viernes, 31 de marzo de 2017

Quizás debas mirar tu éxito, de otra manera

 JUAN 6:44, 45
Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final”.

Una traducción mejor, gloria a Dios, es “si el Padre que me envió no lo atrae”. Jesús dice estas palabras a los discípulos para explicarles el rechazo que tenía por parte de muchos, y la permanencia de ellos en la incredulidad. Tal vez el señor tuvo en su mente la decepción de sus predicadores al sentir ellos la impotencia para remediar, y cambiar la situación. La salvación de cada creyente es una iniciativa divina y su permanencia lo mismo, por la gracia de Dios. Ninguno puede dar un paso de acercamiento a Jesús, y salir del pecado en el cual se encuentra empantanado, y abandonar ese camino de insensibilidad espiritual e indiferencia, si Dios personalmente no se ocupa de él. Cuando Jesús dice nadie no exceptúa a alguno, nadie es nadie, por ende todos necesitan que Dios los traiga a Jesús. Ahora bien, tener fe en las doctrinas enseñadas por Jesús, no es lo mismo que a uno le de igual una cosa que otra, y que ser indiferente a los resultados que se obtienen. Como ya he indicado Jesús les dice estas palabras a sus predicadores y evangelistas, a los que predican en su nombre, y enseñan sus doctrinas, que persistan en hacerlo y que confíen en Dios, y expliquen teológicamente, por qué no se alcanzan más frutos dentro de cierta clase de gente. Jesús nunca se desesperó porque sus sermones resultaran infructuosos; halló la explicación adecuada del porqué y se mantuvo en calma: El Padre no los había traído a él sino que por sí mismos y por sus propios intereses se habían convertido en sus discípulos; no pocos en aquella época, de los que se acercaban al Señor, sus intereses no estaban contaminados. Quiere decirles que habían aprendido, o les habían enseñado las Sagradas Escrituras, mal, recibiendo malas explicaciones e interpretaciones de ella. No habían sido enseñados por Dios, ni tampoco él los había enseñado cuando leían, oían y estudiaban la Escritura, sino que otros maestros lo habían hecho, ya fuera oralmente o leyendo sus libros, y de por sí mismos se habían familiarizado con el volumen sagrado. El evangelista dice que muchos, no pocos, cuando oyeron cierta doctrina y que no estaban de acuerdo con ella, se volvieron atrás, porque esa clase de doctrina tendría que ser enseñada por Dios (Jn. 6:63-68).
Cuando es Dios quien enseña la Biblia el que la estudia creerá; él le da ese don. No es del que quiere sino del que Dios tiene misericordia (Ro. 9:16).
Se habían hecho infructuosos sus sermones entre aquella gente porque les faltaba la preparación divina que tiene que preceder a la recepción de Cristo. No achacó la falta de éxito a la deficiencia de su predicación, por su contenido o expresión, sino que la explicó por lo anteriormente dicho. ¿No era eso quitarse la responsabilidad de encima y traspasar la derrota en convertirlos, a las manos de Dios como si él no tuviese que ver con el asunto? No. El Predicador sólo era responsable por predicarles, no por el efecto que produjeran sus palabras, que correspondía a la prerrogativa celestial. Había trabajado arduamente para lograrlo, pero ellos no correspondían con sus sentimientos e intenciones. Jesús no parecía sufrir porque se le disminuyese el grupo de discípulos (v.66), y aunque laboraba arduamente no daba señales de depresión por su aparente falta de resultados. ¿Por qué? Porque no lo había. El cumplir con la voluntad de Dios es el verdadero éxito, no únicamente las conversiones a Cristo. Hemos de aprender que uno planta, otro riega pero el crecimiento lo da Dios. Una sola alma que se convierta es un tremendo éxito para el reino de los cielos; y una gran alegría delante de los ángeles de Dios.  ¿No estaremos contentos a menos que las almas se conviertan por montones, como si una oveja perdida no mereciera suprema alegría, ni una sola dracma hallada por ella una fiesta en el barrio?
El estado de ánimo del Señor era consecuente con sus doctrinas, la salvación por gracia, la iniciativa divina en acercarse al pecador, en la soberanía de Dios. Sabía que no haría ni más ni menos que las obras que el Padre le dio para que hiciera. No ganaría más almas en todo su ministerio que aquellas que el Padre le diera, ni perdería ninguna de las que le pusiera en sus manos. Siempre que cumplas la voluntad de Dios ya tienes éxito en tu vida cristiana y en tu ministerio. No quieras hacer lo que corresponde a Dios ni igualar los logros que otros tienen; cada ministro  ha sido llamado para hacer un trabajo particular. Si Dios no enseña a los que no se convierten, no te preocupes por los que no vienen ni por los que vienen y luego se van. Usa las doctrinas de la soberanía divina en la salvación, y entonces haz evangelismo en reposo.

Suelten las piedras y denles una mano

JUAN 8:1-11
Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (RVR 1960).

La Biblia Textual deja en blanco este espacio. El texto claramente se nota que está fuera de lugar y no se puede exponer en relación con el contexto. Algunos lo consideran espurio por no hallarse entre los manuscritos griegos más antiguos. El meollo de este texto no es declarar que Jesús sabía escribir, como insensatamente alguien ha pensado, ni siquiera tampoco condonar el pecado aquí relatado, ni aún lo más sobresaliente que es descubrir la hipocresía de aquellos hombres que condenaban a sus semejantes como si ellos no tuvieran nada de qué arrepentirse. El propósito del Espíritu, aunque no fuera el de Juan, es presentar a Jesús como ejemplo de suprema misericordia. Nadie debe derivar de esta historia que el pecado expuesto no debe ser juzgado por la iglesia y que actos como éste deben pasarse por alto puesto que nadie está libre de algún otro pecado. La iglesia sí debe tratar este asunto, pero con los deseos de Jesús, con misericordia y por medio de un proceso de recuperación.
En primer lugar, ella es traída para tentar al Señor y acusarlo de oponerse a la ley de Moisés. No es para que contradiga su práctica de misericordia y perdón, sino para que por medio de ella incurra en un conflicto legal con el Sanedrín. De antemano sabían que no la iba a condenar y por eso la trajeron, pero lo que no sabían era que la habría de perdonar sin incurrir en un delito. Prácticamente les dijo: “Sí, condénenla, los que estén limpios de pecados”.  E inmediatamente iluminó sus conciencias con sus palabras y llenos de reproches contra sí mismos se fueron uno a uno retirándose. Se vieron descubiertos. Así Jesús continuó predicando la misericordia, desenmascarando a los hipócritas y evadió la prisión. Jesús no dijo que era inocente pero no la condenó. La ley de Moisés siempre da al hombre lo que se merece y la misericordia lo que no se merece. Señor, guárdanos de un pecado así, ayúdanos a darle una oportunidad para que se levanten los que han pecado, y no pequen más. ¿No les daremos una oportunidad para reformarse? Les propuso que no le tiraran piedras, sino que le dieran una mano.





sábado, 25 de marzo de 2017

La voluntad de Dios va al ritmo y cadencia del desarrollo de la predestinación

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SALMO 40:1
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”.

Cuando ve que adquirimos paciencia, retenemos la que nos da, responde. Es muy difícil, pero útil, esperar con paciencia en el cumplimiento o desarrollo de la voluntad de Dios. Ella parece una maquinaria que trabaja lenta. Generalmente los pasos de Dios son cortos. A veces he pensado que, así como Noé y Enoc caminaron con Dios quiere decir que iban a un paso lento. Dios siempre responde nuestro clamor y si no lo vemos es porque su respuesta pudiera ser negativa. La voluntad de Dios va al ritmo y cadencia del desarrollo de la predestinación; y esta es su plan hecho antes de la fundación del mundo. Sonriamos entonces pensando en la bella predestinación, en la áurea elección divina y en la sabiduría y misterio que ellas tienen.

          Cree en una omnisciencia particular
SALMO 40:5
“Han aumentado tus pensamientos para nosotros”.

La palabra hebrea que se traduce pensamientos pudiera traducirse de otras maneras muy sugestivas y ricas: intención, plan, imaginación, inventos, designios y propósitos. Al final de la nota escoge alguna de ellas y aplícalas a tu caso y disfruta en el Espíritu tu meditación. ¿Cómo puedes decir que Dios no piensa en ti? Dios piensa en su pueblo; ¿no eres uno de sus santos? ¿Serías un santo si él no hubiera pensado en ti? ¿No pensó en ti cuando te predestinó y te eligió desde antes de la fundación del mundo? ¿No piensa en ti y sin embargo Cristo murió por ti antes que nacieras? ¿No te sentó en los lugares celestiales con Cristo antes que tuvieras la conversión? ¿No ha dicho: “conozco mis ovejas y ellas me conocen?”. Si él no pensara en ti, tú tampoco pensarías en él como sucede con los impíos, porque ¿qué es el hombre para que tenga de él memoria? ¿No ha entregado a muchos a una mente reprobada para que hagan cosas que no convienen? (Ro.1:28). Tu perseverancia en el estado de gracia, los dones, las respuestas a tus oraciones, ¿no te indican que Dios piensa en ti? No podrías haberle sido fiel si no pensara en ti porque te ha dado su gracia, ¿y el perdón de tus ofensas? Si no pensara en ti, ¿cómo te ha perdonado? Tu misma vida, a diferencia de la de muchos otros, se desarrolla conforme a un “supremo llamamiento en Cristo Jesús”, conforme a un plan espiritualmente concebido, en cambio en los demás no hay sentido espiritual alguno. Cree en una omnisciencia particular, la de Dios contigo, que ve por donde vas porque van juntos.

lunes, 13 de marzo de 2017

Ve más lejos de donde el diablo te deje

ÉXODO 8:25-32
“Y Faraón dijo: Os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificio al Señor vuestro Dios en el desierto, sólo que no vayáis muy lejos”.

Lea esto con el capítulo diez donde el Faraón accede a dejarlos ir pero no a todos ni con todo. Pero ni una uña se quedó. La salvación fue completa. Al fin accedió dejarlos ir pero les permitió no ir más lejos de dónde él quería (v.28); hasta un punto no fuera de sus dominios, donde él aún pudiera ejercer su jurisdicción y tuviera la misma autoridad de siempre sobre ellos, hasta un lugar donde los pudiera alcanzar, que no le ganaran tantas ventajas que los perdiera de vista, sobre todo hasta donde ellos mismos, por cualquier razón, pudieran retroceder sin encontrar ninguna dificultad en desandar lo andado, deshacer lo hecho, romper lo edificado, olvidar lo aprendido, descreer y poner en dudas lo creído, caer de nuevo en sus brazos, hasta donde ellos pudieran volver a su punto inicial de partida, por supuesto, para nunca más dejarlos ir. Algo así como que no haya perseverancia de los santos, que se pueda perder la salvación y haya una irremediable caída de la gracia.
Satanás, si no le queda más remedio, por tu insistencia en adorar a Dios, en cambiar de vida, en usar sus promesas, accede dejarte ir, con tal que no cambies tanto que sea imposible luego recuperarte para sí mismo, accede a que hagas cambios pero no a que cambies completo, que endereces algunas cosas torcidas pero no que las replantees y las pongas derechas todas, que dejes algunas cosas sin tocarlas, que retengas algunas formas de vivir, que no te deshagas de algunos pecados donde él pueda poner su pie en tu vida.

Aunque uno no se halle fuera del alcance de Satanás nunca, sí debe aprender a ir lo más lejos que puedas para colocarte fuera del alcance de su mano, lo más santo que puedas, lo más celoso, lo más apartado del mal, lo más creyente, lo menos incrédulo, odiar menos, guardar menos rencor, amar más, tener más esperanza, una fe más sólida, leer más la Biblia, orar más tiempo, con más intensidad y frecuencia, alabarle más, servir mejor en las responsabilidades que tienes en tus manos. Transformándote más y más conforme a la imagen del glorioso Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo. ¿No ves que si no lo haces podría cautivarte de nuevo? No te pones fuera de su alcance y de sus dominios sino hasta que cruces el mar Rojo, es decir, con el nuevo nacimiento, con la regeneración del Espíritu, más allá de las ceremonias, ritos, de la religión, de la disciplina y formas de culto. Camina en la fe hasta donde te sea imposible retroceder, lo más lejos que el diablo, el Faraón te den permiso, si es que no le queda otro remedio, pero jamás regreses a tu punto inicial de partida. Ve tan lejos como Dios quiera y como tu pueblo, que es la iglesia, lo necesite.

jueves, 9 de marzo de 2017

Por qué Felipe sacó un cero y yo no


JUAN 6:5, 6
Entonces Jesús, alzando los ojos y viendo que una gran multitud venía hacia Él, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman éstos?”.  

Para ver qué solución le daría, para que viera cómo manejaba una necesidad tan grande de la iglesia, para ver si le dejaba a él la solución. Y Felipe sacó un cero en la prueba; la única solución que vio fue el dinero y se equivocó (v. 7), la solución era Jesús. El otro habló para reforzar la idea que con dinero todo se resolvería (vv. 8,9). A mí me parece que pensaron razonablemente pero erróneamente. El propósito del milagro es para certificarse como el verdadero pan; la filantropía no fue su verdadero fin. Ocuparse de los pobres es un mandamiento también apostólico, pero en sentido general como método de evangelismo es dudoso, decepcionante y equivocado. La experiencia en la formación de una nueva iglesia entre los pobres me lo ha demostrado. Son renuentes para recibir el pan del cielo, mas con las manos extendidas reciben el de la tierra. La solución era y es Jesús, la fe, la paciencia y el evangelio. Y yo no he sacado un cero en este procedimiento de evangelización porque lo he conocido entre los pobres. Dicho con gratitud a Dios, y  cierta inmodestia.

lunes, 6 de marzo de 2017

El alma no es un viento que sale por el aire


SALMO 31:5
“En tu mano encomiendo mi espíritu”. 

Jesús murió con estas palabras en sus labios; es bueno orar, vivir y morir en el espíritu de la palabra de Dios. El Espíritu Santo usa estas palabras para que oremos. David quiso decir “mi vida está en tus manos”. El “soplo de vida” que pide sea recogido con su mano, no es un viento que exhalaron sus pulmones y yéndose por las narices se fue por el aire; al viento no hay que encomendarlo, y si de eso se trata no tiene por qué preocuparse porque hay suficiente en el ambiente, y si es igual que el que le circunda y no tiene nada especial, no hace falta pedirle que con cuidado lo preserve. Es que se trata del aliento divino que en resumen llamamos alma y contiene en sí misma todo lo que somos y cómo somos. Esa es la que se va en manos de ángeles para ver el rostro de Dios (Luc.16:22) y la cual, bien guardada en su seno, retorna el día de la resurrección, buscando en su lugar de deceso, las partículas gloriosas que formen para ella un cuerpo transformado, semejante al cuerpo “de la gloria suya” (Flp.3:21). Amén.

viernes, 3 de marzo de 2017

Aquí, aquí, aquí, donde estuve preso y a punto de pecar contra Dios

GENESIS 48:9
“Y José respondió a su padre: Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí”.

Son los hijos dados por Dios y tenía razón porque nuestros hijos son un don de Dios; quiso decirle, como padre orgulloso de sus dos hijos “míralos padre mío ¿no son bellos?”, y después le pediría a Efraín y Manasés que le dieran un beso al abuelo. Y el viejo no sacó del bolsillo una moneda para cada uno sino una espléndida bendición.

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Note que José le dice a Jacob aquí no porque tuviera otros hijos regados por el mundo, sino porque aquí quiere decir aquí donde fui vendido como esclavo, aquí donde llegué con tan malos recuerdos, aquí donde he estado preso, aquí donde estuve a punto de cometer adulterio, pero no lo hice porque Dios me dio fuerzas para correr y no miré atrás dejando a mi espalda la mala fama que me dieron, aquí donde Dios me ha hablado muchas veces, aquí donde he prosperado, aquí y no allá es donde yo debía estar para ser de bendición a mi pueblo y al mundo. Aquí no me arrepiento de haber venido a pesar de todo porque aquí me trajo la providencia. Por lo tanto aquí estaré hasta que se me cierren los ojos para siempre, entonces podrán llevarme y sepultarme junto a mis antepasados, aquellos con los cuales quiero resucitar. Aquí tengo mis hijos y aquí me he quedado y mientras Dios no cambie su plan yo sigo el que me ha dado, y no creo que vaya a recibir de él instrucciones contrarias de parte de dos o tres malos señores,  porque estoy en el apogeo de mi carrera de bendición cuando se hacen realidad los sueños que de joven arropé. Y se quedó en Egipto.