martes, 6 de noviembre de 2018

No toques los ojos si los haces llorar


 MATEO 7:1-5
“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? No Juzguéis para que no seáis juzgados”.

Muchas de estas frases siguientes suenan como palabras enojadas, dichas por Jesús a la iglesia, con enojo por los fariseos. Al Señor le molestaba la doble vida de los fariseos, que se ocupaban más en criticar que de ellos mismos. No caben dudas que por desgracia natural todos tenemos pajas no sólo en los ojos sino por dentro, dentro del carácter, temperamento y corazón. Hay creyentes que parecen haber sido comisionados, no sé por quién, para sacarles las pajas de los ojos a sus hermanos, son verdaderos sacadores de paja (o de motas). Lo que ellos ignoran quizás es que nunca se la sacan, cada vez que se acercan y lo intentan hacen llorar el ojo, lastiman, hacen sufrir mucho y más bien torturan a sus pobres víctimas. Para poder sacar una paja en la vida de otro hace falta mucha gracia, amor, sabiduría y paciencia y generalmente estos sacadores de pajas son irreflexivos, quieren sacar la paja con alguna explosión temperamental o en el humillante momento en que la paja se hace visible. Cualquier santo puede agradecer más a los que han orado por él que a los que lo han criticado. Los sacadores de paja que el Señor verdaderamente nombra son gente espiritual, graduados oftalmólogos en la Escuela de la Gracia que hacen juicios espirituales; son verdaderos médicos del alma y curan sin uno apenas sentirlo. El paciente fraternal nunca da un grito de dolor y apenas se percata de la operación. Estos enseñan con paciencia y la instrucción misma saca la paja. Por favor, abandonen ese oficio, hay demasiados obreros trabajando en eso, con uno o dos nombrados por el Señor alcanza para todos.