lunes, 29 de agosto de 2016

El Israel, Propiedad de Dios


Marcos 12:1-12
(Mt. 21:33-46; Luc. 20:9-19)
1 Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.2 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña.3 Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 4 Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado.5 Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. 6 Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.8 Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. 9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. 10 ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo; 11 el Señor ha hecho esto?, ¿y es cosa maravillosa a nuestros ojos?12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron”.

Una de las reglas de interpretación bíblica es descubrir el propósito del pasaje que generalmente es uno solo; sin embargo al principio aquí parece que Jesús tenía en mente decirles a los líderes judíos, especialmente a los sacerdotes, varias cosas; en primer lugar que eran unos ladrones ingratos y homicidas, que se habían robado la nación y la querían dirigir o la estaban dirigiendo según ellos mismos y no según Dios. El país si eran justos al reconocerlo, había sido hecho completamente por Dios, desde que escogió a uno, a Abraham, que lo trajo desde Ur de los caldeos hasta el territorio que ellos ahora ocupaban. Les podían enseñar a los niños en el colegio el libro "Las Batallas de Jehová", las conquistas de Josué y la repartición de la tierra por tribus, y los esfuerzos divinos por enderezar la religión y la moral del pueblo en tiempos de los Jueces. La nación judía era una obra divina, cuyo arquitecto y constructor había sido Dios.
Sin embargo perennemente los líderes escogidos por Dios para conducir el pueblo se habían separado del propósito original de glorificar su nombre y ser de bendición a todos los pueblos de la tierra. Toda la historia de Israel muestra los esfuerzos de Dios para producir una iglesia Santa, poseedora de la verdad revelada y hecha mensajera para todos los pueblos del mundo. Pero ese no era el lugar que Israel quería ocupar en el hemisferio, y aunque de vez en cuando tenía ambiciones imperiales, apenas había podido resistir el poderío de otras naciones, estando en alguna ocasión a punto de su extinción. Los profetas y videntes enviados por Dios para encarrilar a la nación dentro del propósito divino resultaron infructuosos; ellos se encargaron de desacreditarlos, perseguirlos, encarcelarlos y algunas veces como a Jeremías, Isaías y otros, torturarlos y matarlos.
Pero Dios continuó con su plan inicial de convertir a Israel en el libro y diseño celestial para todos los pueblos del orbe, pero los judíos persistían en obrar de otra manera y tener una función mundial diferente a la escogida por Dios para ellos, la de enriquecernos con las buenas noticias de la salvación. La cumbre del fracaso de Israel como nación se alcanzó cuando Dios le envió a su Unigénito Hijo el Señor Jesucristo para juntar al pueblo escogido y con una misión, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas. Pero ese último intento divino de que Israel hallara su verdadera función en la historia fracasó y el Heredero de la nación, el Propietario de Israel, murió crucificado por las autoridades romanas a instigación de sus líderes judíos, que querían tener un Hijo conforme a la agenda de ellos, un Mesías que les hiciera libres políticamente y ricos económicamente.
Pero un Mesías profético, veraz pero pobre, sin ninguna idea de provocar una sublevación civil sino un predicador pacifista, no lo querían y si lograba tener éxito dentro de las masas con un programa distinto al de ellos, se opondrían y harían lo posible para eliminarlo, y así lo hicieron. Se les advirtió que tal osadía no sería bien vista por Dios y que todos aquellos crímenes cometidos contra los embajadores de Dios hasta Zacarías a quien mataron junto al altar (Mt.23:35), serían vengados y los conductores del país destruidos junto con la nación.
Sin embargo ocurrió algo insólito que estaba escondido completamente a los ojos de ellos, que la eliminación del verdadero Mesías lo constituiría en la figura principal, la piedra angular, escogida y preciosa, del comienzo de una nueva nación, de un nuevo pueblo, de un nuevo Israel formado por los escogidos de entre los descendientes de Abraham y los otros pueblos del mundo, según el apóstol le llama "el Israel de Dios" (Ga.6:16), o como la versión árabe lee, "el Israel Propiedad de Dios". No es que Israel haya sido sustituido completamente por los gentiles sino que él en contra de su voluntad, y queriendo hacer sus caprichosos designios, ha hecho que la sabiduría de Dios en la salvación tomara de sus riquezas, a regañadientes, y la distribuyera entre otros muchísimos que sustituirían a todos los crueles e infieles ingratos de esa nación, y así se tendría una iglesia universal formada por los hijos de Abraham conforme a la fe, más que conforme a la carne, nosotros, ¡bendito sea Dios!, los gentiles, ramas silvestres, injertadas contra naturaleza, junto a las ramas naturales, en el "árbol de la vida" (Ro.11:24), y para nuestra satisfacción es “una cosa maravillosa a nuestros ojos”.

sábado, 27 de agosto de 2016

Una carrera donde todo no es color de rosa y bonito



MARCOS 10:32-45; Mt. 20:20-28
 (Mt. 20:17-19; Luc. 18:31-34)
32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: 33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; 34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.  35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36 Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?  37 Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 38 Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? 39 Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; 40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado. 41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. 42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Es cierto que el NT fue escrito dentro de un siglo de hostilidades anti cristianas, que en su fondo social se encuentran las persecuciones, y que la Palabra de Dios es dada para esos nacientes momentos difíciles. Fue el momento apropiado para que el evangelio fuera oído en el mundo y visto de los ángeles. En estos posteriores veintiún  siglos más o menos en todas partes, el fondo de inconformidad con las doctrinas del evangelio y con la figura de Cristo ha permanecido, y esto ha hecho que el mensaje siempre sea vigente. Como ya he mencionado el marco donde se dibuja la cuna del cristianismo está erizado de peligros, y la confesión de Cristo y de su doctrina (v. 29) se convierte en un reto.
Por otra parte estos primeros líderes escogidos por el Señor no parecen asustados cuando se les menciona en lo que se estaban metiendo, a donde Dios los estaba conduciendo. Aunque el Señor les insistía una y otra vez lo que a él le habría de ocurrir y que ellos no esperaran una mejor suerte, tomaban algunas cosillas de la que el Maestro les decía, que a ellos les gustaba, y en eso reflexionaban poniendo a un lado todo aquello que les pareciera increíble que pudiera ocurrir a una Persona tan amable y buena y con un mensaje de amor para el mundo. Semejante Persona y mensajes de ningún modo podrían encontrar hostilidad, y ellos imaginaban que estaban entrando a una carrera donde todo sería color de rosa y bonito.
Nuestro Señor una y otra vez les dice que están equivocados que no podían en ninguna manera pensar que no se encontrarían con grandes obstáculos, con grandes contratiempos, y sacrificios innumerables. La vecindad del reino de Dios proclamada por Jesús era entendida por ellos de un modo más político que espiritual. Y aquellos doce pescadores se ofrecían para ser los directores del nuevo gobierno mundial del Mesías; ambiciones que nacían en sus corazones y que desde la boca de Jesús no encontraban ningún fundamento. Se imaginaban que habían dejado las redes para pronto ser servidos.
Todo este texto que incluye la conversación con el joven rico, después el anuncio de la muerte de Jesús, y la petición de Santiago y de Juan que termina en el v. 45, tiene un mismo trasfondo de testimonio y peligro. Pero eso no fue lo que sintieron los discípulos sino que entusiasmados con el tema del reino de Cristo y las inmensas recompensas compartidas, disfrutadas, pero colectivas que tendría (10:29-30). Jesús les está hablando acerca de "persecuciones" (v. 30) y lo que está dando a entender es la enorme riqueza de apoyo fraternal que recibirían en cualquier región a donde fueran expulsados. Es decir, les está prometiendo una providencia sonriente en medio de emigraciones forzadas. No les dijo literalmente que se harían ricos en los negocios de terrenos y casas sino que no serían abandonados, porque manos amigas y techos ajenos se extenderían hacia ellos para darles refugio y consuelo. Y eso no sería todo pues como lo habían sacrificado por causa de él y del evangelio (v. 29), el Señor se sentía comprometido con ellos no dejándolos solos y sin nada.
Sin embargo no sé exactamente cómo pero al menos Santiago y Juan se hicieron idea que ya al reino de Cristo le faltaba poco y ellos querían ser personas importantes en ese reinado, tan importantes como para ocupar dos tronos juntos al suyo (vv. 35-37). En otro evangelio se dice que trajeron a la madre para que ella fuera la que intercediera ante Jesús. Los discípulos se veían ya coronados y como ejecutivos, dentro de un reinado evangélico terrenal, algo así como un Milenio escatológico. Quizás el anuncio de Jesús de su muerte (vv. 32-34) debiera ser organizado después del v. 45 para bajarle los humos y cortarles las alas de las ambiciones a este grupito que estaba haciéndose ideas raras de tomar un reino sin haber trabajado y sufrido ni una sola persecución (v. 30).
Jesús no tiene ningún miedo en conocer su futuro, y estaba seguro de lo que les estaba diciendo, preparándolos para esos momentos trágicos, y demostrándoles que aunque lo viera todo tan claro como si lo tuviera dibujado delante de sus ojos, recibiendo azotes, escarnecimientos y escupidas, no se deprime ni cambia su rumbo sino que se adentra en ese porvenir, sin miedo sabiendo que cumple así la voluntad de Dios, y como bien les dijo a ellos que los tronos en el reino ya tenían nombre (v. 40), lo que podría ofrecerles de antemano era sufrir lo mismo que él, beberse la misma experiencia y sumergirse en un bautismo de persecuciones (v. 38). Ellos pedían una corona y Jesús les ofrece una cruz.
Jesús no engañó a sus seguidores prometiéndole un porvenir rosado, con poder y beneficios que les convendrían. Los discípulos sí querían eso. Habían ingresado al ministerio evangélico con ideas equivocadas de lo que habrían de obtener (v. 28); y aquí no se menciona dinero sino poder y nombre. Jesús les dijo que no se hicieran la idea de que tendrían iglesias para que los sirvieran sino que ellos tomando el cargo serían los siervos de todos, y que no debían pensar en cargos eclesiásticos del mismo modo que se piensa en la política y la sociedad (vv. 42-45). Y les añadió la doctrina de la redención por su sangre que comprenderían muy bien después. Querían ser señores y Jesús les propuso que las únicas plazas vacantes en su reino eran las de sirvientes. Y aunque a veces les remuneraran con olvidos, desaires e ingratitudes, valía la pena concurrir al llamado y asumir el oficio, pase lo que pase y demande lo que demande, donde pasan cosas bonitas y otras muy feas, aunque no todo resulte color de rosas.

lunes, 22 de agosto de 2016

Nadie puede conceder perdones sino Dios

MARCOS 2:1-12
(Mt. 9.1-8; Lc. 5.17-26)
“ 1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. 2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. 4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. 5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?  9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa”.

Este es un texto llamativo y cualquiera que lo lea no se olvida nunca de él, sobre todo por lo que hicieron los amigos de este paralítico para bajarlo hasta los pies de Jesús. No es común que esto suceda, que una casa esté llena de gente y que traigan a un enfermo de esta clase y no pudiendo entrar por la puerta delantera ni la trasera, ni siquiera por una ventana, decidan abrir un hueco en el techo y bajar con una sábana colgado a un hombre enfermo en estas condiciones. Por lo asombroso de esta peripecia este caso tuvo que haberse convertido en anecdótico en la pequeña ciudad marítima llamada Capernaum, y la casa de Pedro y Andrés conocida por todos los vecinos.
El relato contiene cosas interesantes, como es el ingenio de estos cuatro amigos que se propusieron buscar la sanidad del enfermo y sin detenerse ante algún obstáculo la lograron. Pero cualquier anécdota contada por quien sea si no tiene una enseñanza espiritual no pasa de ser una noticia sobre un suceso muy singular; pero en este caso además de ser interesante lo que se cuenta, también es importante porque debajo de aquel techo roto se encontraba Jesús y admirado sin duda por la fe de estos cuatro hombres, les dijo algo a ellos que resonó fatal en los oídos de los que estaban acomodados en las sillas, los escribas (vv. 6-7), que él tenía la autorización divina para remitir los pecados de los hombres, en nombre de Dios.
Y después de una corta conversación, o más bien después de un intercambio de pensamientos con estos señores, dio un paso hacia adelante para explicar por qué se había hecho cargo de los pecados de este paralítico, y les dijo en voz alta para que todos lo escucharan, que tenía autorización de Dios para hacerlo y que se los iba a demostrar en ese mismo momento no sacando del bolsillo un certificado escrito sobre su divinidad, sino disponiendo del poder de Dios con el que contaba en el acto; y dirigiéndose al paralítico como si fuera una persona sana reclinada en su cama, le dijo que se levantara, la enrollara, se la pusiera sobre el hombro, le pidiera permiso a la gente para pasar y se fuera para su casa.
Si hubiera blasfemado como pensaron los escribas él no podría contar con la presencia de Dios ni involucrarlo en lo que iba hacer, que todavía estaba por hacer cuando lo dijo. Trató de convencer, o por lo menos demostrarles a estas personas, que en su caso no se trataba de una blasfemia, aunque estaría de acuerdo con ellos que sin esa autorización adjudicarse el perdonar los pecados a los hombres en su Nombre, sí sería una blasfemia porque quien único puede hacerlo es Dios.
En eso él estaría de acuerdo y nosotros les damos la razón a ellos que ningún escriba, fariseo, sacerdote judío o cristiano, puede permitir que los hombres que se les acercan y les confiesen sus pecados y les pidan que se los perdonen. Si tales hombres engañadores todavía existen los crédulos creyentes deben alejarse de ellos y de sus sacristías, o como se les llame al pequeño quiosco donde se encierran esperando feligreses, y hacerlo lo más posible, y dejar de murmurarles confidencias al oído, porque además de estar engañándolos están blasfemando en nombre de Dios y desviándoles del camino hacia quien único puede acusar o exonerar de pecados a una persona, Dios.
Jesús los quitó de en medio y a cualquiera otro que lo intente, y se quedó como el único Mediador entre Dios y los hombres, los otros que se adjudican ese oficio de perdonadores, son declarados con toda justicia, engañadores y blasfemos, porque jamás han estado colgados en la cruz ni Jehová ha cargado en ellos el pecado de todos nosotros. No es tan fácil adquirir el perdón de Dios como sugieren estos repartidores de perdones, porque se necesita que la solicitud provenga de un corazón arrepentido, de una fe divinamente concedida, y de un nuevo nacimiento que se encuentra fuera del alcance de cualquier esfuerzo humano. Dios, cuando se pide perdón no mira el movimiento labial sino la fuente de donde brota, el corazón. Por lo tanto, conceder perdones a granel es blasfemia, y recibirlos a cualquier solicitud sin mostrar una verdadera confesión de arrepentimiento y salir contentitos a padecer pequeñísimas penitencias es la más grande ingenuidad del mundo. Jesús dio a entender que decirles a los hombres que los pecados son perdonados era relativamente fácil, pero no dijo que fuera cierto.