miércoles, 28 de septiembre de 2011

Jóvenes que pasan por el ojo de una aguja


Lucas 18:18-30
(Mt. 19:16-30; Mr. 10:17-31)
 18 Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. 20 Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio honra a tu padre y a tu madre. 21 Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. 28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.


No quisiera repetir lo que puede ser leído en los otros dos evangelios paralelos, sino comentar algunos aspectos de esta llamativa entrevista pues se trata de un individuo relativamente en su juventud, y por esas fechas, de acuerdo a su posición social, muestra interés no en un evangelio de prosperidad sino en toda la esperanza cristiana, la vida eterna, lo que quiere decir en el otro mundo. No es que fuera una persona madura que avecinándose a la muerte y no pudiendo dejar de gustarla, esconderse de ella, piensa en la recuperación de un cuerpo nuevo mediante la resurrección, que ha visto a Jesús hacerlo. No es alguien que sólo le queda un pequeño trecho en este mundo por andar, y ya colmado de satisfacciones juveniles, decide consagrar sus últimos y malos días a la religión.

Tampoco es un joven pobre sino uno con dinero y porvenir, capacitado para darse los lujos y gustos que se les antoje y puede pagarse todos los gustos y caprichos que se les ocurra, compartir con amigos  entretenimiento y diversión, sin pensar en nada más que en sacarle a la sensualidad todos los placeres que estén a mano. Podría irse a la "provincia apartada" y vivir "perdidamente". Pero de todo eso se abstiene por su religión y vive comedidamente según le parece como para satisfacer a Dios. Eso vale algo, pero es insuficiente, y se reconoce en la mirada de amor de Jesús (Mr, 10:21), que dicho sea no le pidió alguna contribución sino que renunciara a todo su dinero y se lo diera a los necesitados, y a partir de entonces se sostuviera como él, con contribuciones voluntarias.  

Lo que Jesús dijo sobre el camello los discípulos lo tomaron personalmente  y con razón, pues es una imposibilidad universal salvarse, para todos, incluyendo a los adinerados. Les comentaron que habían dejado por él "todas sus posesiones" (v. 28), incomparablemente menos que el joven rico. El Señor les explicó que serían bienvenidos en cada puerta de los nuevos convertidos, y en cada nueva familia ganada por el evangelio serían recibidos dentro de ella como uno de los tales. Y además la vida perpetua en el reino eterno de Dios (v. 30).

La promesa cristiana se ha cumplido y aunque nacer de nuevo, arrepentirse de sus pecados, tener fe, son dones de Dios y no pueden ser manufacturados, en estos dos mil años, millones los han adquirido como un milagro, porque para Dios no hay nada imposible. Millares de jóvenes han recibido los inefables dones de la gracia de Dios, y despojándose de todo “el peso del pecado que los asedia” han pasado, con la misma dificultad que un camello, por el  ojo de una aguja y alcanzado la vida eterna, y sin avergonzarse del poder de Dios para la salvación están ayudando a otros a pasar por el mismo aprieto del arrepentimiento y el hallazgo de la fe, transformándose de agnósticos en cristianos, dejando los placeres terrenales por los de los lugares celestiales con Cristo, buscando tesoros en el cielo donde la polilla no corroe, cambiando las riquezas injustas por las verdaderas, jóvenes que han pasado por el ojo de una aguja y están haciendo pasar a otros.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Vive sin susto, Dios no cambia


"Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios" (Ro. 11:29).


Estas palabras del apóstol Pablo dichas para Israel las voy a comentar bajo el título de la inmutabilidad de Dios y lo que escribe otro y no yo. Al final le pondré una nota mía de tipo devocional que escribí cuando leí el libro, porque los libros aunque sean de doctrina deben ser espirituales y aplicativos a la vida cristiana, capaces de ayudarnos a vivir para Dios. Aunque llenen el entendimiento si no tocan el corazón resultan poco eficaces.

"Debemos por un momento hacer una pausa para tratar dentro de la inmutabilidad de Dios su esencia incambiable. "Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán" (Sal. 127:2) "porque yo Jehová no cambio" (Mal. 3: 6). "Porque yo soy Dios y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio lo que aún no era hecho; que digo que mi consejo permanecerá y haré todo lo que quiero, yo hablé y lo haré venir, lo he pensado y también lo haré" (Isa. 46:9-11). Correctamente pensada la inmutabilidad de Dios es enormemente importante. Engendra estabilidad y provoca la adoración".
 Bavinck escribe lo siguiente:

"La doctrina de la inmutabilidad de Dios tiene el más alto significado en cuestión de la religión. El contraste entre ser y llegar a ser marca la diferencia entre el Creador y la criatura. Cada criatura siempre y continuamente está llegando a ser. Es cambiable, constantemente luchando, buscando reposo y satisfacción, y encontrando descanso en Dios, en él solamente, porque él sólo es puro y nunca llega a ser porque siempre es. De aquí que en las Sagradas Escritura Dios es definido como la Roca".

Sin embargo cuando la inmutabilidad divina es cuidadosamente discutida, los teólogos reconocen que él no es inmutable en cada posible asunto o dominio. Él es incambiable en relación con su ser, propósitos y perfecciones. Pero esto no significa que él no pueda interactuar con sus criaturas hechas a su imagen y semejanza en el tiempo. Los propósitos de Dios fueron desde la eternidad de enviar a su Hijo, pero según el momento y el espacio y el tiempo continuo, y eso ocurrió y tuvo lugar la encarnación. Aun la más superficial lectura de la Escritura revela que Dios es un ser personal que interactúa con nosotros. Y eso quiere decir que aunque interactúe con nosotros eso no cancela su inmutabilidad" (D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God, pág. 54).                             

Leyendo esta hermosísima y segura como el acero doctrina de la inmutabilidad de Dios, puedo decir confiado que para  mí ha sido "una suerte" providencial que Dios no cambie, especialmente cuando se trata de su carácter y de su plan, de su propósito; y me quita un gran peso de encima pensar con seguridad que nunca le desilusionaré, y que no se siente fracasado conmigo (aunque le he dado muchos motivos), que su propósito de crearme a su imagen es sin arrepentimiento, que elegirme es sin arrepentimiento, predestinarme es sin arrepentimiento, llamarme al ministerio evangélico es sin arrepentimiento (aunque he dado pocos frutos). Dios no es como yo, cambiable, tímido, vacilante, y que me desilusiono. Esos dones y llamamiento son profundamente misteriosos y están llenos de sabiduría y de perdones. Puedo vivir sin susto, Dios no cambia. Nunca ha dejado de llamarse mi Padre, Maestro, y Señor.

sábado, 24 de septiembre de 2011

No maniobres la voluntad de los impíos


“Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt. 11:25-27).


Se ha dicho con alguna razón que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que un “PHD” (un doctor universitario) entre al reino de los cielos. No es que el evangelio sea sólo para los ignorantes sino que esos presumidos se creen saber más que Dios. Pero el tema principal de este texto no es ése sino la soberanía de Dios en la salvación de los pecadores, y es propio para otra clase de presumidos y buenos tontillos que creen que pueden hacer cristianos como monedas en una fábrica.

Inteligentes, los que entran al reino de los cielos lo hacen por un distinguido e inmerecido acto de Dios que se llama gracia, y revelación. Doctores, psicólogos y filósofos de Atenas, Harvard y Oxford, el apóstol Pablo deseando darles una oportunidad de alcanzar misericordia dijo que buscaran a Dios palpando porque sois ciegos (Hch. 17:27). Y en otro sitio os aconsejó que depusierais conjuntamente con el orgullo el montón de conocimientos que os estorban el carácter (1Co. 3:18).

Y vosotros, santos y fieles evangelizadores del mundo, consagrados a la Gran Comisión, poned a un lado la presumida teología, la arrogante intercesión y la engañosa precipitación para hacer cristianos, que los que se salvan es porque Dios tiene de ellos misericordia, y no os dejéis engañar engendrando hijos de reprobación, sensibilizando con música los sentimientos de los pecadores, queriendo manejar a vuestra voluntad lo que sólo Dios concede, el arrepentimiento y la fe, maniobrando la voluntad de los impíos, porque no es por vuestra voluntad sino de la voluntad de Cristo y a quien “él lo quiere revelar”. Rendíos a la soberanía de Dios en la evangelización, rendíos vuestras oraciones y deseos, trabajad dependiendo del Señor, completamente.  

Si quieres una exposición  completa, tienes la dirección en esta otra entrada. El tema es "LA TEOLOGIA DE UNA ORACIÓN".

http://pastorhp.blogspot.com/2008/10/la-teologa-de-una-oracin.html

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Triste por un segundo


“Entonces el rey se entristeció” (Mateo 14:8-10).

Esto no es una condescendencia de Mateo sino una observación hecha por el Espíritu Santo. Dios mismo fue el que reveló a los evangelistas que Herodes se había entristecido; y Marcos dice que mucho.

Ninguno se percató de su emoción, eso pasó dentro de su corazón. Era una fiesta, su cumpleaños y él no debía estar triste. Se repuso de su emoción, esbozó una sonrisa, o mueca, y fortalecido con la resolución sin alternativa, dio la orden de decapitar a Juan.  Pero los sentimientos de tristeza por verse forzado a eliminar a aquel varón justo y santo no pasaron desapercibidos para Dios.

Esto nos da una vislumbre de la perfecta justicia divina. Aun el más perverso, cuando sea juzgado sus actos hallarán un juez justo e imparcial, inclinado en ese momento a no prescindir de ninguna cosa que alivie, atenúe o suavice su condenación. En ese gran día la misericordia tampoco estará ausente y cualquier cosita, por mínima que sea, un sentimiento de tristeza, una duda antes de haber hecho lo malo, una vacilación, un remordimiento (¿recuerdas a Judas Iscariote? "arrepentido" 27: 3), una oración antes de la caída, serán cosas que la misma Sabiduría divina sacará a la luz, no para absolverlo, sino para que ocupe su propio lugar (Hechos 1:25) y no sea alejado de su presencia ni un centímetro más de lo justo.

Habrá instantes en que el pecador le parecerá que su mismo Juez actúa como si lo defendiera; recogiendo evidencias que puedan aliviar su necesaria condenación, una gota siquiera de agua que alivie los tormentos de la llama de la condenación  (Luc. 16:24; ¿no recuerdas la humillación de Acab y la oración del sanguinario Manasés?). Por más pequeño que sea un acto bueno, como un grano de polvo en una montaña de actos malos, será encontrado por el Señor, él llegará hasta donde se halle, hasta el fondo de las circunstancias, y lo sacará para mostrarlo en su juicio de condenación. Sin embargo ¡lástima!, ese sentimiento bueno no fue según Dios porque no produjo arrepentimiento y por lo tanto no acompañó la fe para salvación (2 Co. 7:10). Estuvo triste por un segundo y después se le pasó.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Jesús tiene su opinión y yo la mía


“Jesús les encargó rigurosamente, que nadie lo sepa. Pero ellos divulgaron la fama de él por toda aquella tierra” (Mateo 9: 27-31).

Jesús parece al principio tener alguna reticencia para bendecirlos y después que lo hizo ellos probaron ser desobedientes y dañinos para la obra. Este es un caso parecido al que se cuenta en Mr. 1: 40-45; Jesús les dice una cosa y ellos hacen otra. Pensaban que era muy grande la noticia para mantenerla callada y que era lo mejor aunque Jesús dijera lo contrario. ¿Cómo puede ser lo mejor si es lo contrario? Creían  que a otros les había dicho que se lo dijeran a todo el mundo (Mr. 5:18-12). Y estaban equivocados porque Jesús específicamente a ellos les dijo que no. Oyeron lo que les decía a otros y diferente a la prohibición específica personal hicieron lo opuesto, cuando debían haber cerrado la boca. Pero queremos ser más sabios que Jesús. Queremos estereotiparlo.

No se trata de hacer lo bueno sino hacer la voluntad de Dios cualquiera que sea. La obediencia es primordial, o dañamos la obra. Cuando hacemos lo contrario a lo que se nos dice perjudicamos el transcurso del trabajo de Jesús y le hacemos, digamos, difícil cumplir su misión. Reflexiona en esta expresión "si Dios te lo mandare" (Ex. 18:23); y esta otra "considera lo que digo y el Señor te de entendimiento en todo" (2 Ti. 2:7); y "si otra cosa sentís os lo revelará Dios" (Flp. 3:15).

El propósito de Dios con otro hermano puede que no sea igual que el tuyo ni el tuyo igual que el de otro hermano. Deja al Espíritu Santo hacer su obra individual en cada cual y no apliques los mandamientos de Dios para ti, la vocación con que fuiste llamado, a la vocación con que fue llamado otro. No le des sentido a la vida de nadie cuando lo que Dios quiere para él es opuesto. La palabra rigurosamente en griego quiere decir que con indignación, con lamentación, es decir con insistencia les prohibió que no lo dijeran, pero ellos pensaron tener razones mejores que Su voluntad.