sábado, 30 de abril de 2011

No te dejes abofetear, si no quieres


Lucas 6:27- 36
(Mt. 5:38-48; 7:12)
 27 Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28 bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.


La vida cristiana es algo sorprendente, la fe tiene su procedencia en el otro mundo y es un don divino que convierte a un incrédulo en creyente y a un pecador en santo, y erige en los contextos sociales más difíciles verdaderos héroes y heroínas "de los cuales el mundo no es digno" (He. 11:38). La vida cristiana, dice el apóstol, le parece "cosa extraña" a los que no la practican (1 Pe. 4:12) y estos la desacreditan; y la sola mención del nombre “cristiano” produce enfado y los buscan para someterlos a padecimientos (1 Pe. 4:16).

La moral propuesta por Jesús a sus discípulos, volver la otra mejilla, caminar una segunda milla, dejarse quitar la capa y con simpleza y cara de bobos darle la túnica, superficialmente es difícil de entender, y al leer por encima estas palabras parece que Jesús les propone a sus seguidores que actúen en el mundo como víctimas y que se gloríen en serlo, que no se defiendan, se dejen golpear, humillar, despojar de todo, y encima de ello no sólo aceptarlo sin protestar sino amar a esos bandidos, a esa plaga que es merecedora más de la cárcel que de una resignación pacífica; y todo eso practicarlo para recibir un premio en el cielo, porque se afirma que Dios es "benigno" con ellos y a nosotros nos llama a imitar su conducta misericordiosa. ¿Quiere decir que Dios es tolerante, y más que eso bondadoso con esos maleantes y bandoleros? El carácter Santo y justo de Dios exige una exégesis distinta de esas palabras.

Todo esto, tomado al pie de la letra sin un poco de investigación, no parece sino un comportamiento de tontos y una forma de alentar el crimen con lo que se dice, ya que las leyes divinas y cívicas, y donde se respeten los derechos humanos y de propiedad, es mejor una reacción inversa y no permitir a esos truhanes que se vayan recompensados y riéndose de haber obrado a sus antojos y quedados sanos e impunes y enriquecidos con los bienes de otros.

Ésa no es la intención en la enseñanza de Jesús para tiempos ordinarios sino para el momento cuando la razón de todo ese despojo y abofeteo es la fe, y esas cosas que son robadas lo son en forma de confiscaciones estatales, y los practicantes de las enseñanzas del Nazareno, torturados y encarcelados. Jesús les pide que no se defiendan ni peleen por sus pertenencias. Es mi parecer que éstas no son reglas para tiempos de paz sino para los cristianos que vivan en regiones donde la fe está proscrita y el profesarla es antigubernamental y tiene que enfrentarse a la persecución organizada por los mandatarios, y responder con su obstinado y pacífico desafío y declararse si fuere necesario, sin casas y sin dineros, y sin dejar arrancarse por nada del mundo, de sus vidas, el testimonio de Jesucristo.

Una porción de esos consejos, la que tiene que ver con hacer bien al prójimo y prestarle cosas, (vv. 33-35) sugiere la existencia de un tiempo más tranquilo, posterior aunque algo reciente, a los momentos vividos en días pasados, cuando el clima político cambió, y aún quedan en el corazón y en la memoria los recuerdos del despojo de los bienes (He. 10:34), con la disposición natural de no darle ningún apoyo o recurso financiero a los que un día cuando estando en el poder, lo usaron con envidia para apropiarse con leyes injustas de lo que moralmente, con sabiduría y trabajo los creyentes bendecidos habían adquirido.

miércoles, 27 de abril de 2011

Lo que Dios ordena lo concede

Lucas 6:6-11

 (Mt. 12:9-14; Mr. 3:1-6)
 6 Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. 8 Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. 9 Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día  de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada.11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.


Jesús estaba embelleciendo estos sábados con bendiciones y misericordias que transformaban los esquemas y tradiciones que les habían dado estos religiosos, y convirtiéndolos, por la negativa de ellos, en otro día cristiano, distinto, en un domingo. Y por no querer que les rompiera el formato tradicional, no luchó más con ellos y se llevó toda su gracia dejándolo vacío, y se la entregó al prójimo que tenía delante, el primer día de la semana.

Estos adversarios de Jesús desconociendo lo que significa misericordia y no ceremonia, habían esculpido una religión casi inhumana, tan apegada a las formas externas de la verdad divina que se convirtió más en una prisión que en un deleite. Ellos mismos eran el espejo de esa religión cargada de prohibiciones y sin sentimientos de piedad, desvinculada del amor a Dios y al prójimo, y por supuesto fastidiosa y poco atrayente, que fuera de su ética rigurosa y de mármol, no tenía más para bendecir con salvación a la humanidad.

Pudiera ser que no fuera casualidad que este hombre con su mano derecha paralizada estuviera aquel sábado en la reunión donde era conocido por todos que Jesús asistiría, y teniéndolo allí, con su complicidad o sin ella, como señuelo, esperaban que él transgrediera, según la opinión de ellos, el santísimo sábado judaico.

Por un lado estaban ellos que representaban a los defensores de un sábado religioso desvirtuado de sensibilidad humana y por el otro la figura de un Hombre Piadoso y sensible al dolor humano que dondequiera que entraba caía allí alguna bendición, y en este día le tocó a esa sinagoga y a este manco. Jesús leyendo las mentes de ellos supo que querían destruirlo si se atrevía a curar el enfermo en esa reunión.

No obstante aunque les causaron enojo, no fue tanto como para que no lo aplacara su misericordia, y desafiando la trampa que le tendían se metió en ella pidiéndole al enfermo que levantara su mano seca y al instante sin que el enfermo cooperara con la palabra de Dios, la mano se levantó y pasó de muerte a vida, porque lo que Dios ordena lo concede, ya sea la salud, el arrepentimiento y la fe, para que toda la gloria de estar saludable y ser cristiano sea Suya; y él es  quien produce "el querer como el hacer por su buena voluntad" (Flp. 2:13). “Dais lo que mandáis y mandáis lo que queréis. Dadme lo que ordenáis y ordenad lo que queráis” (San Agustín, Las Confesiones, pags. 222,223. Editorial Juventud, Barcelona).

lunes, 25 de abril de 2011

No sea yo, Señor, no sea yo, Señor

Lucas 612-16
 (Mt. 10:1-4; Mr. 3:13-19)
 12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: 1415 Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor. 



Jesús eligió a doce apóstoles, y recordando las doce tribus de Israel, para formar con ellos el nuevo "Israel de Dios" (Ga. 6:16), y sobre cuyas enseñanzas y las de los profetas se habría de edificar la iglesia (Efe. 2:20). Les llamó apóstoles porque habrían de ser en su nombre delegados y embajadores. Este no fue un señalamiento hecho al azar o por simpatías personales, sino que la carrera de cada uno estaba escrita en el libro de la providencia divina (Mr. 10:40), y dependía más de la voluntad del Padre que de los trabajos y habilidades personales. Los apóstoles eran esos, y no otros en su lugar. Jesús pasó la noche orando y no habría equivocación, y no podría haberla porque él sabía a quienes habría de llamar; si pasó la noche en oración fue por la bendición para aquel grupo en quienes habría de depositar su evangelio, y por los que habrían de creer en él por la palabra de ellos.

Me impresiona que en la lista se encuentre el nombre de Judas Iscariote (v. 16); y no me permito pensar ni puedo, que su rol en el grupo tenga que ver con la casualidad y mucho menos con alguna errada designación. Posiblemente con mucha tristeza pero por orden divina este hombre también fue escogido como parte del grupo y así cumpliera la profecía con respecto a él, y el precio de treinta monedas de plata que le pondría a Jesús (Zac. 11:12,13; Mt. 26:15; 27:3, 9); y se hiciera con ese dinero la compra del "Campo del Alfarero" (Mt. 27:7,10) o "Campo de Sangre" (Hch. 1:9).

Este hombre fue introducido en el grupo y quizás el compañero de predicación de Judas el hermano de Jacobo, a sabiendas que no sanaría a nadie, no echaría fuera al diablo sino más bien se lo tragaría con un bocado (Jn. 13:27), no oraría por nadie, no escribiría ningún evangelio o una corta epístola, y no saldría como misionero a otro país. Jesús tuvo que conocer que estaba ingresando a un ladrón que nunca dejaría que las finanzas del grupo estuvieran bien (Jn. 12:4-6).

Y el Señor también conoció de antemano sus entradas y salidas buscando fijar un precio por su captura (Jn. 13:27), y que le traicionaría con un beso  (Luc. 22:47,48), y le pidió tristemente que se apurara en el acuerdo de su venta y consumara su período apostólico, la membresía entre los doce y su destino como traidor (v. 16).  Y Jesús oró toda la noche por sus doce apóstoles, por  la misión de cada uno, incluyendo la traición.
Una historia que nos hace pensar en el destino de cada cual, unos para negarle tres veces y recuperarse, otros para recostarse sobre su pecho como discípulos amados, otros para creer después de ver, otros para ser verdaderos israelitas en los cuales no haya engaños, y otros para empezar y no terminar, y ofrecer su fe en venta. ¡Oh, cuidemos el privilegio de nuestros destinos “con temor y temblor”!; y oremos con los sentimientos de los apóstoles,  no sea yo, Señor, no sea yo, Señor (Mt. 26:20-25); “por lo cual, hermanos, procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Pe. 1:12).

domingo, 24 de abril de 2011

La Resurrección y “la gran comisión”


Mateo 28:16-20
16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;  20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén


Si observas un texto, antes de llegar a la Gran Comisión el indispensable requisito para poder cumplirla, es que la iglesia se libre de sus duda sobre la resurrección de Jesús; entonces podrá segura de sus doctrinas, oponerse a toda propaganda costosamente levantada contra el Señor por la prensa, la televisión, el cine y los libros. Los discípulos no se dedicaron a refutar las mentiras sobre la resurrección de Jesús; sino que le volvieron las espaldas a esos calumniadores y se fueron a una reunión con Jesús donde había más de 500 (1 Co. 15: 6). Era más importante para la iglesia adorarle sin dudas que salir a defenderlo, que poner en claro sus verdades, que combatir la incredulidad y las herejías.

El Señor sabía lo que estaba pasando con aquellos falsos testigos de la resurrección a los cuales les habían dado dinero para que la negaran, sin embargo le pidió a la iglesia que fuera a aquella reunión con él para confirmarle en la misma verdad que otros estaban negando. Jesús insistía en que ellos no dudaran un solo segundo que él estaba resucitado. Insistió por más de un mes antes de irse al Padre, que lo miraran, lo re-miraran, se extasiaran contemplándolo, lo palparan con las manos y con los dedos. Estaba preparando a sus discípulos para la Gran Comisión y la peor falta que ellos tendrían para cumplirla mal, era que tuvieran duda sobre su resurrección. Les dijo, “óiganme amigos, no hagan planes de evangelismo ni recauden fondos para la obra misionera en el mundo entero, antes que no teman morir con esperanza porque yo estoy vivo”.

Lo primero no es combatir las enseñanzas que otros niegan sino creerlas nosotros, especialmente nuestros jóvenes que saben más de lo que han experimentado. Un buen apologista es primero un hombre de fe. Pudiéramos convencer a otros fácilmente, sin embargo es más difícil convencer a nuestro mentiroso corazón. Pudiéramos curar las dudas que los demás tienen con argumentos que a veces ponemos en duda. Podemos estudiar la ortodoxia y ser un paladín de ella y que caigan a nuestro lado mil y diez mil errores y eso con celo casi fanático pero seco y sin que nos traiga progreso espiritual, sin amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a nosotros mismos, y adquirir una gran fama que medida por Dios es más chica que la fe que se tiene en el corazón. El Señor no busca primero “discutidores” sino adoradores que le adoren en espíritu y verdad. Si no nos curamos de nuestra incredulidad no podremos testificar victoriosamente de la doctrina que mantenemos en nuestro credo, llamado calvinismo; nuestras doctrinas no pasarán de ser teorías sobre la cruz, sobre la muerte y sobre la resurrección de entre los muertos.

Ahí tienes en ese momento, el mundo escéptico afuera y la iglesia, muy bonita reunida adorando a Jesús, sin embargo una gran porción de ella duda. Mientras estaban de rodillas, en el fondo de sus corazones tenían reservas intelectuales de que estuviera vivo, que fuera él y no otro, que sus ojos los engañaran y vieran un fantasma o a un impostor. Mientras le miraban, oían y contemplaban al Verbo de vida, dudaban. No los censuremos porque quizás adolecemos de algo similar, y tengamos que recortar un poco el tiempo a nuestra lectura de libros y de blogs amigos y tomar la Biblia y un himnario, y sentarnos sin apuros, como los ángeles sobre la  tapa de la cueva de José de Arimatea,  y comunicarnos más tiempo con el que dejó, sin que la abrieran, la tumba vacía.

sábado, 23 de abril de 2011

El mejor e inesperado acto bondad


(Mt. 27:57-61; Luc. 23:50-56; Jn. 19:38-42)
 42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo,43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto.45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José,46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.
   

 Jesucristo tiene más discípulos que los que la iglesia militante conoce. Eso lo conocemos desde el Antiguo Testamento, que en todas las eras Dios se ha guardado para sí un remanente fiel escogido por gracia. En estos sucesos de la llamada Semana Santa encontramos una ilustración al respecto en la persona de este noble miembro del sanedrín judío, José de Arimatea, una personalidad distinguida y con una posición social adecuada para dar un paso al frente y encargarse del cuerpo del Maestro, en cuyas doctrinas tenía fe aunque no declarada públicamente. Pero Dios sí sabe quiénes han creído aunque sus nombres no aparezcan en ningún registro de la iglesia y no tenga noticias de ellos; y si fuere necesario en algún sentido, él les da el valor que les falta a la fe y se arriesgan por Jesús y el Evangelio, sorprendentemente.

Sin embargo, apenas se salva José de Arimatea de que se le critique por haber estado por un tiempo, miedoso de que supieran que era uno de los simpatizantes y ya creyente de Jesús el Maestro de Nazaret (Jn. 19:38); y es seguro que esa osadía le fue dada por el Divino Espíritu para que saliera de su anonimato porque tenía un trabajo público que hacer, encargarse de darle digna sepultura al cadáver de Jesús, y comprar de su propio bolsillo una sábana de lino para envolverlo. Era una tumba elegante y limpia, nueva, con una gran roca como puerta para evitar que sirviera de escondrijo algún ladrón o que alguna bestia destrozara los cuerpos de los difuntos.

Generalmente las tumbas como estas permitían poder sepultar varios cadáveres dentro, pero la providencia divina que conoce la malicia de los incrédulos previó que el Hijo Amado no fuera sepultado en una tumba previamente ocupada, para que nadie saliera con el cuento de que quien había resucitado era uno de los otros cuerpos que estaban junto a él, no el de Jesús. Todas las épocas tienen sus incrédulos y algunos muy connotados y famosos, pero eso no sorprende a la divina providencia que conoce sus nacimientos e ideas y previene la manera de desarticular cualquiera de esas formas de pensamientos, de modo que resulten impotentes y no creíbles contra las evidencias cristianas contenidas en los evangelios, específicamente la resurrección de entre los muertos.

Si Dios manejó la voluntad y el espíritu de José de Arimatea para que abriera la tumba y la estrenara nuestro Señor, de la misma manera hizo con Pilato para que mostrara desconfianza al oír que tan pronto había fallecido porque generalmente los condenados sufrían una muerte lenta de muchas horas y a veces días, más aun para que cumpliera con el requisito legal de estar seguro que los muertos sobre las cruces estaban “bien muertos”, y por esa razón interroga a quien mejor pudiera suministrarle  información, el centurión romano.

Este hombre le dice lo que sabía, que ya Jesús de Nazaret era completamente un cadáver, y habiéndose desangrado primero por los clavos, y después por la herida que le propinaron en el costado, no había duda alguna de que estaba muerto de modo tal que no fue necesario quebrarle las piernas para precipitar de golpe su muerte. Uno se admira cuando lee la historia, incluyendo la bíblica, como la providencia divina coordina los actos oportunos de los hombres para que realicen los deseos de Dios.

Jesús nunca se preocupó por comprar un terreno donde pudiera ser sepultado; claro sabía que su estancia en el sepulcro sería breve y que no había necesidad de hacer inversiones al respecto y eso era contrario a sus previos y sostenidos anuncios de la esperanza de la vida eterna más allá de la muerte, tampoco hizo arreglos con algunos de sus apóstoles para que ellos o sus familiares hiciesen alguna donación que pudiera asegurarle que su cadáver no se quedara a la intemperie o fuese arrojado en una tumba común, cosa que entre los judíos no pasaría.

De todos modos Jesús no pensó en eso porque tanto su muerte como su sepultura estaban a cargo de Dios y una vez que fuera bajado de la cruz su Padre celestial tendría preparado el sitio donde reposaría unas horas. El propietario de la tumba destinada para él era un hombre noble y con dinero que habiendo cavado un sepulcro en roca sólida para cuando muriera, no sabía que lo estaba construyendo para realizar el mejor e inesperado acto de bondad de toda su vida, darle el honor a su sepulcro por todas las edades, que en él tuviera de huésped al Salvador del mundo, el Rey de los judíos. Y fue sepultado Jesús por nosotros, en nuestro lugar, con todos los pecados que le pusimos encima, para resucitar sin ellos y darnos con perdón, vida en abundancia.