domingo, 6 de agosto de 2017

Los peregrinos que se bajaron del barco Flor de Mayo



SALMO 11:3
                  “Si los fundamentos fueren destruidos”. 

Si fueren destruidos los fundamentos de la religión cristiana, que son sus doctrinas básicas y su ética, ¿qué harán los que han confiado sus vidas a ellas? ¿Qué harán los simples creyentes cuyas almas son cuidadas por pastores? ¿Qué harán si a los mismos maestros que les oían enseñar las verdades ortodoxas del N.T. ahora les oyen lo opuesto y les ven destruir lo que edificaron? ¿Qué podrán hacer los justos si oyen que ya el fundamento de la salvación no es Cristo, sino que lo han quitado y han puesto en su sitio otro nombre y otro evangelio?; ¿y que la salvación no es un don de la gracia solamente que se recibe por fe, sino que el hombre tiene que hacer obras, para ponerlas juntas a ella? (1 Co. 3:11). ¿Qué harán los justos si se dan cuenta que, en la predicación, en el evangelismo y en la adoración Cristo tampoco en todo tiene la preeminencia (Col. 1:18), que es vana porque se dice que no resucitó? ¿Huirán los justos al monte cual ave? ¿O hacer como dijo John Stott en una entrevista cuando le preguntaron si su iglesia aprobaba el matrimonio entre homosexuales y lesbianas, afirmó que lucharían quizás por unos años y luego se iría?


Sí, quizás sea mejor así, tratar de dominar aquellas instituciones que son como el fundamento de la iglesia, de la denominación y a partir de ella luchar para poner de nuevo el fundamento que quiso ser destruido; y si no se logra, pues entonces salir, como hicieron los presbiterianos con el seminario en Princenton; cuando ya no pudieron detener la ola liberal, se marcharon y fundaron el que ahora radica en Filadelfia. O lo que hizo Spurgeon en Londres cuando la Unión Bautista se negó a condenar a los que estaban enseñando el liberalismo en sus iglesias; después de lo que se conoce como el Downgrade Controversy, abandonó la Unión y a poco tiempo murió. 

 Esa actitud defensiva o combativa fue la que usó Pablo contra judaizantes y pro-gnósticos en sus iglesias como los gálatas y los colosenses (Flp. 1:17) ¿Qué haremos si aquellas doctrinas que son el fundamento de la religión cristiana, que hizo del movimiento una secta, como lo llamaron sus contemporáneos, algo distinto al judaísmo, son socavadas? Por ejemplo, la divinidad de Cristo. ¿Qué haremos con la iglesia que rechaza la divinidad de Cristo o con una denominación entera? ¿Le toleraríamos esa deserción teológica para que como Himeneo y Alejandro ande “gangrenando” todo el cuerpo? ¿O es mejor expulsarla para que haga su mal afuera, entre aquellos a quienes el dios de este siglo cegó el entendimiento para que no les resplandezca la luz del evangelio? ¿Qué harán los justos si oyen a sus profetas y maestros enseñar que la salvación no es por fe sola sino fe con buenas obras, promesas, comidas, etc.? ¿Qué harán los justos (que pueden hallarse en cualquier denominación) si se dan cuenta un día que en su iglesia los fundamentos han sido destruidos hace siglos y se ha estado venerando imágenes como dioses lo cual la Biblia prohíbe? ¿Deben seguir adorando a Dios entre altares y altares, cantando alabanzas evangélicas, usando dones del Espíritu entre figuras de talla y oro que otros hundidos en la ignorancia adoran? ¿Qué harán los justos si empiezan a enseñar en su religión que ya Dios no es más trino sino una sola persona, la del Padre, que el Espíritu Santo no tiene personalidad, sino que es una fuerza divina? Si los justos se dan cuenta que eso es lo que se enseña en su denominación, ¿qué harán? ¿Tolerar o dejarla? En tales casos, si no hay fuerzas para combatir y ganar sea mejor ya hacer lo que David no quería, “huir al monte cual ave”, escapar, como dice la tradición que hizo Juan cuando supo que Cerinto el gnóstico estaba bajo el mismo techo que él y temía se desplomase por la ira de Dios. David pregunta qué harán los justos si eso les pasa y da a entender que los justos tienen que hacer algo, la situación es crítica, terrible, dolorosa, pero no pueden quedarse con los brazos cruzados mientras los fundamentos apostólicos son destruidos.

Pero, ¿qué harán los justos si los fundamentos básicos de la sociedad son destruidos? ¿Si los fundamentos morales sobre los cuales ha sido edificada nuestra sociedad occidental, que son los fundamentos cristianos son destruidos? ¿Qué hacer si en las escuelas se enseña una educación sexual liberal y anticristiana? ¿Sacamos nuestros hijos y los ponemos en una escuela privada o nos hacemos miembros del PTA, vamos a las reuniones y protestamos para que los fundamentos no sean destruidos? ¿Se cruzarán de brazos los justos y no harán nada? Lo que pudiéramos hacer con la iglesia, dejarla, no lo podemos hacer con la sociedad donde vivimos, por lo menos en muchos casos; el primer camino a tomar es usar los medios que se han conservado para evitar que los fundamentos sean destruidos. Si un presidente aprueba el aborto, la constitución nos garantiza la oportunidad de votar en su contra y no reelegirlo, si se manifiesta en pro de los matrimonios de homosexuales, hay que cambiarlo y elegir a otro para quien los mandamientos de Dios sean más importantes que la interpretación filosófica de la libertad democrática. ¿Elegiremos un presidente, o lo renovaremos sólo contemplando los progresos económicos o las promesas financieras que hace sin juzgarlo cristianamente? ¿O no nos importan los fundamentos cristianos de la sociedad y los sacrificamos por la prosperidad individual y la conveniencia? Si los fundamentos cristianos que pusieron los peregrinos que se bajaron del barco Flor de Mayo y sobre los cuales se inició, prosperó y sobresalió esta sociedad estadounidense son destruidos, su esplendor se marchitará y como el imperio romano, ella también se caerá y nosotros con nuestros hijos pereceremos en su derrumbe.

jueves, 3 de agosto de 2017

Por qué David cantó a todo pulmón



SALMO 9:1

“Mut-labén”, con el artículo incluido significa “morir por el hijo”, y se piensa es el título de una canción popular. Significa muerte. Que el músico principal le ponga un tono luctuoso, o compuesto sobre la muerte de su hijo Absalón (2 Sa. 18: 33). Pero “el hijo” puede ser el mismo rey que fue declarado hijo de Dios en su ungimiento, porque el salmo parece escrito cuando ha obtenido una victoria casi total. De todos modos, ¡oh morir por el Hijo de Dios, Jesucristo! Este salmo menciona varias veces a “las naciones” (vv, 5, 8, 15, 19, 20); y ese último versículo, aunque pudiera traducirse “gentiles” (BTX), es mejor por el precedente, traducirlo como naciones (RV).
Como es una melodía luctuosa, mut-labbén, triste, y tiene que ver con sangre derramada por los gentiles (v.12), pudiera tener como fondo de motivación alguna incursión gentil dentro de las ciudades de Israel, y con las consecuentes muertes, despojos, secuestros, por eso pide para esos filisteos, gergeseos, o cualquiera que haya sido el ejército invasor, que por los “humildes”, los “pobres” tome venganza (vv. 9, 12, 18). Y la hubo porque cometieron la equivocación de olvidarse que la iglesia tiene un Dios poderoso, y que no borrarán jamás su nombre glorioso (v. 17). Para David atacar a una aldea de su territorio, gobernado por Dios, era atacar a Dios. El contrataque pudo ser severo y exitoso y los atacantes murieron como atrapados en sus propios consejos (vv.5, 15, 16), y fue tal la venganza, que Dios los borró del mapa y se quedaron sin historia, (v. 6). Toda esa resonante victoria dio satisfacción y aumentó la experiencia religiosa de los que habían orado a Dios para que “metiera su mano en el asunto” (vv. 10, 12), y demostrara que su trono no había sufrido perjuicio alguno (vv. 3, 4).

Los últimos versículos contienen un mensaje dirigido a los pueblos cuya prepotencia ridícula se les había subido a sus cabezas, y pensaron que esquivarían para siempre la muerte, que se habían hecho inmortales, dioses bajados del Olimpo o alguna otra parte. Tan ridícula asunción todavía genera personalidades públicas así, que se ufanan por algún daño que le hayan hecho a la iglesia, y tomado algún brillito de opaca fama, piensan que se escribirá sobre ellos.  Por alguna corta escaramuza, ya imaginan que han contribuido a su decadencia y exterminio, soñando que le pasará lo que para ellos está escrito, esfumarse con el tiempo. Pero no es así. La iglesia se rejuvenecerá perpetuamente, y aquellos odiosos envejecientes se tragarán sus bravuconerías. David durante la confección de este “libro” pudo haberse hallado enfermo (vv.13, 14), o reponiéndose de algunas heridas que les hicieran en la guerra, porque imaginarlo sin un rasguño, cantando dulcemente poesías, y no como comandante en jefe junto a Joab, es imaginar una ausencia que no tuvo realidad. Eso, imagino, es la causa actual, por la cual, escribiendo, exalte el nombre de Dios como él mismo testifica, “con todo el corazón”, a todo pulmón, a pesar que en un tono mut - labbén (v. 1).

No te alabes tú, alaba al Señor



JEREMIAS 9:23, 24
 “Alábese en esto: en entenderme y conocerme” (Lectura paralela, 1 Co. 1:31; 2 Co. 10:17; Ga. 6.:4). 
En tiempos donde hay mucho pecado y el juicio de Dios se avecina, lo único que tendrá valor es el haber conocido a Dios; de eso dice el profeta que se alabe en esto el que se hubiere de alabar, y añade: en entenderme y conocerme. Parece que en los tiempos del profeta la gente acostumbraba alabarse los unos a los otros y eso precisamente les gustaba mucho, aplaudir y ser aplaudidos, lisonjear y ser lisonjeados; tenían un altar como los atenienses, para cada dios, para cada vanidad que hubiere en este mundo. El culto a las cosas y a la personalidad estaba a la orden del día, era una religión de tontas o hipócritas pleitesías. Pero había un altar solitario, sin nadie enfrente suyo, el altar “al Dios no conocido”; nadie alababa a Dios, reinaba una espantosa ingratitud hacia él y una horrible y fría indiferencia hacia su genuina religión. Jeremías protesta en nombre de Dios y les dice: Alábense, si quieren alabarse, si eso es lo que les da gusto, enorgullézcanse si es lo que desean, en conocerme y entenderme. Yo te doy gracias, Señor, por entenderte y conocerte. Primero supe de ti por la creación y después por tu Palabra revelada en las Santas Escrituras, hasta hoy. Oh, ¡cuánto amo yo tu Ley! (Salmo 119:97, 113), todo el día es ella mi meditación.