viernes, 30 de septiembre de 2016

Cuando una señora sale embarazada


Salmo 139:13-16
“Mi embrión vieron tus ojos”. 

David no ha escrito de modo abstracto sobre esas doctrinas anteriores, ni de modo impersonal, sino pensando en su misma creación al venir al mundo. Afirma que como el hacedor de una obra la conoce completamente, así el Creador conoce íntimamente a todas sus criaturas, sabe de ellas antes que les pongan nombres.
Habrás oído el debate de los que defienden el aborto, que alegan que si éramos o no seres humanos cuando fuimos embrión, si ya podíamos ser considerados niños o niñas en esa prematura etapa. No se trata de fijar en cuál semana ya estamos formados, en cuál reunimos la cantidad de órganos necesaria para que los que están afuera del vientre nos dejen continuar creciendo o autoricen nuestra eliminación. No, Dios nos está creando y por lo tanto debemos dejar que él continúe su proceso de creación sin impedírselo; si él quiere dejar a un lado lo que ya empezó, que lo haga por su voluntad. Existen muy pocas circunstancias, traídas a colación por el mismo Creador del embrión, para dictaminar que su labor en el vientre de una madre sea interrumpida antes del parto.
Son los que ven únicamente el embarazo como algo natural y volitivo los que hablan de derechos de los padres para determinar si continúa el proceso de la formación de un niño o se le expulsa. Son ellos los que hablan de ese modo, libremente, sin temor. Él sabe lo que dice, no ignora cómo vienen los niños al mundo, el papel que los padres tienen en una concepción natural; pero para él (y para nosotros), no son nada más que las leyes que rigen un embarazo las que hay que tener en cuenta, sino el autor de ellas, Aquel que por medios naturales ejecuta su obra, el que designó esas leyes, el que hace que se ejecuten. ¡Un embarazo es la creación de un niño, señoras!

jueves, 29 de septiembre de 2016

No hagas una réplica del Espíritu Santo


Éxodo 30.22-31
“Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin. Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base. Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado. Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones”.

Esto como yo lo veo, tiene que ser una figura del Espíritu Santo. La santa unción que consagra las cosas más santas de nuestro culto a Dios; cualquier cosa puede estar bien hecha, primorosa y de oro, expiada con sangre, perdonada, pero aún necesita la unción del Espíritu Santo. No podía ser reproducido ni imitado (vv.32,33). Oh Señor aunque nos hayas perdonado, ayúdanos a andar en el Espíritu. Eso de imitación ¿no tendrá que ver con dos cosas: “fe no fingida” y “amor sin fingimientos”? (Ro.12:9; 1Ti.1:5; 2Ti.1:5).
Y puede que con la imitación emocional de las obras del Espíritu, lenguas, éxtasis y cosillas parecidas, que pudiera Dios darlas porque es soberano, y que no deben ser fingidas, haciéndole mímica a fulano o mengano, que son líderes que parecen tenerlas. Debía haber diferencia entre lo santo y lo profano y que cuando se respirara el ambiente, especialmente el cuerpo, se notara la diferencia; y que un cuerpo pecaminoso no oliera a sagrado. Era casi obsceno que una dama perfumada oliera a aceite sacerdotal, y que un cualquiera, digamos, ignorante o fanático, haga una réplica, una copia espuria del Espíritu Santo y engañe al resto de sus simplones hermanos.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Las enseñanzas de Jesús mejorarían a los ciudadanos y la economía


Mateo 8.34
"Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos". 

Estaban tan oscurecidos que cuando una pequeña luz les resplandeció ante los ojos, quisieron que se apagara, escogieron seguir viviendo en la noche, siendo inmundos, con los diablos, búhos, murciélagos y muchos cerdos; pero vieron que la luz como el rayo, alumbra y mata. Con el primer indicio del evangelio, de Jesús, del Espíritu Santo, de la iglesia, del cielo, cierran las puertas como si viniera una fatalidad. Dijeron: "Así estamos bien, nos acostumbramos, no nos hace falta nada mejor”. Le dijeron a Jesús, "por favor vete de nuestras fronteras, de nuestros contornos, no queremos la influencia tuya; haces bien pero nos perjudicas, la transformación de las personas perjudica nuestro negocio". Y Jesús se marchó. No volvió más. (Hch.19:23-27).
Y la población volvió a ser como antes, siguió en su rutina, los ladrones minando, los adúlteros adulterando, las rameras vendiendo sus cuerpos, los ebrios en las tabernas, los jugadores en los casinos, la prensa liberal buscando el pecado de los ministros y  oponiéndose a la fe, los alcaldes aceptando sobornos, la prostitución reconocida, las clínicas de abortos recibiendo a niñas embarazadas, los políticos corrompiéndose, y en fin, el cristianismo pasando malos ratos con los nuevos escándalos de los tele-evangelistas y los sacerdotes abusando de niños.
Cada día se hace más difícil la evangelización porque la gente descreída no confía en los predicadores y los tilda de manipuladores y aprovechados, y la sociedad está de acuerdo que le cierren las puertas a Jesús y se le eche de la vida pública, los colegios, de los medios de difusión masiva y de la educación familiar. La economía es más importante que él, y si las enseñanzas suyas perjudican la manteca de cerdos, los chicharrones y los bistecs fritos, entonces que se marche y no vuelva más por ahí. No obstante si las enseñanzas de Jesús mejoran al hombre, lo hacen mejor trabajador, mejor empresario público, mejor padre y mejor madre ¿cómo es que dicen que no conviene el evangelio ni la creencia en Dios? Por supuesto que la economía va a mejorar. No con malos cristianos sino en buenos cristianos.