cosas cambien, o que Dios las haga cambiar. 

Añade a tus virtudes perseverancia en la oración, “constantes en la oración”. A mí me parece que “gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación y constantes en la oración” son tres virtudes compañeras las cuales Pablo piensa que son necesarias cuando se testifica de Cristo en tiempos de riesgos y tienen como base una sólida fe en Dios y un llamamiento a ser buenos cristianos cuando la situación lo necesita mucho más. Una calidad de cristianismo incambiable. En esos tiempos terribles, átate a la oración, día y noche. Llénalo todo de oración porque es necesario orar y no desmayar. Orar para no desmayar (Lc.18:1). 

Y una virtud más para que corones tu vida con un testimonio muy bello, ten un corazón generoso para los necesitados y una disposición completa para abrir las puertas a la obra misionera (v.13). Acuérdate de los pobres como enseñó el Señor (Ga.2:10). Aprende con eso que los pobres tienen cierto derecho sobre tu salario. Dios le concede a los demás un pequeño derecho sobre lo que tú tienes. Y no olvides entre los pobres a los misioneros que “salieron sin recibir nada de los gentiles” (3Jn.1:7). Como ya no hace falta que les des alojamiento, sustento y abrigo, si puedes proveer una parte de tu dinero para enviarlos a ellos y que puedan obtener esas garantías. Aquí concluyo la exposición de hoy, si quieres perfeccionar tu vida cristiana usa una porción de tus entradas para la ampliación del reino de Jesucristo. En fin, sé como un trozo de Jesús.

Qué enseña Pablo sin inmutarse ni mover un solo párpado



ROMANOS 11:1-10
“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado y procuran matarme?  Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.  Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.  ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, En tropezadero y en retribución; Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y agóbiales la espalda para siempre”.

En este texto veremos cómo Pablo saca de la consternación a sus hermanos judíos que no saben porqué tantos judíos rechazan el evangelio. Ya algunos, y quizás griegos también, estaban pensando que el pueblo de Israel no formaba más parte del plan divino, que se había vuelto totalmente a los gentiles. Pablo afirma que no, que todavía les queda un futuro de salvación, que, mirando hacia los siglos posteriores, algo espiritualmente pasará entre ellos y volverán a ocupar un lugar prominente en el número de los salvados. Pablo afirma sus pies sobre tres colosales rocas sólidas y salta de la una a la otra para abatir cualquier pensamiento contrario: La elección, la reprobación y la salvación por gracia. Todas las coordenadas del texto van hacia esos tres puntos, y yo haré lo mismo, desentrañar el significado total del texto por medio de esos tres aspectos principales. Hay un remanente escogido por gracia, hay una multitud reprobada por Dios y hay un plan de salvación, la gracia.

Hay un remanente escogido por gracia. Ya desde los capítulos anteriores se ha visto y ahora de nuevo sobresale con insistencia, que, “la palabra de Dios no ha fallado”, y no ha fallado porque la gracia ha escogido de los judíos un remanente, esto es, algunos. Según Pablo, sí ha habido salvación, hay judíos creyentes que han aceptado a Cristo, por lo tanto, ellos dan testimonio que Dios no los ha abandonado completamente y que las promesas hechas a los padres se estaban cumpliendo. Todas estas explicaciones tendrán que ser dadas por causa de los judíos que perplejos se preguntaban porqué sus compatriotas no estaban siendo salvos. “Dios no ha desechado a su pueblo” porque él mismo es uno de quien el Señor ha tenido misericordia (v.2). El problema estriba en la falta de éxito del evangelio entre ellos, que debieran como nación dar testimonio de la veracidad de Jesucristo y no lo hacen, por lo contrario, se oponen tenazmente a que los hombres se salven.
Pablo no deja el argumento suelto, como si defendiendo a Dios por el libre albedrío lo justificara mejor. No dice “muchos no creen porque no quieren, el que quiere creer ha creído”. El libre albedrío no es su explicación. Hay otra mejor, más fuerte, divina.  No, el libre albedrío no es la línea de defensa en la cual se coloca. Al contrario. Escoge un razonamiento más estrecho. El concepto de soberanía divina, que forma parte de su teología mosaica y cristiana, no le permite esgrimir un juicio filosófico, humano, para defender el hecho de la perdición de tantos hombres y mujeres.

En realidad, esa no es su principal preocupación sino la fidelidad de Dios a su palabra, porque “aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia” (v.5). Pablo argumenta contrariamente a como un griego lo haría, afirma que “no depende del que quiere ni del que corre sino de Dios que tiene misericordia pues endurece al que quiere y salva al que quiere” (9:14-18). Llega, sin retroceder, sino avanzando, hasta la doctrina de la elección, y refugiado en ella afirma que, aunque muchos no han creído “los escogidos sí lo han alcanzado y los demás fueron endurecidos” (v.7).

Hay un plan de salvación: la gracia. Aunque la doctrina de la elección “excusa” a Dios de ser acusado de haber abandonado a los judíos, siempre para Pablo ella va de la mano con la salvación por gracia, para aplicarla a un contexto judío existente, cuando los muchos de ellos trataban de salvarse por medio de las obras. Sus lectores u oyentes judíos saltarían escandalizados por la doctrina de la gracia y no por las obras, pero no por la enunciación de la elección la cual ellos muy bien conocían como pueblo; y Pablo sin inmutarse ni mover un solo párpado se la recuerda citando la Escritura que Israel “desde antes” ha sido conocido por Dios y que desde antes ha habido también una elección por gracia, una preservación de un remanente escogido (vv.2-5).

La elección, la reprobación y la salvación por gracia se entremezclan en toda la urdimbre y la trama del texto formando una precisa muestra del pensamiento teológico paulino, muy judío y muy apartado de la forma griega de razonar. Para ellos es insensatez. En conclusión, ¿ha desechado Dios a su pueblo? No. El es una muestra, la Escritura habla de un remanente y en esos momentos, lo mismo, un exiguo grupo de judíos ha sido salvo para demostrar la antigua piedad de Dios para Israel. Y como he dicho, no se inmuta ni mueve un solo párpado al escribirlo.