martes, 17 de abril de 2018

Las armas tienen sustitutos, pero no Dios


1 SAMUEL 13: 19-22
Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza. Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz. Y el precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas. Así aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían”.

Fue una estrategia filistea que desarrollaron con el tiempo en sus incursiones, un programa de desarme a Israel, dejarlo sin medios para defenderse, no molestarlos demasiado para que no buscaran alternativas e importaran armas o trajeran herreros de otros países en vez de preparar los propios. Hoy, el que mejores armas tenga es el que gana la guerra. ¿No crees que los países en carrera de armamentos debieran presupuestar menos para la defensa nacional, o al menos tanto como para ayuda social y programas de educación, desarrollo y salud? Eso fue lo que hizo Nabucodonosor, llevarse los herreros y no dejar ni uno (2 Re. 24:14). ¡Dígame usted, sin hacer la voluntad de Dios y sin armamentos! La situación desde el punto de vista militar era crítica pero propicia para llenar todo el espacio con Dios, de todos modos, otrora con la espada de Gedeón unida a la de Jehová era suficiente (Jue. 7: 20). En tiempos de Sansón no vemos que haya habido espada, él utilizó un hueso para pelear, pero no una espada. Y aunque en tiempos de Elí hubo batallas sabemos de ondas, piedras, palos, arcos, flechas, pero no espadas. Y así en la batalla de Saúl contra los amonitas. Y en tiempo de Samuel además de aquellas cosas, ellos ganaron contra los filisteos con truenos (7: 10). Ya ves, las armas tienen sustitutos inferiores, tienen complementos, lo que no tiene sustituto es Dios. Dios puede llenar todo lo que haga falta, lo que no se puede llenar es el espacio que deje Dios (14: 15, 20).


lunes, 9 de abril de 2018

Su disgusto, que Dios fuera el dos


1 SAMUEL12: 1-5
Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día”. 

“Soy viejo y lleno de canas, pero díganme con quién he hecho un mal negocio, le he hecho trampas o lo he robado” (paráfrasis). Samuel no está resentido porque lo hubieran sustituido porque de todos modos las guerras las ganaba Saúl con su compañía (11:7), ahora Dios estaría en segundo lugar después del rey, o la monarquía, ya que Saúl no le daría la primera posición, sino que la ocuparía él mismo. Ese era en esencia su disgusto, que Dios fuera el dos y no el uno, beta y no alfa, b y no la a.  Dios les ayudaba (11: 6), pero sin que tuviera la preeminencia (Col. 1: 18); Cristo no estaba a la diestra de Dios sino a la izquierda. Por eso, oh Dios, suspiro y lloro, icabod (4: 21,22).  “He gastado mi entera vida sirviéndoles. En suma, he sido un hombre honrado ¿no es cierto? ¿Por qué quieren entonces algo más que yo? ¿Por qué quieren algo más que Dios? El problema de la guerra lo resolvería Dios, con un juez; ustedes piensan que lo resolverá un rey; las guerras les vienen por desobediencia y las perderán por igual razón; lo que necesitan es fidelidad a la palabra de Dios y podrán prescindir de cualquier organización de hombres y de instrumentos humanos. Con mi buen testimonio, mi forma de juzgar los asuntos y la bendición de Dios, tienen”. Oh Señor que no creemos nuevas organizaciones sino mejoremos nuestra calidad de vida cristiana. Si eres el segundo eres el último, hay muchísimos que en todo quieren la preeminencia y “reinar sin ti” (1Co.4:8). Ese es nuestro disgusto teológico, que Dios sea el dos y no el primero, o “el alfa y la omega” (Apc.1:11).

Podemos ser fieles, aunque arrastrando una metedura de patas


1SAMUEL 12: 19-22
Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros. Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón. No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades. Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo”. 

 “Hemos añadido este mal a todos nuestros pecados”. Como si dijera, “bastante pecados perdonados tengo ya para buscarme otro, no participaré de pecados ajenos” (1Ti.5:22). Y ¿por qué no deponían el rey? ¿Por qué no se deshacían de él? Todavía, me parece, tenían tiempo, pero siguieron adelante con aquello que ya sabían que Dios desaprobaba, que les estaba tolerando pero que no le gustaba; algo que Dios les permitió, pero era inferior a lo que podían, y a la larga resultó un total desastre. Fíjate que Dios aún maneja sus planes dentro de nuestras malas decisiones y “con todo eso” “a pesar” “aunque”, podemos ser fieles, aunque arrastrando una metedura de patas. Podían dar un paso atrás. Reconocen que han pecado, pero prefieren que Dios les permita lo que hicieron y continuara al lado de ellos. Israel nunca renunció a la monarquía.

El pueblo pudo haber dicho: si nos va bien con nuestro rey ¿por qué nos recuerdas que hicimos mal? ¿No son buenos los resultados, Dios no nos ha ayudado? Sí, les va bien con él, pero sin él les iría mejor; Dios bendice su voluntad permisiva; no consiste nuestro deber solamente en hacer la voluntad de Dios sino lo que a Dios agrada. No siempre se debe medir la complacencia de Dios, su aprobación, por los resultados positivos. Dios, por nuestra insistencia, puede concedernos lo que no desea y aún decirnos: "Me están haciendo actuar como no quiero, estoy inconforme, esto tendrá un límite, llegará a un punto que no los ayudaré más y quedarán en un callejón sin salida" (Num. 11:18-20, 33; 20:11-13). Por otro lado, se puede padecer mucho de varias formas y glorificar a Dios, sin que sean castigos. En fin, con todos esos errores y meteduras de patas, a cuestas, él sigue ayudándonos.