viernes, 16 de noviembre de 2018

Hay veces que con sanos motivos uno se opone a Jesús


                        MATEO 3:13,14
"Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Juan se le oponía". Cuando Juan estaba predicando contra la hipocresía religiosa apareció el Señor Jesús para tomar el bautismo; aquel hombre recién aparecido no necesitaba tomar ninguna clase de bautismo porque no se gloriaba en alguna religión ancestral ni practicaba mínimamente alguna clase de hipocresía espiritual; Jesús se unió al movimiento espiritual de Juan y le pidió que le permitiera formar parte de él.
Siendo más exacto y sin desdecir lo anterior, el bautismo está tan relacionado con la fe de una esperanza futura como con el cambio de vida de una persona y con el arrepentimiento. Expresa su arrepentimiento y no debe ser tomado sin que éste exista, pero tiende más allá hacia una aspiración de buena conciencia, como si “lavara sus pecados” (Hch.22:16). La única persona que por su dignidad propia podía tomar el bautismo fue Jesús. Dando el ejemplo que su movimiento espiritual era otra cosa. No te demores en hacer lo que el Señor te pide, aunque no lo entiendas, tal vez te considera un privilegio para el cual no te consideras digno. Hay veces que uno se opone a Jesús: por ignorancia con buenas intenciones, pero interrumpe la obra suya.


Entrenados y sacudidos en toda tentación
MATEO 4:1
"Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo". Estas son tres visiones ministeriales donde se introduce el diablo. Son tentaciones a que el Espíritu lo somete antes de comenzar su carrera pública. Es la principal preparación para el ministerio, su fortaleza interior donde le ministro se entrena en resistir al diablo. Esto no es algo que se enseña en los colegios pastorales sino en la vida espiritual donde debe adquirir “dominio propio” mediante el Espíritu Santo. Estas tres tentaciones a mi entender son dadas principalmente para los ministros del evangelio, que tienen que estar en primer lugar entrenados para dominar los apetitos del cuerpo. Esa es la primera y gran calificación que debe tener al entrar al ministerio evangélico. Santificar su cuerpo y dominar las tentaciones a las cuales éste lo incline y Satanás use. 

Entre las muchas se halla la de padecer necesidades físicas, escasez de dinero para comprar comer, etc. El principiante debe enfocar primero su crecimiento espiritual en relación con su cuerpo. Su mejor testimonio parte del uso que le dé a su cuerpo y los ataques diabólicos tendrán que ver en proponerle alternativas de satisfacción corporal que no se hallan en línea con su llamamiento. Toda su vida, especialmente en sus primeros tiempos enfrentará una lucha feroz contra el diablo dentro de su cuerpo no sabiendo a veces distinguir entre una tentación biológica y diabólica porque ambas se confunden en una y lo que le parece puramente físico y orgánico es igualmente diabólico.
¿Por qué Pablo decía que golpeaba su cuerpo y lo ponía por servidumbre si no es porque trataba de aplastar al diablo dentro de sus instintos naturales? (1Co. 9: 27). La diferencia con nosotros es que Jesús no tenía un cuerpo de muerte y nosotros sí, no estaba sometido a pasiones semejantes a la nuestras y nosotros sí.
En segundo lugar, cuando lo sube hasta la almena del templo y le dice que se arroje desde allí, es que lo arriesgue todo como en una misión suicida, en una misión de supuesto valor y fe, los que han alcanzado la cúspide del servicio, esto es, lo más exaltado de los pastores y ministros del evangelio, los que han subido mucho en el ministerio hasta el pináculo del templo, con la posibilidad de que no ocurra un milagro y se pierda la vida. Una de las tres más grandes tentaciones del ministro tienen lugar dentro del templo de Dios, en relación con su trabajo pastoral y con los miembros de su rebaño; es dentro de la iglesia y no fuera de ella donde encuentra sus mayores conflictos y riesgos, y en su mismo interior se halla el diablo para derribarlo, a no ser que en su sublime y lo más empinado de su posición él esté de rodillas, porque los vientos tan alto, en las cimas, son fuertes y es tentado a utilizar métodos no convencionales y usar ilícitamente sus poderes con el fin de formar un show delante de sus asombrados admiradores; así descamina la ruta de su ministerio atrayendo la atención a su audacia y capacidad de Superman o supercristiano. Dentro del templo también debe batirse con el diablo, negándose a utilizar su poder y dones en relación consigo mismo y no para el bien de su iglesia.
En tercer lugar, renunciar a la gloria de los hombres o a la fama; tomar el mundo por asalto espiritual y no por rendición a él. Esa es la última de las tres más grandes tentaciones que un ministro confronta que es la más amplia y fuera del templo, la popularidad en el mundo, su ambición de ser un connotado predicador, un gran escritor, tener una iglesia grande dentro de la sociedad, o peor aún dejar su carrera ministerial para ser grande entre los hombres (Jue.9:9-13); conquistar el corazón y los hurras de los reinos del mundo al estilo de un anticristo que se sienta en el templo de Dios como si fuera Dios, rodeado por la aureola de mundana gloria. Todo esto porque el diablo está metido en las tres visiones que el pastor tiene para su ministerio.
Nota que no es una tentación carnal, sino que es conducido por el Espíritu; el evangelista Lucas dice que en ese momento se encontraba "lleno del Espíritu Santo" (Luc.4:1). Marcos dice que fue el Espíritu quien le impulsó al desierto; que estaba con las fieras y los ángeles le servían (Mr.1:12); donde el desierto pudiera significar la soledad y el abandono; las fieras, sus enemigos; y los ángeles aquellos espíritus servidores de los que son herederos de la salvación, o la ayuda celestial a través de bondadosos medios fraternales, que son como ángeles de Dios (Ga.4:14). Jesús fue llevado al desierto y vivió en visión espiritual las sacudidas y asaltos principales de todo ministro.
                         

       Aprende a decir no, no y no
MATEO 4:8-11
"Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos... Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás... y he aquí vinieron ángeles y le servían".
Otro punto de vista sobre el texto. Observa que aquí sí aparecen los ángeles; después, no antes de haber triunfado sobre la tentación. Es lo mismo que sucedió cuando Jesús oró en el huerto de Getsemaní, después que dijo "no se haga mi voluntad sino la tuya", se le envió un ángel (Luc. 22:42, 43); y lo mismo que a los jóvenes hebreos, después que fueron echados al horno de fuego (Dan. 3:25).
Es decir, los ángeles no son enviados cuando se necesita ejercitar la fe, para sustituirla, sino cuando la "obediencia es perfecta". Y esta tentación tiene que ver con el del glamor del mundo. El diablo lo llevó en visión a un monte alto y le propuso que cambiara la gloria de Dios por la del mundo, y Jesús se negó. Jesús miró la gloria del mundo y no la quiso. Le dijo a Satanás: "El resplandor del mundo no me atrae sino la gloria de Dios. Si tengo que rendirme a tus pies para conquistar el mundo, lo rehúso. No deseo un poder mundial entregándome a ti y con tus métodos; el mundo yo lo conquisto a mi modo y no con el tuyo; si tengo que hacerte a ti mi señor, me niego, no lo quiero.  Esa clase de fama no me importa; el mundo lo voy a conquistar a pesar tuyo y contra ti, no sirviéndote; los reinos de los cuales hablas son tuyos y yo los conquistaré; dentro de ellos yo estableceré mi reino que no es de este mundo y ellos serán míos".
Y después de rechazar la fama llegaron los ángeles. Señor que no acepte nada a cambio de entregarme a él, porque es mejor perder todo el mundo y ganar mi alma (Mt. 16:26).  Éstas no fueron tres ocasionales tentaciones sino tres decisiones hechas para toda la vida. Tres veces dijo Jesús que no. Jesús no llama a sus apóstoles si no antes de que él mismo experimentara las tentaciones que ellos como embajadores suyos habrían de vivir para que tres y muchas veces digan no, no y no.