miércoles, 16 de noviembre de 2016

La ciencia debiera ser menos ufana y más creyente


Salmo 19: 1-4
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día,  una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol”. 

“Salió su voz…no hay voz ni palabras”. No se oye nada, sí se oye, no hay mensaje alguno, sí hay muchos en toda la tierra. En qué quedamos ¿hay o no hay? Hay si “crees que le hay”, o sea si tienes fe en que Dios existe (He. 11: 6). El que no tiene fe no tiene ojos para ver ni oídos para oír, y no oye. Cree en “la madre naturaleza”. “No hay mensaje, no hay palabras” pero la creación “emite sabiduría”, hay ciencia e inteligencia en ella; está hecha por Alguien que la pensó mucho y le salió bien, y “vio que todo era bueno en gran manera” (Ge.1: 31). La creación no es muda sólo está en silencio. La BTX  dice “no hay idiomas”, porque el idioma de la creación es la ciencia;  y cuando uno no la oye de ese modo, el lenguaje que se escucha es el del paganismo o del agnosticismo. Y si  la ciencia persiste en ser ciega e  incrédula, entonces la única alternativa es Jesucristo como creador, como palabra de Dios, históricamente reconocido  en los evangelios. El gran descubrimiento de la ciencia será cuando descubra a Dios. Los creyentes, los oidores de la palabra de Dios, no son los necios sino los sabios. El sonido de la voz de Dios en la creación no es escuchado, porque el ruido del pecado no la deja oír. El gran descubrimiento de la ciencia será cuando descubra a Dios, y diga Dios de Abram, de Isaac, de Jacob,  Dios de nuestro Señor Jesucristo. Debiera ser menos ufana y más creyente.