domingo, 12 de agosto de 2018

Reflexiones de un viejo que se mira en un espejo


JOB 16:7,8
“Pero ahora tú me has fatigado; has asolado toda mi compañía. Tú me has llenado de arrugas; testigo es mi flacura, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro”. 

Es su costumbre bendita orar mientras predica. "Estoy arrugado, me contemplo en el espejo y siento ganas de llorar, se me cae la cara, la piel de mi rostro se vuelve fláccida; la frente, las mejillas, los ojos y el cuello se han llenado de arrugas y me falta carne. Mis manos a veces tiemblan y tengo manchas de viejo donde antes la piel era rosada y llena de sangre; hoy está pálida. He envejecido de pronto en unos cuantos años, mi cabello ahora es gris y en poco será blanco. ¿Qué has hecho Dios con mi salud y juventud? Conforme miro mi rostro otros lo miran y se extrañan que haya envejecido tanto y susurran mi edad a mi espalda y se glorían de lo que yo sé, que la juventud se me ha ido; voy al sepulcro oh Dios, los límites de mis años se acercan (v. 22). Sin embargo, como he envejecido y me he llenado de arrugas, ¡ajá!, ellos también se llenarán si son dejados en la tierra de los vivientes, y les pasará lo que a mí, se llenarán de amargura el alma al ver arrugas en el rostro y comenzarán a sufrir los años que les queden por haber perdido la juventud. Y llorarán no tanto por la cercanía del final sino por mirar lo que otros tienen y que no se puede reponer, menos años.

Y me digo a mí mismo, ¿cómo querré volver a mi juventud si en aquellos tiempos no tenía lo que me has dado, una buena esposa, hijos, nietos, una carrera, muchas y provechosas experiencias; una mujer, mi vieja que no quiere que maldiga a Dios ni que me muera, que es como mi madre y me cuida como a su cuerpo. Hijos, he perdido algunos, son mis amigos y me hacen volver al mundo de la juventud y me piden de la sabiduría que tú has puesto detrás de mis arrugas. Mi vida ha sido de bendición e inspiración a algunos y mis palabras los han confortado, por ellas han dejado el barro, la noche del pecado; he hecho una buena inversión con mi vida; ¿cambiaría todo eso por no tener arrugas en la cara? Tengo el consuelo que, aunque mi cuerpo se va desgastando mi espíritu se ha renovado y siento más que nunca un eterno peso de gloria (2Co.4:16-18). 

Estoy próximo a conocer cómo fui conocido (1Co.13:12), a ser vestido de inmortalidad, a recibir mi corona (2Ti. 4:6-8); me has perdonado los pecados de mi juventud, he huido de la fornicación y de las pasiones juveniles y me he guardado sin mancha del mundo; Dios mío, mis huidas tú has contado y he escrito un libro para memorias no con tinta sino con tu Espíritu sobre cosas santas. No lloro al ver mis arrugas, ni haré un pacto suicida con mi vieja mujer, como hicieron aquellos dos ancianos en Gijón , España, para no ir a parar a un asilo, son “las marcas del Señor Jesucristo”, evidencias de un alma madura, menos atractivo y codiciado por el mal, para que yo sea más tuyo, hasta que me levante en la resurrección, con un cuerpo glorioso y sin arrugas". No romperé los espejos de mi baño y me veré como ven los demás. 


domingo, 5 de agosto de 2018

¿Puede uno razonar con Dios?


JOB 13:3
“Mas yo hablaría con el Todopoderoso, y querría razonar con Dios”. La palabra razonar se pudiera traducir argumentar, discutir. ¿Puede uno razonar con Dios? ¿Con qué cuenta para razonar con Dios? Cuando uno razona con Dios en la oración, cuando habla con él pensando, posiblemente el Espíritu Santo le enseñe la verdad y pueda ver a su luz todas las cosas. Necesitamos más oraciones lógicas, bien argumentadas a Dios. Ser razonable para entender y razonable para pedir, y eso no quita en nada la espiritualidad de la oración al contrario la hace más profunda y bendecida. El Espíritu del Señor sabe lo que queremos decir aun cuando la oración consiste solamente de "gemidos indecibles" (Ro.8:26) ¡cuánto más a un asunto bien pensado y expuesto con claridad ante los ojos del corazón y de los de Dios!
Del mismo modo es bueno razonar con Dios y es posible mediante su Palabra, es decir reflexionar mientras se lee y se estudia la Biblia. No es sólo memorizar pasajes bíblicos, algunas veces extensos, sino también razonarlos que es llegar a la médula de las palabras reveladas, que son como los huesos del entendimiento. Una hermosa vida devocional es deudora de la reflexión bíblica, y la espiritualidad es un producto legítimo único de ella. Cualquiera otra espiritualidad sin sentido común y sin razón es a lo sumo resolución y piadosa mentira. Dios espera que continuemos la tradición de María, recoger las cosas en el corazón en silencio y meditar en ellas (Luc.2:19). No se puede razonar con Dios en la Biblia yendo a la carrera, haciendo lecturas galopantes sin triturar dentro de las mandíbulas de la razón el contenido de las palabras sobre la cual han pasado los ojos.
Y el que sea capaz también puede razonar con Dios sometiendo a escrutinio y análisis su providencia, quiero decir su particular provincia en su propia vida. Es una costumbre ventajosa detenerse en el camino cristiano y mirar hacia atrás para saber la distancia que hemos recorrido, mirar el almanaque y contar los años que nos ha llevado llegar hasta ese punto, y mirar hacia el futuro pensando en cuanto del proyecto establecido todavía aún queda por alcanzar. Si reflexionamos en nuestra propia historia y con las lecciones del pasado alumbramos la providencia presente sabríamos entonces como obrar mejor y como tener reposo y tranquilidad en el espíritu. Todos los órganos de nuestro cuerpo reflejan la gloria y semejanza de Dios, pero ninguno tanto como el cerebro, que en lenguaje bíblico es el corazón, y es por esa capacidad de raciocinio que a los jueces en la Biblia se les nombra como dioses (Jn.10:35). ¿No es cierto que la Palabra en la carne, o sea Verbo, también significa razón? El Verbo de Dios es la razón de Dios, la mente de Dios. Jesucristo es la razón de Dios. Palabra y razón es lo mismo. Dichosos aquellos que tienen un predicador como dice Salomón, que a sus discípulos enseña sabiduría, y los hace escuchar y escudriñar (Ecl.12:9), o sea aprenden de Dios un cristianismo razonable.

sábado, 4 de agosto de 2018

Caminando pensativos hacia el infinito de Dios


JOB 11:7
“¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?”. 

Es mejor la traducción de la LBLA que menciona los "límites" del todopoderoso porque la palabra lo que significa es completo, y da la idea de extremidad. La traducción de la RV sugiere como si Job quisiera ser tan perfecto como Dios, y esa no es la idea, sino que Job no puede alcanzar la
extremidad de Dios, porque Dios no tiene extremos pues es infinito y porque para el hombre sería eso imposible por la enormidad de la Deidad. No obstante, como más adelante dice, eso no invalida el hecho de que el Espíritu Santo nos exhorta a escudriñar, con él, aún " lo profundo de Dios" (1Co.2:10). Hay hombres que, sobre puntos teológicos difíciles, o sobre una ciencia escondida, hablan con la seguridad del mismo Dios, como si fueran el Espíritu Santo. He contado doce veces en este libro la palabra todopoderoso; nosotros tenemos también otras muy bonitas en nuestro lenguaje neotestamentario que no es sólo perfección, también son omnipotente, omnisciencia y providencia. Y cualquiera otra que se refiera a los atributos de Dios. Son sumamente deliciosas y de mucho consuelo en la aflicción, cuando uno se siente humillado y en la impotencia ante una situación incambiable. Descubrirás es una traducción menos exacta que investigarás, estudiarás. La palabra significa examinarás, enumerarás, deliberarás. La palabra “secretos” es añadida para aclaración, pero no se halla en el texto. Lo que quiso decir no es exactamente sobre los atributos divinos sino sobre la existencia de Dios; por supuesto que eso es un secreto, y el mayor de todos.

La respuesta a esa pregunta es “no”, no invalida el hecho que Dios sea el objeto de nuestra adoración y estudio, cuya existencia se halla en la revelación, y es esa revelación la que hay que examinar, enumerar y sobre ella deliberar con otros estudiantes y escritores sobre él. Más perfecta es nuestra adoración y la propia vida cristiana cuando le vemos como él es (1Jn.3:2). Es por indolencia y negligencia que nuestra vida cristiana se queda en la superficialidad, porque nos reunimos poco para examinar la revelación y deliberar sobre ella. Así estamos expuestos a que algún aluvión tentador derribe nuestra construcción espiritual rápidamente fabricada con heno, paja y hojarasca, y sin fundamento. No podemos jamás alcanzar los límites de Dios, pero eso no quita que caminemos con paciencia hacia el infinito.