viernes, 13 de octubre de 2017

Despacio, no quieras llegar demasiado pronto a tu destino

SALMO 126:5,6

“Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla”. 

La traducción preciosa es bonita pero más cerca del original se halla la semilla “sembrante o sembradora”. El evangelio es una semilla para ser sembrada, no un árbol, que viene después. El salmista conoce los sufrimientos del campesino y como llora mientras vierte, y recuerda con tristeza los pasados fracasos, por la incertidumbre del presente, por el clima, por la escasez de la preciosa semilla, y mientras se lamenta, ora. ¿Y qué? Al tiempo determinado recogerá la cosecha, alegremente; así nuestros sueños se convertirán en realidad algún día y recogeremos los frutos de nuestros desvelos y lágrimas. 

Tú dices: “No, ya pasó el tiempo de recoger frutos, Dios no me dará mis sueños, no tendré recompensa, moriré en el exilio, me he desgastado inútilmente”. Despacio, no quieras llegar demasiado pronto a tu destino. Estaré triste pero llevo en mi corazón la “preciosa semilla”; quisiera que ella naciera y no haber corrido en vano, la siembro con suspiros, desvelos y llantos, pero no puedo decir que absolutamente se ha perdido toda, no puedo ver sus frutos pero Dios sí, no los veo ahora, pero quizás algún día sepa lo que pasó con lo que sembré; y lamento sinceramente que de ellas no nazcan más, pero con todo, yo siembro lo que he comido y ¡qué rico es el trigo del cielo, el pan de ángeles molido en mortero, cocido en cazuela y comido en la mañana y en la tarde en la soledad con Dios! (Ex.16:23; Sal.78:25).

domingo, 8 de octubre de 2017

Suspiros por los viejos tiempos

SALMO 119:131

No dice: “mi boca abrí y bostecé” sino “mi boca abrí y suspiré porque deseaba tus mandamientos”.  ¿Suspiras por el retorno de épocas de oro que la iglesia ha vivido, por la vuelta de aquellos viejos tiempos y viejos profetas, que aun después de muertos sus huesos continúan teniendo más vida que muchos vivos, por un buen sermón que esté basado íntegramente en la Palabra de Dios, que sean los pensamientos del Espíritu Santo dejados en la Biblia? 
El alma que ama la palabra de Dios suspira cuando recuerda aquellos tiempos cuando en los cultos la Biblia era lo principal, y no otras cosas que han importado para adornarlo, azucararlo o hacerlo más atractivo pero superfluo. El alma de quien ama los mandamientos divinos suspira cuando lee aquellos grandes sermones y aquellas grandes exposiciones del pasado, dice: “Oh Dios, envía hombres como Agustín, obispo de Hipona, hombres como Lutero, Calvino, Owen, Bunyan, Spurgeon, Wesley, Whitefield, que sean verdaderos maestros de la Palabra de Dios”. Oh, quien suspira ora para que retornen esos tiempos en que haya “hambre de oír la palabra de Dios” (Am. 8:11), y no que sientan “comezón de oír” conforme a sus concupiscencias (2 Ti.4:3). Hombres que deseen nutrir al rebaño con la Palabra del Señor, con oro, plata, piedras preciosas, que suspiran cuando ven que tantas almas se alimentan con paja, rastrojo, heno y hojarasca, y otros, como dice el profeta, con cenizas (Isa. 44:20). 
Suspira por leer acerca de los mandamientos de Dios porque “la exposición” de sus palabras son las que alumbran (Sal. 119:130); porque en el púlpito se emplee con más frecuencia ese método de predicación, que los maestros de la escuela bíblica lo empleen continuamente dentro de un curso mejor diseñado que los que hoy conocemos en abundancia. Suspiramos por gente como el salmista, que suspiren, sensitiva, que anhelen la palabra de Dios, que suspiren por sus necesidades espirituales sin aburrirse ni cansarse. Esos suspiros son los “gemidos del Espíritu”, indecibles que nos habla Pablo (Ro. 8:26), que revelan la intensidad espiritual de las oraciones que se hacen. Oh Dios, provéenos hoy de hombres y mujeres espirituales que suspiren por lo que nosotros suspiramos, y por lo que Cristo suspiraba (Mr. 8:12): el engrandecimiento y fortalecimiento del Reino. Amén 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Antes de hablar de doctrinas hablemos de ética cristiana

GENESIS 3:7
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales”.

¿Se les abrieron o se les cerraron? (2:25). Se les cerraron para Dios y se abrieron para el pecado. No dice que se sintieron espiritualmente mal, que tuvieran alguna crisis nerviosa o se asustaran; mentalmente parece que el pecado los dejó intactos viéndose afectada solamente la moral sexual; no es muy sabio determinar y concluir si hemos hecho bien o mal por nuestro estado de ánimo o nuestra conciencia de relación con Dios; uno puede sentirse bien tras haber pecado, es mejor atender a la actuación externa y a cómo se mira el sexo propio y el otro. Un poco más adelante la pareja se esconde porque se siente desnuda (vv.8-11). Dios "andaba recorriendo el jardín"; el dueño del jardín y de ellos.
Después de esto Dios mató a algún inocente cordero, o algún becerro, para utilizar su piel y cubrir la desnudez humana. Eso es un acto de justificación, según lo entendemos por el Nuevo Testamento. El inocente Cordero de Dios muere por el pecado del hombre. El sexo se convirtió en la madriguera, la Ciudadela del mal. El sexo tuvo que ser justificado, y fue lo primero que Dios cubrió con su justicia, antes que la envidia, que el homicidio, que el hurto, que las blasfemias y la incredulidad. Si queremos conocer si una persona está convertida hay que buscar primeramente su justificación en su vida sexual; si es desorganizada, y es sexualmente desobediente a Dios, eso indica que no ha sido cubierto su pecado por la justicia de Jesús y que su sangre no lo ha limpiado y que no heredara el reino de Dios. Martín Lutero, defendiendo el derecho de los monjes a casarse, y no fornicar con las monjas, afirmaba que el acto matrimonial entre esposos es santo, y podría venir el Señor Jesucristo en ese momento, y ellos no sentir miedo ni vergüenza por ser encontrados amándose.
Ahora una exhortación para predicar de modo efectivo el evangelio. En la lista que, de pecados, Pablo pone el adulterio, la fornicación, las inmundicias y lascivias preceden a los errores doctrinales como la idolatría, hechicerías, los vicios como el alcohol, etc. (Ga. 5:19-21). Por eso decimos, “bien, antes de hablar de credos, religiones falsas y verdaderas, de arminianismo y calvinismo, de mormones y Testigos de Jehová y de alabanzas y músicas ¿por qué no hablamos de ética cristiana, quiero decir de las obras de la carne?”. 
 Pastor, Humberto Pérez