sábado, 23 de agosto de 2008

La Reina de los Dones de Dios


La fe es el don más codiciado de mi vida. Cambio el mundo entero, si fuera su propietario, por una porción de ella. No sólo es el don más preciado de Dios sino el primero que necesito. Sé bien que no puedo aspirar a que mi corazón palpite por Dios, ni mi esperanza de juntarme a mi Salvador venza el miedo a la muerte si ese sagrado depósito[i] no existe. El día que no tema a lo alto ni a lo profundo, ni al presente ni a lo porvenir, ni a ninguna otra cosa creada,[ii] entonces viviré como Dios quiere que yo viva, y mi fe me habrá hecho perfecto. Donde hay plena fe en la Palabra de Dios no hay miedo.[iii] A tanto miedo tanta desobediencia e incredulidad.

La fe es la reina de los dones que otorga Dios. En el hombre natural[iv] es inexistente; no se halla en el terreno de la naturaleza humana, jamás nace allí espontánea, a no ser que Dios siembre la semilla. Lo menos que uno puede imaginar en un corazón sin el Espíritu es la fe. Antes bien, Jesús dijo que de la mente reprobada[v] lo que sale son otras cosas.[vi]

La fe se perdió en el jardín de Edén y no se puede, con lágrimas, súplicas o labor, volver a recuperar. La Suprema Justicia, sin que intervenga la Suprema Misericordia, no accede. Su ausencia es la señal o estigma de nuestra desobediencia[vii] y la fatal consecuencia de nuestra muerte. La incredulidad es un proceso mental, intelectualmente invertido. Comienza con la aceptación a priori de una mentira, y cierra sus ojos y se olvida de la Persona que dijo la Verdad, adjudicándole trampa y defecto a su Sublime carácter. No razonas bien cuando razonas incrédulamente. Ve al origen de todo y seguro que hallarás una hipótesis falsa. Dios siempre es Veraz.

La incredulidad no está tan relacionada con la existencia de Dios como son su Palabra, es decir, con su carácter moral. La incredulidad es básicamente una inmoralidad teológica y de ella se desprenden las demás sensualidades, la esencia misma de todos los otros pecados y pesares. La incredulidad también es una catástrofe social. No es totalmente la negación de Dios sino del Dios de la Biblia y su obra maestra es la sustitución de ése Dios por otro que tenga su mismo Nombre pero hecho a la imagen y semejanza del hombre. El propósito del diablo no es erradicar a Dios sino corromperlo, si fuera posible. Lo que más envida Satanás es el carácter moral de Dios, de donde brota toda su gloria y esplendor. No es tanto su perfecta eternidad e infinitud sino su santidad y veracidad. Son esos atributos morales los que hacen al Supremo Ser feliz. Son los dones morales que otorga Dios los que harían que el hombre hallara la felicidad.

La fe de nuestros dos padres, Adán y Eva, era perfecta y la conexión que tenían con la Deidad. El ojo por el cual lo veían y el oído por el cual lo oían. Atrofiada la conexión, el matrimonio quedó ciego hacia el Cielo y sordos a quien les hablaba. Fuera de aquella Palabra que escuchaban no podían ver a quien los visitaba.[viii] Por más que generaciones de hombres han querido sustituir la Puerta, el Camino y el puente de la fe, nada ha hado resultado, el abismo sigue en medio y Dios como Espíritu inaccesible.[ix]

Desde entonces el hombre ha sido entregado a una mente reprobada, abandonado a su “libre albedrío”, que no es otra cosa que una ridícula falsificación de lo que un día tuvo, la verdadera libertad como criatura libre de pecado, santa, obediente y semejante a su Creador. ¿Y cómo? La salvación sale de aquella puerta cerrada, viene de arriba[x], Dios tiene compasión y la abre y sale su voz y es oída por toda la tierra y es creída por aquellos en los cuales él se agrada.

Desdichadamente la fe que engendra esa palabra, no es perfecta; ella es un don perfecto pero quien la posee no lo es, más propia para criaturas espirituales que para hombres de polvo, para seres celestiales que para los pobres terrícolas, infinitamente tan distantes del ideal de quien los originó y lo que ellos un día fueron. La fe le devuelve al hombre su realidad y la realidad de su Dios, perdido. Le produce arrepentimiento y se empieza a volver sobre sus pasos, le hace brotar lágrimas de esperanza en sus ojos y amor en el corazón. Por ella emprende el camino de regreso y renuncia a su pecado original, se desmiente a sí mismo, se lamenta y da gloria a Dios en contra de su naturaleza, de su historia humana y de sus antepasados.

Por ahí quiere Dios que empieces, por creerle, antes de amarle, antes de servirle, cree y luego habla.[xi] Yo no pudiera decir que la fe es un estado emocional, (¡tan cambiante es!) más bien es una seguridad intelectual dada por Dios que hace que se imponga la Palabra sobre la mente y se miren todas las cosas desde arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba. Es una conexión intelectual, propia de los seres hechos a imagen y semejanza divina, racionales, espirituales, para ser diferenciados de las puramente emotivas criaturas inferiores. La fe nace y se cría dentro del intelecto en comunión con la Palabra de Dios. La Palabra que predicas, que pase primero por el intelecto en su viaje a las emociones. No a la inversa. Piensa y luego siente. Que piensen y luego sientan. Aplícate al estudio de esa Palabra. De rodillas, en oración. Como dijo Lutero, que si quitas esa Palabra se va Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y todo lo eterno. Empieza con una sincera confesión. La confesión siempre visita la Palabra de Dios y desprende de ella una porción de fe, y entonces con ese borde o pedacito, el alma se recupera y se reconstruye todo lo destruido.

Conclusión: La fe, de los dones divinos (como el gozo, paz, bondad, etc.) es el más difícil de obtener, inclusive para aquellos que ya la tienen. Es la puerta que se abre en el corazón de Dios y por la cual salen y se derraman todos los otros. ¿Amar? No podrías amar a Dios si no crees en el él. Pídele a Dios que te de fe para sentir paz porque puede darte la paz resolviendo tu situación, cambiándola, sin darte la fe que te hubiera hecho caminar sobre las aguas, que te hubiera preservado en medio del fuego sin que la llama arda en tus ropas.

La fe es la que te permite vivir sobrenaturalmente, decir a este monte “plántate en el mar” y lo lograrlo, reprender al viento y traer la calma, bendecir o maldecir una higuera estéril y hacer que produzca frutos o se muera en un instante. Es el don por el cual más debieras orar, en la mañana, la tarde y la noche, en tiempo de calma y de tempestad, en plena salud y enfermedad, en la juventud y la senectud; sea de tu persona el que más te importe, el que en las relaciones humanas el que más te hará sobrellevar las faltas de los demás y las calamidades y pesares que vengan a afligirte.



[i] 2Tim 1:12,14; 1Tim 1:11; 6:20, “buen depósito” puede traducirse “hermoso” “bello” depósito. Esa palabra es igualada a Espíritu Santo, evangelio y fe. Dios deposita esas tres cosas juntas. Si quitas una las otras se van.

[ii] Rom 8:38,39, la palabra “seguro” pudiera decirse: “estoy convencido” “estoy persuadido”, que indica un proceso mental por medio del cual se alcanza firmeza, y esto es la fe. Siempre ella tiene su origen en la Palabra y el argumento desde ella que sale para derribar toda fortaleza (2Co 10:5).

[iii] Gen 3:10.

[iv] 1Co 2:13-14; el hombre “psíquico”, “sensitivo” “animal”, en contraposición del hombre spiritual, que discierne, escudriña espiritualmente todas las cosas. Las enfoca con la óptica de Dios.

[v] Rom 1:28, significa “no aceptada” “no aprobada” “indigna”.

[vi] Mt 15:19

[vii] Rom 5:19; 5:12

[viii] Ge 3:8

[ix] 1Tim 6:16

[x] Sal 121:1,2; Apc 3:12. Esta última cita se refiere a la iglesia que es originada desde arriba, por gracia.

[xi] 2Co 4:13