lunes, 28 de noviembre de 2016

Qué harías si supieras que tu predicador no vivía como te enseñó


Salmo 50:16-23
“¿Qué derecho tienes tú de tomar mi pacto en tus labios?”.

Es mucho más fácil hablar que hacer, ¿no?, y por eso no es extraño  hallar una persona que no viva conforme al evangelio y sin embargo es predicador o maestro del mismo. El énfasis completo en la Biblia está sobre el hacer, no sobre el decir. Desde tiempos antiguos hallamos al Espíritu Santo enseñando esa verdad. Aquí en el salmo lo escuchamos, casi airado, hablar contra aquellos que toman la ley de Dios en sus labios pero no la ponen en práctica. Jesús dijo al pueblo, de los fariseos en su tiempo, que aprendieran de ellos pero que no vivieran como ellos (Mt. 23:2);  Santiago habló de los que eran “oidores pero no hacedores” de la Palabra (1:22) y Juan de los que amaban de lengua pero “no de hechos” (1 Jn. 3:18).
Estos, dice el salmista, se les puede hallar la ley de Dios en los labios (v.16), pero no en los oídos (v.17), no en las manos (v.18), no en la vida sexual (v.18), no en la lengua (v.19,20) ni en su corazón pues aborrecen a sus mismos hermanos.  Uno se pregunta: ¿cómo una persona así puede predicar y enseñar sin remordimientos de conciencia? Pablo, que los conocía en su época nos dice que es porque la tienen “corrompida” (Tit.1:15,16); hacen el papel de creyentes pero del mismo modo que un actor hace su teatro, representan algún personaje pero no son ellos mismos, copian sus palabras, sus maneras, sus sentimientos, se identifican con él, emocionan, conmueven, pueden ser aplaudidos en el escenario pero aborrecidos en el púlpito. Lo que es la conciencia misma, la ley de Dios no se la toca; no se convierten porque es ahí precisamente donde tiene lugar la convicción de pecado y desde donde nace la confesión de la culpa. ¿A quién pretenderán engañar si la gente notará los dos lados de sus vidas? Son ellos los únicos que resultan genuinamente engañados porque a Dios tampoco, pues él no puede ser burlado (Ga.6:7). Dicen que no se debe hurtar, pero hurtan, que no se debe adulterar pero adulteran (Ro.2:21-24); y lo peor es que hacen blasfemar a los enemigos de Dios, llorar a los santos y obstaculizan el camino de la salvación a los que pudieran haberlo tomado porque niegan la eficacia de la piedad.

No seas de esos. ¡Cuán grande ha de ser la gloria de esos que lleguen a salvarse habiendo aprendido el evangelio de gente hipócrita, porque tuvieron fe pero no imitaron sus hechos! ¿Pudieras hacer eso?  ¿Pudieras ser salvo con las lecciones que tomaste a pesar que luego supiste que tu maestro, tu predicador, se había vuelto infiel y que no vivía como te enseñó? ¡Oh, cuánto se burla y odia Satanás a Dios y del evangelio creando esta clase de predicadores y maestros! Ora por la iglesia y por aquellas almas que han sido dañadas por la conducta de esos que tenían en un tiempo la ley de Dios en sus labios pero no la gracia en sus corazones. 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La ciencia debiera ser menos ufana y más creyente


Salmo 19: 1-4
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día,  una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol”. 

“Salió su voz…no hay voz ni palabras”. No se oye nada, sí se oye, no hay mensaje alguno, sí hay muchos en toda la tierra. En qué quedamos ¿hay o no hay? Hay si “crees que le hay”, o sea si tienes fe en que Dios existe (He. 11: 6). El que no tiene fe no tiene ojos para ver ni oídos para oír, y no oye. Cree en “la madre naturaleza”. “No hay mensaje, no hay palabras” pero la creación “emite sabiduría”, hay ciencia e inteligencia en ella; está hecha por Alguien que la pensó mucho y le salió bien, y “vio que todo era bueno en gran manera” (Ge.1: 31). La creación no es muda sólo está en silencio. La BTX  dice “no hay idiomas”, porque el idioma de la creación es la ciencia;  y cuando uno no la oye de ese modo, el lenguaje que se escucha es el del paganismo o del agnosticismo. Y si  la ciencia persiste en ser ciega e  incrédula, entonces la única alternativa es Jesucristo como creador, como palabra de Dios, históricamente reconocido  en los evangelios. El gran descubrimiento de la ciencia será cuando descubra a Dios. Los creyentes, los oidores de la palabra de Dios, no son los necios sino los sabios. El sonido de la voz de Dios en la creación no es escuchado, porque el ruido del pecado no la deja oír. El gran descubrimiento de la ciencia será cuando descubra a Dios, y diga Dios de Abram, de Isaac, de Jacob,  Dios de nuestro Señor Jesucristo. Debiera ser menos ufana y más creyente.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Si no hay Dios, busca el árbol y la cuerda de Judas


Salmo 14:1
“Dijo el necio en su corazón: No hay Dios”; la Biblia habla bastante sobre esta clase de hombres, que en realidad es más grande de lo que uno imaginaría. Estrictamente no se trata de un grupo, una casta, sino de la humanidad. Si lees el contexto, el Espíritu no se refiere a una sociedad determinada ni a ciertos enemigos judíos que tuviera David sino a todos los hombres, a lo que son ellos por naturaleza. Eso quiere decir que cada ser humano tiene escrito en su corazón, a pesar de haber ser hecho a su imagen y semejanza, estas tres palabras: “No hay Dios”; o sea, el ateísmo es innato, cada descendiente de Adán viene a este mundo como un incrédulo, negando la existencia misma de Dios. Y si el corazón humano está lleno de ídolos, en resumen eso es idolatría.

Pero habría que aclarar que de modo práctico. El ateísmo filosófico, el que dicen algunos que lo sostienen porque no es científico, de ese no habla la Biblia; pienso que no porque no hubiera ateos de esa clase en el largo período en que ella fue escrita sino por su procedencia, porque proviene del otro, quiero decir, que el ateo filosófico dice “no hay Dios” porque no quiere que haya Dios, por alguna razón en su carne o historia personal, generalmente ética, o porque no quiere ser como alguien que conoce que cree en Dios. No es tan importante el último como el primero, por eso la Biblia no lo menciona, no hace énfasis en hombres de esa forma de pensar, no los toma en serio. A los que sí define como ateos son a los que viven como ateos, los que no tienen en cuenta a Dios para nada, que actúan como si no existiera y hasta profesan alguna religión.

Mi alma se rebela contra la concepción de que en el mundo no haya Dios. Es una negación intelectual demasiado grande para ser admitida. No he creado a mi propio dios porque me haga falta. Dios existe y tiene que existir porque de lo contrario, nada tiene razón para existir si él no existiera. Si Dios no existe, vivimos en un mundo descabellado y cruel. Si no hay Dios, la realidad de existir apenas existe. La vida humana sería como un juego ciego o una obra de teatro, a veces burlesca, otras trágica, pero las más, tonta o espantosa. Si Dios no nos creó sino que  la Casualidad nos hizo y evolucionamos desde los unicelulares a monos y nada debe explicarse con un propósito o finalidad; concluyo que nos hizo una broma de mal gusto y la mejor venganza contra ella es el árbol y la cuerda de Judas. ¡Oh Dios, que razón más grande eres tú mismo!