domingo, 15 de enero de 2017

La muerte arranca la esposa de nuestro lado, pero no del corazón


GENESIS 23:1,2
“Abraham fue a hacer duelo por Sara y a llorar por ella”. 
 Duelo, según la costumbre se sentaba en el suelo por un tiempo y entonces rompía a llorar. Es conmovedor ver a un anciano llorando y con los ojos llenos de lágrimas mirando el cadáver de la mujer de toda su vida, su vieja mujer. Lloramos, aunque sepamos que partió para estar con Jesús. Habían envejecido juntos. Tuvieron problemas, no económicos sino familiares, sin embargo, vivieron juntos toda la vida. Se dice que Abram le dolió mucho cuando le llevaron a Ismael, pero no dice que llorara por Agar. Por Sara sí. No se llora por una transitoria amante sino por la mujer de siempre. Cada vez que miraba su lívido rostro se le partía el alma, y le salían lágrimas del corazón.

La muerte arranca la esposa de nuestro lado, pero no del corazón
  
GENESIS 23:4
“Peregrino soy entre vosotros, dadme en propiedad una sepultura para que pueda sepultar a mi difunta”. 
A mi muerta. No tenía un terreno previamente comprado, pero tenía dinero para enterrar a los suyos donde murieran (23:1-20). No hay que escoger previamente el lugar donde uno será sepultado, si se tiene dinero para enfrentar los gastos cuando la providencia quiera. Lo que hay que prever para la muerte es dónde irá el alma, y si el cuerpo será sepultado con la esperanza de la resurrección. Obra con sabiduría en relación con tu cuerpo y alma, y no te olvides de lo más importante, no morir en tus pecados. En el texto LBLA introduce una palabra para aclarar el sentido y es “apartarla”, para “apartar el cadáver de delante de mí”. Ese posesivo , indica la ternura y la montaña de dolor que sentía. Definitivamente, todavía era su mujer, después de muerta. Luego diría “se me murió mi mujer”. Así dijo Jacob (Ge.48:7). La muerte arranca la esposa de nuestro lado, pero no del corazón.

 Metió la mano en el bolsillo y pagó el entierro

GÉNESIS 23:15
“La tierra que vale cuatrocientos siclos de plata, ¿qué es eso entre tú y yo?”.  
¿Qué es esta cantidad de dinero entre tú y yo? Somos ricos los dos. ¿Por qué nos vamos a pelear por una cantidad pequeña o grande? Abraham no quiso aquel dinero, quiero decir regalada, además era fingido el desinterés del heteo, era un show. De paso, nota las dos veces que hace reverencia, o se inclina delante de los hijos de Het (vv.7,11). Un hitita. Se debe tratar con respeto a quienes no son iguales que uno. Un negocio se hace con respeto. Otra cosa: Mira las veces que estos ajenos, quizás amigos, le llaman al cadáver de Sara “tu difunta”, pero Abraham le llama “mi muerta”. Hay un mundo de diferencia y dolor entre y mi (vv.4,6,8,11,13,15). Así pasa en todos los funerales. Muchos están allí, conversan y hasta se ríen, entretanto unos pocos son los genuinos dolientes, los otros son acompañantes y adornos. De todos modos, la presencia del grupo anima porque se comprende que la identificación completa es imposible, y eso de “acompaño tus sentimientos”, es más una fórmula convencional que una expresión auténtica. Todos comprenden eso. Ellos comprendían que todo el dolor era de él, no de ellos, y hacían lo que podían siendo amables y generosos con él, porque supondrían cuánto estaría sufriendo. Y al llegar el inevitable momento de sepultar su muerta, metió la mano en el bolsillo, o en el cofre y pesó las alhajas, anillos, collares, brazaletes o monedas legítimas, y pagó sin problemas todo el costo de la luego muy famosa tumba en Macpela. Hay que proveer para ese entonces y no acudir a la caridad pública.

jueves, 12 de enero de 2017

A Dios no le gusta la palabra rehusar


Génesis 22:1-14
“Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único”. 

Jehová proveerá, en el monte de Jehová será provisto. Sería más ajustado a la variedad de usos de la palabra, traducir, en el monte de Jehová será “visto”. Por supuesto que si vio un cordero allí, entendido que Dios se lo había provisto. ¿Por qué no le puso por nombre “liberación de mi angustia”? El nombre va dirigido a instruirlo, y a sus descendientes, en la doctrina de la providencia en toda la vida, y primeramente en relación con el culto, de dar a Jehová lo mejor que se posea, y nada tiene más valor que un hijo. ¿Por qué no dijo: ¿he aprendido a amar a Dios, sobre todo, a no negarle nada si esa parece que fue la intención? Lo que aprendió, lo aprendió para sus descendientes, que supieran que en comunión con el Señor les será provisto para servirle; no habría excusa para abandonar las ofrendas y sacrificios por el pecado. También el relato tiene el propósito escogido por Moisés para fortalecer la centralidad del culto en la vida del pueblo.
Otra razón para contar este episodio quizás sea la ratificación de la promesa dada (vv. 15-18; 12:14-16) y, teniendo en cuenta la posteridad, incluyéndonos, hacernos mejores creyentes. ¿Quieres que Dios cumpla sus promesas en ti? Tienes que ser un mejor hombre de fe, más obediente, no negarle nada y negarlo todo por él (Luc.14:26). La fe no se muestra tanto por lo que uno adquiere sino por lo que se quita, lo que entrega, lo que pierde. Son renuncias lo que demuestran la fe, no adquisiciones. 
Como ya he sugerido, el relato está recogido con el fin de enseñar a confiar en la prueba de la fe en la providencia de Dios; que, si él tiene la preeminencia, en todo, él proveerá. Dios es inmutable; por lo tanto, siempre se mostrará providencial.  Hay una palabra que a Dios no le gusta; por eso se la dijo a Abraham: "rehusar", y la emplea un par de veces (vv.12,16); a no ser si rehusamos pecar.  Y Moisés enseñó que a él tampoco le gustaba. A la Ley no le gusta. La fe que justifica no está relacionada tanto a ninguna otra doctrina como a la providencia de Dios, donde ella se asegura y se muestra por la obediencia, sin incertidumbres ni inconstancias. Si somos justificados como Abraham es “por fe y para fe” (Ro.1:17). La primera fe corresponde a la salvación y la segunda a la vida. Es una misma. Se conoce la primera por la observación de la segunda. A Dios no le rehúses nada, por algo te lo pide.

sábado, 7 de enero de 2017

Vivimos para hacer historia y alguien la leerá


GÉNESIS 21:15-21
“Y el agua en el odre se acabó, y ella dejó al muchacho debajo de uno de los arbustos, y ella fue y se sentó enfrente, como a un tiro de arco de distancia, porque dijo: Que no vea yo morir al niño. Y se sentó enfrente y alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho que lloraba; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano; porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua; y fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho. Y Dios estaba con el muchacho, que creció y habitó en el desierto y se hizo arquero. Y habitó en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto”. 

Observa en conjunto las grandes enseñanzas del texto, aunque se trate de Ismael y no de Isaac; quizás lo que te llame la atención sea la crueldad que usaron con Agar e Ismael, o el ángel que le habla desde el cielo y le dice que allá arriba oyó al niño gritar, y no hay por qué preocuparse pues muy cerca de ellos está una fuente con agua. Pero esas cosas son las más pequeñas, el pasaje tomado en conjunto no enfatiza la providencia divina sino el propósito de Dios; el mensaje más grande para la madre y el niño es que Dios hará del muchacho una nación muy grande (los árabes). Por supuesto, que, si el niño tendrá tantos descendientes hasta formar una nación, su supervivencia se hallaba asegurada. No le dice: “No le faltará nada”, ni “tendrá un futuro brillante”, pero nada le faltó. No se lee que Agar haya tomado un esposo para que la mantuviera a ella y a su hijo, ni que se haya empleado como criada en la casa de algún señor. Aunque no se dice, puede que Abraham la haya despedido con bastante plata además de pan y agua. Si Dios le promete lo grande, lo pequeño se halla incluido porque “¿cómo no nos dará con El, todas las cosas?” (Ro. 8:32). La Escritura mira el propósito de Dios para nuestra vida no sobre la base de la culminación de necesidades personales, sino como parte de un conjunto, no individualmente sino colectivamente, en cuanto al significado que tenemos para el grupo, la familia, pero más que eso, la nación y el mundo. Su propósito es su plan y su plan es colectivo, y lo concibe sobre la base de nuestro rol en la historia como parte de un plan global con el mundo y con la iglesia.
La realización de nuestra persona, de nosotros individualmente, no es lo que cuenta sino nuestra participación, junto con otros muchos, en llevar a cabo la historia dirigida por Dios. Personalmente puede que haya cosas que no obtengamos nunca y debemos abstenernos de satisfacernos por medios pecaminosos, su plan no puede incluir siquiera que lleguemos a ser felices, sino útiles y bienaventurados. Cuando Jesús habló en el monte, la palabra que usó fue “bienaventurado”, la cual es mentira que quiera decir “tres veces felices”, sino “bendecido; y por extensión, afortunado, bien librado, bienaventurado, dichoso, glorioso”. El que piense que hallará en la vida cristiana una vida muelle, más temprano que tarde se le romperá esa ilusión. Los bienaventurados esperan su felicidad cuando se remonten al cielo. En el fondo del alma humana, nadie la hace feliz, sino el Creador de ella, Dios. En todo el NT se habla de gozo, pero es difícil hallar en sus 27 documentos, la palabra feliz, felicidad.
Todavía nos hallamos escribiendo la historia de la iglesia cristiana, y Dios está haciendo con ella, no gentes felices, sino héroes y heroínas de la fe, extendiendo el capítulo once de la epístola a los Hebreos. Entramos al cristianismo no para ser felices sino útiles. Si usted lee la Biblia bien, eso es lo que ella enseña, que en el mundo tendrá aflicción. Nuestro Libro Sagrado recoge más la historia de naciones que de individuos. Ni usted ni yo somos toda ella sino algunos renglones en sus páginas. Vivimos para hacer historia, y alguien la leerá.