sábado, 8 de julio de 2017

Así que te tiñes las cejas

LEVITICO 19:32
“Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás; yo soy el Señor”. Para muchos hoy un anciano es alguien acabado, sin futuro, obsoleto y en algunas familias un estorbo. Por eso los echan en un asilo y pagan el cuidado. Para ser moderno hay que ser de ideas jóvenes. Se le mira con envidia a la juventud. Ancianos eran los pastores y los mejores directores de la iglesia apostólica, y ancianos fueron los que en la antigüedad juzgaron, aconsejaron y llevaron por buen camino al Israel de Dios. ¡Oh ancianos menospreciados, sois de Dios un tesoro, un envidiable tesoro! (Pro.16:31). Antiguamente los jóvenes cuando un anciano venia se ponían de pie hasta que pasara porque Dios les había enseñado que estaban primero en el mundo y tenían más sabiduría y experiencia. ¿Qué es eso de teñirse los cabellos, la barba y hasta las cejas? Es una cobarde payasada, o afeminamiento, que indica la debilidad en el carácter que ha claudicado ante la opinión social.

        Nuestra vida que nuestra apariencia física

“Felipe Melachthon se presentó en Württemberg en agosto 25 de 1518 dos días después de que León X le había pedido al cardenal Cayetano hiciera que Lutero se presentara y lo obligara a retractarse. Fue el momento cuando su amigo Felipe Melachthon ocupara su lugar. La impresión física que produjo Melachthon a la vista de los profesores de Leipsic, no fue nada favorable, se sintieron defraudados debido a lo que esperaban. Era un hombre muy joven, mucho más joven de lo que su edad aparentaba, pequeño de estatura, débil y con un aire de timidez. ¿Acaso podría ser este jovencito el ilustre profesor tan ardientemente recomendado?
“Lutero ni sus compañeros al verlo abrigaban alguna esperanza de éxito, por su evidente timidez y sus delicadas maneras. Pero cuatro días después en la sesión inaugural cuando Melachthon habló en un elegante latín, mostrando lo mucho que sabía, su cultura, y su sano juicio, todos quedaron impactados y llenos de admiración. Los temores acerca de este joven desaparecieron y los que se habían sentido inclinados desfavorables, y en contra de él, terminaron aplaudiéndolo y alabándolo. “Cuando el discurso terminó lo rodearon los grandes profesores saludándolo, pero ninguno estaba tan lleno de gozo como Lutero por aquel joven de quien se habían apresurado a descalificarlo, y escribió lo siguiente “todos nos retractamos de los prejuicios que habíamos tenido con él debido a la apariencia física y ahora lo admiramos por su cultura y su elocuencia” (Philip Melachthon, by Dabid J. Deane, pags, 26,27). 

Nada importa menos en la historia de nuestra vida que nuestra apariencia física, sino lo que somos y lo que hacemos, que forman nuestra biografía, al pasar por este mundo.