lunes, 31 de diciembre de 2018

Nuestro destino en 2019 tiene que ser bueno, entonces, okay, go ahead

 
HECHOS 4:28
 “Para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”.

Esta es parte de la nota de 2:23, “si me permiten, esas palabras “plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios” las hacemos personales. Todo en nuestras vidas para que obre para bien, tiene que estar planeado por Dios de antemano, y va hacia delante con solución o sin ella, pero con su propósito o consentimiento. La primera palabra importante es “cuanto” que en griego quiere decir “grande, mucho, largo”. Y si quiero ser personal vamos a la aplicación.
(1) Primero que todo para no ser infiel al Espíritu del texto tengo que señalar el contexto de salvación de ellas. Fueron dichas con referencia al propósito y plan redentor de Dios en Jesús. Y son el cofre mismo donde guardamos esas hermosas palabras que “todo obra para bien a los que aman a Dios”. Es decir, que el consuelo, la conformidad y la esperanza que traigan estas palabras están limitadas a “los herederos de la salvación”, a los hijos de Dios, aquellos que “están en Cristo”. A menos que usted se halle en Cristo estas palabras no son para usted. Son de consuelo para aquellos que “tienen esperanza”. Pero cuidado, el “plan maravilloso” que Dios tiene para usted es su salvación y eso quiere decir una cruz. No hay vida cristiana sin cruz.
Ahora voy a “abrir la Escritura”, como hacía Jesús y espero que nuestros corazones ardan. Yendo a la palabra “cuanto” que dije que significa “mucho, grande y largo”. El tamaño, la cantidad y la longitud de los días, la intensidad de lo que nos pase están determinadas por Dios. No habrá ni un día más, las cosas no serán más grandes que las que tienen que ser, alcanzarán el volumen y el tamaño que Dios quiere y no se excederán ni un centímetro más. La cantidad será por medida, la suya, y ni una onza se pondrá de más o de menos en la balanza. El número es fijo. Dios lo fija. Está fijado. La extensión él también la predetermina, o sea su longitud o su tiempo. Ni un mes más, ni un día más, ni una hora más. El día y la hora ya están señalados en el calendario de Dios. Nada será mucho, demasiado, ni tan grande, largo o corto como nuestro Dios lo haya fijado. Así reposaremos tranquilos en esa palabra. Entonces, acojamos el porvenir, como la señora de Proverbios 31, que se ríe del futuro, o como dijo Jesús, sin ansiosa inquietud.


(2) Nota la perfecta sincronización de esas dos otras palabras que echan por tierra cualquier esperanza supersticiosa, “mano y consejo” la mano de Dios y el propósito de suya voluntad. La mano de Dios se halla detrás de lo que nos sucede. Enseñarnos, conocer, tener la fe aunque no se pueda pues está escondida, también incomprensible, como lo leemos en la historia redentora de nuestro amado Señor Jesús, que incluye la mala voluntad, el poder, la envidia y los pecados de los hombres como Pilato, Herodes, Judas, y los malos sacerdotes como Anás y Caifás. La mano de Dios detrás de la traición, la venta, la hipocresía, y la ingratitud humana. El Señor da su aprobación a todo eso. Es su voluntad, que a veces nos hace sudar sangre. Él tiene una solución y es parte del plan de nuestra redención. Su mano no ejecuta nada que su cerebro no ordene. Hay una perfecta coordinación entre lo que hace y lo que piensa. El recorrido de nuestras oraciones sigue ese celeste recorrido. Van a sus oídos, a su mente donde son pensadas y allí pasan a su voluntad donde se determina la clase de contestación que llevan. Las oraciones nuestras deben ser anotadas en las cosas escritas en el libro de la vida, que son las memorias de su voluntad. Nadie puede hacer que Dios haga lo que él no quiere, lo que a su juicio no puede ser, lo que es opuesto a su criterio, y esto no se logra ni aunque se ore mil noches de vigilias y se ayune por 40 días. Cumplir con ritos no obliga a Dios a nada. 


(3) Y una última observación. La palabra pre-determinado tiene una hermana de sangre que es gemela, casi igual y su nombre es pre-destinación. Esa palabra no la inventé yo, sino que la escribió el apóstol Pablo en Romanos 8, y aquí la usaré sin mencionar nada sobre arminianismo o calvinismo para no recibir una respuesta a mi nota bíblica que diga cancelación. Aunque ya sabeis mis simpatías por el reformador de Ginebra. La palabra “determinado” es una traducción de la griega proorizo: que significa determinado. El diccionario expositor de Vine dice: “Este verbo debe distinguirse de proginosco, preconocer, que hace referencia a la persona que Dios conoce de antemano; proorizo hace referencia especial los asuntos que en su pre conocimiento están determinados”. Por supuesto que ambos están relacionados, la persona y sus circunstancias. Ninguna de las dos se halla fuera de la voluntad y propósito de Dios. Están incluidas en su proyecto, plan y destino. Su omnisciencia lo planea todo. La suerte de Jesucristo y la nuestra también. ¿No tienen estas palabras un “fortísimo consuelo”? Para mi sí y quizás para usted. Si Dios piensa en mí, si en sus manos está mi destino, llegaré a mi mejor destino, y la familia que está asociada a mi destino, para mí y para ellos nuestros destinos tienen que ser buenos porque buscamos siempre de Dios, su gloria, su sonrisa de aprobación y su okay, go ahead hacia nuestro destino predeterminado para 2019 que tiene que ser un destino bueno, porque su voluntad siempre es buena, lo mejor, y el incógnito futuro se abrirá y pasaremos con nuestra familia, como Israel el Mar Rojo, cuando nuestros pies pisen el suelo mojado del día primero de enero.






lunes, 24 de diciembre de 2018

El propósito de Dios con una vida es un secreto

ECLESIASTES 3:11
“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”.

Lo que escribió el predicador no se sabe seguro si se refiere a la obra de Dios en la creación o la obra de Dios que es hermosa en su providencia. Para no equivocarme y como no lo veo claro tomo los dos sentidos, la obra de Dios que contemplan los hombres es hermosa, sea la creación como las gracias excepcionales que él muestra (2: 24; Job 36: 24), y la obra de Dios en la vida propia y su desarrollo que no se puede mirar hasta el fin mientras éste no llegue (11: 5).

Es un texto extraño, en el hebreo no existe una palabra para “mundo” y lo que más se aproxima es “los cielos y la tierra” (International Standar Bible Encyclopedia), y aquí la primera traducción en vez de eternidad que es de las posibles últimas, debiera ser “edad” “mundo” o escondida. Y aun fuera de sus cabales (de la mente). Querer traducir “eternidad” para decir que le ha puesto un alma inmortal es llevar el texto a su último significado y el sentido de lo que después sigue aspira a otra cosa.
La versión latina incluye la palabra “mundo” en la traducción, pero su significado correcto es algo oculto, escondido; así pienso que lo que querría decir sería enigma, porque la vida es enigmática, el propósito de Dios con una vida es un secreto que está oculto para el hombre mismo, y éste percibe sólo algo de ello cuando sus días avanzan y se desarrolla. Nadie puede entender su vida completa sino hasta que se le acaba (“hasta el fin”); mientras uno vive se pregunta ¿por dónde me lleva Dios?, porque grandes tramos de ella son incomprensibles. Por lo tanto, es sabio acomodarla a lo que creemos que es la voluntad de Dios y seguir nuestra vocación con sus divinos impulsos e insinuaciones. Y ¡hay quienes piden a los ingenuos que vivan “una vida con propósito”! como si hallarlo fuera tan fácil como cantar y coser. El propósito que Dios tuvo con nuestra vida lo sabremos cuando estemos en gloria. Lo que sí conocemos es “la vocación con que fuimos llamados” (Efe. 4:1,4).
Y en último lugar, la traducción, demencia, es aceptable porque la comprensión de la vida nos vuelve locos, Dios ha enloquecido la sabiduría de los más sabios (1Co.1:20), y no obstante en esa locura incomprensible hay sentido y él sí sabe el propósito. Nos queda el recurso de fe de confiarnos completamente a la providencia de Dios porque por nosotros murió Cristo y somos sus hijos. Las otras traducciones nos harían buscar la esperanza de gloria, la vida que va desvaneciéndose y se precipitará en la eternidad. El propósito de Dios para cada año es que hagamos su voluntad en cada momento, y lo mejor que podamos, disfrutándolo a él y a todo lo que nos dio en estos casi 365 días idos.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Sin espacio para María, ni para José ni para Jesús


LUCAS 2:1-7
1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.  4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.

Voy a mirar este texto navideño, con énfasis especial en la actitud del mesonero y el significado de un pobre pesebre. El mesón lleno de gentes y propiedades es un símil del corazón humano en el cual no hay espacio para la iglesia, representada por María y José y para Jesús. La razón por la que no encontraron un sitio dentro fue porque llegaron tarde cuando todo se hallaba ocupado desde hacía horas o días. La “familia sagrada” no podría alojarse dentro a menos que se sacara alguno o algunas cosas, afuera. A mucha gente, a no ser que se convierta a Cristo en la infancia, Jesús y la iglesia llegan cuando ya el alma la tienen llena de gentes y cosas. Si fuera uno sólo, él, sin la iglesia entonces sí, pero con ella no.
El dueño del mesón es un símil de los que optan por una fórmula mercantil, alojarlo afuera, y se le coloca en un establo.   De ese modo no se molesta a nadie ni se saca nada. Me refiero a una religión que deje las cosas como están, que no haya que renunciar a nada ni nadie, ni gente ni pertenencias, y que nada ni nadie se oponga, donde todos estén conformes.  Si Jesús y la iglesia no estorban el negocio, al contrario, si ellos pagan su alquiler y no interfieren, entonces más que mejor. Esa es la religión que algunos quieren, que Jesús y la iglesia no estén metidos dentro del corazón y proporciones ganancias y no cause desalojos.

El símil es más amplio cuando Jesús y la iglesia pueden convertirse en un negocio. Representan una sociedad comercial que hace uso de la Navidad en provecho propio. Si los pastores y la gente campesina creen en visiones de ángeles navideños, si pudieran convencerlos para que vinieran y cantaran ¡Gloria a Dios en las Alturas!, eso atraería a mucho público, especialmente los hombres y mujeres de buena voluntad, que permitiría agrandar el negocio y venderles pequeños pesebres y animalillos comiendo paja y bebiendo, sonrientes, agua. Si el negocio se mantiene y al año y un poco más todavía el Niño y la Madre están cerca, podría llegar un grupo de astrónomos buscándolos y después del culto dejar mucho oro, incienso y mirra. Y si la cosa se pone buena alborotaría a toda Jerusalén y el propio rey Herodes no tendría inconveniente en ir a adorarlo; claro, como hablan los políticos, de labios.  Sería una conveniente decisión política en vista de la popularidad que hubiera ido alcanzando aquel Nacimiento. Tal vez si deja la hipocresía política y se junta con aquellos hombres “de buena voluntad” eso podría obrar el milagro de un cambio en su corazón y deje mirar a Jesús con miedo y emita una contraorden para que no maten a los niños del pueblo y nadie tenga que huir al exilio en Egipto.

De todos modos, por pretexto o por verdad, con sinceridad o por negocio, la Navidad celebra los negocios de mi Padre, la encarnación del Hijo de Dios y los pobres en espíritu la celebran con regalos, comidas favoritas y muchísimas acciones de gracias a Dios.  José y María eran pobres y aunque él era de la Aristocracia porque tenía el principado sobre su hombro, nació en un barrio pobre, comía mantequilla y miel, trabajaba en una carpintería, hacía preguntas bíblicas a los mayores, y jugaba en la calle con los niños que tocaban flauta y bailaban, endechaban y lloraban.
Hasta para pagar el impuesto necesitó socorrerse de modo extraordinario. Una vez que tuvo una moneda en su mano, fue prestada, cuando dijo aquel famoso “dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”. Y la devolvió a su dueño. Las voluntarias recaudaciones las manejaba Judas Iscariote. La barca con la cual atravesaba el lago no era suya, los panes y los peces que multiplicó eran de un niño, el salón donde celebró la Pascua y la “Ultima Cena” fue prestado. La tumba donde pusieron su cuerpo muerto pertenecía a un rico. Lo único que fue suyo porque se la regalaron, fue una cruz para clavarlo, y muerto costaba trabajo bajarlo porque cargaron sobre su cuerpo el pecado de todos nosotros (Isa.53:6; He.12:1).

Afuera del mesón, sin privilegios, su estancia significaba más, y se le ocultaba al diablo que lo buscaba entre los vestidos de lino en palacios de reyes, no envuelto en pañales y acostado en un pesebre, porque “siendo rico se hizo pobre para que con su pobreza fuésemos enriquecidos” (2 Co. 8:9), y luego sobre un pollino, también prestado y en cabalgadura de pobres, como dijo Sancho Panza, para estar cerca de ellos, caminaba como Rey, entre hosannas sobre mantos y flores en las empedradas calles de Jerusalén. Treinta años atrás, el mesonero, la mujer y sus hijos no sabían a quién habían puesto afuera del mesón, o le hubieran cedido su techo, su cama, para acariciarlo y mirarlo, como se mira absorto y se toca el futuro de uno mismo y de muchos más.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Arrastrados hacia la iglesia


MATEO 13:47,48
"El reino de los cielos es semejante una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces". 

Aquí el reino de los cielos se refiere al fin del siglo y además a la predicación del evangelio y a la iglesia. La predicación del evangelio es como una red de pensamientos y palabras que el predicador arroja sobre un grupo de personas con el propósito de “dragarlas” (eso significa la palabra) hacia Cristo; son ideas hiladas y tejidas de modo que pueda atrapar peces y ser arrastrada hacia la iglesia donde se quedarán los que son del Señor. Ese es el medio que agradó a Dios utilizar para salvar a los pecadores. Estos son los que el Señor llama por su gracia y lo entienden y ya no pueden jamás desentenderse del mismo. Se sienten atrapados, quisieran salirse, pero los hilos de la red, tejida con hilos de verdades indisputables, no se lo permiten. No todos los que el evangelio arrastra hacia la iglesia son utilizables, algunos no lo son y mientras más pronto regresen a su ambiente marino, mejor. Yo procuraré no llorar por ellos cuando se salgan de la cesta y dejen la embarcación. Dios sabe cómo y cuándo tirarlos. Y volveré a tirar la red e iré mirando con emoción las bendiciones de los nuevos, brillantes y alegres pececillos que me preguntan “¿qué debo hacer para ser salvo?” “¿Qué impide que yo sea bautizado?”.