jueves, 6 de diciembre de 2018

Dígale a Dios en inglés y español, que lo ama


MATEO 10:28-31
“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos”.

Éstas son palabras muy bonitas, como se dice hoy, para subirle a uno autoestima, aunque de modo distinto a como lo logran los psicólogos, son un encanto “pues vosotros valéis mucho”. Yo sé que esto fue dicho con la intención de desarrollar confianza en la providencia, como si les dijera que, así como Dios llena los picos de las aves llenará las bocas nuestras. Pero me meto un poquito más dentro de ellas. El descubrir que para Dios valemos mucho, precisamente porque Jesús no murió para salvar de pecado a las aves sino a nosotros, para arreglar nuestras vidas, no los instintos de esas avecillas. Y también voy un poco más atrás, me introduzco dentro de la ternura divina, en el nido que hizo para nosotros en su corazón porque somos “muy amados” (1 Te. 1:4), especialmente cuando consideramos nuestra elección, que somos los preferidos de Dios, conocidos muchos años ha. Cogimos un camino que otros no han tomado. No lo han visto, no han visto la puerta estrecha. Tenemos la compañía divina que otros no han tenido, ángeles que guardan nuestros pies, y no guardan los pies de otros. Salvados de no haber cometido muchos pecados que otros los han cometido. 
Quizás hemos negado al Señor dos veces, no tres, antes que cante el gallo. Tal vez por eso le amamos más que otros y pastoreamos sus corderos Jn. 21:15. Nuestra carne se ha manchado menos que la de otros. Y para desbordar mucho más el amor suyo por nosotros, también lo ha tenido con nuestros descendientes. Y, es más, no hemos perdido el primer amor, sino que se ha vuelto más lindo, más tierno, más encantador. Pasamos de haber admirado a Dios para quererle mucho, y decírselo en forma bilingüe, en inglés y en español, porque él nos amó primero, y eso nos crea una autoestima, no seca sino llena de rocío celestial.