lunes, 6 de marzo de 2017

El alma no es un viento que sale por el aire


SALMO 31:5
“En tu mano encomiendo mi espíritu”. 

Jesús murió con estas palabras en sus labios; es bueno orar, vivir y morir en el espíritu de la palabra de Dios. El Espíritu Santo usa estas palabras para que oremos. David quiso decir “mi vida está en tus manos”. El “soplo de vida” que pide sea recogido con su mano, no es un viento que exhalaron sus pulmones y yéndose por las narices se fue por el aire; al viento no hay que encomendarlo, y si de eso se trata no tiene por qué preocuparse porque hay suficiente en el ambiente, y si es igual que el que le circunda y no tiene nada especial, no hace falta pedirle que con cuidado lo preserve. Es que se trata del aliento divino que en resumen llamamos alma y contiene en sí misma todo lo que somos y cómo somos. Esa es la que se va en manos de ángeles para ver el rostro de Dios (Luc.16:22) y la cual, bien guardada en su seno, retorna el día de la resurrección, buscando en su lugar de deceso, las partículas gloriosas que formen para ella un cuerpo transformado, semejante al cuerpo “de la gloria suya” (Flp.3:21). Amén.