martes, 11 de julio de 2017

Parece un cuento, de un novelista que sueña con el Edén

ROMANOS 8:15-25


“Pues no recibisteis el espíritu de esclavitud para estar otra vez bajo el temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción como hijos, en el cual clamamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto nos ha de ser revelada. Pues la creación aguarda con ardiente anhelo la manifestación de los hijos de Dios.  Porque la creación ha sido sujetada a la vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó, en esperanza de que aun la creación misma será librada de la esclavitud de la corrupción, para entrar a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.  Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una sufre dolores de parto hasta ahora.  Y no sólo la creación, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo.  Porque fuimos salvos con esperanza; pero una esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando lo que ya ve?  Pero si esperamos lo que no vemos, con perseverancia lo aguardamos”.

Esta porción tiene en mente especialmente a judíos sembrados estrictamente dentro de la ley de Jehová. La intención del apóstol es darles confianza como nuevos hijos por adopción, recién nacidos.
Los hijos reciben la fortuna que ganó Jesucristo en la cruz. El argumento de la creación es sorprendente, aparece de súbito, como los sueños de un apóstol,  haciéndoles pensar que las pérdidas por el testimonio cristiano, incluyendo la vida, no son comparables con la glorificación del cuerpo, que ha de ser nuevo, semejante al cuerpo de la gloria suya (Flp.3:21), y extiende esa impaciencia para que se arreglen las condiciones sociales a la impaciencia de toda la creación, que sin que los oídos humanos lo perciban, llora por una transformación de la humanidad que la explota y la disfruta, sin darle gracias al Creador (1:21), y la pone al servicio del pecado. El apóstol les afirma que la resurrección gloriosa del cuerpo no será un hecho aislado, sino que el mundo entero se volverá un paraíso, sin tormentas, inundaciones, sin diluvios, sin terremotos y volcanes, sin rayos, sin enfermedades porque el que murió en la cruz cargó con todas ellas (Isa.53: 4; Mt.8:17). Parece las aspiraciones de un cuento, de un novelista, de alguien que sueña, no precisamente preocupado con la preservación del ambiente y de los cambios climáticos, sino con un Edén.

No será un logro de las Naciones Unidas, sino algo mucho más profundo, incomparablemente superior, “cielos nuevos y tierra nueva”, no por mil años sino para la eternidad. Y con perseverancia, que es más propia esa traducción que paciencia, porque nos moveremos dentro de un agresivo panorama social, que urge la sobrenatural intervención divina y sea derrotado “el hombre de pecado” 

Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra” (2 Te.2:1-17); que, si no es el mismo, es algún primo o descendiente del la cultura y del hombre secular.