sábado, 19 de enero de 2019

Yo no me edifico con sus sermones


HECHOS 22:9
"Y los que estaban conmigo vieron la luz, ciertamente, pero no comprendieron la voz del que me hablaba". 
 Porque la revelación iba dirigida a él y no a ellos. Cuando un grupo oye un sermón, unos lo entienden y otros no; depende a quien Dios está hablando. En el ministerio de Jesús eso ocurrió mucho. Por ejemplo, cuando hablaba de su cuerpo y ellos entendieron que estaba refiriéndose al templo de Jerusalén. Y si no se toma como una burla, sino por ignorancia, cuando se encontraba sobre la cruz que clamó a su Padre también lo mal entendieron. A veces algún miembro inconforme con el ministerio de su pastor le dice: “Yo no me edifico con sus sermones”; y si la predicación fue bíblica, bien ilustrada, ordenada y con unción, el reproche del susodicho refiere a uno a pensar que Dios no le dirigió la palabra. Y por algo será.

jueves, 17 de enero de 2019

Dioses, amuletos y talismanes, objetos para superstición


Las baratijas religiosas desaparecerán, me alegro
GENESIS 35:4,
Entregaron, pues, a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían en su poder y los pendientes que tenían en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que había junto a Siquem”.  

Figuras de dioses, amuletos y talismanes, objetos extraños para superstición (31:19), que les colgaban de las orejas. Posiblemente no tendrían mucho valor y fueron rotos en pedazos y después sepultados. Si hubieran sido de oro o plata podrían haberse derretido y convertido en dinero (Jos.3:5). Esto es una conversión.
Tendría que saber que a su familia se le estaban pegando las costumbres de las naciones, especialmente por el contacto con los cananitas y los de Siquen. Uno debe estar atento a la vida religiosa de la familia y sus atrasos y adelantos y de vez en cuando hay que ordenar un registro y regresar a la antigua pureza poco a poco perdida. Tal vez hay que regresar hasta donde se perdió el “primer amor” y rescatarlo de un presente frio o tibio, casi sin ternuras existentes (Apc. (Apc:16).
 O hay que regresar a las “fuentes” como dijeron los humanistas en el siglo XVI y los reformadores, y buscaron el NT en griego, revisaron el Antiguo de punta a cabo y el poderío de la superstición católico-romana comenzó a desintegrarse en una buena porción de Europa. Y no hay que escribir nuevas constituciones para nuestras iglesias, con la confesión de fe de Londres de 1689, o la de Westminster es suficiente; con el estudio de ellas solitas se echan afuera las figuras hedonistas de los dioses modernos, los amuletos y talismanes supersticiosos de los astros y los signos del zodiaco, a los cuales les ha dado ahora por creer a la gente vacía de esta sociedad seca y postmoderna. Los hijos del Israel de Dios, esto es la iglesia, no deben fundirlos en nada, no es oro, son baratijas del intelecto y de la religión, no valen la pena, y lo mejor que se puede hacer es enterrarlos, en tierra o en hueco en la memoria, en el olvido. 
Las religiones sí van a desparecer con el tiempo, la secularización las destrozará, y me alegro, las mentirosas, pero no las doctrinas del Señor Jesucristo y de sus doce apóstoles, que no podrá la ciencia ni un millón de avances de ella. Amén.